Un enorme bloque de hielo se ha desprendido este miércoles de la cara norte del Langtang Lirung, en el Himalaya de Nepal, y en cuestión de horas esa masa de hielo y roca se ha convertido en una riada de barro y cantos rodados que ha recorrido cerca de 100 kilómetros de valles. El balance oficial asciende ya a 469 muertos y 977 desaparecidos. No ha habido terremoto previo ni lluvias torrenciales: el desencadenante ha sido el propio glaciar.

Sumario

 

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) ha situado el origen del desastre en un colapso glaciar –la rotura de una porción de glaciar que se precipita ladera abajo– en un farallón helado de la vertiente norte de esa montaña (1). El Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas (ICIMOD) trabaja con la misma hipótesis: una avalancha de hielo y roca que ha taponado el cauce y ha liberado después una ola de agua (2).

Mapa de avalanchas de escombros e inundaciones repentinas de Nepal de 2026 / Imagen: USGS Mapa de avalanchas de escombros e inundaciones repentinas de Nepal de 2026 / Imagen: USGS
 

 

Hielo desprendido, no un terremoto

 

Durante las primeras horas ha habido confusión. Los sismógrafos han registrado a las 8.37 de la mañana (hora local) una sacudida que se ha comunicado como un terremoto de magnitud 4,4 en territorio tibetano, a unos 47 kilómetros al norte de Gosainkunda. El análisis posterior de las ondas sísmicas ha invertido la secuencia: lo que se ha movido no ha sido una falla, sino una montaña de hielo.

Se aprecian un desprendimiento de hielo y un deslizamiento. Se formó un lago de hielo y escombros que después reventó

BINOD PARAJULI, Departamento de Hidrología y Meteorología de Nepal

“Se aprecian un desprendimiento de hielo y un deslizamiento. Se formó un lago de hielo y escombros que después reventó”, ha explicado Binod Parajuli, jefe de la División de Previsión de Inundaciones del Departamento de Hidrología y Meteorología de Nepal (3). Las imágenes de satélite anteriores y posteriores al suceso facilitadas por las autoridades chinas muestran que los escombros han bloqueado el cauce unos 20 kilómetros aguas arriba del puente Miteri y han formado una presa natural que ha acabado cediendo.

El USGS ha precisado que el origen se localiza en un farallón glaciado de la cara norte del Langtang Lirung, una cumbre de unos 7.200 metros que figura entre las cien más altas del mundo. El colapso ha liberado una energía equivalente a un seísmo de magnitud 5,2 y, unas tres horas después, los sismómetros han captado un segundo episodio equivalente a una magnitud 4,2.

La mecánica del desastre es la de una reacción en cadena. El hielo que se ha despeñado arrastraba agua y se ha fundido con rapidez, y ha ido incorporando más material y más agua a su paso por los arroyos y cauces existentes hasta formar un flujo veloz y cargado de bloques de piedra. Esa avalancha de derrubios ha recorrido, según el organismo estadounidense, unos 100 kilómetros antes de detenerse.

Hay además un dato que descarta la explicación más intuitiva. El Departamento de Hidrología y Meteorología ha subrayado, en una actualización específica sobre la riada de Rasuwa, que en la zona no se han registrado lluvias intensas ni el martes ni el miércoles. La catástrofe no la ha provocado el monzón.

“Si hubiera sido solo agua limpia, no habría causado este nivel de destrucción”, ha añadido Parajuli. La clave, según su departamento, está en la carga de escombros: al mezclarse con el agua, el calado de la ola ha aumentado de forma considerable y ha multiplicado su capacidad de arrasar puentes, carreteras y viviendas. La autopista que conecta China y Nepal figura entre las infraestructuras sepultadas.

 

Nueve metros en media hora

 

La segunda clave del desastre es la velocidad. Los registros hidrológicos recogidos por ICIMOD describen una ola que apenas ha dado margen de reacción: en la estación de Galchchi, sobre el río Trishuli, el nivel del agua ha subido nueve metros en 30 minutos; en Malekhu, siete metros en un intervalo similar.

Son peligros en cascada: un fenómeno de la criosfera se convierte en una inundación en un asentamiento en cuestión de horas

SASWATA SANYAL, ICIMOD

“Son peligros en cascada: un fenómeno de la criosfera se convierte en una inundación en un asentamiento en cuestión de horas”, ha resumido Saswata Sanyal, especialista en reducción del riesgo de desastres del ICIMOD. La criosfera –la parte del planeta formada por hielo, nieve y suelo permanentemente helado– se comporta aquí como el primer eslabón de una cadena que termina en un pueblo del valle.

