Un enorme bloque de hielo se ha desprendido de la cara norte del Langtang Lirung, en el Himalaya de Nepal, y ha bajado unos 3.300 metros de desnivel a una velocidad media de 50 metros por segundo –180 kilómetros por hora–. Ha tardado siete minutos en arrasar el paso fronterizo con China. El balance asciende ya a 903 muertos y 4.247 desaparecidos solo en territorio nepalí.

Sumario

 

Ni un terremoto, ni el vaciado de un lago glaciar, ni el monzón. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) y el Ministerio de Recursos Naturales de China han llegado por separado a la misma conclusión: lo que ha desencadenado la catástrofe ha sido un colapso glaciar, la rotura de una porción de hielo que se precipita ladera abajo(1).

 

Hielo desprendido, no un terremoto

 

Durante las primeras horas ha habido confusión. Los sismógrafos registraron a las 8.37 de la mañana (hora local) una sacudida que se comunicó como un terremoto de magnitud 4,4 al norte del Langtang Lirung. El análisis de las ondas sísmicas de periodo largo ha invertido después la secuencia: la sacudida no precedió al desastre, la generó el propio desplome.

Una avalancha de hielo a gran altitud se ha desprendido de la ladera y, moviéndose a gran velocidad, ha arrastrado derrubios hasta formar un flujo de detritos

GUO ZHAOCHENG, Ministerio de Recursos Naturales de China

“Una avalancha de hielo a gran altitud se ha desprendido de la ladera y, moviéndose a gran velocidad, ha arrastrado derrubios hasta formar un flujo de detritos”, ha explicado Guo Zhaocheng, director del centro de investigación de desastres geológicos del organismo de teledetección del Ministerio de Recursos Naturales de China(2). Ese flujo entró después en el río fronterizo, se convirtió en una colada de barro y golpeó las instalaciones del puerto de Gyirong antes de seguir hacia Nepal.

El USGS sitúa el origen en un farallón glaciado de la cara norte del Langtang Lirung, una cumbre de unos 7.200 metros dentro del Parque Nacional de Langtang. El colapso liberó una energía equivalente a un seísmo de magnitud 5,2 y, unas tres horas después, los sismómetros captaron un segundo episodio equivalente a una magnitud 4,2.

Las dos administraciones miden tramos distintos del mismo recorrido. China cifra en veinte kilómetros el trayecto desde la rotura hasta el paso fronterizo; el organismo estadounidense calcula que la avalancha de derrubios llegó a recorrer unos 100 kilómetros antes de detenerse, ya en cauces nepalíes.

El experto chino ha descartado expresamente la hipótesis que se manejó las primeras horas, la del desbordamiento de un lago glaciar, y ha advertido de que este tipo de sucesos, más raros en la meseta tibetana, generan fuerzas de impacto mayores y llegan más lejos que un vaciado de laguna.

Hay además un dato que descarta la explicación más intuitiva. El Departamento de Hidrología y Meteorología de Nepal ha subrayado que en Rasuwa no se registraron lluvias intensas ni el martes ni el miércoles(3). La catástrofe no la ha provocado el monzón.

“Si hubiera sido solo agua limpia, no habría causado este nivel de destrucción”, ha señalado Binod Parajuli, jefe de la División de Previsión de Inundaciones de ese departamento. Los escombros taponaron el cauce unos 20 kilómetros aguas arriba del puente Miteri y formaron una presa inestable cuyo colapso liberó de golpe el agua acumulada.

 

Siete minutos hasta la frontera

 

La segunda clave del desastre es la velocidad. La reconstrucción china calcula que el flujo bajó a unos 50 metros por segundo –180 kilómetros por hora– y tardó siete minutos en alcanzar el puerto de Gyirong, uno de los principales pasos terrestres entre China y Nepal, hoy sepultado.

Son peligros en cascada: un fenómeno de la criosfera se convierte en una inundación en un asentamiento en cuestión de horas

SASWATA SANYAL, ICIMOD

“Son peligros en cascada: un fenómeno de la criosfera se convierte en una inundación en un asentamiento en cuestión de horas”, resume Saswata Sanyal, especialista en reducción del riesgo de desastres del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas (ICIMOD). La criosfera –la parte del planeta formada por hielo, nieve y suelo permanentemente helado– es aquí el primer eslabón de una cadena que termina en un pueblo del valle.

