La guerra de Irán, además de las inmediatas consecuencias de un conflicto bélico que genera muerte y destrucción, tiene unas importantes derivaciones económicas que, hasta el momento, se han expresado a través de una inmediata e importante subida del precio del petróleo.

Sumario

 

La peculiar situación del estrecho de Ormuz, controlado por Irán, y su papel clave en el tráfico mundial del gas y el petróleo, explica buena parte de esta crisis.

Mapa del petróleo y gas en el estrecho de Ormuz / Infografía: EA Mapa del petróleo y gas en el estrecho de Ormuz / Infografía: EA

 

Contexto geopolítico e importancia del estrecho de Ormuz

 

El estrecho de Ormuz es un pequeño paso marítimo de apenas 30 kilómetros de ancho en su zona más estrecha, escoltado en su orilla sur por un pequeño territorio omaní y controlado en su mayor parte por Irán en la orilla norte. A través del estrecho se da salida marítima a los países litorales del golfo Pérsico y, lo que le da su mayor importancia estratégica, transcurre una quinta parte del tráfico de petróleo mundial.

La estrechez del paso obliga a organizar su tráfico en dos canales navegables de unos tres kilómetros de ancho, con una zona de separación entre ambos, una rigidez operativa que facilita la capacidad de bloqueo del mismo.

El efecto cuello de botella que causa esta situación, la importancia del tráfico marítimo que pasa por sus aguas para la economía mundial y la capacidad de control del mismo que ostenta Irán desde la inmejorable atalaya de Bandar Abbas en la zona más angosta del estrecho genera una compleja situación geopolítica con inmediatas consecuencias económicas.

 

Producción petrolífera y gasística de Irán

 

La distribución del comercio de los productos petrolíferos y gasísticos iraníes está organizada en torno al golfo Pérsico. Las mayores reservas de Irán están repartidas en su franja sur, más próximas a la frontera con Irak las reservas del petróleo y en una zona más meridional las reservas de gas. En este sentido destaca una inmensa bolsa de gas en medio del golfo Pérsico que Irán comparte con Qatar y que resulta una de sus mayores riquezas naturales.

Todas estas riquezas se organizan mediante una red interna de oleoductos y gasoductos que desemboca en varias refinerías que presiden la línea costera iraní. Para la distribución de estos recursos es de una importancia clave la isla de Jharg. Este islote, situado en la zona septentrional de la costa del golfo Pérsico, está equipado con importantes instalaciones que dan salida al comercio de petróleo y gas, e incluye plantas petroquímicas, muelles e incluso un aeropuerto.

Para dar salida a estos recursos, resulta obligado el paso por el estrecho de Ormuz para las embarcaciones iraníes. Al ser precisamente el propio país el que ha organizado el bloqueo del paso, el cierre o la amenaza a los petroleros que se aventuren por dicho camino es totalmente discrecional, por lo que Irán continúa con sus exportaciones de petróleo, seguro de que sus barcos no se verán atacados. Surcar estas aguas es una situación de grave riesgo, aminorado para los navíos de aquellos países que Irán considera aliados como Rusia o China. Esta situación ha desarrollado la picaresca en otras embarcaciones que apagan sus GPS para no ser detectados, emiten señales contrarias o incluyen una identidad falsa para minimizar el riesgo de ataque.

 

Escenario del resto de países del Golfo Pérsico

 

La complicada situación para atravesar el estrecho de Ormuz ha hecho que el resto de países del golfo Pérsico se haya visto obligado a buscar alternativas para dar salida a su producción de petróleo y gas. La situación más complicada la tienen Irak y Kuwait, que están en el extremo norte del golfo Pérsico y deben recorrer todo el golfo y el estrecho de Ormuz para poder dar una salida al mar a sus reservas de petróleo. En una situación parecida se encuentran Bahrein y Qatar. La producción de petróleo de la pequeña isla asiática y el petróleo y gas de la península catarí no tienen más vía de salida que aventurarse por el estrecho controlado por Irán.

La complicación de la situación ha hecho que otros países hayan buscado nuevas rutas para la salida del petróleo. Los Emiratos Árabes también deben pasar por el estrecho de Ormuz para dar salida a su rica producción de crudo, aunque podrían aventurarse a un transporte por tierra por territorio de Arabia Saudí. Esa alternativa es la gran apuesta de Arabia Saudí, que quiere aprovechar la estratégica situación de su costa del Mar Rojo para transportar sus exportaciones por vía terrestre hacia su costa oeste.

La producción de los yacimientos petrolíferos próximos al golfo Pérsico podría trasladarse hacia el otro lado de Arabia y darle salida por el Mar Rojo, aunque allí se enfrentase a otro dilema: continuar la ruta marítima hacia el norte para pasar por el canal de Suez y el Mediterráneo, o bien adentrarse hacia el sur, rumbo al estrecho de Bab el Mandeb donde espera la amenaza de los rebeldes hutíes o de los piratas somalíes.

De la firmeza de la postura iraní sobre el bloqueo del estrecho de Ormuz y la duración del mismo dependerá buena parte de la evolución del tráfico petrolífero mundial y, con ello, el precio del barril de petróleo y su inmediata repercusión en los precios de los carburantes y el resto de la cesta de la compra, que ya sufrirá un primer golpe en este próximo mes de marzo.