La Comisión Europea ha movido ficha ante una evidencia cada vez más difícil de ignorar: los incendios forestales han dejado de ser una amenaza estacional y localizada para convertirse en una emergencia estructural de escala continental.
Tras el verano de 2025, descrito por Bruselas como la peor temporada de fuegos desde que existen registros, el Ejecutivo comunitario ha presentado una nueva estrategia para prevenir, preparar, responder y reconstruir mejor frente a unos incendios cada vez más grandes, más frecuentes y más destructivos.
Prevenir antes que apagar
La nueva hoja de ruta comunitaria llega después de que más de un millón de hectáreas ardieran en el conjunto de la Unión Europea durante el pasado verano, una superficie que, según subrayó la comisaria europea de Preparación, Roxana Mînzatu, supera la extensión total de países como Chipre. A ello se suman daños anuales superiores a 2.500 millones de euros en propiedades e infraestructuras, además del impacto humano, ambiental y económico que dejan estos episodios extremos.
Con este escenario de fondo, Bruselas plantea una estrategia estructurada en tres grandes ejes que persigue reforzar la resiliencia europea ante la creciente amenaza de los incendios forestales. El objetivo, según la Comisión, es mejorar la protección de la ciudadanía, el medio ambiente, las infraestructuras críticas y también el patrimonio cultural expuesto a este tipo de desastres.
Uno de los pilares del plan se centra en la prevención basada en los ecosistemas. La Comisión propone impulsar “paisajes resistentes al fuego”, fomentar una planificación territorial más resiliente y aclarar las flexibilidades de las que disponen los Estados miembros para gestionar estos espacios en situaciones de emergencia. La idea de fondo es actuar antes de que se declare el fuego, reduciendo la vulnerabilidad del territorio y favoreciendo usos del suelo capaces de frenar la propagación de las llamas.
Bruselas también quiere facilitar la planificación a largo plazo mediante directrices comunes de evaluación de riesgos, de forma que los Estados puedan incorporarlas a sus informes nacionales. A ello se añade un componente social y pedagógico: aumentar la concienciación ciudadana y reforzar la cultura de la prevención, con programas específicos de formación dirigidos también a los jóvenes.
La insistencia en la prevención no es casual. Mînzatu ha defendido que “siempre es más barato prevenir un incendio que combatirlo” y ha recordado además un dato especialmente revelador: hasta el 96% de los incendios registrados en la UE tienen origen humano. Esa cifra sitúa la prevención y la sensibilización como elementos centrales de cualquier política eficaz, al evidenciar que una parte abrumadora de estas catástrofes puede evitarse.
Más medios aéreos y cooperación europea
Junto a la prevención, la estrategia comunitaria pone el foco en la preparación y la capacidad de respuesta. La Comisión mantendrá el despliegue preventivo de bomberos en zonas de alto riesgo y seguirá favoreciendo el intercambio de expertos en extinción, al tiempo que busca reforzar la cooperación con otras regiones del mundo especialmente afectadas por incendios forestales.
Uno de los anuncios más concretos es la ampliación de la flota de rescEU, el mecanismo europeo de respuesta ante emergencias. Bruselas prevé incorporar 12 aviones y cinco helicópteros adicionales para reforzar la lucha aérea contra el fuego. La medida pretende dar mayor capacidad de reacción a la UE en los momentos de máxima presión, cuando varios países se ven afectados de forma simultánea y los recursos nacionales resultan insuficientes.
La Comisión también quiere fortalecer el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales, apoyado en el programa Copernicus, con mejoras en las herramientas de alerta temprana y de monitorización. A esto se sumará el desarrollo de sistemas de modelización asistidos por inteligencia artificial, con los que Bruselas espera apoyar una toma de decisiones más rápida y precisa sobre el terreno.
La estrategia contempla además una mejor difusión de la información sobre financiación disponible para la prevención y anuncia la creación de un centro europeo de lucha contra incendios en Chipre. Este futuro hub regional tendrá una doble función: operativa, para dar apoyo en emergencias, y de capacitación, mediante formación, ejercicios y preparación estacional.
Gestión del territorio y adaptación al cambio climático
En paralelo, la comisaria europea de Gestión de Crisis, Hadja Lahbib, ha puesto el acento en la necesidad de que la respuesta sea más rápida, más eficaz y mejor coordinada. Su mensaje ha sido claro ante incendios que cruzan fronteras y se intensifican con rapidez, Europa necesita saber con precisión quién hace qué, con qué medios cuenta cada administración y cómo compartir información en tiempo real para actuar de manera conjunta.
Ese llamamiento a la coordinación no cuestiona, sin embargo, la responsabilidad principal de los Estados miembros. La propia Comisión reconoce que la gestión de incendios forestales sigue siendo competencia nacional, mientras que Bruselas se reserva un papel de apoyo a las autoridades estatales, regionales y locales mediante recursos, formación y herramientas comunes.
La dimensión ambiental de la estrategia también es central. La comisaria europea de Medio Ambiente, Jessika Roswall, ha defendido que la gestión activa del monte y del suelo es crucial para elevar la resiliencia de los ecosistemas. Ha citado como ejemplos el pastoreo, el control de la humedad o el mantenimiento de la retención natural del agua, medidas que pueden funcionar como barreras naturales frente al avance del fuego.
Roswall ha incidido además en la importancia de restaurar los sistemas que mantienen húmedos el suelo y la vegetación, y ha situado a agricultores, silvicultores y comunidades rurales como actores clave, al ser quienes gestionan el territorio de forma cotidiana. En esa visión, la recuperación posterior a los incendios no solo busca reparar daños, sino también aprovechar la reconstrucción para modernizar el uso del suelo y hacerlo más resistente ante futuros episodios extremos.
La estrategia presentada por Bruselas refleja, un cambio de escala en la forma de entender los incendios forestales en Europa. Ya no se trata únicamente de reforzar los dispositivos de extinción en verano, sino de articular una política continua que combine prevención, tecnología, coordinación institucional y restauración ecológica. En un continente más expuesto al calor extremo y a la sequía, los incendios forestales han pasado de ser una crisis recurrente a convertirse en una de las grandes pruebas de resistencia para la UE.



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