Los niveles de dióxido de carbono (CO₂) y de otros gases de efecto invernadero importantes han alcanzado máximos sin precedentes en 2025, lo que garantiza un aumento de la temperatura del planeta a largo plazo. Así lo advierte la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en un nuevo informe divulgado este 27 de octubre desde Ginebra (Suiza).
El Boletín de la OMM sobre gases de efecto invernadero(1) (del inglés, WMO Greenhouse Gas Bulletin) ha situado la concentración media mundial de CO₂ en 426,8 partes por millón (ppm) en 2025 –casi 427 moléculas de este gas por cada millón de moléculas de aire seco–, un 53 % por encima del nivel preindustrial de 1750. El metano y el óxido nitroso, el segundo y el tercer gas de efecto invernadero de larga duración más importantes relacionados con las actividades humanas, también han marcado nuevos récords.
El CO₂ marca un nuevo máximo
El CO₂ es, con diferencia, el gas que más pesa en el calentamiento global: representa en torno al 66 % del efecto de calentamiento de los gases de efecto invernadero de larga duración y es responsable de cerca del 83 % de su aumento en la última década. Su récord de 2025 llega con unas emisiones derivadas de la quema de combustibles fósiles que siguen siendo muy elevadas.
El CO₂ tiene una vida útil muy larga, por lo que afectará al clima global no solo durante años, sino durante décadas e incluso siglos
KO BARRETT, OMM
“El CO₂ tiene una vida útil muy larga, por lo que afectará al clima global no solo durante años, sino durante décadas e incluso siglos”, ha advertido el vicesecretario general de la OMM, Ko Barrett, en el comunicado de prensa del organismo.
Barrett ha resumido la situación con un “otro año, otro nuevo récord” y ha explicado que estos gases atrapan una cantidad de calor sin precedentes, lo que genera energía para fenómenos meteorológicos más extremos y riesgos para las economías y las sociedades. Según el vicesecretario general, los últimos 11 años han sido los más cálidos registrados y se prevé que esta tendencia continúe.
El aumento de 2,8 ppm registrado entre 2024 y 2025 fue menor que el salto excepcional de 3,6 ppm de 2023 a 2024, pero superó ligeramente la media de la última década, de unos 2,6 ppm al año.
La tendencia de fondo es clara: las tasas de crecimiento del CO₂ se han triplicado desde los años 60, al pasar de una media de 0,8 ppm anuales a 2,4 ppm anuales entre 2011 y 2020. Cuando el Boletín se publicó por primera vez, en 2004, la concentración media anual era de 377,5 ppm.
Una parte de lo que se emite no permanece en el aire. De las emisiones humanas de CO₂ del periodo 2015–2024, alrededor del 50 % se acumuló en la atmósfera, el 29 % en el océano y el 21 % en la tierra. Por eso el Boletín mide concentraciones –la cantidad de gas que se acumula en la atmósfera– y no las nuevas emisiones de cada año.
El crecimiento algo más moderado de 2025 refleja, según la oficial científica superior de la OMM, Oksana Tarasova, la recuperación de los sumideros de carbono terrestres –los ecosistemas que absorben CO₂– y la reducción de las emisiones de carbono por incendios, tras el fuerte episodio de El Niño de 2023 y 2024, que mermó la eficiencia de la biosfera con más sequía, vegetación más seca y más incendios forestales.
Aun así, ha precisado Tarasova, “un aumento anual de 2,8 ppm sigue siendo una adición sustancial de carbono a la atmósfera por la quema de combustibles fósiles”.
Podemos esperar un nuevo aumento de las concentraciones en 2026 por la quema de combustibles fósiles y el desarrollo de un potente El Niño
OKSANA TARASOVA, OMM
“Podemos esperar un nuevo aumento de las concentraciones en 2026 por la quema de combustibles fósiles y el desarrollo de un potente El Niño”, ha advertido Tarasova, que añade que este fenómeno afectará a los sumideros de carbono terrestres, como ocurrió en 2023 y 2024. La oficial científica también ha señalado que aumentan los riesgos de que el océano absorba menos CO₂ en un clima cambiante.
Metano y óxido nitroso, al alza
El metano aporta alrededor del 16 % del efecto de calentamiento de los gases de efecto invernadero de larga duración, aunque permanece mucho menos tiempo en la atmósfera que el CO₂. En 2025 su concentración media mundial fue de 1.948 partes por mil millones (ppb), un 167 % por encima del nivel de 1750. El aumento respecto a 2024, de 6 ppb, fue menor que el de 8 ppb de 2023 a 2024 y que la media anual de 10,2 ppb de la última década.
Alrededor del 65 % del metano procede de actividades humanas, como el ganado, el cultivo de arroz o los vertederos, y cerca del 35 %, de fuentes naturales
Alrededor del 65 % del metano procede de actividades humanas, como el ganado, el cultivo de arroz o los vertederos, y cerca del 35 %, de fuentes naturales, señala el Boletín. Entre las fuentes humanas, el informe subraya que, a escala mundial, pesan más la agricultura y los residuos que los combustibles fósiles.
El Boletín dedica un apartado especial a una anomalía en la “huella” química del metano –sus isótopos de carbono–, que varía según el gas proceda de microbios, de combustibles fósiles o de la quema de biomasa. Entre mediados de 2023 y finales de 2024 esa huella mostró un cambio mientras la concentración de metano seguía subiendo, algo que solo se detecta con isótopos: las mediciones de concentración por sí solas no lo habrían revelado.
