La Organización de Naciones Unidas (ONU) ha alertado de que la inteligencia artificial avanza más rápido que las normas destinadas a controlarla y plantea riesgos para la democracia, el empleo, los derechos humanos y el clima, según el informe preliminar presentado este miércoles por el Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial (1).
El documento, difundido el 1 de julio de 2026, sostiene que la oportunidad para establecer una gobernanza mundial eficaz sigue abierta, aunque podría no permanecer así durante mucho tiempo si la innovación continúa avanzando por delante de las salvaguardias.
Riesgos de una IA sin control
El informe advierte de que la inteligencia artificial podría convertirse en una de las tecnologías más transformadoras para la humanidad, pero subraya que sus beneficios dependerán de las decisiones que adopten gobiernos, empresas y sociedades para orientar su desarrollo y limitar sus riesgos.
Sin salvaguardias, la misma tecnología que puede acelerar avances científicos también podría profundizar las desigualdades, difundir desinformación, amenazar los derechos humanos, alterar los mercados laborales y concentrar sistemas muy potentes en manos de pocos gobiernos y empresas.
Uno de los riesgos señalados por los expertos es la desinformación. Los sistemas actuales pueden generar información falsa tan convincente como la verdadera, lo que puede socavar la confianza en el debate público y afectar al funcionamiento de la democracia.
El panel también alerta de los abusos en internet. La IA está impulsando la difusión de material de abuso sexual y de montajes sexuales explícitos generados digitalmente, con mujeres y niños entre los grupos más expuestos a este tipo de daños.
La delincuencia aparece como otro ámbito de preocupación. Según el informe, los criminales utilizan herramientas de inteligencia artificial para llevar a cabo ciberataques, fraudes y estafas basadas en técnicas de manipulación psicológica, lo que aumenta la capacidad de sofisticación de estas amenazas.
En materia de salud mental, algunos sistemas pueden reforzar creencias o comportamientos perjudiciales y contribuir a crisis graves, incluido el suicidio. El documento incorpora esta preocupación dentro de un escenario en el que la IA interactúa cada vez más directamente con las personas.
La pérdida de control es otro de los puntos destacados. A medida que esta tecnología se vuelve más autónoma, los expertos advierten de que podría resultar más difícil supervisarla y regularla si no existen salvaguardias más sólidas, evaluaciones independientes y mecanismos de rendición de cuentas.
El impacto ambiental también forma parte del diagnóstico. Los centros de datos que consumen grandes cantidades de energía para alimentar la inteligencia artificial contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero que impulsan el calentamiento global.
Beneficios ya visibles
Pese a los riesgos, el informe destaca que la inteligencia artificial ya está generando beneficios concretos. Utilizada de forma responsable, puede acelerar los avances hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible al mejorar la atención sanitaria, la educación, la investigación científica, la agricultura y la accesibilidad.
El panel subraya que sus capacidades han avanzado a un ritmo extraordinario en los últimos años. Hace apenas un tiempo, la IA podía responder preguntas o generar texto. Hoy puede escribir código informático, analizar enormes cantidades de datos y crear imágenes, audios y vídeos muy realistas.
Los llamados agentes de inteligencia artificial ya no se limitan a responder instrucciones. Cada vez pueden planificar tareas, usar herramientas digitales, escribir programas y completar encargos complejos con poca o ninguna supervisión humana, lo que amplía su capacidad de actuación.
Según el informe preliminar, los investigadores afirman que la complejidad de las tareas que estos sistemas pueden completar se ha duplicado cada pocos meses. Esta aceleración explica la distancia creciente entre las capacidades de la tecnología y los marcos normativos disponibles.
Entre los beneficios ya constatados, la ONU destaca los avances médicos. La inteligencia artificial ha predicho las estructuras de más de 200 millones de proteínas y ha acelerado el descubrimiento de medicamentos, el desarrollo de vacunas y la investigación sobre la resistencia a los antibióticos.
En el ámbito sanitario, los médicos utilizan IA para detectar antes enfermedades como el cáncer de mama. Al mismo tiempo, trabajadores de la salud en países en desarrollo emplean herramientas en idiomas locales para mejorar la atención a los pacientes.
