El calor se asoció a 540.800 muertes anuales entre 2016 y 2023 y el 68 % de ellas –unas 369.900 cada año– las causó el cambio climático. Así lo ha concluido el décimo informe de Lancet Countdown, publicado el 28 de octubre, que ha pedido reconocer la crisis climática como una emergencia sanitaria mundial para proteger la salud de las personas.

Sumario

 

El décimo informe anual de Lancet Countdown –liderado por University College London (UCL) y elaborado en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS)– concluye que muchos de los riesgos y daños para la salud derivados del cambio climático se agravaron en la década posterior a la entrada en vigor del Acuerdo de París (2016-2025) en comparación con la década anterior (2006-2015).

Los resultados se recogen en El informe de 2026 de Lancet Countdown sobre salud y cambio climático: una década de daños crecientes para la salud y un momento decisivo para todos (1) (del inglés, The 2026 report of the Lancet Countdown on health and climate change: A decade of escalating health harms and a decisive moment for all), obra de 146 investigadores de más de 100 instituciones de más de 30 países. Publicado en The Lancet antes de la 31.ª Conferencia de las Partes de la ONU (COP31), sigue 54 indicadores de los efectos del cambio climático en la salud.

 

Calor y sequía amenazan las vidas

 

Entre 2016 y 2023, el calor se asoció con un promedio de 540.800 muertes anuales. De ellas, el 68 % –369.900 al año– las causó el cambio climático, frente al 55 % (219.100 anuales) del periodo 2006-2015. Como novedad de esta edición, el informe atribuye de forma directa las muertes por calor al cambio climático provocado por el ser humano.

En total, se estima que el cambio climático provocó casi tres millones de muertes relacionadas con el calor entre 2016 y 2023

En total, se estima que el cambio climático provocó casi tres millones de muertes relacionadas con el calor entre 2016 y 2023, señala el informe. Solo en 2023, el año más caluroso de ese periodo, se registró un récord de 710.000 muertes estimadas, más que las causadas por la malaria o el VIH, y el 71,5 % de ellas fueron consecuencia del cambio climático.

El calor también redujo en 2025 la capacidad de las personas para trabajar y costó a la economía mundial un estimado de 1,07 billones de dólares en ingresos potenciales –el 0,91 % de la producción económica mundial–, el tercer año consecutivo con pérdidas superiores al billón de dólares.

El sudeste asiático y África fueron los más afectados, con pérdidas equivalentes al 3,9 % y al 3,2 % de su PIB, frente al 0,2 % de Europa y el 1,5 % de América. La agricultura y la construcción absorbieron la mayor parte de las pérdidas (38 % y 29 %), porque son trabajos en gran parte al aire libre y físicamente exigentes. En África, la agricultura representa el 71 % de las pérdidas por calor.

La sequía también avanza. Más de la mitad de la superficie terrestre mundial (51,8 %) sufrió una sequía extrema durante al menos un mes en 2025, el segundo peor año registrado tras 2023. Desde 2016, el área afectada ha crecido más de un 700 % más rápido que entre 2006 y 2015.

Un nuevo análisis por satélite identifica extremos crecientes en el agua almacenada en la tierra. Desde 2003, el 43 % de la superficie terrestre mundial se ha vuelto más seca y otro 37 %, más húmeda. En conjunto, esos extremos afectan a más del 80 % de la superficie terrestre y amenazan los cultivos, el suministro de alimentos y el saneamiento.

Las lluvias muy extremas también son cada vez más comunes: alcanzaron casi el 17,2 % de la superficie terrestre mundial cada año entre 2016 y 2025, frente al 14,8 % de la década anterior, lo que eleva el riesgo de inundaciones, deslizamientos de tierra y enfermedades transmitidas por el agua.

No se trata de un empeoramiento gradual; es un cambio radical que debe reconocerse como la emergencia sanitaria mundial que es

MARINA ROMANELLO, directora ejecutiva de Lancet Countdown

“No se trata de un empeoramiento gradual; es un cambio radical que debe reconocerse como la emergencia sanitaria mundial que es”, ha advertido Marina Romanello, directora ejecutiva de Lancet Countdown, con sede en UCL. La investigadora subraya que los riesgos se vuelven aún más profundos si se considera cómo interactúan y se acumulan los distintos peligros: algunas zonas se secan mientras otras se inundan, y el impacto económico golpea con más dureza a los sectores y comunidades vulnerables.

