Aunque sus servicios parecen virtuales, la inteligencia artificial y el resto de la economía digital dependen de recursos muy físicos: la electricidad y el agua. Hoy, uno de cada cuatro centros de datos del mundo (el 25 %) se ubica en zonas donde la demanda de agua supera a la disponible durante al menos un mes al año, y España es el país europeo con mayor exposición: el 64 % de sus instalaciones está en esa situación.

Sumario

 

Así lo ha constatado un estudio revisado por pares y publicado el 24 de septiembre en la revista Environmental Science & Technology(1), que ha analizado 9.347 centros de datos de todo el mundo. Lo lidera Lorenzo Rosa, investigador principal del Departamento de Ecología Global de la Carnegie Institution for Science y profesor en la Universidad de Stanford. Y la situación irá a peor: con un calentamiento de 3 °C, estarán expuestos el 33 % de los centros del mundo y el 80 % de los españoles.

 

España, la más expuesta de Europa

 

Según el análisis, España cuenta con 148 centros de datos y 95 de ellos están afectados por el déficit hídrico. De ese total, 61 instalaciones (el 41 %) sufren entre uno y cuatro meses de falta de agua al año, y 34 (el 23 %), entre cinco y ocho meses.

En Europa, las regiones del norte y del centro, donde se concentra la mayoría de las instalaciones, apenas sufren estrés hídrico

En Europa, las regiones del norte y del centro, donde se concentra la mayoría de las instalaciones, apenas sufren estrés hídrico, mientras que España, Italia y Grecia afrontan una presión mayor, que a menudo supera los seis meses al año. Alemania, con 410 centros, no tiene ninguno expuesto, y en Reino Unido y Francia los afectados son una minoría: el 4 % y el 3 %, respectivamente.

Italia ocupa el segundo lugar del continente, con el 28 % de sus centros (49) expuestos al déficit hídrico: 38 de ellos entre uno y cuatro meses al año y otros 11, entre cinco y ocho.

Los investigadores hablan de déficit o brecha hídrica cuando el consumo mensual de agua de una zona supera al agua renovable disponible –la que se repone de forma natural–. Ese desfase se cubre extrayendo agua de acuíferos, ríos y lagos, o de los caudales que necesitan los ecosistemas, lo que supone un consumo insostenible.

El panorama se agrava con el cambio climático. En un escenario en el que la temperatura media del planeta sube 3 °C respecto a la era preindustrial –en 2024 ya se situó 1,55 °C por encima–, los centros españoles afectados pasarán de 95 a 119, el 80 % del total, con un fuerte aumento de los que sufren escasez entre nueve y doce meses al año.

En ese mismo escenario, Francia pasará de 8 centros afectados a 38 (el 15 %) e Italia, de 49 a 59 (el 34 %). En Reino Unido, en cambio, la cifra se mantendrá prácticamente estable, en torno al 4 %.

 

Un problema global que irá a más

 

A escala mundial, 2.315 centros de datos sufren al menos un mes de déficit hídrico al año: 961 lo padecen entre uno y cuatro meses, 831 entre cinco y ocho y 523 casi todo el año, entre nueve y doce. Los puntos más críticos están en el oeste de Estados Unidos, México, el Mediterráneo, Oriente Medio, India y el norte de China.

El sur de Asia y Oriente Medio son las regiones con mayor estrés hídrico, con muchas instalaciones expuestas entre ocho y doce meses al año

El sur de Asia y Oriente Medio son las regiones con mayor estrés hídrico, con muchas instalaciones expuestas entre ocho y doce meses al año. En India, el 73 % de los centros (173) sufre al menos un mes de brecha hídrica, y en Emiratos Árabes Unidos, el 93 % (50).

En China, casi la mitad de las instalaciones (el 42 %) se ven afectadas al menos un mes al año, y en Japón la mayoría experimenta algún grado de estrés hídrico, con un 17 % expuesto entre nueve y doce meses.

Estados Unidos es, con diferencia, el país con más centros de datos: 3.619, el 39 % del total mundial, muy por delante de Reino Unido (420), Alemania (410), China (344) y Canadá (268). El 21 % de sus instalaciones está en regiones con escasez de agua, sobre todo en el oeste y el sur del país.

Por continentes, América del Norte concentra el 43 % de los centros, seguida de Europa (30 %) y Asia (18 %). América del Sur (4 %), Oceanía (3 %) y África (2 %) apenas tienen presencia.

Con 3 °C de calentamiento, el déficit afectará a 730 centros más, hasta un total de 3.045: uno de cada tres en el mundo. En Estados Unidos la proporción subirá al 35 % y en China, al 51 %.

 

El agua, la gran olvidada

 

Los centros de datos usan agua sobre todo para refrigerar los servidores, y también de forma indirecta, a través de la electricidad que consumen. Hoy utilizan entre 313.000 y 764.000 millones de litros al año, y en 2030 podrían llegar a 1,2 billones: lo mismo que extraen en un año los hogares y municipios de los Países Bajos.

A pesar de estos datos, la investigación y las políticas se han centrado en el consumo de energía del sector y en su huella de carbono

A pesar de estos datos, la investigación y las políticas se han centrado en el consumo de energía del sector y en su huella de carbono, relegando el agua. Y ese gasto eléctrico es enorme: unos 415 teravatios hora (TWh) al año, el 1,5 % de la demanda mundial, que en 2030 podrían ser entre 945 y 1.065 TWh, tanto como todo Japón en 2025.

La diferencia clave, advierten los autores, es que la energía puede transportarse a grandes distancias, mientras que el agua depende de cada cuenca y varía mucho entre estaciones y de un año a otro. Por eso sus riesgos son muy locales y difíciles de resolver con soluciones tecnológicas o de mercado.

Además, como las empresas del sector suelen tener capacidad financiera y prioridad institucional para asegurarse el suministro, el principal riesgo puede no ser para los propios centros, sino para quienes comparten la misma cuenca: hogares, agricultores y ecosistemas.

El estudio ha comprobado que el 41 % de los centros de datos está en áreas donde el consumo dominante es el municipal –el de las ciudades–, lo que tensiona el agua potable en épocas de máxima demanda o de sequía. Le siguen las zonas donde predomina el regadío (28 %), la industria (18 %) y la generación eléctrica (8 %).

Los autores subrayan que su trabajo mide la exposición, no el consumo: no calcula cuánta agua gasta cada instalación ni distingue las dedicadas a la inteligencia artificial, y no incluye medidas como los trasvases o la desalación, por lo que el déficit estimado es un límite máximo. También lamentan la escasa información pública sobre la capacidad, la refrigeración y el consumo real de agua de estos centros.

Entre las alternativas, el estudio cita la reutilización de aguas residuales o la refrigeración por inmersión, aunque advierte de que otras, como la refrigeración en seco, gastan más electricidad. Por eso concluye que garantizar su viabilidad exigirá decisiones de ubicación y de gobernanza que tengan en cuenta los límites hidrológicos de cada territorio.

Referencias

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