La fundación española Ocean Born ha financiado Clean Arctic Alliance y Bound4blue, dos iniciativas para la protección del oso polar y su hábitat, que en los últimos 30 años se ha reducido su volumen el 30%, según ha informado coincidiendo con la celebración el 27 de febrero del Día Mundial del Oso Polar.

La población de osos polares se calcula entre 22.000 y 50.000 ejemplares. Estos mamíferos se alimentan principalmente de peces y focas pero, en los últimos años, la reducción del casquete de hielo ártico ha afectado a esta actividad. Además, como consecuencia, los ejemplares machos han comenzado a alimentarse de sus propias crías ante la imposibilidad de lograr otro tipo de alimentos, de tal forma que, según los expertos, solo la mitad de las crías llegan a la edad adulta.

Asimismo, el hielo y la nieve del Ártico también desempeñan un papel importante para mantener la temperatura del planeta debido a que reflejan y repelen el calor de las ondas solares. No obstante, el efecto invernadero por la acción directa del hombre ha contribuido al aumento de las temperaturas terrestres y al incremento del ritmo del deshielo del Ártico. Según Ocean Born, en el caso de continuar con las políticas vigentes, en 2040 todo el hielo del Ártico habrá desaparecido. Este fenómeno, lo que conllevará un aumento del nivel del mar de 6 metros y cambios climáticos extremos generalizados en el hemisferio norte.

En este contexto, Ocean Born --que destina el 100% de sus beneficios directamente en proyectos para mejorar el estado del océano y sus ecosistemas-- apoya el proyecto Clean Arctic Alliance, una coalición conformada por 20 ONGs que, desde 2016, presiona a los gobiernos mundiales para tomar medidas de protección en el Ártico, así como de la fauna y las poblaciones autóctonas que lo habitan.

 

Eliminar el carbono negro

 

Así, Clean Artic Alliance aboga por la prohibición del uso de combustibles pesados en barcos para eliminar el carbono negro, una sustancia en forma de polvo que permanece suspendida en la atmosfera dos semanas y que, al depositarse sobre el hielo, provoca un aumento de la absorción del calor solar y acelera el deshielo polar hasta 10 veces más rápido.

El consejero jefe de Clean Arctic Alliance, Sian Prior, ha señalado que todavía hay algunos países que presentan "una fuerte oposición a implantar políticas que prohíban combustibles altamente contaminantes" y, a su vez, ha añadido que, si se consiguiera impedir la emisión de este polvo en los barcos que operan desde los puertos de la UE, se reduciría "significativamente" el impacto sobre el Ártico.

"Es una pena no poder aprovechar esta oportunidad, que tendría un gran impacto, más aún cuando existen numerosas alternativas de propulsión mecánica más limpias para los operadores marítimos", ha declarado la presidenta de la Fundación Ocean Born, Carolina Manhusen Schwab.

Por su parte, la iniciativa tecnológica bound4blue --que también cuenta con el apoyo económico de Ocean Blue-- emplea energía eólica, lo que reduce la potencia del motor, un 40% de las emisiones contaminantes y la dependencia de combustibles fósiles haciendo uso de las energías renovables en toda clase de embarcaciones.

La fundación Ocean Blue ha señalado que, hasta 1990, el hielo del Ártico estuvo estable, pero desde aquel momento, cada año, ha ido perdiendo masa que no se ha recuperado en los meses estivales y que ha conllevado la apertura de nuevas rutas comerciales marítimas y el aumento del 85% del tráfico marítimo.

 

Métodos de transporte más rentables

 

Aunque la propia organización ha afirmado que se trata de uno de los métodos de transporte más rentables y de mayor eficiencia energética, ha advertido que este tipo de transporte por la zona del círculo polar Ártico provoca un impacto mayor en la desaparición del hielo del esperado.

También han denunciado que, los daños en el Ártico, constituyen la "punta del iceberg" ya que este fenómeno se está produciendo en Groenlandia que ha pasado de una pérdida de 3,8 millones de toneladas de hielo a principios de los años 90 a 254 millones en la actualidad.

Al igual que Groenlancia, el polo sur también está experimentando las consecuencias de los gases de efecto invernadero. El aumento de temperatura del océano ha provocado grietas y fisuras en las zonas profundas del glaciar Thwaites, que se sitúa en la costa occidental de la Antártida y que, desde 1990, ha sufrido un retroceso en su superficie de 14 kilómetros.

Además, las ONGs ambientalistas advierten que de producirse su colapso, previsto en los próximos 5 años, produciría el aumento en 70 centímetros del nivel de mar con consecuencias "catastróficas" para todas las zonas costeras del planeta.

Ocean Born ha afirmado que, de no empezar ya a frenar el calentamiento global y el aumento de la temperatura de los océanos, la desaparición del casquete polar conduciría a la extinción del oso polar con consecuencias difíciles de revertir en el resto de ecosistemas.