Los enviados de Donald Trump para la guerra de Ucrania, Steve Witkoff y Jared Kushner, han concluido en Kiev una visita conjunta a las dos capitales sin anunciar ningún acercamiento de posiciones entre las partes.

Sumario

 

La misión, la primera de este tipo desde el estallido del conflicto de Irán, reabre el terreno diplomático de una guerra que suma ya 1.656 días y que permanece atascada, con un frente casi inmóvil y el predominio de los ataques aéreos sobre las retaguardias de ambos bandos.

 

El mapa de la guerra hoy

 

Mapa de la guerra en Ucrania a 7 de septiembre de 2026 / Mapa: EA Mapa de la guerra en Ucrania a 7 de septiembre de 2026 / Mapa: EA

El mapa de la evolución de la guerra de Ucrania a 7 de septiembre de 2026 resume el rasgo que define el conflicto: una línea del frente prácticamente anclada, sin grandes avances, y una violencia concentrada en los ataques a distancia sobre ambas retaguardias.

El territorio bajo control ruso abarca la práctica totalidad de Lugansk, buena parte de Donetsk y amplias franjas de Zaporiyia y Jersón, además de Crimea. El avance terrestre de estos meses se concentra casi por completo en el disputado oblast de Donetsk.

Frente a ese empuje, Ucrania ha lanzado nuevos ataques sobre la región de Lugansk, controlada casi íntegramente por Moscú, en una ofensiva que busca desgastar la retaguardia ocupada más que recuperar terreno.

Los impactos marcados sobre el mapa dibujan la doble dirección del conflicto: buena parte de los bombardeos rusos se dirige contra edificios civiles y oficiales de Kiev, mientras los drones ucranianos alcanzan el interior de Rusia hasta complicar el espacio aéreo de Moscú.

El mar Negro aparece como el tercer escenario. El control del tráfico marítimo y la ofensiva sobre la flota enemiga son dos de las claves de las últimas semanas, con el puerto de Odesa como objetivo recurrente de los ataques rusos.

Por el bando ruso se acumulan los ataques masivos contra infraestructuras civiles y, especialmente, contra objetivos bélicos y económicos: los puertos del mar Negro, centros logísticos, el sistema energético e incluso pasos fronterizos ucranianos con Moldavia o Rumanía.

El episodio más grave se ha registrado el viernes 4 de septiembre, cuando un dron ruso ha alcanzado la sede central del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) en la calle Volodímirska de Kiev, frente a la catedral de Santa Sofía.

Zelenski asegura que el aparato iba dirigido directamente contra el despacho del jefe del servicio, Oleksandr Poklad, a quien ha ordenado preparar una respuesta ‘tangible’ y, en lo posible, simétrica. El alcalde Vitali Klitschko cifra en al menos nueve los heridos, siete de ellos hospitalizados.

 

Bombardeos cruzados durante la tregua

 

Witkoff y Kushner se han reunido en el Kremlin con Vladímir Putin durante alrededor de tres horas y han viajado después en tren a Kiev, donde han mantenido un encuentro con Volódimir Zelenski y su equipo negociador.

Se trata de la octava visita de Witkoff a Moscú y la tercera de Kushner, pero de la primera de ambos a Kiev, un desequilibrio que había generado malestar en Ucrania. Al encuentro se han sumado los asesores de seguridad nacional de Alemania, Francia y Reino Unido.

Según explican los propios negociadores, la reunión ha servido sobre todo para trasladar a Zelenski las demandas planteadas por el Kremlin. Witkoff califica la ronda de significativa y sustanciosa, y Kushner afirma que Washington trabaja en un ‘paquete de paz’.

La visita se cierra sin fecha para reactivar las conversaciones directas entre los equipos de Kiev y Moscú. El principal escollo sigue siendo el control territorial del Donbás, cuya cesión íntegra reclama Putin como condición para poner fin a la guerra.

El presidente ruso se ha apresurado a restar importancia a los contactos y niega expectativas próximas de una paz real, dentro de la estrategia rusa de adoptar una posición de fuerza de cara a eventuales negociaciones posteriores.

