La Universitat de València (UV) ha participado en una investigación liderada por la Universidad de Granada que ha identificado una asociación entre la exposición durante la infancia a determinados plaguicidas no persistentes y la edad de aparición de la primera menstruación. El estudio, publicado en la revista Environmental Research (1) y realizado con niñas de Asturias, Gipuzkoa, Sabadell y València, analiza esta relación por su posible importancia para la salud pública y el desarrollo puberal.
Efectos diferentes según el plaguicida
Productos que forman parte de los plaguicidas empleados actualmente en la actividad agrícola
Los resultados apuntan a que la exposición a fungicidas de la familia de los ditiocarbamatos, utilizados para prevenir enfermedades en los cultivos, se relaciona con una menarquia más temprana. Estos productos forman parte de los plaguicidas empleados actualmente en la actividad agrícola.
Por el contrario, la exposición al clorpirifós, un insecticida utilizado durante años en la agricultura y actualmente prohibido en la Unión Europea, se asocia con una aparición más tardía de la primera menstruación. La investigación muestra así asociaciones diferentes dependiendo del tipo de sustancia analizada.
Los plaguicidas estudiados son considerados no persistentes, lo que significa que se degradan de manera relativamente rápida tanto en el medio ambiente como en el organismo. Sin embargo, el trabajo señala que la exposición durante etapas sensibles del desarrollo infantil puede estar relacionada con cambios en el momento en el que comienza la menstruación.
El artículo analiza de forma prospectiva la relación entre la exposición infantil a estos productos y la edad de la menarquia. Este tipo de aproximación permite estudiar la exposición antes de que se produzca la primera regla y realizar posteriormente un seguimiento de las participantes.
La investigadora Mª José López-Espinosa, profesora del Departamento de Enfermería de la Universitat de València, subraya que el trabajo tiene una especial relevancia porque es uno de los primeros que examina de manera prospectiva la relación entre los plaguicidas no persistentes de uso actual y la edad de la primera menstruación.
Según explica López-Espinosa, identificar los factores ambientales que pueden influir en la primera regla representa una prioridad para la salud pública. La edad de la menarquia no constituye únicamente un momento del desarrollo, sino también un indicador relacionado con la salud posterior.
La investigadora recuerda que una menarquia precoz se ha relacionado con un mayor riesgo de desarrollar a lo largo de la vida enfermedades metabólicas, problemas cardiovasculares y determinados tipos de cáncer hormonodependiente. Por este motivo, conocer los factores que pueden adelantar o retrasar su aparición resulta relevante para la prevención y el seguimiento sanitario.
Seguimiento de más de 500 niñas
La investigación se ha desarrollado en el marco del Proyecto INMA –Infancia y Medio Ambiente–, un estudio longitudinal que reclutó a mujeres embarazadas en distintos territorios de España y que sigue a sus hijos e hijas desde el embarazo hasta la actualidad.
El proyecto acumula más de 20 años de observación y tiene como objetivo investigar el impacto de los factores ambientales sobre la salud. Su carácter longitudinal permite analizar la evolución de las personas participantes durante diferentes etapas de la vida y relacionarla con las exposiciones registradas anteriormente.
Para este trabajo se analizaron muestras de orina de 506 niñas de entre siete y diez años. Las participantes procedían de Asturias, Gipuzkoa, Sabadell y València, cuatro de las áreas incluidas en el Proyecto INMA.
Tras el análisis de las muestras, las niñas fueron objeto de un seguimiento hasta los 16 años para conocer la edad a la que apareció la primera menstruación. Este procedimiento permitió comparar los niveles de exposición infantil a determinados plaguicidas con el momento posterior de aparición de la menarquia.
La edad de la primera menstruación constituye un indicador importante del desarrollo puberal. Su aparición refleja diferentes procesos hormonales y biológicos que tienen lugar durante la transición de la infancia a la adolescencia.
El estudio se centra en sustancias capaces de interferir en esos procesos. Los plaguicidas no persistentes analizados forman parte de los denominados disruptores endocrinos, compuestos que pueden alterar o interferir en el funcionamiento normal del sistema hormonal.
Los ditiocarbamatos se vinculan con un adelanto de la menarquia, mientras que el clorpirifós se relaciona con una aparición más tardía.
La investigación no presenta todos los plaguicidas como una única categoría con efectos idénticos, sino que diferencia las asociaciones encontradas para cada familia de productos. Los ditiocarbamatos se vinculan con un adelanto de la menarquia, mientras que el clorpirifós se relaciona con una aparición más tardía.
La alimentación, principal exposición
La principal vía de exposición de la población general a los plaguicidas es la alimentación. Según recoge la investigación, esta exposición se produce especialmente mediante el consumo de frutas y verduras cultivadas con métodos convencionales.
El trabajo se refiere a plaguicidas utilizados para controlar enfermedades o plagas que pueden afectar a los cultivos. En el caso de los ditiocarbamatos, se trata de fungicidas empleados para prevenir enfermedades agrícolas, mientras que el clorpirifós ha sido utilizado como insecticida.
Aunque los productos analizados se degradan relativamente rápido, las muestras de orina permiten estudiar la exposición registrada en el organismo durante la infancia. Posteriormente, el seguimiento hasta la adolescencia permite observar si existen asociaciones con la edad de la primera menstruación.
Los resultados refuerzan el interés científico por estudiar la influencia de los factores ambientales sobre el desarrollo hormonal infantil. También ponen de relieve la necesidad de analizar las sustancias por separado, ya que las asociaciones observadas pueden variar de un compuesto a otro.
La investigación ha sido desarrollada mediante la colaboración de la Universitat de València, la Universidad de Granada y otras instituciones españolas. El trabajo combina la experiencia acumulada por el Proyecto INMA con el seguimiento prolongado de las niñas participantes.
El estudio ha contado con financiación del Instituto de Salud Carlos III y del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (Feder), además de otras entidades. Sus conclusiones aportan nuevos datos sobre la posible relación entre la exposición infantil a plaguicidas no persistentes y un indicador esencial del desarrollo puberal femenino.
Referencias
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