El 24 de octubre, distintas organizaciones promueven el Día Internacional contra el Cambio Climático como una jornada de sensibilización, aunque no es una efeméride oficial de Naciones Unidas ni cuenta con un lema anual reconocido por la ONU. En 2026, la fecha vuelve a poner el foco en la reducción de emisiones, la adaptación y una transición justa. Los últimos datos confirman que 2025 se situó entre los tres años más cálidos desde que existen registros, con una temperatura media global cercana a 1,43 °C por encima del nivel preindustrial.
- ¿Qué es el cambio climático y cuáles son sus principales causas?
- Temperatura global en 2025: por qué urge acelerar la acción climática
- ¿Cuáles son las principales consecuencias del cambio climático?
- De la COP30 a la COP31: del compromiso a la aplicación
- ¿Qué papel desempeñan los gobiernos y los organismos internacionales?
- ¿Cuánta financiación climática se necesita para la adaptación?
El denominado Día Internacional contra el Cambio Climático se ha consolidado como una oportunidad para informar, sensibilizar y movilizar frente a la crisis climática. Su propósito conecta con el ODS 13, Acción por el clima, que insta a gobiernos, empresas, organizaciones y ciudadanía a transformar los compromisos en medidas concretas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, proteger a las personas más vulnerables y preservar los ecosistemas.
El marco institucional de referencia es la acción climática promovida por Naciones Unidas. La crisis ya se manifiesta en forma de calor extremo, lluvias intensas, sequías, incendios, pérdida de hielo y alteraciones de los ecosistemas. Sin embargo, la ciencia también señala que todavía es posible limitar los daños si se aceleran las soluciones disponibles y se refuerza la cooperación internacional.
¿Qué es el cambio climático y cuáles son sus principales causas?
Naciones Unidas define el cambio climático como una variación a largo plazo de las temperaturas y los patrones climáticos. Aunque puede tener causas naturales —como cambios en la actividad solar o grandes erupciones volcánicas—, el calentamiento observado desde el siglo XIX se debe principalmente a las actividades humanas. Por eso, hoy el término se utiliza sobre todo para describir el cambio climático antropogénico.
Desde finales del siglo XIX, actividades humanas como la quema de combustibles fósiles para producir energía, la deforestación, la agricultura intensiva y determinados procesos industriales han liberado grandes cantidades de gases de efecto invernadero en la atmósfera. El dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O) retienen calor y alteran el equilibrio energético del planeta. En 2025, este desequilibrio alcanzó el nivel más alto de una serie de 65 años, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
La evidencia científica concluye que la actividad humana es la causa principal del calentamiento global acelerado de los dos últimos siglos.
Temperatura global en 2025: por qué urge acelerar la acción climática
El informe Estado del clima mundial 2025, publicado por la OMM en marzo de 2026, confirma que los once años comprendidos entre 2015 y 2025 fueron los más cálidos desde que existen registros. La temperatura media global de 2025 se situó aproximadamente 1,43 °C por encima del promedio de 1850-1900, pese a la influencia refrescante de La Niña. Además, el contenido de calor oceánico volvió a marcar un récord y el océano absorbió, durante las dos últimas décadas, el equivalente a unas 18 veces el consumo energético anual de la humanidad cada año.
Nota sobre las fuentes: la posición exacta de 2025 en la clasificación varía ligeramente según el conjunto de datos y la metodología empleada. La OMM, que combina y compara diferentes bases internacionales, sitúa 2025 como el segundo o el tercer año más cálido registrado. Por su parte, Copernicus y la NOAA lo clasifican como el tercero, por detrás de 2024 y 2023. Estas diferencias no alteran la tendencia de fondo: 2025 se mantuvo entre los tres años más cálidos desde que existen registros.
La ciencia mantiene que limitar el calentamiento a 1,5 °C reduce de forma significativa los riesgos para las personas y los ecosistemas. Sin embargo, el Informe sobre la brecha de emisiones 2025 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que, incluso si se cumplen íntegramente los compromisos climáticos nacionales, el calentamiento a lo largo de este siglo se situaría entre 2,3 y 2,5 °C. Con las políticas actuales, la proyección asciende a 2,8 °C. Para alinearse con una trayectoria de 1,5 °C, las emisiones anuales mundiales deberían reducirse un 55 % en 2035 respecto a 2019.
La responsabilidad y la capacidad de respuesta no se distribuyen por igual. Las economías con mayores emisiones históricas y actuales deben liderar una reducción rápida y sostenida, mientras apoyan a los países con menos recursos. Al mismo tiempo, todos los Estados necesitan reforzar sus planes climáticos, acelerar el despliegue de energías limpias, mejorar la eficiencia y proteger los sumideros naturales de carbono. La acción debe integrar mitigación, adaptación y justicia climática para no dejar atrás a las comunidades más expuestas.
¿Cuáles son las principales consecuencias del cambio climático?
El cambio climático no se limita al aumento de la temperatura media. Como la Tierra es un sistema interconectado, una alteración en una región puede provocar efectos en otras y afectar al agua, la salud, la biodiversidad, la alimentación, las infraestructuras y la economía. Esta cadena de impactos convierte la crisis climática en un desafío global que exige cooperación y respuestas coordinadas.
