La violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes en el entorno digital afecta de forma especialmente grave a las niñas adolescentes, que concentran la mayoría de los casos analizados en resoluciones judiciales recientes. Así lo constata el informe Tras la pantalla: violencia sexual contra la infancia en el entorno digital (1), elaborado por Save the Children, que sitúa a las menores de 13 años en el centro de una violencia sexual que se produce de manera progresiva, normalizada y, en muchos casos, desde entornos de confianza.

 

Niñas adolescentes, principales víctimas según el análisis judicial

 

El informe identifica un patrón claro y reiterado en el perfil de las víctimas. Más del 60 % son niñas, con una edad media de 13 años, una etapa especialmente vulnerable por la combinación de exposición temprana a internet, uso intensivo de redes sociales y falta de herramientas para reconocer situaciones de riesgo. Esta realidad sitúa a las adolescentes en una posición de especial vulnerabilidad frente a conductas abusivas que suelen comenzar con interacciones aparentemente inofensivas.

En todos los casos analizados, los agresores eran hombres adultos, lo que confirma el componente estructural y de género de esta violencia. El informe subraya que estas dinámicas no responden a hechos aislados, sino a patrones de abuso sostenidos que se repiten en distintos entornos digitales y plataformas.

Lejos de limitarse a contactos con desconocidos, el documento prodesmonta uno de los mitos más extendidos sobre la violencia sexual en internet. El 41,7 % de los agresores eran personas conocidas por la víctima, y en uno de cada cuatro casos se trataba de un familiar, lo que sitúa el abuso también dentro de entornos de confianza y cercanía. Esta circunstancia dificulta la identificación temprana de la violencia y retrasa la denuncia, al producirse en relaciones marcadas por la dependencia emocional o la autoridad.

 

Grooming y abusos sexuales online: una violencia que se normaliza

 

La mayoría de los casos analizados por Save the Children se corresponden con situaciones de online grooming, una forma de violencia sexual en la que una persona adulta contacta con un menor a través de redes sociales, plataformas de mensajería o videojuegos con el objetivo de obtener imágenes íntimas, material sexual o preparar encuentros presenciales.

El informe alerta de que estas conductas se desarrollan de forma gradual y persistente, aprovechando la confianza, la curiosidad o la necesidad de validación propias de la adolescencia. La normalización de determinados comportamientos en el entorno digital dificulta que las víctimas identifiquen el abuso en sus primeras fases, lo que prolonga la situación y agrava el daño psicológico.

Además, el documento subraya que la violencia sexual digital no se limita a un único canal, sino que puede desplazarse entre plataformas, reforzando el control del agresor y aumentando la sensación de indefensión de la víctima.

 

Procesos judiciales largos que agravan la revictimización

 

Uno de los principales focos de preocupación del informe es el recorrido judicial al que se enfrentan los menores víctimas de violencia sexual digital. En más de la mitad de los casos analizados, los procedimientos se prolongaron más de tres años, y algunos superaron los cinco años, un periodo especialmente perjudicial para niños y adolescentes en pleno desarrollo emocional.

Save the Children advierte de que el 65 % de las víctimas tuvo que declarar dos o más veces durante el proceso judicial. Esta repetición del testimonio, lejos de contribuir a la reparación, expone a los menores a una revictimización constante, al obligarles a revivir los hechos en contextos que no siempre están adaptados a su edad ni a sus necesidades psicológicas.

Aunque en muchos procedimientos existía prueba digital objetiva, como conversaciones, imágenes o archivos, el informe señala que la investigación judicial continúa apoyándose en exceso en la declaración del menor. Esta situación se ve agravada por la falta de formación especializada y por la ausencia de protocolos homogéneos para el tratamiento de la prueba digital en casos de violencia sexual contra la infancia.

El documento destaca la importancia del modelo Barnahus, un sistema de atención integral que permite que el menor declare una sola vez en un entorno seguro y acompañado por profesionales especializados. Save the Children reclama que este modelo se aplique de forma generalizada también a los casos de violencia sexual cometida exclusivamente en entornos digitales.

Más allá del ámbito judicial, el informe insiste en que la respuesta debe incluir una apuesta decidida por la prevención. La organización defiende la necesidad de una educación afectivo-sexual integral, adaptada a la realidad digital, que permita a niños y adolescentes identificar situaciones de riesgo, reconocer conductas abusivas y saber cómo pedir ayuda.

Asimismo, el informe subraya la responsabilidad de las plataformas digitales, que deben reforzar los mecanismos de detección, denuncia y eliminación de contenidos, así como colaborar activamente con las autoridades para proteger a la infancia frente a la explotación sexual online.

Save the Children recuerda que las sentencias analizadas representan solo una parte mínima del problema y alerta de una amplia infradenuncia, alimentada por el miedo, la vergüenza y la normalización de determinadas conductas en internet.

El informe concluye que la violencia sexual digital contra la infancia no es un fenómeno aislado, sino un problema estructural que exige reformas urgentes y una respuesta coordinada de instituciones, justicia, sistema educativo, familias y empresas tecnológicas.

Referencias