En el Viejo Continente, la situación se vuelve cada vez más tensa con Rusia, con el anuncio de nuevas sanciones de la Unión Europea y la confirmación del apoyo a Ucrania.

El detonante de esa indignación fue el incidente del aeropuerto de Leipzig/Halle, donde el 4 de agosto se halló un dron con un artefacto explosivo que no llegó a estallar por un fallo del detonador, cerca de aviones de carga ucranianos.

El ministro del Interior alemán, Alexander Dobrindt, enmarca el episodio en el patrón de las operaciones híbridas rusas en Europa y sostiene que el análisis del material empleado y los datos de inteligencia acreditan la implicación de Moscú, algo que el Kremlin niega.

Ursula von der Leyen describe lo ocurrido como una nueva escalada en suelo de la Unión Europea directamente atribuible a Rusia, mientras que Kaja Kallas lo califica de terrorismo de Estado y confirma que hay 1.600 nuevas inclusiones en trámite en las listas de sanciones contra la industria militar rusa.

 

Mediación fallida y presión europea

 

En el terreno político, la posición rusa afronta además una crítica creciente en el ámbito europeo desde que Alemania atribuyó a Moscú un ataque híbrido con drones contra el aeropuerto de Leipzig.

La pausa no constituye un alto el fuego general: queda circunscrita a las dos capitales, sin suspender las operaciones terrestres ni los bombardeos sobre el resto de ambos países.

Su fragilidad ha quedado en evidencia de inmediato. Un ataque con misiles contra una empresa industrial de Kamianske, en la región de Dnipropetrovsk, ha causado cuatro muertos y cinco heridos, y el bombardeo de una gasolinera en Dnipró ha elevado el balance regional hasta seis fallecidos.

El 6 de septiembre, al menos siete drones han alcanzado Zaporiyia y han dejado 15 heridos, además de destruir cerca del 80% de una guardería, según el jefe de la administración militar regional, Iván Fédorov.

Ucrania no se queda atrás y, además de golpear la retaguardia rusa, ataca instalaciones energéticas, bélicas y antiaéreas. Sus drones han llegado hasta las inmediaciones de Moscú, algo que según Zelenski ha complicado el tráfico aéreo sobre la zona.

El mapa de la evolución de la guerra de Ucrania a 7 de septiembre de 2026 refleja un escenario casi idéntico al de las últimas entregas: una línea del frente prácticamente anclada y una actividad bélica concentrada en los ataques a distancia sobre ambas retaguardias.

La cartografía distingue las zonas anexionadas por Moscú de las efectivamente controladas por sus tropas, un territorio que abarca la práctica totalidad de Lugansk, buena parte de Donetsk y amplias franjas de Zaporiyia y Jersón, además de la península de Crimea.

Los impactos señalados sobre el mapa dibujan la doble dirección del conflicto. Del lado ucraniano aparecen golpeadas Kiev, Odesa, Leópolis, Sumy, Járkov, Dnipro, Zaporiyia, Mykoláiv y Jersón, junto al eje oriental de Kupiansk, Kramatorsk y Chasív Iar.

Del lado ruso, las marcas se concentran en Crimea, con Sebastopol como punto destacado, y en las aguas del mar Negro y el mar de Azov, donde el control del tráfico marítimo y la ofensiva contra la flota enemiga son dos de las claves de las últimas semanas.

Sobre el terreno, Rusia habría avanzado muy ligeramente durante agosto, en lo que apenas podría considerarse un avance pírrico: gran lentitud, superficie muy limitada y un elevado coste económico y militar.

Los últimos movimientos apuntan al intento ruso de controlar por completo el oblast de Donetsk, mientras Ucrania habría centrado varios de sus ataques sobre la región de Lugansk, ocupada casi en su totalidad por las tropas de Moscú.

En la interminable guerra de cifras que protagonizan ambos bandos, Putin ha afirmado en el Foro Económico Oriental de Vladivostok que Ucrania pierde entre 8.000 y 12.000 efectivos al mes entre muertos y heridos, y sostiene que hay unos 500.000 casos penales abiertos por deserción.

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