Las autoridades de Nepal han elevado a 1.344 los muertos a causa de las devastadoras inundaciones registradas en el norte del país, en la frontera con China, al tiempo que han resaltado que más de 4.880 personas siguen desaparecidas más de una semana después de la catástrofe.
El colapso de los depósitos forenses ha obligado a enterrar de forma temporal a un millar de víctimas sin identificar, después de tomarles muestras de ADN para poder devolverlas a sus familias más adelante.
Un millar de cuerpos enterrados
Según el último balance ofrecido por la Policía nepalí, la cifra de fallecidos asciende a 1.344, entre ellos numerosos menores, mientras que 4.886 personas continúan desaparecidas por la riada registrada el 26 de agosto, de las cuales 606 son extranjeras.
El reparto por zonas sitúa el mayor número de cuerpos recuperados en Chitwan (360), seguido de Nawalparasi Oeste (230), Nawalparasi Este (222), Nuwakot (192), Rasuwa (160), Gorkha (73), Dhading (67) y Tanahún (38), los ocho distritos golpeados por la avenida.
Un total de 1.030 cadáveres han sido enterrados de manera temporal ante la imposibilidad de conservarlos, en su mayoría sin identificar: 222 mujeres, 355 hombres y 453 personas de sexo indeterminado por el estado en que fueron hallados los restos.
Las autoridades han recogido ya 2.272 muestras de ADN –1.260 procedentes de los cuerpos y 1.012 de familiares– en un proceso de identificación que avanza con enorme lentitud: solo 96 cadáveres han podido ser entregados a sus allegados.
Los equipos de emergencia han rescatado hasta el momento a más de 13.000 personas y mantienen a 3.240 damnificados en centros de acogida, mientras cerca de 7.900 policías siguen desplegados en las labores de búsqueda junto a efectivos del Ejército.
A las cifras ofrecidas por Nepal se suman al menos 31 muertos y alrededor de 531 desaparecidos en territorio chino. Con estas actualizaciones, el desastre dejaría alrededor de 1.375 muertos y más de 5.400 desaparecidos en total.
Dos supervivientes diez días después
En medio del recuento de víctimas, Nepal ha confirmado el rescate de dos supervivientes en la central hidroeléctrica de Trishuli 3A, hallados con vida en el interior de un túnel diez días después de la riada.
Uno de ellos, Kabir Maharjan, ha ingresado en estado crítico en el hospital militar de Katmandú, donde recibe cuidados intensivos por una hipotermia severa y un cuadro de agotamiento extremo. El segundo, Sanjay Sah, se encuentra estable y llegó a comunicarse a gritos con personas del exterior durante su encierro.
Con ellos, son ya tres los operarios extraídos con vida de las galerías de las presas –dos nepalíes y un ciudadano chino–, en unas conducciones que quedaron anegadas de lodo y bloqueadas por los sedimentos que arrastró la avenida.
Las tareas continúan en varias centrales de los distritos de Rasuwa y Nuwakot, donde centenares de trabajadores permanecen sin localizar y en las que participan equipos especializados de India y China con maquinaria de perforación.
Dos españoles siguen sin localizar
Entre los extranjeros en paradero desconocido figuran dos ciudadanos españoles, según los registros manejados por las autoridades nepalíes, mientras que otros tres compatriotas que constaban como ilocalizables ya han sido contactados y se encuentran fuera de la zona del desastre.
La mayoría de los turistas desaparecidos son peregrinos que se dirigían al monte Kailash, en Tíbet, una ruta muy transitada en esta época del año y que quedó cortada por la destrucción del paso fronterizo de Gyirong.
La catástrofe se remonta al 26 de agosto, cuando un alud de hielo y roca desprendido de un glaciar en el Parque Nacional de Langtang derivó en un flujo de detritos de alta velocidad que arrasó el valle del Bhotekoshi y siguió su curso destructivo por el río Trishuli.
El Servicio Geológico de Estados Unidos descartó que un terremoto estuviera en el origen del suceso, una conclusión compartida por los expertos del Ministerio de Recursos Naturales de China, que apuntan a una cadena de sucesos en cascada iniciada a gran altitud.
La riada arrasó viviendas, carreteras, puentes y centrales hidroeléctricas a lo largo de ocho distritos del norte y el centro del país, y ha dejado a poblaciones enteras dependiendo de los helicópteros del Ejército para recibir suministros básicos.
Los organismos humanitarios advierten además del riesgo sanitario que suponen el hacinamiento en los refugios, el agua contaminada y los daños en los centros de salud, en plena temporada de monzones y con la Organización Mundial de la Salud vigilante ante posibles brotes.
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