La violencia sexual contra la infancia y la adolescencia es una violación de los derechos humanos y un problema estructural de salud pública. Sin embargo, lo que se sabía hasta ahora en España procedía casi exclusivamente de datos judiciales y policiales y de estudios con víctimas, es decir, de lo ocurrido cuando el daño ya estaba hecho. Para ofrecer la otra mirada, la Universitat de Barcelona (UB) ha presentado en Madrid, el 4 de noviembre, el primer estudio nacional(1) que cuantifica la atracción sexual hacia menores de 16 años y la conducta sexual violenta contra niños y adolescentes, a partir de las respuestas de 6.010 hombres adultos que viven en España.
El trabajo lo ha llevado a cabo el Grupo de Investigación en Victimización Infantil y Adolescente (GReVIA) de la UB, dirigido por Noemí Pereda, profesora de la Facultad de Psicología, y se ha realizado dentro del programa internacional Prevention Global. Su resultado más llamativo es que el 10,2% de los participantes admite haber cometido, al menos una vez en su vida, un acto de violencia sexual que implica a menores de 18 años, con los matices que se explican más abajo. Su objetivo es explícitamente preventivo: no se puede prevenir lo que no se conoce.
Atracción y conducta, dos realidades
Una de las principales aportaciones del estudio es que examina por separado dos fenómenos que el debate público tiende a confundir: la atracción sexual hacia menores de 16 años, por un lado, y la ejecución de conductas sexuales violentas contra niños y adolescentes, por otro. Según los datos, el 22,2% de los participantes –más de dos de cada diez– ha sentido algún grado de atracción sexual hacia menores de 16 años desde que alcanzó la edad adulta.
El 72,8% de los hombres que refieren atracción sexual hacia menores de 16 años no reporta ninguna conducta sexualmente violenta
El 72,8% de los hombres que refieren atracción sexual hacia menores de 16 años no reporta ninguna conducta sexualmente violenta contra niños ni adolescentes. Es decir, casi tres de cada cuatro. Así lo advierte el estudio, que confirma que ambos fenómenos están asociados –quienes declaran esa atracción tienen más probabilidades de reconocer conductas violentas–, pero subraya que la relación no es determinista.
En la mayoría de los casos, esa atracción es infrecuente y secundaria respecto a la que se siente hacia adultos. El 12,3% la describe como algo que ocurre “casi nunca” y solo el 1,9% afirma experimentarla la mayor parte del tiempo o casi siempre. La atracción exclusiva hacia menores, sin atracción hacia adultos, la declara apenas el 0,3% de la muestra.
“El hecho de que la mayoría de las personas que refieren atracción no haya cometido ningún acto de conducta sexualmente violenta no disminuye la gravedad del problema: nos dice dónde y cuándo podemos intervenir. Ofrecer ayuda temprana y confidencial es una medida de protección de la infancia”, ha afirmado Pablo Romero, miembro del Grupo de Investigación en Victimología Empírica y Aplicada (VICRIM) del Centro de Investigación en Transformación Digital y Gobernanza (DIGIT) de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y codirector del estudio.
Para el equipo investigador, esta distinción no resta importancia al problema, sino que lo hace abordable: permite identificar a un amplio grupo de personas que sienten atracción hacia niños y adolescentes y no han ejercido violencia sexual contra ellos, lo que abre una oportunidad de intervención temprana antes de que se produzca ningún daño.
Cifras de conducta y entorno digital
En cuanto a la conducta, el 10,2% de los participantes –aproximadamente uno de cada diez– reconoce al menos un acto de violencia sexual contra menores de 18 años a lo largo de su vida. Si el análisis se limita a menores de 15 años, la prevalencia es del 2,8%, y del 1,7% cuando se trata de niños de menos de 12 años. Un 3,4% afirma haber incurrido en alguna de estas conductas en los últimos 12 meses.
Estas cifras no son tasas de delincuencia ni de condena: el estudio recoge conductas autodeclaradas, con y sin contacto físico
Estas cifras no son tasas de delincuencia ni de condena: el estudio recoge conductas autodeclaradas, con y sin contacto físico, tanto en entornos físicos como digitales. Incluye casos de jóvenes de 16 y 17 años solo cuando existe una diferencia de edad de al menos 10 años con el encuestado, de modo que se excluyen las relaciones consentidas entre personas de edad similar, aunque una de ellas sea menor.
