La inacción frente al cambio climático sigue siendo el mayor riesgo al que se enfrenta la humanidad, pero ya no está sola en lo alto de la lista. Según el nuevo Informe Mundial sobre Riesgos 2026 de las Naciones Unidas (1), presentado el 15 de septiembre, la posibilidad de una guerra a gran escala ha pasado en solo dos años de verse como una amenaza lejana a percibirse como uno de los peligros más cercanos y para los que el mundo está menos preparado.
El estudio, elaborado por la Oficina Ejecutiva del Secretario General, recoge la opinión de 1300 representantes de gobiernos, organismos internacionales, sociedad civil, empresas y academia de 155 países. Entre febrero y abril de 2026 valoraron 28 riesgos globales –políticos, tecnológicos, económicos, ambientales y sociales– y la capacidad del sistema internacional para hacerles frente. Busca que los Estados actúen antes de que los riesgos de hoy sean las crisis de mañana.
El clima sigue en cabeza
Pese al ascenso de los riesgos políticos, los participantes siguen situando la inacción climática –que gobiernos, empresas o ciudadanos no adopten medidas suficientes para frenar el calentamiento y adaptarse a sus efectos– como el riesgo más importante de los 28 analizados. El informe mide esa importancia combinando dos valoraciones: la probabilidad de que un riesgo se materialice y la gravedad de sus efectos.
Un riesgo no debe darse por resuelto simplemente porque otro lo haya superado en la valoración de los encuestados
Un riesgo no debe darse por resuelto simplemente porque otro lo haya superado en la valoración de los encuestados, advierte el informe. El matiz es clave, porque los problemas ambientales en conjunto han perdido algo de peso respecto a 2024, cuando dominaban la clasificación. El estudio mide percepciones, y estas pueden cambiar aunque el peligro real siga siendo el mismo.
Ese cambio de foco tiene consecuencias prácticas: la voluntad política y los recursos económicos suelen seguir a las prioridades percibidas. Los riesgos que bajan en la clasificación pueden perder fondos y esfuerzos, tanto si el peligro ha remitido como si no.
Es lo que ha ocurrido con el declive de la biodiversidad y la contaminación a gran escala. Ambos han salido de la zona de mayor vulnerabilidad, pero no porque la preparación haya mejorado, sino porque ahora se consideran menos importantes. También son los que más han retrocedido en cercanía: los encuestados creen que tardarán más en materializarse.
Otros riesgos ambientales mantienen su peso. Los desastres naturales –desde terremotos y erupciones hasta fenómenos meteorológicos extremos– siguen siendo una vulnerabilidad elevada, en parte porque la capacidad para reducirlos se percibe como débil. La escasez de recursos naturales, como el agua, la tierra o los minerales, también se considera importante en todas las regiones.
Además, la inacción climática aparece como uno de los principales motores de otros riesgos en la red de conexiones que dibuja el informe. Al mismo tiempo, es el riesgo para el que las instituciones internacionales se ven mejor preparadas, sobre todo para detectarlo más que para reducirlo. Según el estudio, donde hay mandatos veteranos y mecanismos en marcha, la respuesta se percibe más sólida.
La guerra, de lejana a inminente
El gran cambio de esta edición está en los riesgos políticos, que han pasado al centro del mapa. Todos se consideran más importantes que en 2024 y, salvo uno, se perciben peor cubiertos por las instituciones multilaterales. Destaca la guerra a gran escala, el único de los 28 riesgos que figura entre los seis primeros en importancia, cercanía, conexión con otras amenazas y falta de preparación.
La perspectiva de una guerra a gran escala se considera mucho más importante y mucho más inmediata que hace dos años
ANTÓNIO GUTERRES, secretario general de las Naciones Unidas
“La perspectiva de una guerra a gran escala se considera mucho más importante y mucho más inmediata que hace dos años”, afirma el secretario general de la ONU, António Guterres, en el prólogo del informe. “Al mismo tiempo, las instituciones que deberían responder son percibidas como menos capaces de actuar”, añade.
La guerra a gran escala ha protagonizado el mayor salto de toda la encuesta en cercanía: ha subido 16 puestos en la clasificación de inminencia. El 36 % de los participantes –más de uno de cada tres– la espera en menos de un año, y el 76 % –tres de cada cuatro– en los próximos siete.
La inquietud se repite en todo el planeta. La guerra y las tensiones geopolíticas –los cambios bruscos en el equilibrio de poder y en las alianzas entre países– figuran entre los diez riesgos más importantes en todas las regiones, y entre los cinco primeros en seis de las siete. Hace dos años, cada una solo lo estaba en una región.
