Una montaña que se rompe a más de 5.000 metros de altitud y, siete minutos después, un muro de agua, hielo y roca que borra del mapa un paso fronterizo. El cambio climático agravó las condiciones que favorecieron la avalancha de roca, hielo y lodo que arrasó el norte de Nepal el pasado 26 de agosto, aunque no puede considerarse la causa directa del desprendimiento, según un estudio publicado este jueves por la red científica World Weather Attribution (WWA)(1).
En el análisis ha participado una veintena de investigadores de Nepal, Pakistán, Reino Unido, Irlanda, Suecia, Dinamarca, Noruega, Estados Unidos, Nueva Zelanda y Países Bajos, con especialistas en glaciología, hidrología de montaña, ciencia del clima, sismología, ayuda humanitaria y ciencias sociales. Su conclusión es que el desastre fue un evento compuesto: la suma del aumento de las temperaturas, el adelgazamiento de los glaciares, el deshielo del suelo permanentemente congelado y unas debilidades geológicas que ya estaban ahí.
Siete minutos hasta la frontera
Unos dos kilómetros cuadrados de pared rocosa y hielo glaciar se desplomaron desde los 5.150 metros de altitud y cayeron 1.400 metros hasta el fondo del valle
Unos dos kilómetros cuadrados de pared rocosa y hielo glaciar se desplomaron desde los 5.150 metros de altitud y cayeron 1.400 metros hasta el fondo del valle, según el informe. El impacto contra el suelo liberó una energía equivalente a la de un terremoto de magnitud 5,5. De hecho, las primeras informaciones atribuyeron la catástrofe a un seísmo: el Servicio Geológico de Estados Unidos comprobó después que la señal sísmica no precedió al derrumbe, sino que la generó el propio derrumbe(2).
A partir de ahí se encadenó todo lo demás. La fricción fundió parte del hielo y la masa en movimiento arrastró agua almacenada bajo el glaciar y en el terreno helado. El resultado fue una riada de barro, bloques y hielo que alcanzó el paso fronterizo de Rasuwagadhi, 22 kilómetros aguas abajo, en apenas siete minutos, a una velocidad media de 188 kilómetros por hora.
En el siguiente cuarto de hora, la riada arrasó las instalaciones fronterizas, la localidad de Timure y el mercado de Syabrubesi, y sorprendió a peregrinos, personal de aduanas y trabajadores de centrales hidroeléctricas. Media hora después ya estaba en el valle del Trishuli, arrancando edificios de varias plantas. En Glachi, a 88 kilómetros del origen, el río subió 8,5 metros.
La ola recorrió 200 kilómetros hasta Devghat en menos de siete horas. Allí el caudal más que se duplicó, hasta unos 5.850 metros cúbicos por segundo, y pasaron 20 millones de metros cúbicos de agua sobrante en menos de cuatro horas antes de que la crecida continuara hacia la India. El agua dejó atrás 30,5 millones de metros cúbicos de sedimento y escombros, que sepultaron campos de cultivo, aldeas y centrales hidroeléctricas.
Nepal ha recuperado 1.403 cuerpos y restos humanos y contabiliza 6.150 desaparecidos, mientras que en el Tíbet se han registrado 43 muertos y 519 desaparecidos
Nepal ha recuperado 1.403 cuerpos y restos humanos y contabiliza 6.150 desaparecidos, mientras que en el Tíbet se han registrado 43 muertos y 519 desaparecidos. El informe, cerrado con los datos oficiales del 14 de septiembre, contabilizaba entonces unas 84.270 personas afectadas en seis distritos –Rasuwa, Nuwakot, Dhading, Gorkha, Chitwan y Tanahu–, con 15 municipios declarados zona de crisis durante tres meses(3).
Una ladera debilitada por el deshielo
El cambio climático se entiende mejor como un factor desestabilizador que actúa sobre una predisposición geológica preexistente, más que como la causa del fallo
El cambio climático se entiende mejor como un factor desestabilizador que actúa sobre una predisposición geológica preexistente, más que como la causa del fallo. Así lo resume el informe, que descarta el relato simple de un único fenómeno meteorológico extremo. La estructura geológica decidió dónde y cómo cedió la ladera; el calentamiento la fue dejando cada vez más frágil.
El primer mecanismo es la degradación del permafrost –el suelo que permanece congelado todo el año–. Al subir la temperatura de la roca, el hielo que rellena las grietas se funde y desaparece la cohesión que mantenía unidas las paredes de alta montaña; el agua de fusión, además, se infiltra y aumenta la presión dentro de las fisuras. El nivel de congelación –la altitud a partir de la cual el agua se mantiene helada– ha subido unos 100 metros por década en las estaciones del monzón y el posmonzón.
El segundo mecanismo es el retroceso de los glaciares. Los del entorno llevan décadas perdiendo masa a un ritmo equivalente a más de medio metro de adelgazamiento al año. En el caso concreto del glaciar de Langtang Lirung, la velocidad de retroceso se ha disparado desde 2010: del 0,5 % anual que mantenía en los dos siglos anteriores ha pasado a entre el 1 % y el 2,3 % anual en los últimos 16 años. Al encoger, el hielo deja de hacer de contrafuerte y la pared de roca que sostenía queda sometida a nuevas tensiones.