Al tratarse de conductas muy estigmatizadas, es probable que se declaren menos de las que ocurren, por lo que las estimaciones deben leerse como conservadoras.
Por escenarios, a lo largo de la vida la conducta sexualmente violenta contra niños y adolescentes es más frecuente fuera de línea (9,7%) que en el entorno digital (4,2%), un hallazgo que matiza el relato público que presenta las pantallas como el principal escenario de esta violencia.
Sin embargo, la continuidad reciente es mucho mayor en internet: más de la mitad (56,0%) de quienes reconocen haber ejercido esta violencia en línea a lo largo de su vida afirma haberlo hecho también en los últimos 12 meses, frente al 27,0% –algo más de una cuarta parte– en los entornos físicos. Además, la proporción de niños de menor edad es ligeramente superior en la conducta en línea.
Por ello, el estudio concluye que el entorno digital debe ocupar un lugar central en las estrategias de prevención.
Cuatro líneas de prevención
El estudio muestra que el riesgo no responde a una sola causa, sino a la combinación de la historia de vida, el estado psicológico y el comportamiento de cada persona. A partir de ahí, el equipo de GReVIA plantea cuatro líneas de actuación para pasar de la prevalencia a la prevención.
Durante décadas hemos centrado la prevención en enseñar a niños y adolescentes cómo protegerse. Es necesario, pero no suficiente
NOEMÍ PEREDA, Universitat de Barcelona
“Durante décadas hemos centrado la prevención en enseñar a niños y adolescentes cómo protegerse. Es necesario, pero no suficiente. Si queremos evitar que haya víctimas, también debemos comprender y actuar sobre quienes pueden causar el daño”, ha explicado Noemí Pereda, directora de GReVIA y codirectora del estudio.
La primera línea es la información y la sensibilización: explicar con rigor que atracción y conducta no son equivalentes y transmitir un mensaje claro, el de que sentir atracción no justifica ninguna conducta de violencia sexual.
La segunda es la prevención y la ayuda temprana, con recursos confidenciales de orientación para las personas que sienten atracción hacia niños o adolescentes y no han cometido actos de violencia sexual contra ellos, mediante programas especializados y vías de derivación profesional.
La tercera es la formación de profesionales de la salud mental, la educación, los servicios sociales, la justicia y la protección de la infancia, para que detecten señales de alerta, orienten y deriven.
La cuarta es la investigación y las políticas públicas, con estudios nacionales periódicos que permitan diseñar y evaluar políticas basadas en datos.
Experiencias internacionales como la del proyecto alemán Dunkelfeld muestran que es viable ofrecer apoyo confidencial a las personas que no han causado daño y quieren evitarlo. En España, sin embargo, el acceso a recursos especializados de prevención sigue siendo limitado.
El estudio forma parte de Prevention Global, una iniciativa impulsada por el Moore Center for the Prevention of Child Sexual Abuse –Centro Moore para la Prevención del Abuso Sexual Infantil– de la Universidad Johns Hopkins y por The Royal’s Institute of Mental Health Research –Instituto de Investigación en Salud Mental del Royal–, de Ottawa (Canadá). Representa una de las mayores inversiones hasta la fecha en investigación sobre prevención de la violencia sexual contra la infancia.
Su objetivo es doble: determinar la verdadera magnitud del problema en varios países con una misma herramienta de medición e identificar qué estrategias funcionan para evitar el daño. La aplicación en España, liderada por GReVIA, permite incluir por primera vez los datos españoles en ese marco comparativo internacional.
Referencias
- (1) 10.2% of adult men in Spain admit to having engaged in sexual behaviour against children or adolescents at some point in their lives, according to the first national study by the University of Barcelona (El 10,2% de los hombres adultos en España admite haber tenido conductas sexuales contra niños o adolescentes en algún momento de su vida, según el primer estudio nacional de la Universitat de Barcelona). Universitat de Barcelona (UB).
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