Las armas de destrucción masiva han entrado también entre las diez principales amenazas en Asia Central y Meridional, África Subsahariana y Oceanía. El riesgo que se ve más inminente, como en 2024, sigue siendo la desinformación.
El informe dedica a la guerra un ejercicio de prospectiva. Se trata de un backcasting –una técnica que imagina un futuro concreto y reconstruye hacia atrás cómo se llegó a él–, que no pretende predecir un conflicto, sino mostrar el efecto de las decisiones actuales. Su punto de partida es un mundo al borde de la guerra total en 2030.
La conexión más fuerte de las 705 identificadas en la encuesta une las tensiones geopolíticas con la guerra a gran escala. A su vez, esas tensiones se alimentan de cuatro riesgos: la escasez de recursos naturales, la fragmentación económica, la desinformación y el debilitamiento de las instituciones multilaterales.
Aquí vuelve a aparecer el clima. Según los participantes, el riesgo más conectado con la escasez de recursos naturales es la inacción climática. Por eso el informe invita a gobiernos y organizaciones a preguntarse si sus políticas ayudan a actuar frente al cambio climático, refuerzan el Estado de derecho, frenan la fragmentación económica y combaten la desinformación.
Riesgos tecnológicos y fondos insuficientes
La tercera gran tendencia es tecnológica. Los riesgos de la inteligencia artificial y de otras tecnologías de frontera –las más avanzadas y novedosas– preocupan mucho más que en 2024. Lo mismo ocurre con la concentración de poder ligada a la tecnología, es decir, la acumulación de influencia y control en pocas manos, incluidas las de empresas privadas.
Los encuestados consideran que el sistema multilateral está menos preparado para los riesgos tecnológicos que para cualquier otro tipo de amenaza
Los encuestados consideran que el sistema multilateral está menos preparado para los riesgos tecnológicos que para cualquier otro tipo de amenaza. La concentración de poder tecnológico ocupa el puesto 22 de 28 en preparación; la IA, el 24; los fallos de ciberseguridad, el 26, y los desastres por geoingeniería –la manipulación a gran escala del clima o el tiempo atmosférico–, el 27.
En estos ámbitos, que cambian muy deprisa, uno de los mayores obstáculos es la falta de datos e información compartida. Sin un conocimiento común cuesta dar incluso el primer paso: entender bien el riesgo antes de intentar reducirlo. La IA, además, ya figura entre las diez principales amenazas en Europa y América del Norte.
El problema va más allá de la tecnología. Las instituciones internacionales se ven más capaces de detectar las amenazas que de reducirlas, y la confianza en esta segunda capacidad ha caído en 23 de los 28 riesgos en solo dos años. Parte de la explicación está en el dinero.
El 86 % de los participantes –casi nueve de cada diez– considera insuficiente la financiación para prevenir y reducir riesgos. También ven escasos los fondos para la recuperación y reconstrucción tras un desastre (79 %), para la respuesta de emergencia (76 %) y para la detección temprana (66 %).
Entre los frenos más citados figuran la debilidad de los mecanismos de gobernanza y coordinación y la falta de consenso político. En el caso de los riesgos ambientales y de las nuevas pandemias, el principal obstáculo señalado es una priorización incorrecta.
En sentido contrario, seis años después de la covid-19, las nuevas pandemias y los riesgos biológicos son los que más importancia han perdido de todos los medidos, y ya no aparecen entre los diez primeros en ninguna región.
Pese a todo, los encuestados coinciden en la salida: la acción conjunta entre gobiernos es, con diferencia, la respuesta más eficaz. Suma 2970 menciones, frente a las 1182 de la acción liderada por un solo gobierno nacional o las 327 de la acción individual.
“Ningún país, ninguna empresa, ninguna institución puede afrontar estos riesgos por sí solo”, recuerda Guterres, que cierra el prólogo con un llamamiento a actuar “mientras la cooperación todavía pueda marcar un rumbo más seguro”.
Los autores advierten de que la encuesta mide percepciones y de que algunas respuestas pueden reflejar la actualidad del periodo en que se realizó, entre el 19 de febrero y el 24 de abril. La mitad de los participantes (50,3 %) procede de Europa y América del Norte, y el trabajo ha contado con financiación del Gobierno de Singapur.
- (1) United Nations Global Risk Report 2026. Naciones Unidas.
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