Groenlandia y la Antártida han perdido 11,3 billones de toneladas de hielo entre 1979 y 2023, lo que ha elevado el nivel global del mar 3,14 centímetros. La mayor parte de esa pérdida no procede del hielo que se funde en superficie: el 84 % se debe a glaciares que fluyen cada vez más rápido y vierten hielo directamente al océano. Ambas regiones son hoy responsables de alrededor de una cuarta parte de la subida mundial del nivel del mar.
Así lo ha revelado un estudio publicado este miércoles en la revista Scientific Data(1) por IMBIE, una colaboración internacional de científicos polares apoyada por la Agencia Espacial Europea (ESA) y la NASA. El trabajo, el registro por satélite más largo reunido hasta ahora sobre las capas de hielo, ha estado liderado por la Universidad de Northumbria (Reino Unido) y la Universidad de Washington (Estados Unidos).
Glaciares cada vez más rápidos
El equipo ha combinado 42 estimaciones independientes del balance de masa de las capas de hielo –la diferencia entre el hielo que ganan, sobre todo con la nieve, y el que pierden–, obtenidas con datos de 27 misiones de satélite. Entre ellas figuran CryoSat, de la ESA, los Sentinel de Copernicus, las misiones Grace y los primeros Landsat, que permiten remontar el registro a 1972 en Groenlandia y a 1979 en la Antártida.
Más de cuatro quintas partes del hielo perdido fueron descargadas al océano por glaciares que fluyen más rápido, en lugar de fundirse en la superficie
INÈS OTOSAKA, Universidad de Northumbria
“Más de cuatro quintas partes del hielo perdido fueron descargadas al océano por glaciares que fluyen más rápido, en lugar de fundirse en la superficie”, ha explicado Inès Otosaka, de la Universidad de Northumbria y autora principal del estudio(2). Según la investigadora, eso indica que la tendencia de fondo responde a la respuesta dinámica del hielo ante un océano que se calienta.
En cifras, el 84 % de la pérdida conjunta se ha debido a la aceleración de los glaciares y a su mayor descarga de hielo al mar. El 16 % restante procede del llamado balance de masa superficial, es decir, del saldo entre la nieve que se acumula y el hielo que se pierde en la superficie por fusión, escorrentía o evaporación.
Del ascenso total de 3,14 centímetros, Groenlandia ha aportado 1,81 y la Antártida, 1,33. Para dimensionar la cifra, los autores asumen una equivalencia sencilla: cada 360.000 millones de toneladas de hielo perdido suponen un milímetro más de nivel del mar.
Las pérdidas se han disparado a partir de los años noventa. Groenlandia, que en la década de 1970 estaba cerca del equilibrio –ganaba y perdía hielo en cantidades similares–, pasó de perder unos 60.000 millones de toneladas al año en los ochenta a 264.000 millones en la década de 2010, marcada por repetidos episodios de fusión extrema en verano.
La Antártida siguió una trayectoria parecida, de unos 48.000 millones de toneladas anuales en los ochenta a 202.000 millones en la década de 2010. A diferencia de Groenlandia, toda su pérdida neta se ha debido al derretimiento provocado por el océano y a la aceleración de sus glaciares de desagüe.
En la Antártida Occidental, la descarga de hielo ha crecido en cada década del registro, impulsada sobre todo por la aceleración de los glaciares Pine Island y Thwaites.
Un respiro temporal, no un cambio
Entre 2020 y 2023, la pérdida total de hielo se ha ralentizado. En la Antártida, unas nevadas inusualmente abundantes en la parte oriental del continente han compensado parte de las pérdidas de sus glaciares, mientras que en Groenlandia una racha de veranos relativamente suaves ha reducido de forma notable la fusión en superficie.
Estos cambios representan variaciones a corto plazo y no una inversión de la tendencia de fondo, porque las capas de hielo siguen en pérdida neta
Estos cambios representan variaciones a corto plazo y no una inversión de la tendencia de fondo, porque las capas de hielo siguen en pérdida neta, advierten los científicos. Las oscilaciones de un año a otro en las nevadas, la temperatura o el flujo de los glaciares pueden enmascarar temporalmente el patrón general de pérdida continuada.
En Groenlandia, las pérdidas ligadas a la superficie se han quedado en la mitad de las registradas en la década de 2010, ya que no ha habido episodios extremos de fusión. Aun así, la descarga de sus glaciares ha seguido a un ritmo similar y la isla ha perdido unos 199.000 millones de toneladas de hielo al año.
En la Antártida Oriental, las nevadas récord de 2022 y 2023 han propiciado una ganancia de masa en esos cuatro años, que ha contrarrestado la pérdida sostenida en la Antártida Occidental. Como resultado, el ritmo de pérdida del continente ha sido más de tres veces menor que en la década anterior.
Incluso en ese periodo, la descarga de hielo en la Antártida Occidental ha aumentado un 38 %, aunque ese incremento se ha visto compensado por una mayor acumulación de nieve. La península Antártica, por su parte, se ha acercado a un estado de equilibrio.
Millones de personas en riesgo costero
Los resultados subrayan el papel central de las capas de hielo en la subida futura del mar. Su respuesta al calentamiento es la mayor fuente de incertidumbre de las proyecciones: las estimaciones más altas de ascenso del nivel del mar para 2150 se multiplican por 2,6 cuando se incluye el riesgo de inestabilidad de las capas de hielo.
Poco más de tres centímetros de subida del mar pueden parecer poco, pero eso pone a entre seis y nueve millones de personas más en riesgo de inundaciones costeras
ANDREW SHEPHERD, Universidad de Northumbria
“Poco más de tres centímetros de subida del mar pueden parecer poco, pero eso pone a entre seis y nueve millones de personas más en riesgo de inundaciones costeras y erosión”, ha señalado Andrew Shepherd, de la Universidad de Northumbria y fundador de IMBIE. “Con las capas de hielo abocadas a perder mucho más hielo en las próximas décadas, evaluaciones globales como IMBIE son vitales para proteger a las comunidades afectadas por el cambio climático”, ha añadido.
Por eso, disponer de un registro continuo de medio siglo resulta clave para anticipar los riesgos que afrontan los cientos de millones de personas que viven en zonas costeras bajas. Estos registros son también esenciales para poner a prueba y mejorar los modelos que proyectan la pérdida de hielo y la subida del mar.
Tyler Sutterley, de la Universidad de Washington y codirector de IMBIE, ha destacado(3) que la mayor longitud del registro, el mayor número de equipos participantes y la mejor evaluación de las incertidumbres convierten este trabajo en la evaluación más robusta del balance de masa de las capas de hielo realizada hasta ahora.
En el estudio, firmado por decenas de investigadores de centros de todo el mundo, ha participado también Mònica Roca i Aparici, de isardSAT, en Barcelona.
“Estos resultados demuestran la importancia fundamental de la colaboración científica internacional para abordar los principales cambios medioambientales de nuestra época”, ha afirmado Diego Fernández, de la ESA.
Según Fernández, nuevas misiones como CRISTAL y ROSE-L serán clave para vigilar los rápidos cambios en las capas de hielo y comprender mejor un sistema climático en el que ya no pueden descartarse cambios abruptos e irreversibles.
- (1) Mass balance of the Greenland and Antarctic ice sheets from the 1970s to 2023. Scientific Data.
- (2) Faster-flowing glaciers fuel decades of polar ice loss. Agencia Espacial Europea (ESA).
- (3) Speeding glaciers drive half a century of polar ice loss. Northumbria University.
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