Mientras Nepal sigue con las tareas de recuperación tras las inundaciones catastróficas del 26 de agosto, un estudio por satélite ha revelado que los lagos glaciares del Himalaya se multiplican y crecen a medida que se funde el hielo. Solo en la cuenca india del Alaknanda han surgido 57 lagos nuevos en tres décadas, lo que aviva el temor a nuevas riadas devastadoras en la región.

Sumario

 

El trabajo, firmado por la investigadora Aayushi Pandey, de la Universidad Carolina de Praga (República Checa), se publicó el pasado 20 de julio en la revista Open Geosciences (1), de la editorial De Gruyter Brill. A partir de imágenes de los satélites Landsat y Sentinel-2, la autora ha seguido la evolución de los lagos glaciares de la cuenca entre 1994 y 2023 y ha constatado que la superficie de los de más de una hectárea ha aumentado un 67 %.

Distribución espacial de los 24 lagos glaciares de más de 0,01 km² identificados en 1994 en la cuenca de Alaknanda / Imagen: NASA Distribución espacial de los 24 lagos glaciares de más de 0,01 km² identificados en 1994 en la cuenca de Alaknanda / Imagen: NASA

 

Lagos nuevos y cada vez mayores

 

Los resultados muestran la rapidez con la que está cambiando el paisaje de alta montaña. De los 74 lagos glaciares identificados en las imágenes de 1994, 24 superaban una hectárea (0,01 kilómetros cuadrados), el umbral que usa el estudio para descartar pequeñas masas de agua estacionales. En conjunto ocupaban 97 hectáreas; en 2023 sumaban ya 162 hectáreas.

El deshielo está formando y alimentando lagos a gran altitud que, en determinadas condiciones, pueden liberar de golpe grandes volúmenes de agua

El deshielo está formando y alimentando lagos a gran altitud que, en determinadas condiciones, pueden liberar de golpe grandes volúmenes de agua. Es lo que muestran los resultados del estudio, que van más allá del crecimiento de los lagos existentes: la autora ha identificado 57 lagos glaciares nuevos, con lo que el total de la cuenca asciende a 131.

De esos lagos de nueva formación, 18 superan ya la hectárea, de modo que la cuenca cuenta hoy con 42 por encima de ese umbral. El estudio ha estimado cuánta agua podrían liberar: el mayor, de casi 10 hectáreas y situado a 8 kilómetros del asentamiento más cercano, alcanzaría en caso de desbordamiento un caudal máximo de más de 2.000 metros cúbicos por segundo.

Algunos lagos crecen a un ritmo especialmente rápido. El Vasundhara se ha expandido un 261 % entre 1994 y 2023, mientras que el Balbala ha crecido un 119 % en el mismo periodo. La autora señala el caso del Vasundhara como uno de los que requieren una atención más estrecha.

Visible ya en las primeras imágenes Landsat de 1972, el Vasundhara registró su mayor crecimiento entre 2001 y 2011, cuando su superficie casi se triplicó. Según el estudio, el adelgazamiento continuado del glaciar ha aumentado la presión del agua sobre sus márgenes y la inestabilidad del lago.

En total, el trabajo señala 27 lagos que necesitan vigilancia continua y una evaluación más detallada: nueve de los que ya existían en 1994 y han crecido más de un 50 %, y los 18 surgidos después que superan la hectárea. Los cambios en su tamaño y estabilidad podrían afectar a las zonas situadas aguas abajo.

Detrás de esta transformación está el calentamiento. Según los datos que recoge el estudio, la temperatura media anual en la región del Hindu Kush-Himalaya ha subido a un ritmo de 0,21 °C por década, y en el Himalaya occidental, de 0,26 °C. En la cuenca, el retroceso medio de los glaciares se ha acelerado: de 9,3 metros al año entre 1994 y 2006 a 13,3 metros anuales entre 2006 y 2020.

 

Balbala, examinado sobre el terreno

 

Estos lagos preocupan por su capacidad de causar inundaciones por desbordamiento de lagos glaciares, conocidas como GLOF por sus siglas en inglés (glacial lake outburst floods). Se producen cuando el agua retenida por hielo, rocas o sedimentos se libera de golpe y arrastra barro y escombros con una fuerza potencialmente destructiva.

El índice de susceptibilidad calculado para Balbala, de 0,855, sitúa este lago en la categoría de susceptibilidad muy alta a sufrir un desbordamiento

El índice de susceptibilidad calculado para Balbala, de 0,855, sitúa este lago en la categoría de susceptibilidad muy alta a sufrir un desbordamiento. Situado a más de 5.500 metros de altitud y aguas arriba de Badrinath, un importante lugar de peregrinación, es el único que la autora ha podido examinar sobre el terreno.