Los efectos del cambio climático son diversos y pueden incluir:
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Aumento de la temperatura global: Esto provoca fenómenos como olas de calor más intensas y prolongadas.
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Cambio en los patrones de precipitación: Puede haber sequías más prolongadas en algunas áreas y lluvias más intensas en otras.
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Deshielo de glaciares y casquetes polares: Esto contribuye al aumento del nivel del mar.
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Aumento del nivel del mar: Puede llevar a la inundación de áreas costeras y la salinización de acuíferos.
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Impacto en la biodiversidad: Cambios en los ecosistemas y la distribución de especies.
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Alteración de los patrones migratorios y comportamientos de especies: Algunos animales y plantas pueden verse afectados en su búsqueda de hábitats adecuados.
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Impacto en la agricultura y la disponibilidad de alimentos: Cambios en los patrones de cultivo y la disponibilidad de agua.
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Amenaza para la salud humana: El cambio climático puede afectar la propagación de enfermedades transmitidas por vectores y empeorar ciertas condiciones de salud.
También cabe señalar que el cambio climático puede afectar de manera desigual a las personas en función de dónde vivan, ya que son especialmente vulnerables aquellos que habitan en pequeñas naciones insulares o en otros países en desarrollo. Condiciones como el aumento del nivel del mar y la intrusión de agua salada han avanzado hasta el punto de que comunidades enteras han tenido que reubicarse, y las prolongadas sequías están creando un riesgo de hambruna. De hecho, casi la mitad de la población mundial vive en regiones que son muy sensibles al cambio climático. En la última década, el número de víctimas mortales como consecuencia de inundaciones, sequías y tormentas fue 15 veces más alto en las regiones muy vulnerables y se prevé que en el futuro aumente el número de «refugiados climáticos».
De la COP30 a la COP31: del compromiso a la aplicación
La COP30, celebrada en Belém (Brasil) en noviembre de 2025, concluyó con el denominado paquete político de Belém. La conferencia mantuvo vivo el marco de cooperación climática y avanzó en ámbitos como la adaptación, la transición justa, la tecnología, la financiación y la participación de comunidades locales y pueblos indígenas. No obstante, sus resultados también evidenciaron la distancia que persiste entre los compromisos internacionales y el ritmo de reducción de emisiones que exige la ciencia.
La atención se dirige ahora a la COP31, que se celebrará del 9 al 20 de noviembre de 2026 en Antalya (Turquía). La cita deberá impulsar la aplicación efectiva de los planes nacionales con horizonte 2035, cerrar las brechas de ambición y financiación y convertir las decisiones multilaterales en resultados medibles. Entre las prioridades figuran la resiliencia de ciudades e infraestructuras, la electrificación, la industria verde, la reducción del metano, los sistemas alimentarios y la protección de océanos y ecosistemas.
¿Qué papel desempeñan los gobiernos y los organismos internacionales?
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) es el órgano de Naciones Unidas encargado de evaluar el conocimiento científico sobre el cambio climático. Creado en 1988 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), reúne a especialistas de todo el mundo y cuenta con 195 Estados miembros. Sus informes analizan las causas, los impactos, la adaptación y las opciones para reducir las emisiones, y constituyen una referencia esencial para las políticas públicas y las negociaciones climáticas internacionales.
El Sexto Informe de Evaluación del IPCC subraya que los impactos del cambio climático ya afectan especialmente a las poblaciones y los ecosistemas más vulnerables. Para limitar el calentamiento a 1,5 °C, objetivo de referencia del Acuerdo de París, es necesario reducir casi a la mitad las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero para 2030. El IPCC identifica el desarrollo resiliente al clima —que integra adaptación y mitigación— como una estrategia fundamental para proteger el bienestar de las generaciones presentes y futuras.
El informe también destaca la importancia de la justicia climática, dado que las poblaciones menos responsables del cambio climático son las más afectadas. El desarrollo resiliente al clima, que combina adaptación y reducción de emisiones, se postula como la clave para un futuro sostenible y equitativo. Es fundamental la participación activa de gobiernos, inversores y reguladores financieros para superar los obstáculos existentes y financiar inversiones climáticas.
¿Cuánta financiación climática se necesita para la adaptación?
La financiación continúa siendo uno de los principales obstáculos. El Informe sobre la brecha de adaptación 2025 del PNUMA estima que los países en desarrollo necesitarán entre 310.000 y 365.000 millones de dólares anuales en 2035 para adaptarse a los impactos climáticos. Sin embargo, los flujos públicos internacionales destinados a adaptación fueron de apenas 26.000 millones de dólares en 2023. Las necesidades son, por tanto, entre 12 y 14 veces superiores a los recursos disponibles.
Cerrar esta brecha exige aumentar la financiación pública y movilizar capital privado con criterios de integridad, transparencia y justicia. También implica evitar que los países más vulnerables tengan que afrontar la adaptación mediante un endeudamiento insostenible. Invertir ahora en infraestructuras resilientes, sistemas de alerta temprana, salud, agua, agricultura y protección de la naturaleza reduce pérdidas futuras y genera beneficios sociales y económicos. La transición climática no depende solo de nuevos compromisos: requiere planificación, recursos y capacidad para convertirlos en cambios reales.
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