La Presidencia brasileña de la COP30 ha presentado una hoja de ruta para impulsar el abandono progresivo de los combustibles fósiles (1), a pocos días de la COP31, que se celebrará del 9 al 20 de noviembre en Antalya (Turquía). El documento propone medidas políticas, económicas y tecnológicas para acelerar una transición energética justa y equitativa, con el objetivo de alcanzar las emisiones netas cero en 2050.
Tres pilares para la transición energética
La propuesta establece tres grandes líneas de actuación que buscan facilitar la transformación de los sistemas energéticos y ofrecer a los países una base común para diseñar sus propias estrategias.
La primera se centra en reforzar la gobernanza a largo plazo, mediante una mayor colaboración entre administraciones y empresas, el impulso de la investigación y el desarrollo y la participación de los territorios afectados por la transición.
La segunda plantea orientar las inversiones hacia proyectos energéticos sostenibles, utilizando incentivos fiscales, mecanismos de transparencia en la contabilidad del carbono y condiciones económicas que favorezcan la movilización de capital.
El tercer pilar aborda los cambios necesarios en las infraestructuras y el consumo energético. Entre sus prioridades figuran la reducción de las emisiones de metano, la expansión de las energías limpias, la mejora de la eficiencia y el acceso universal a una energía asequible.
Para facilitar estos cambios, el documento también contempla la modernización de las redes eléctricas, el desarrollo del almacenamiento energético y la digitalización de la demanda, sin perder de vista la seguridad del suministro.
La hoja de ruta propone coordinar estas actuaciones con las principales citas internacionales previstas para los próximos años: el segundo Balance Global del Acuerdo de París, en 2028, la presentación de nuevos compromisos climáticos nacionales en 2030 y el tercer Balance Global en 2033.
La asesora de Energía de la Presidencia de la COP30, Amanda Ohara, ha explicado que Brasil no pretende imponer un modelo único. El propósito es establecer unas bases compartidas que permitan a cada país elaborar su propio plan, de acuerdo con sus circunstancias y necesidades.
Ohara ha señalado que el debate sobre el abandono de los combustibles fósiles cobrará fuerza en los próximos años y ha defendido la coordinación entre las presidencias de las cumbres climáticas, el G20, Naciones Unidas y otras iniciativas internacionales.
A su juicio, la transición ya está en marcha y existen políticas, alianzas entre países y organizaciones sectoriales y territoriales preparadas para avanzar hacia medidas concretas.
Australia y Turquía, bajo presión
La presentación del documento también ha servido para poner el foco en Australia y Turquía, países que copresiden la COP31 y cuya actuación será determinante para mantener el impulso político de las negociaciones.
La directora de estrategia de Climate Action Network Australia (CANA), Kathryn McCallum, ha defendido que ambos gobiernos colaboren con las presidencias de la COP30 y la futura COP32 para favorecer acuerdos y superar las barreras económicas y técnicas que dificultan la transición.
Sin embargo, McCallum ha cuestionado la política energética australiana por la aprobación de nuevos proyectos de petróleo y carbón. También ha advertido de las consecuencias de una iniciativa todavía pendiente de autorización en Australia Occidental, cuyo impacto climático considera especialmente preocupante.
Por su parte, la activista de Greenpeace Turquía, Emel Türker Alpay, ha reclamado que los dos países refuercen la credibilidad de sus compromisos mediante actuaciones dentro de sus propias fronteras.
En el caso turco, ha destacado la contradicción entre el gran potencial de las energías renovables y la persistente dependencia del carbón, que representa aproximadamente un tercio de la generación eléctrica del país en 2026. Según ha indicado, alrededor de dos tercios de ese carbón son importados.
La activista ha criticado que Turquía carezca de un plan para eliminar el carbón, mientras continúa la expansión de las explotaciones mineras y el Gobierno aspira a convertir el país en un centro regional de distribución de gas.
En su opinión, la Presidencia de la COP31 debe demostrar con políticas nacionales que la transformación energética que reclama a la comunidad internacional también constituye una prioridad interna.
África reclama una transición justa
Las dificultades de los países africanos han ocupado otro de los ejes del debate. La jefa de Campañas y Promoción de África de la Iniciativa del Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles, Seble Samuel, ha advertido de que la transición no puede plantearse al margen de la pobreza energética que afecta al continente.
Samuel ha cuestionado un modelo económico basado en la extracción y exportación de recursos naturales que no ha garantizado el acceso universal a la energía para las poblaciones locales.
Frente a esta situación, ha defendido una transformación sustentada en la justicia climática, con financiación, transferencia de tecnología y medidas de reparación que permitan a los países africanos desarrollar sus propios sistemas energéticos.
También ha alertado del riesgo de reproducir las mismas relaciones de dependencia económica mediante la explotación de los minerales necesarios para las tecnologías renovables, en lugar de aprovechar la transición para fortalecer las capacidades productivas regionales.
Limitar el calentamiento global a 1,5 °C
Entre las medidas propuestas figuran la elaboración de hojas de ruta participativas, la paralización de nuevas exploraciones y licencias de extracción de combustibles fósiles y el apoyo a las comunidades afectadas. Estas estrategias deberían ser compatibles con el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 °C.
Samuel ha insistido en que los esfuerzos nacionales resultan insuficientes para superar los obstáculos estructurales del continente. Por ello, ha reclamado cooperación internacional y solidaridad financiera, de manera que la transición transforme no solo las fuentes de energía, sino también las relaciones económicas que condicionan su desarrollo.
Por último, el coordinador de políticas internacionales del Observatorio Climático, Claudio Angelo, se ha mostrado optimista sobre las posibilidades de avanzar en este debate durante la COP31.
No obstante, ha señalado que el resultado de la cumbre no dependerá únicamente de los acuerdos alcanzados en las negociaciones, sino también de qué países estén dispuestos a colaborar para acelerar el abandono de los combustibles fósiles y de los avances que se produzcan en materia de financiación.
La propuesta brasileña llega así a Antalya con el propósito de trasladar a la práctica los compromisos climáticos internacionales, mientras las organizaciones ambientales reclaman que la voluntad política se traduzca en planes nacionales, inversiones y medidas concretas.
Referencias
- (1) COP30 Presidency Roadmap. Brasil.
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