La guerra en Irán no sólo se mide en víctimas, destrucción e inestabilidad geopolítica. También está teniendo una profunda factura ambiental y sanitaria que puede prolongarse durante décadas e incluso siglos.

Sumario

 

Expertos han advertido este miércoles de los impactos en la salud y el medioambiente derivados del conflicto, que ya está generando un legado tóxico, climático y nuclear de gran alcance.

 

Una guerra que dispara las emisiones

 

Expertos han advertido este miércoles sobre los impactos en la salud y el medioambiente que está teniendo la guerra en Irán, donde en los primeros 15 días se han emitido cinco millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2), según un análisis del think tank Climate and Community Institute publicado esta semana.

"Son legados que pueden durar décadas, incluso siglos", ha señalado el director del Grupo Ecología y Cambio Global del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), Fernando Valladares, que se ha hecho eco del análisis.

Valladares ha abordado esta cuestión junto al Premio Nobel de la Paz Carlos Umaña, miembro de la junta directiva de ICAN-Alianza por el Desarme Nuclear, en el acto 'La guerra de Irán: el legado tóxico y la amenaza nuclear', celebrado en el Ateneo de Madrid.

Durante su intervención, ha explicado que la mitad de las emisiones provienen de las explosiones que se están produciendo; la otra mitad, de los combustibles empleados por el despliegue militar en la zona; y una parte pequeña, por el transporte.

En líneas generales, Valladares ha indicado que "claro" que hay que preocuparse por un conflicto "a 5.000 kilómetros" de España, sobre todo "por la envergadura y el tamaño" que le han conferido Estados Unidos e Israel.

"Hoy en día todo está conectado (...), lo que ocurre a toda esa distancia acaba teniendo consecuencias en nuestro día a día", ha advertido.

 

Contaminación del agua y “lluvia negra”

 

A corto plazo, ha señalado que lo que más puede "preocupar" de los efectos sobre el medioambiente de la guerra en Irán es el impacto "directo y agudo" sobre la población local. De esta manera, ha apuntado a la lluvia negra, que mezcla compuestos ácidos, particulados e hidrocarburos con moléculas específicas de los misiles y de la guerra.

Entre otras sustancias, ha citado el TNT; el exógeno, "que viaja de forma intacta a los acuíferos y que ahí se quedará"; y el octógeno. Este “cóctel” puede causar desde cefaleas hasta cáncer, en un contexto en el que Teherán es un entorno "extraordinariamente" seco.

Tal y como ha destacado, la guerra está poniendo en riesgo el suministro de agua de 100 millones de personas, que dependen de 450 plantas desalinizadoras de la región. "El agua de mar está siendo contaminada por los buques que se están torpedeando. Las desalinizadoras pueden quitar la sal, pero no la contaminación. Además, las desalinizadoras son objetivos bélicos y los apagones están causando problemas", ha explicado.

Al margen de ello, el experto ha apuntado a que tanto la crisis climática como la nuclear son contempladas como "escenarios teóricos" para la ciudadanía, a pesar de ser dos amenazas para la civilización tal y como la conocemos.

En este sentido, ha señalado cómo el Gobierno francés ya se está preparando ante un escenario en el que el cambio climático haga que el calentamiento global llegue a 4 ºC, frente a otros países que se mantienen en planteamientos más teóricos. "Son dos maneras de abordar los riesgos: mantenerlos en la teoría (...) y prepararte para un determinado escenario (...), yo no estoy seguro de qué es mejor", ha admitido.

 

La amenaza nuclear

 

Por su parte, Carlos Umaña, miembro de la junta directiva de ICAN-Alianza por el Desarme Nuclear, ha advertido de que la guerra en Irán "no tiene estrategia" ni "objetivos claros" y de que se está dejando de lado deliberadamente el derecho internacional.

Por ello, ha puesto el foco sobre la posible escalada nuclear, que "rompería el tabú nuclear". "En la ley de la fuerza, las armas nucleares tienen la última palabra", ha advertido.

En este sentido, ha recalcado que el Reloj del Apocalipsis, creado por la junta directiva del Bulletin of the Atomic Scientists de la Universidad de Chicago, indicó el pasado 27 de enero —antes de la guerra en Irán— que la humanidad está a 85 segundos de la catástrofe.

En este marco, ha explicado que hoy en día existen 12.300 ojivas nucleares distribuidas entre nueve países: Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte. Según ha señalado, muchas de estas bombas son "miles de veces más potentes" que las de Hiroshima y Nagasaki.

En la misma línea que Valladares, ha avisado sobre las muertes y los efectos sobre la salud que tendría el uso de armas nucleares. Además, ha advertido de los efectos climáticos globales: "Se produciría un descenso súbito y drástico de las temperaturas, de 15-20 ºC, el invierno nuclear (...); llevaría al colapso de la agricultura, de la civilización global y de varios ecosistemas", ha indicado.

Durante su intervención, ha vuelto a mencionar la plataforma 'Generation Zero Nukes', con la que pide firmas para que el Gobierno español firme el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares antes de la reunión prevista en noviembre de 2026 en la ONU.