El 8 de marzo se conmemora en todo el mundo la lucha histórica de las mujeres por la igualdad de derechos y oportunidades, así como su compromiso con la defensa del medio ambiente, la justicia social y el bienestar colectivo. En 2026, la celebración internacional llega con un lema claro y contundente: Derechos. Justicia. Acción. Para TODAS las mujeres y niñas, una consigna impulsada por Naciones Unidas que pretende reforzar el avance hacia la igualdad real.

Sumario

 

El Día Internacional de la Mujer se celebra cada año como una fecha para recordar la historia de las mujeres que han luchado por sus derechos, su dignidad y su libertad. También es una oportunidad para reconocer su papel como aliadas indispensables en la preservación del planeta y la construcción de sociedades más justas.

Esta jornada tiene sus raíces en el movimiento obrero y socialista de finales del siglo XIX y principios del XX, cuando miles de mujeres comenzaron a organizarse para reclamar mejores condiciones laborales, el derecho al voto y la participación política.

No fue hasta 1975 cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció oficialmente el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer, impulsando desde entonces campañas globales destinadas a promover la igualdad de género y el empoderamiento femenino en todos los ámbitos de la sociedad.

 

Justicia para todas

 

Cada año, la ONU propone un tema que orienta las actividades, campañas y movilizaciones del Día Internacional de la Mujer en todo el mundo. Para 2026, el mensaje central es “Derechos. Justicia. Acción. Para TODAS las mujeres y niñas”, un lema que pone el foco en eliminar las barreras que impiden el acceso real a la justicia y a la igualdad de derechos.

El planteamiento es claro: erradicar leyes discriminatorias y normas sociales perjudiciales que siguen limitando la libertad y la seguridad de millones de mujeres y niñas. Diversas organizaciones sociales, activistas y responsables institucionales coinciden en que la igualdad ante la ley todavía no es una realidad en muchos lugares del mundo, por lo que es necesario reforzar las protecciones legales y garantizar su aplicación efectiva.

En España, el 8M se ha consolidado como una jornada de intensa movilización social y reivindicación feminista. Las principales ciudades del país acogen manifestaciones multitudinarias, concentraciones y actos públicos organizados por colectivos feministas, organizaciones sociales e instituciones.

Junto a las movilizaciones en las calles, la jornada se acompaña de una amplia agenda de actividades culturales, educativas e institucionales que se extiende durante los días previos y posteriores a la fecha, con el objetivo de sensibilizar sobre la igualdad de género y promover cambios estructurales en la sociedad.

 

Cinco líneas de actuación prioritarias

 

Para avanzar hacia la igualdad real, los organismos internacionales insisten en la necesidad de invertir en las mujeres como una cuestión central de derechos humanos y de desarrollo social.

Entre las principales líneas de actuación destaca, en primer lugar, erradicar la pobreza que afecta de forma desproporcionada a mujeres y niñas, un fenómeno que podría agravarse si no se adoptan medidas urgentes antes de 2030.

Otra prioridad es implementar sistemas de financiación sensibles al género, capaces de garantizar el acceso a servicios esenciales como la salud, la educación o la protección social.

Además, se plantea la necesidad de avanzar hacia una economía verde y una sociedad del cuidado, donde el trabajo de cuidados —históricamente invisibilizado— sea reconocido, valorado y compartido de forma equitativa.

A ello se suma la importancia de amplificar las voces de las mujeres en la toma de decisiones y proteger a las activistas por la igualdad, que en muchos países continúan enfrentando persecución, violencia o restricciones a su labor social y política.

 

En juego el Objetivo de Desarrollo Sostenible 5

 

La Agenda de Desarrollo Sostenible establece como uno de sus pilares el Objetivo de Desarrollo Sostenible 5 (ODS 5), que busca igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y niñas antes de 2030.

Sin embargo, los avances son insuficientes. Según estimaciones internacionales, existe un déficit anual de financiación de 360.000 millones de dólares en políticas destinadas a promover la igualdad de género.

Un informe reciente de ONU Mujeres advierte de que la igualdad sigue siendo un objetivo lejano. Los datos disponibles, aunque incompletos, reflejan brechas persistentes en múltiples ámbitos.

Entre los indicadores más preocupantes destacan que el 18% de las mujeres y niñas sufren violencia física o sexual por parte de su pareja, mientras que solo el 55% de las mujeres en edad de trabajar participan en el mercado laboral, frente al 78% de los hombres.

Además, las mujeres dedican tres veces más tiempo al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, lo que limita sus oportunidades en educación, empleo y participación política.

La representación femenina también sigue siendo minoritaria en los espacios de poder: solo el 28% de los parlamentarios y el 36% de los líderes locales son mujeres. En el ámbito científico, la brecha también es notable: las mujeres representan el 70% del personal sanitario y social, pero apenas el 28% de los investigadores en ciencia y tecnología.

Estos datos evidencian que, a cinco años del horizonte marcado por la Agenda 2030, el mundo no avanza al ritmo necesario para garantizar la igualdad de género.

 

El papel de las mujeres y las niñas ante el cambio climático 

 

El cambio climático es otro de los grandes retos globales donde la desigualdad de género se hace especialmente visible. Las mujeres y las niñas sufren de manera desproporcionada los impactos climáticos, debido a su mayor vulnerabilidad social y económica.

Al mismo tiempo, son actores clave para impulsar la transición hacia una economía sostenible y una sociedad basada en el cuidado.

Según datos de ONU Mujeres, las mujeres realizan el 76% del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado en el mundo, lo que limita sus oportunidades de educación, empleo y participación pública.

Además, se estima que el 80% de las personas desplazadas por el cambio climático son mujeres y niñas, muchas de las cuales enfrentan mayores riesgos de violencia, explotación o problemas de salud.

Ante este escenario, expertos y organismos internacionales subrayan la necesidad de integrar la perspectiva de género en las políticas climáticas, para avanzar hacia una transición justa y equitativa.

Entre las medidas prioritarias figura reconocer, reducir y redistribuir el trabajo de cuidados, así como garantizar el acceso de las mujeres a educación, energía, agua, salud, saneamiento y seguridad alimentaria.

También se insiste en asegurar la participación efectiva de las mujeres en la toma de decisiones climáticas, desde el ámbito local hasta las negociaciones internacionales.

 

Desafíos y oportunidades para la igualdad de género en el contexto climático

 

El actual modelo de desarrollo, basado en el crecimiento ilimitado y el consumo intensivo de recursos, plantea serios riesgos para la estabilidad del planeta y el bienestar de las sociedades.

Frente a este escenario, cada vez más voces defienden la necesidad de adoptar una visión de desarrollo que sitúe en el centro el cuidado de las personas y del medio ambiente.

En este proceso, las mujeres y las niñas se perfilan como aliadas estratégicas para impulsar una transición hacia una economía verde y una sociedad más justa.

En todo el mundo, mujeres científicas, activistas y líderes comunitarias están promoviendo soluciones innovadoras frente al cambio climático, demostrando que la justicia climática y la igualdad de género son inseparables.