Tras cumplirse el primer mes del ataque sobre Irán, lo que podía comenzar como una operación rápida para descabezar y golpear el régimen de los Ayatolás, se ha prolongado en el tiempo y empieza a tomar una deriva regional.
Así, como represalia por el ataque lanzado por Israel y Estados Unidos sobre su territorio, Irán ha bombardeado varios países del entorno, en lo que supone la extensión de la guerra más allá de sus fronteras. En medio de este contexto bélico, Israel ha aprovechado para reanudar el conflicto con el Líbano.
La guerra de Irán
Mapa de la guerra en Irán y su expansión regional a 30 de marzo de 2026 / Imagen: EA Tras el ataque inicial de la llamada Operación Furia Épica, se ha lanzado una ofensiva continua sobre territorio iraní con dos objetivos principales. Por un lado se encuentran las infraestructuras armamentísticas de Irán, ya sea para la construcción de misiles de largo alcance o aquellas que pudieran formar parte del programa nuclear iraní. Por otro lado también se han dirigido de forma preeminente sobre buena parte de la jerarquía gubernamental iraní. Los ataques de Israel y EE. UU. han matado a varios de los cargos más importantes del régimen como el Ayatolá iraní Ali Jamenei, el ministro de Defensa, el comandante de la Guardia Revolucionaria o Alí Lariyani, número dos del régimen. Además de los asesinatos selectivos sobre altos cargos, estos ataques habrían causado unas 2.000 muertes y más de 20.000 heridos en Irán.
Los principales bombardeos se agrupan en torno a las importantes infraestructuras armamentísticas concentradas en los alrededores de Teherán. Pero también han sido golpeadas con dureza las construcciones de la región de Isfahán, con importantes instalaciones nucleares, y otros lugares como Tabriz, al noroeste del país, Kermanshah o zonas más próximas al golfo Pérsico como el entorno de la isla de Jarg, principal punto de salida del petróleo iraní, o las inmediaciones de Bandar Abás, que preside el paso por la zona más angosta del estrecho de Ormuz.
Este conflicto también ha tenido una deriva económica clave precisamente con el cierre de dicho estrecho de Ormuz. El paso más importante del petróleo mundial, controlado por Irán, se encuentra cerrado en la práctica, lo que ha desembocado en un problema económico de primer nivel por la subida del precio de los carburantes. Irán usa el paso por el estrecho como un arma económica, al permitir el tránsito a los barcos procedentes de países que considera aliados o, al menos, no enemigos.
Cuando apenas ha pasado un mes desde el inicio de las hostilidades todavía parece pronto para un acuerdo de paz. Aunque Estados Unidos ha filtrado un plan de quince puntos para la paz con temas como el no desarrollo de armas nucleares, un plan nuclear civil, la apertura de Ormuz y el final del bloqueo económico, Irán ha negado cualquier tipo de negociación. Para presionar a su enemigo, Donald Trump lanzó un primer ultimátum para la reapertura del estrecho de Ormuz bajo la amenaza de destrucción de las instalaciones energéticas iraníes, aunque esta advertencia ha sido prorrogada hasta el 6 de abril.
Impacto del conflicto en los países del Golfo
Como represalia por los ataques sufridos en su territorio, Irán ha desplegado ofensivas contra varios países de su entorno, que considera aliados o partícipes de sus enemigos. Se han lanzado varios proyectiles y drones contra el propio territorio de Israel, que ha sido obligado a poner a prueba su sistema antimisiles para evitar la lluvia de bombas iraníes sobre ciudades como Jerusalén o Tel Aviv.
Pero otros países árabes no se han librado de sufrir los ataques de Irán. Quizá los que mayor preocupación han despertado han sido proyectiles aislados que han golpeado Turquía, un país de la OTAN que podría implicar una importante escalada de la guerra al afectar a la Alianza Atlántica. Pero los más afectados han sido los países árabes limítrofes del golfo Pérsico. Enclaves como Irak, Kuwait, Arabia Saudí, Baréin, Qatar o Emiratos Árabes han recibido el impacto continuo de proyectiles, ya sea de manera directa o como consecuencia de la caída de sus restos al ser abatidos por las estructuras antimisiles. Estos ataques, en buena parte dirigidos contra las bases militares estadounidenses en la región, entre las que han sido especialmente afectadas las de Arabia Saudí, han afectado a infraestructuras petrolíferas de varios países, entre ellas el mayor yacimiento de gas del mundo situado en Qatar; a puertos como el de Kuwait; centros turísticos como Abu Dabi o Dubái…
En las últimas horas el temor a una escalada global del conflicto ha vuelto a reavivarse tras la aparición de un nuevo protagonista en el escenario: los rebeldes hutíes. Desde sus bases en Yemen han lanzado el primer ataque contra Israel, en lo que sería una nueva amenaza tanto en el tablero bélico como en el conflicto económico, debido por su posición preferente sobre el estrecho de Bab el Mandeb, lo que acrecentaría la importancia del cierre del estrecho de Ormuz por Irán.
La situación en el contexto regional: Líbano y Gaza
Pero este ataque sobre Irán no ha quedado circunscrito al país de los Ayatolás. Israel ha aprovechado la coyuntura regional para reanudar su ofensiva sobre el Líbano, así como para prolongar sus ya habituales violaciones del precario alto el fuego que todavía preside la guerra de Gaza.
Casi 700 personas han sido asesinadas en la Franja desde que se instauró la tregua el pasado mes de octubre y, en la actualidad, la mayor preocupación gira en torno a la estabilización de la llamada Línea Amarilla. Lo que debía ser tan solo una línea de referencia temporal para facilitar la evacuación de las tropas israelíes de Gaza empieza a convertirse en una frontera física de control militar. De hecho, más de 200 ciudadanos palestinos han sido tiroteados en las proximidades de dicha Línea, en muchos casos tan solo por encontrarse en las cercanías de dicha frontera de control militar.
Este férreo control de la Línea Amarilla no impide que se realicen ataques selectivos contra otras partes del territorio gazatí. En los últimos días destaca el bombardeo sobre un puesto policial palestino en las proximidades de Jan Yunis en el que murieron al menos seis personas.
En el caso del Líbano, apenas una semana después del ataque originario contra Irán, Israel aprovechó para retomar las hostilidades. La defensa por parte de Hezbolá del régimen de Teherán, su principal aliado, fue la excusa para que Israel retomara unas hostilidades que llevaban un tiempo aparcadas y que supone retomar su intención de acabar con Hezbolá y sus infraestructuras.
De la misma manera que actuó en Gaza, Israel ha lanzado múltiples avisos sobre buena parte de la población del sur del Líbano y del sur de Beirut, a los que llama a la evacuación antes de desplegar sus operaciones terrestres y aéreas. En esta campaña Israel ha destruido varios puentes sobre el río Litani, lo que ha supuesto el aislamiento de varios miles de personas. En este mismo sentido ha apostado por iniciativas como un posible control del territorio libanés hasta el río Litani, zona en la que viven más de 250.000 personas y que incluye buena parte de la zona sur del Líbano. En estas tres semanas de conflicto se han producido más de mil víctimas mortales y un éxodo de más de 350.000 niños, según ha contabilizado Unicef.





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