Aguas abajo tampoco hubo margen. Los registros hidrológicos recogidos por el ICIMOD describen una ola que subió nueve metros en 30 minutos en la estación de Galchchi, sobre el río Trishuli, y siete metros en Malekhu(4). Varias estaciones de vigilancia del propio Trishuli quedaron destruidas por la crecida.

El balance humano se ha disparado a medida que los equipos alcanzan zonas incomunicadas. La Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres (NDRRMA) ha confirmado este lunes 903 fallecidos y 267 heridos, además de 4.247 desaparecidos, una cifra que el domingo rondaba los 2.500.

Entre los desaparecidos figuran 592 extranjeros –en su mayoría peregrinos que se dirigían al monte Kailash– y 933 operarios de proyectos hidroeléctricos repartidos por el valle. Los cuerpos recuperados se concentran en Chitwan (272), Nawalparasi Este (207) y Nawalparasi Oeste (151). Han sido rescatadas 10.451 personas.

Al balance nepalí se suman 16 muertos y 546 desaparecidos en el lado chino, según los medios estatales, de modo que el cómputo conjunto se aproxima a los 919 fallecidos y los 4.793 desaparecidos. Las autoridades vigilan además un nuevo lago formado aguas arriba por un deslizamiento posterior, que podría reventar sus contenciones.

 

Por qué ha cedido el hielo

 

La pregunta de fondo es por qué se soltó ese hielo. Un trabajo publicado este año en Global and Planetary Change por el equipo de Gunjan Silwal ha reconstruido la historia del valle de Langtang desde la Pequeña Edad de Hielo y ha calculado que ha perdido en torno al 42 % de su superficie glaciar desde 1815(5).

La frecuencia creciente de los peligros de la criosfera es hoy más visible que nunca. El ritmo es tan rápido que los esfuerzos actuales no logran seguirle el paso

MOHD. FAROOQ AZAM, ICIMOD

“La frecuencia creciente de los peligros de la criosfera es hoy más visible que nunca. El ritmo es tan rápido que los esfuerzos actuales no logran seguirle el paso”, advierte Mohd. Farooq Azam, especialista sénior en criosfera del ICIMOD. Los datos del valle le dan la razón: el ritmo de pérdida de hielo se ha cuadruplicado, del 0,11 % anual entre 1815 y 1964 al 0,49 % anual desde entonces.

Ese retroceso tiene una consecuencia física directa. Al fundirse la lengua inferior de un glaciar desaparece el contrafuerte de hielo que sujetaba la masa superior, y en paredes muy inclinadas quedan bloques colgados de forma precaria. En Langtang, además, los glaciares se han fragmentado: han pasado de 58 a 115 al partirse en trozos.

El termómetro acompaña. Ese mismo trabajo cifra en 0,31 °C por década el calentamiento de las zonas glaciadas de la cuenca –por encima de los 4.000 metros– entre 1960 y 2023, y sitúa el retroceso más rápido a partir del año 2000.

Los científicos piden aun así prudencia. El cambio climático está alterando glaciares, nieve, permafrost y laderas en todo el Hindu Kush-Himalaya, pero el ICIMOD subraya que es demasiado pronto para determinar qué papel ha desempeñado en el colapso del miércoles. Atribuir un suceso concreto exige estudios que tardan meses.

La zona tiene memoria. En 2015, el terremoto de magnitud 7,8 desprendió millones de metros cúbicos de hielo y escombros desde los 5.000 metros: la masa cayó cerca de 1.900 metros, sepultó una aldea y mató a más de 200 personas, según el USGS. Y en julio de 2025 el mismo río, el Lhende Khola, se desbordó por el vaciado de un lago supraglaciar en territorio chino.

Es decir: dos riadas en catorce meses en el mismo cauce, pero por mecanismos distintos. De ahí que el ICIMOD insista en sistemas de alerta temprana transfronterizos en los que las comunidades de aguas arriba avisen a las de aguas abajo. Con siete minutos hasta la frontera, ese margen se mide en segundos.

 

Referencias

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