La serie documental Yo nací en una secta, dirigida por Elena Molina, se estrena este 30 de abril con un relato que reconstruye la historia de tres generaciones de una misma familia que vivieron durante 30 años bajo el control de una comunidad pseudorreligiosa en el interior de Castellón, liderada por Antonio Garrigós Lucas, conocido como el “Tío Toni”, en un contexto marcado por un reciente proceso judicial.
El caso y la sentencia
El relato se sitúa en un caso que alcanzó notoriedad pública tras un operativo policial en 2022 que desmanteló la comunidad conocida como La Chaparra y llevó a la detención de su líder. Antonio Garrigós Lucas murió en prisión meses después de su ingreso, cuatro años antes del juicio.
A finales de 2025, la Audiencia Provincial de Castellón celebró un macrojuicio contra seis personas acusadas de asociación ilícita y de nueve delitos continuados de abuso sexual a menores de entre 12 y 17 años.
La sentencia posterior condenó a cinco de los procesados a penas de entre tres años y medio y siete años de prisión, aunque la resolución no es firme al haber sido recurrida, por lo que los implicados deben ser considerados inocentes hasta que exista fallo definitivo.
Tres décadas de control
El documental reconstruye el origen de la comunidad en 1998, cuando varias familias se trasladaron a una masía en Castellón con la intención de desarrollar un estilo de vida alternativo en contacto con la naturaleza.
Bajo el liderazgo del “Tío Toni”, considerado por sus seguidores un “ser de luz”, se instauró un sistema basado en la lealtad absoluta y el control total sobre los miembros del grupo. Según el relato, el líder ejercía influencia espiritual mediante prácticas como la imposición de manos, que sus seguidores interpretaban como mecanismos de curación o protección.
Con el paso del tiempo, la comunidad evolucionó hacia una estructura marcada por normas rígidas, castigos, aislamiento y una dinámica de sumisión prolongada, especialmente en el caso de los menores.
El testimonio de las víctimas
La serie sitúa en el centro del relato a las víctimas, que narran en primera persona su experiencia dentro de la secta. El eje narrativo se construye a partir de una familia que vivió distintas etapas dentro de la organización, lo que permite observar la continuidad del control a lo largo de tres generaciones.
El relato aborda un recorrido que va desde la fascinación inicial y la confianza en el líder, hasta la toma de conciencia sobre la violencia, las humillaciones y los abusos sufridos durante décadas. La reconstrucción combina material de archivo, entrevistas con expertos y recreaciones para contextualizar los hechos.
Según se desprende de los testimonios, el proceso de salida de la secta ha implicado una revisión profunda de creencias y vínculos, en la que las víctimas han tenido que cuestionar su identidad y reconstruir su vida fuera del grupo.
Mirada de la directora
La directora Elena Molina explica que el interés por el proyecto reside en su capacidad para reflejar una necesidad humana de pertenencia y búsqueda de certezas en contextos de incertidumbre, encarnada en la historia de una familia atravesada por el fenómeno sectario.
Molina señala que el trabajo ha consistido en acompañar a las víctimas en el proceso de cuestionar treinta años de vida y transformar el dolor en un relato compartido con vocación de aprendizaje. En ese sentido, subraya que la experiencia le ha permitido observar la fragilidad humana y cómo puede derivar en una confianza ciega en figuras de autoridad.
La directora también apunta al reto narrativo de abordar la historia sin caer en el sensacionalismo, buscando un equilibrio que respetara la intimidad de los protagonistas y evitara enfoques morbosos. El objetivo, según su planteamiento, ha sido convertir el relato en una reflexión que interpela al espectador sobre la vulnerabilidad frente a este tipo de estructuras.
Investigación y contexto
El proyecto se enmarca en un contexto de creciente atención sobre las organizaciones sectarias en España, especialmente tras la pandemia, periodo en el que se detectó un repunte de estos grupos y una diversificación de sus métodos de captación.
La historia de La Chaparra llamó la atención por la complejidad de sus dinámicas internas y por la duración del control ejercido sobre sus miembros. El trabajo de investigación que sustenta la serie se ha prolongado durante cuatro años, con entrevistas a víctimas y expertos para comprender el alcance del caso.
Cuando comenzaron los contactos con algunos de los protagonistas, estos llevaban apenas unas semanas fuera de la organización, lo que aporta al relato una perspectiva cercana a los hechos y a los procesos de recuperación.
Un enfoque psicológico
La serie adopta un enfoque de thriller psicológico en tiempo presente, centrado en la evolución de una familia atravesada por el fanatismo, el aislamiento y las relaciones de poder dentro de la comunidad.
El relato contrapone la experiencia de niños y adultos, así como la percepción interna del grupo frente a la realidad exterior, para mostrar cómo se construye y se mantiene un sistema de control durante décadas.
Además, plantea una reflexión sobre la vulnerabilidad humana y la necesidad de pertenencia, factores que, según el enfoque del documental, pueden facilitar la adhesión a este tipo de estructuras en determinados contextos.
Yo nací en una secta ofrece una reconstrucción de un caso reciente que combina el testimonio directo de las víctimas, el contexto judicial y el análisis de las dinámicas sectarias, con el objetivo de explicar cómo se gestó y sostuvo durante años una comunidad basada en el control y el abuso.






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