La visita se realizó el 9 de octubre de 2019 y se limitó a este lago por lo abrupto del entorno y su elevado coste. El índice, que va de 0,25 a 1, combina 11 factores, como el tamaño y el crecimiento del lago, la estabilidad de su presa natural, las lluvias extremas o la sismicidad de la zona.

La autora encontró el lago parcialmente helado. Balbala mide 700 metros de largo y 300 de ancho, según las mediciones con cinta métrica, y está en contacto directo con el glaciar en casi un tercio de su perímetro. Su orientación sur aumenta la exposición al sol y acelera el deshielo.

Sobre el terreno se han documentado varios factores de riesgo. Los desprendimientos de rocas y los escombros que caen al lago elevan el nivel del agua y presionan la morrena –la acumulación de rocas y sedimentos que actúa como presa natural–. A ello se suma la caída de bloques de hielo desde el frente del glaciar, que genera oleaje capaz de erosionar las orillas.

El lago carece además de un desagüe estable: el agua se filtra a través de suelo suelto e inestable, lo que agrava el riesgo de una rotura repentina, sobre todo con fenómenos meteorológicos extremos. Esa agua acaba en una pequeña laguna situada a unos 155 metros, que también está creciendo.

Las laderas que rodean Balbala superan los 45 grados de inclinación y podrían generar aludes o caídas de rocas. Si alcanzaran el lago, provocarían una ola de desplazamiento, el mecanismo desencadenante más común de estas inundaciones en el Himalaya, según el estudio.

 

Un riesgo que no tiene fronteras

 

La reciente catástrofe de Nepal no fue en sí un GLOF convencional, pero demuestra las consecuencias extraordinarias que pueden tener las crecidas repentinas de alta montaña sobre la población y las infraestructuras. El Gobierno nepalí ha informado de daños generalizados en viviendas, carreteras, puentes e instalaciones hidroeléctricas (2).

La reciente inundación es un recordatorio de lo importante que es vigilar de forma continua los entornos de alta montaña

AAYUSHI PANDEY, Universidad Carolina de Praga

“La reciente inundación es un recordatorio de lo importante que es vigilar de forma continua los entornos de alta montaña, donde múltiples peligros –como las lluvias extremas, la expansión de los lagos glaciares, la inestabilidad de las laderas y la actividad sísmica– pueden interactuar y, potencialmente, amplificar los impactos aguas abajo”, ha afirmado Aayushi Pandey.

La investigadora ha defendido el valor de la observación desde el espacio: “Los datos por satélite son extremadamente valiosos para cribar una región extensa e inaccesible. Nos permiten identificar lagos de nueva formación, medir los cambios en la superficie de los lagos, detectar los que se expanden con rapidez y preseleccionar los que necesitan una investigación detallada”.

“Pero esa no es la solución completa”, ha matizado. “Las mediciones de campo son esenciales para determinar la profundidad y el volumen de los lagos, evaluar la estabilidad de las laderas, entender las vías de drenaje y las interacciones entre glaciar y lago, y mejorar la modelización de las inundaciones”.

El estudio pide priorizar la vigilancia de Balbala y Vasundhara, con evaluaciones detalladas de su estabilidad, sistemas de alerta temprana y, donde sea viable, la reducción controlada del nivel del agua. Además, muchos de los lagos que crecen rápido se concentran cerca de Rattakona y Mana, y su cercanía aumenta la probabilidad de que acaben uniéndose, lo que podría amplificar una inundación.

La preocupación alcanza también a las infraestructuras. El Alaknanda y sus afluentes suman 37 presas hidroeléctricas en funcionamiento, previstas o en construcción, algunas de ellas cerca de lagos de riesgo, según la organización SANDRP, citada en el trabajo.

El estudio insiste además en no pasar por alto los lagos pequeños. Investigaciones anteriores han aplicado habitualmente umbrales de entre 10 y 25 hectáreas para identificar los lagos críticos, pese a que lagos modestos han provocado inundaciones dañinas, como el de Gya, en Ladakh, o el de Birendra, en Nepal, en abril de 2024.

Los peligros de los lagos glaciares y de las inundaciones no se ajustan a las fronteras políticas y deberían abordarse como una preocupación regional compartida

AAYUSHI PANDEY, Universidad Carolina de Praga

“Los peligros de los lagos glaciares y de las inundaciones no se ajustan a las fronteras políticas y deberían abordarse como una preocupación regional compartida”, ha subrayado Pandey. Por eso, a su juicio, este trabajo requiere un apoyo logístico y financiero considerable, que incluya una cooperación científica transfronteriza más estrecha y el intercambio de datos.

 

Referencias

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