Después de más de 1.540 días de guerra, el conflicto entre Rusia y Ucrania podría estar entrando en una nueva etapa. Aunque el frente continúa prácticamente congelado y los cambios territoriales siguen siendo mínimos, diversas fuentes internacionales apuntan a un posible cambio de tendencia tras las primeras pérdidas territoriales rusas desde el verano de 2024.

Sumario

 

Mientras tanto, la guerra continúa golpeando tanto el frente como la retaguardia, con nuevos ataques masivos y un creciente protagonismo de los drones.

 

Tregua y nuevos ataques

 

Mapa de la guerra en Ucrania a 18 de mayo de 2026 / Imagen: EA Mapa de la guerra en Ucrania a 18 de mayo de 2026 / Imagen: EA

Los últimos acontecimientos bélicos han estado marcados por la denominada tregua del Día de la Victoria, impulsada coincidiendo con la conmemoración rusa del final de la Segunda Guerra Mundial. Moscú celebró este año un desfile militar más reducido de lo habitual, sin exhibición de vehículos blindados ni elementos balísticos, en una imagen interpretada por algunos observadores como un reflejo de las dificultades que atraviesa Rusia en el conflicto.

Con motivo de esta festividad, ambos países acordaron un alto el fuego de tres días, aunque posteriormente tanto Rusia como Ucrania se acusaron mutuamente de violar la tregua. El breve paréntesis sirvió, según diversas fuentes, para reorganizar fuerzas y reforzar capacidades militares antes de una nueva escalada.

Al concluir el alto el fuego, Rusia lanzó uno de sus mayores ataques recientes contra territorio ucraniano. Según las informaciones disponibles, empleó más de 1.500 drones y medio centenar de proyectiles dirigidos contra distintos puntos del país. El bombardeo más grave impactó sobre Kiev, donde un edificio residencial se derrumbó tras recibir el impacto de un misil y dejó más de una veintena de víctimas.

Algunos analistas sostienen que Rusia vuelve a recurrir al castigo sobre infraestructuras civiles y zonas alejadas del frente cuando encuentra dificultades para avanzar militarmente sobre el terreno. Esta estrategia ya se ha repetido en otras fases del conflicto y busca, según esas interpretaciones, desgastar la moral de la población ucraniana.

Ucrania, por su parte, mantiene una creciente campaña de ataques sobre objetivos situados dentro de Rusia. En los últimos días, las fuerzas ucranianas han incrementado los bombardeos contra instalaciones energéticas y petroleras rusas, especialmente en regiones próximas a Moscú.

Diversos ataques con drones alcanzaron áreas situadas a apenas seis kilómetros del Kremlin, después de que más de un centenar de artefactos cruzaran territorio ruso. Algunos de esos impactos afectaron a edificios residenciales y provocaron víctimas civiles.

 

Cambios en el frente

 

Sobre el terreno, la situación continúa caracterizada por el estancamiento generalizado, aunque empiezan a detectarse pequeños movimientos favorables para Ucrania. Después de meses de lento avance ruso, distintas fuentes apuntan a que Moscú habría sufrido durante abril sus primeras pérdidas territoriales relevantes desde mediados de 2024.

Según esos datos, Rusia habría retrocedido aproximadamente 120 kilómetros cuadrados en el conjunto del frente durante el último mes. Aunque la cifra resulta limitada desde el punto de vista militar, tiene una fuerte carga simbólica al romper la dinámica mantenida durante los últimos meses.

Las fuerzas ucranianas habrían conseguido pequeñas recuperaciones de territorio en las regiones de Zaporiyia, Jarkov y Donetsk, tres de las principales zonas en disputa del este y sureste del país. Frente a ello, Rusia apenas habría registrado avances menores en el entorno de Kramatorsk.

Uno de los factores clave en esta evolución es el creciente peso de los drones en el campo de batalla. Ucrania ha intensificado el uso de aparatos aéreos y terrestres no tripulados capaces de dificultar los movimientos rusos y limitar las ofensivas convencionales.

Según algunas fuentes vinculadas al conflicto, estos sistemas habrían contribuido a crear una especie de “zona de exclusión” de hasta 50 kilómetros de ancho en determinados sectores del frente. Dentro de esa franja, la amenaza permanente de los drones complica enormemente los desplazamientos de tropas y vehículos rusos.

El desgaste humano también se ha convertido en un elemento determinante. Diversas estimaciones sitúan las pérdidas rusas en torno a 35.000 bajas mensuales entre muertos y heridos. Esta situación estaría dificultando la capacidad de reemplazo de soldados en el frente, especialmente ante las crecientes dificultades de reclutamiento.

Algunas fuentes hablan ya de más de un millón de bajas rusas acumuladas desde el inicio de la invasión, una cifra que incluiría tanto fallecidos como heridos y desaparecidos.

 

Presión internacional creciente

 

La evolución de la guerra también está teniendo consecuencias políticas fuera de Ucrania y Rusia. Uno de los episodios más delicados de los últimos días se produjo en Letonia, después de que tres drones ucranianos cruzaran el espacio aéreo desde Rusia y terminaran estrellándose en el este del país báltico.

Aunque no hubo víctimas mortales ni heridos y los daños materiales fueron limitados, el incidente desencadenó una importante crisis política interna. Las críticas se centraron en la gestión del Gobierno letón y en la tardanza de las autoridades en informar públicamente sobre lo ocurrido.

La situación acabó provocando la dimisión de la primera ministra, Evika Silina, tras perder el respaldo de uno de los socios de su coalición gubernamental.

En paralelo, el presidente ruso, Vladimir Putin, trató de reforzar su posición diplomática afirmando ante periodistas que considera que “el conflicto está llegando a su fin”. Sin embargo, vinculó esa posibilidad a que Ucrania acepte las condiciones planteadas por Moscú, unas exigencias que Kiev interpreta como equivalentes a una rendición.

Ante las especulaciones sobre posibles movimientos diplomáticos en la Unión Europea para reactivar conversaciones de paz, Putin mostró su preferencia por el ex canciller alemán Gerhard Schröder como posible interlocutor. Al mismo tiempo, insistió en que fueron los gobiernos europeos quienes rompieron los contactos con Moscú tras el inicio de la invasión.

El mandatario ruso tampoco descartó una eventual reunión con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, aunque condicionó cualquier encuentro a la existencia previa de un acuerdo de paz sólido que permita poner fin a la guerra.

La combinación entre el desgaste militar ruso, el uso masivo de drones, la presión internacional y el estancamiento del frente abre ahora un escenario incierto. Aunque los cambios territoriales siguen siendo reducidos, algunos observadores consideran que los acontecimientos recientes podrían anticipar una nueva fase del conflicto tras más de cuatro años de guerra.

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