El agua ha desbordado las orillas del Bhote Koshi y se ha propagado hacia el Trishuli, con efectos que ICIMOD extiende a los distritos de Nuwakot y Dhading. Varias estaciones de vigilancia hidrológica del Trishuli han resultado dañadas o arrastradas por la crecida, aunque la de Galchchi sigue operativa. También han quedado afectadas centrales hidroeléctricas situadas a lo largo del sistema fluvial.

El balance humano no ha dejado de crecer desde el miércoles. La Policía nepalí ha elevado a 469 el número de fallecidos y ha localizado la mayor parte de los cuerpos en los distritos de Chitwan (178) y Nawalparasi Este (110), además de cifrar en 1.545 los heridos rescatados, concentrados en Nuwakot y Rasuwa.

La Autoridad Nacional de Gestión y Reducción del Riesgo de Desastres mantiene en 977 las personas desaparecidas, entre ellas 517 extranjeros, y ha elevado a 3.253 el número de personas rescatadas, con unos 13.300 efectivos de las fuerzas de seguridad desplegados. El total de afectados se estima en unas 93.000 personas.

Y la amenaza sigue abierta. Los escombros han formado un lago de barrera cerca de la frontera que, según ha advertido la propia Autoridad Nacional, “está creciendo y corre el riesgo de reventar”. El Ministerio de Recursos Hídricos de China ha informado de que la balsa ya desborda y calcula que otros tres millones de metros cúbicos de agua llegarán a ella en tres días.

 

Dos riadas en catorce meses

 

El Lhende Khola, el afluente donde se originó la riada, se ha desbordado de forma súbita dos veces en catorce meses. El 8 de julio de 2025, el Departamento de Hidrología y Meteorología concluyó que una crecida repentina en ese mismo río, junto a la frontera con China, la había causado el vaciado de un lago glaciar, según el análisis de imágenes del satélite Sentinel.

El lugar devastado por la riada de Rasuwa del año pasado vuelve a estar amenazado. Una avalancha de hielo en el Lhende Khola es el desencadenante que se sospecha

QIANGGONG ZHANG, ICIMOD

“El lugar devastado por la riada de Rasuwa del año pasado vuelve a estar amenazado. Una avalancha de hielo en el Lhende Khola es el desencadenante que se sospecha”, ha señalado Qianggong Zhang, responsable de Riesgos Climáticos y Ambientales del ICIMOD, que ha recordado que la causa aún no está confirmada y que las autoridades han ordenado evacuar el puerto fronterizo de Jilong ante el riesgo de una segunda ola.

El desastre se ha producido en una cordillera que está cambiando muy deprisa. En marzo, ICIMOD publicó dos informes –Changing Dynamics of Glaciers in the Hindu Kush Himalaya Region from 1990 to 2020 y HKH Glacier Outlook 2026– que concluyen que el ritmo de pérdida de hielo se ha duplicado desde el año 2000 (4).

Entre 1990 y 2020, los glaciares del Hindu Kush-Himalaya perdieron alrededor del 12 % de su superficie y el 9 % de sus reservas de hielo, con un adelgazamiento de hasta 27 metros de espesor desde 1975. De esa agua de deshielo dependen cerca de 2.000 millones de personas aguas abajo.

“La frecuencia creciente de los peligros de la criosfera es hoy más visible que nunca. El ritmo del cambio es tan rápido que los esfuerzos actuales no logran seguirle el paso”, ha advertido Mohd. Farooq Azam, especialista sénior en criosfera del ICIMOD, que reclama una acción coordinada entre gobiernos frente a los riesgos transfronterizos.

Los científicos piden, sin embargo, prudencia a la hora de atribuir este episodio concreto al calentamiento. El cambio climático está alterando glaciares, nieve, permafrost y laderas en todo el Hindu Kush-Himalaya, pero ICIMOD subraya que es demasiado pronto para determinar qué papel ha desempeñado en el colapso del miércoles.

Tampoco es la primera vez que esa montaña genera una avalancha de estas dimensiones. En 2015, el terremoto de magnitud 7,8 provocó el desprendimiento de varios millones de metros cúbicos de hielo y escombros desde los 5.000 metros de altitud; la masa cayó cerca de 1.900 metros, sepultó una aldea y mató a más de 200 personas, según el USGS.

ICIMOD, que mantiene contacto con la Oficina del Primer Ministro de Nepal y con instituciones científicas chinas, insiste en la necesidad de sistemas de alerta temprana transfronterizos en los que las comunidades de aguas arriba avisen a las de aguas abajo. Sus especialistas advierten de que facilitar información no basta: los vecinos deben saber cómo actuar con ella. Con nueve metros de subida en media hora, ese margen se mide en minutos.

 

Referencias

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