A ese deterioro lento se suma un forzamiento más rápido: la lluvia. Con temperaturas más altas, la frontera entre lluvia y nieve sube de cota y una proporción mayor de la precipitación cae ya en forma líquida, que se infiltra de inmediato en lugar de quedar almacenada en superficie como nieve. Las estaciones de la zona registraron precipitaciones excepcionalmente altas en octubre y noviembre de 2025 que, combinadas con el calor posterior, aportaron grandes cantidades de agua de fusión durante la primavera y el monzón siguientes.
Las temperaturas de julio y agosto en el punto del derrumbe fueron unos 1,5 °C más altas de lo que habrían sido sin la influencia humana sobre el clima, un valor comparable al calentamiento global medio. En el conjunto del año la diferencia atribuible es mayor, de unos 2 °C, y en algunos meses de invierno llega a 3 °C.
El cambio climático está transformando el entorno de alta montaña e influyendo en muchos de los posibles desencadenantes de este colapso
BEN CLARKE, Imperial College de Londres
“El cambio climático está transformando el entorno de alta montaña e influyendo en muchos de los posibles desencadenantes de este colapso”, ha explicado Ben Clarke, investigador en fenómenos meteorológicos extremos y cambio climático del Imperial College de Londres. Eso, ha añadido, incrementa el riesgo en una región ya expuesta a una elevada actividad sísmica: el terremoto de magnitud 7,8 de 2015 provocó ya entonces una avalancha de roca y hielo en Langtang Lirung y pudo debilitar el macizo a largo plazo, aunque su contribución exacta al colapso de 2026 no se ha podido confirmar.
Cuando la adaptación ya no basta
Para una nación que prácticamente no ha contribuido a este problema, esto pone de relieve la necesidad de garantizar la equidad
MADHAB UPRETY, Centro del Clima de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja
“Para una nación que prácticamente no ha contribuido a este problema, esto pone de relieve la necesidad de garantizar la equidad” al ayudar a los países vulnerables a afrontar problemas que ellos no han provocado, ha subrayado Madhab Uprety, asesor técnico principal para Asia-Pacífico del Centro del Clima de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Es el terreno de las pérdidas y daños –loss and damage en la negociación climática internacional–: los impactos que ya no pueden evitarse ni reduciendo emisiones ni adaptándose.
Nepal cuenta con sistemas de alerta temprana que funcionan y que han salvado vidas en inundaciones fluviales convencionales, incluidas comunidades situadas aguas abajo. Pero este episodio fue distinto en magnitud, velocidad y complejidad: quedó fuera del alcance de diseño y de la capacidad de predicción de esos sistemas. Ninguna alerta existente habría dado margen suficiente en las zonas más castigadas, y la pérdida de más de 1.300 vidas es, en palabras de Uprety, “un recordatorio devastador” de que ya se están alcanzando los límites de la adaptación.
El Gobierno nepalí calcula el coste de la reconstrucción en más de 4.700 millones de dólares y ha pedido redoblar los esfuerzos internacionales contra el calentamiento, al sostener que el país sufre de forma desproporcionada sus efectos pese a su escasa contribución a las emisiones mundiales. En un territorio de alta montaña donde el suelo habitable escasea, la población crece y la economía depende de los ríos, reducir la exposición en los valles resulta social y políticamente muy difícil.
El informe reclama avances en observación de la Tierra en el alto Himalaya, vigilancia de riesgos, comunicación con la población e intercambio transfronterizo de datos. Pero insiste en que sucesos de esta magnitud superan los límites de la adaptación y en que atender las pérdidas ya consumadas se ha convertido en una parte ineludible de la respuesta climática. Reducir el riesgo futuro, añade, exige una salida rápida de los combustibles fósiles y cumplir los compromisos de financiación.
No hemos evaluado si esta avalancha concreta habría ocurrido en ausencia del cambio climático provocado por el ser humano
No hemos evaluado si esta avalancha concreta habría ocurrido en ausencia del cambio climático provocado por el ser humano, advierten los autores, que reconocen los límites de sus conclusiones sobre este desastre en particular. Una atribución directa exigiría pruebas adicionales que conecten las condiciones atmosféricas con la temperatura del subsuelo, la presión del agua en las grietas y la evolución mecánica de la ladera. Lo que sí sostienen es que el aumento de las temperaturas, a un ritmo superior a la media mundial por las emisiones de combustibles fósiles, incrementa la probabilidad y la gravedad de este tipo de desastres en el Himalaya.
El trabajo se ha elaborado con métodos revisados por pares, aunque el documento en sí no ha pasado aún por esa revisión externa, una práctica habitual en los análisis rápidos de la WWA(4). Sus autores recuerdan que en el Himalaya y en otras zonas de alta montaña el retroceso de los glaciares y la degradación del permafrost continuarán incluso aunque el calentamiento se detenga: parte de los efectos del calor ya acumulado todavía no se ha manifestado.
Referencias
- (1) Rapid Warming in the Himalaya Exacerbates Geohazard Cascades Beyond Adaptation Limits. World Weather Attribution.
- (2) M 5.2 Landslide – 25 km NNW of Dhunche, Nepal. USGS Earthquake Hazards Program.
- (3) Situation Report. National Disaster Risk Reduction and Management Authority (Nepal).
- (4) Rapid warming in the Himalaya exacerbates geohazard cascades beyond adaptation limits. Spiral, Imperial College London.
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