La tecnología también contribuye a la seguridad alimentaria. Los sistemas de alerta temprana impulsados por inteligencia artificial ayudan a identificar la inseguridad alimentaria antes de que se convierta en una crisis, una aplicación que muestra su capacidad para anticipar riesgos.
El informe añade que la IA apoya la investigación científica, facilita el acceso a la tecnología para las personas con discapacidad y amplía las posibilidades de la educación personalizada y del apoyo en materia de salud mental. El panel recalca que no se trata de posibilidades futuras: ya están ocurriendo.
Gobernanza mundial urgente
La distribución de los beneficios de la inteligencia artificial está lejos de ser equitativa. Aunque se utiliza en todo el mundo, el acceso sigue concentrado en los países desarrollados, mientras muchos países en desarrollo carecen de infraestructura, conocimientos técnicos, datos, inversión y recursos en lenguas locales.
El informe señala que Estados Unidos posee alrededor de tres cuartas partes de la capacidad informática que respalda a las principales supercomputadoras de inteligencia artificial del mundo, mientras que China representa alrededor del 15%. Ambos países concentran cerca del 90% de esa capacidad combinada.
Muchos países en desarrollo dependen así de tecnologías que no pueden desarrollar, inspeccionar, auditar ni adaptar a sus propias sociedades. El panel advierte de que, si estas brechas no se abordan, la inteligencia artificial podría reforzar las desigualdades mundiales existentes en lugar de reducirlas.
Según el panel de la ONU, los sistemas actuales de gobernanza no fueron diseñados para una tecnología que evoluciona a esta velocidad. Los gobiernos se enfrentan a un “dilema de evidencia”: necesitan datos científicos fiables antes de regular, pero cuando la evidencia llega, la tecnología puede haber avanzado de nuevo.
El documento recuerda que ya existen más de 40 marcos de gobernanza y directrices éticas sobre inteligencia artificial en distintas partes del mundo. Sin embargo, siguen siendo fragmentados, inconsistentes y rara vez se ponen a prueba para comprobar si realmente funcionan.
Muchas evaluaciones de seguridad son realizadas por las propias empresas que desarrollan la tecnología. Por ello, el panel concluye que se necesitan evaluaciones independientes más sólidas, cooperación internacional y normas comunes para garantizar sistemas seguros, transparentes y sujetos a rendición de cuentas.
Al mismo tiempo, los países necesitan invertir en infraestructura digital, educación, conocimientos técnicos e instituciones para poder regular y desplegar estas tecnologías en sus propios términos. La gobernanza no consiste solo en limitar riesgos, sino también en asegurar que los beneficios puedan distribuirse de forma más equitativa.
La ONU apoya una nueva arquitectura internacional para ayudar a los países a tomar decisiones informadas sobre inteligencia artificial. En 2025, la Asamblea General creó el Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial, integrado por 40 expertos de todas las regiones del mundo que actúan a título personal.
La función del panel es científica, no regulatoria. Su tarea consiste en evaluar periódicamente la evidencia más reciente sobre las oportunidades, los riesgos y los impactos de la inteligencia artificial, y producir informes independientes que los gobiernos puedan utilizar al elaborar políticas.
El trabajo del panel alimentará el Diálogo Mundial de la ONU sobre la Gobernanza de la Inteligencia Artificial, que comenzará en Ginebra el 6 de julio de 2026. En ese espacio, los Estados Miembros debatirán enfoques internacionales para gestionar esta tecnología.
El mensaje final del informe es que la inteligencia artificial no es buena ni mala por naturaleza. Su impacto dependerá de las decisiones que tomen hoy los gobiernos, las empresas y las sociedades, y de la rapidez con que el mundo pueda construir una gobernanza capaz de seguir el ritmo de la innovación.
La tecnología ya está transformando la ciencia, la salud, la educación y las economías. Que termine reduciendo o ampliando desigualdades, y que fortalezca o debilite la democracia y los derechos humanos, dependerá en gran medida de las reglas y salvaguardias que se establezcan a partir de ahora.
Referencias
- (1)Preliminary Report. Independent International Scientific Panel on AI. Organización de Naciones Unidas (ONU).
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