La explicación más probable es un aumento de las emisiones por quema de biomasa –es decir, de incendios–, junto con un pequeño descenso de las emisiones microbianas de los humedales. Coincide con los incendios récord de Norteamérica en 2023 y de la Amazonía en 2024, impulsados por El Niño y el cambio climático, con temperaturas máximas y sequías extensas. En cambio, es poco probable que lo causaran los combustibles fósiles, cuyas emisiones variaron poco en esos años.
El propio informe presenta esta interpretación como provisional y la lee como señal de una retroalimentación del cambio climático: el deterioro del sumidero de carbono terrestre a escala continental. Además, recuerda que las estimaciones de emisiones determinadas de forma independiente suelen superar a las declaradas, lo que sugiere una infradeclaración generalizada en muchos sectores.
El óxido nitroso (N₂O) aporta cerca del 6 % del efecto de calentamiento y alcanzó 339,1 ppb en 2025, un 26 % por encima del nivel de 1750. Procede de fuentes naturales –en torno al 65 %– y humanas –alrededor del 35 %–, como el uso de fertilizantes, la quema de biomasa y distintos procesos industriales. Las emisiones humanas de este gas, dominadas por los fertilizantes nitrogenados, han aumentado un 30 % en las últimas cuatro décadas.
SF6 e hidrógeno, bajo vigilancia
A medida que los países transforman sus sistemas energéticos, la OMM pide prestar atención a dos gases menos abundantes pero potentes, ligados a la producción y distribución de electricidad: el hexafluoruro de azufre (SF6) y el hidrógeno molecular (H₂).
Tanto las fugas de hidrógeno como la persistencia del SF6 son amenazas potenciales que podrían socavar los beneficios climáticos de la transición energética
Tanto las fugas de hidrógeno como la persistencia del SF6 son amenazas potenciales que podrían socavar los beneficios climáticos de la transición energética, advierte el Boletín. El SF6 es un compuesto sintético que se usa sobre todo para evitar chispas en la distribución eléctrica y tiene el mayor potencial de calentamiento de todos los gases de efecto invernadero: unas 24.300 veces el del CO₂ a cien años. Su concentración ha pasado de 3,5 partes por billón (ppt) en 1995 a 12,24 ppt en 2025 –un aumento del 249 % en tres décadas, paralelo al de la generación eléctrica–, y en 2025 subió 0,48 ppt, un récord.
Una vez en el aire, el SF6 permanece hasta 3.200 años según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), con estimaciones recientes de modelos de entre 1.900 y 2.650 años. Por eso las emisiones actuales seguirán influyendo en el clima durante miles de años. Las alternativas emergentes tienen un potencial de calentamiento un 98 % menor, pero el SF6 que ya hay en los equipos eléctricos es una carga climática latente significativa.
El hidrógeno, por su parte, no es un gas de efecto invernadero y su combustión no produce CO₂, pero tiene un efecto indirecto potente sobre el clima. Reacciona con el radical hidroxilo, el principal agente de limpieza de la atmósfera, lo que reduce su capacidad para eliminar metano y alarga la vida de este gas. Su potencial de calentamiento equivale a unas 37 veces el del CO₂ a 20 años y a unas 11 veces a 100 años.
Su concentración ha subido un 5,3 % entre 2010 y 2024, de 532 a 560 ppb. Las razones de este aumento no están claras, aunque el Boletín vincula la tendencia al crecimiento del metano y de las emisiones directas. A la vez, el hidrógeno empieza a usarse en sectores difíciles de descarbonizar, como la siderurgia y el transporte marítimo, y para almacenar energía de larga duración. Sus fugas desde instalaciones de producción, tuberías, depósitos y pilas de combustible son una preocupación creciente.
Los modelos apuntan a que las emisiones operativas y las fugas de hidrógeno podrían sumar por sí solas entre 0,05 y 0,1 °C de calentamiento hasta 2100, en un escenario de consumo de entre 500 y 1.000 teragramos –millones de toneladas– de H₂ al año, con tasas de fuga del 10 % y sin reducir el metano. Para que el hidrógeno cumpla su promesa climática, subraya el Boletín, las fugas deben reducirse al mínimo.
La OMM coordina las observaciones mundiales de ambos gases a través de su programa de Vigilancia de la Atmósfera Mundial (GAW, por sus siglas en inglés) y mantiene una escala de calibración estable e internacionalmente reconocida. Entre las estaciones que aportan datos figura el Observatorio de Izaña, gestionado por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), que mide CO₂ y metano desde 1984 y suma el óxido nitroso y el SF6 desde 2007.
La OMM publica el Boletín cada año para ofrecer información científica fidedigna a los negociadores de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. La COP31, que se celebrará en Antalya (Turquía) del 9 al 20 de noviembre de 2026, busca convertir los compromisos climáticos en acciones concretas.
- (1) The State of Greenhouse Gases in the Atmosphere Based on Global Observations through 2025 (El estado de los gases de efecto invernadero en la atmósfera según las observaciones mundiales hasta 2025). WMO Greenhouse Gas Bulletin, n.º 22. Organización Meteorológica Mundial (OMM), 27 de octubre de 2026.
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