 

Avances reales, pero insuficientes

 

El informe también recoge avances. Desde el Acuerdo de París, la energía más limpia, unos sistemas de salud más resilientes, una legislación más protectora y la creciente evidencia científica han aportado beneficios reales para la salud de las comunidades locales, pero siguen siendo demasiado lentos, insuficientes e inconsistentes para compensar los crecientes riesgos.

Los beneficios para la salud ya son evidentes: un aire más limpio evita aproximadamente 323.000 muertes al año en al menos 77 países

Los beneficios para la salud ya son evidentes: un aire más limpio evita aproximadamente 323.000 muertes al año en al menos 77 países, donde la contaminación atmosférica procedente de combustibles fósiles ha disminuido desde 2016, según el informe. La cifra es el reflejo más tangible de que reducir los combustibles fósiles protege la salud de las personas.

La inversión mundial en energía limpia creció un 7,2 % en 2025 hasta un récord de 2,1 billones de dólares, un 82 % más que los 1,16 billones invertidos en combustibles fósiles. Esa inversión ha contribuido a que la electricidad renovable pasara del 5,5 % de la generación total en 2016 al 13,5 % en 2023.

Aun así, los combustibles fósiles siguen suministrando más del 80 % de la energía mundial y las emisiones que contribuyen al calentamiento global alcanzaron un máximo histórico en 2024. La contaminación del aire por combustibles fósiles sigue causando la muerte de aproximadamente 2,73 millones de personas al año en todo el mundo.

Los sistemas de salud también se mueven. 56 de los 194 Estados miembros de la OMS cuentan ahora con un plan nacional para adaptar los servicios sanitarios al cambio climático, frente a solo 14 en 2015, y 47 han completado además una evaluación de vulnerabilidad. Más de la mitad (75 de 145 encuestados) declaró tener al menos un sistema de alerta temprana sanitaria con información climática, y el informe concluye que estos sistemas están frenando el aumento de muertes por fenómenos meteorológicos extremos donde existen.

El impulso legal también crece: las leyes nacionales que mencionan a la vez el cambio climático y la salud se han multiplicado por unas 50 desde el año 2000, la mayor parte desde 2016. La financiación para investigar la salud relacionada con el clima aumentó un 655 % entre 2016 y 2024, de 42 a 316 millones de dólares, aunque casi la totalidad (el 84 %) sigue destinándose a investigadores de los países más ricos, lo que deja lagunas de evidencia donde los riesgos suelen ser mayores.

Anthony Costello, copresidente de Lancet Countdown, recuerda que hace diez años propusieron que responder al cambio climático podía ser la mayor oportunidad sanitaria del siglo XXI. “Tenemos la prueba de que la acción climática centrada en la salud funciona”, sostiene, aunque advierte de que “el ritmo y la escala de la reducción de emisiones siguen estando totalmente desfasados respecto al ritmo y la escala del daño”.

 

Subsidios fósiles y una petición urgente

 

El informe concluye que la transición hacia fuentes de energía distintas a los combustibles fósiles sigue siendo insuficiente. Las 100 mayores compañías de petróleo y gas del mundo planean producir un 150 % más de combustibles fósiles para 2040 de lo que es compatible con limitar el calentamiento global a 1,5 °C. Además, los subsidios netos mundiales a los combustibles fósiles alcanzaron niveles récord entre 2022 y 2024, y diez países gastaron más en ellos en 2024 que en sus sistemas de salud.

Los subsidios netos se han duplicado desde 2016, y los países han destinado un total acumulado de 6,2 billones de dólares estadounidenses a estos subsidios

Los subsidios netos se han duplicado desde 2016, y los países han destinado un total acumulado de 6,2 billones de dólares estadounidenses a estos subsidios desde la entrada en vigor del Acuerdo de París, señala el informe. Los planes de producción persisten a pesar del aumento de los precios de los combustibles fósiles, que presiona las finanzas públicas.

Los intereses creados siguen obstaculizando el progreso. El informe detalla cómo el cabildeo y la desinformación de los intereses de los combustibles fósiles y sus aliados políticos siguen debilitando el apoyo a la acción climática, a pesar de la creciente evidencia científica. Además, los gobiernos nacionales, las organizaciones internacionales y el sector privado participan ahora menos en temas de salud y cambio climático, lo que revierte avances anteriores.

La financiación para adaptar la salud también se queda corta. Los países en desarrollo han cuantificado necesidades de adaptación sanitaria de al menos 3.300 millones de dólares al año –con datos de solo 48 de los 79 países que han hecho esas estimaciones–, pero en 2024 se comprometió en torno a un tercio, 1.100 millones. El informe advierte de que los recortes de la ayuda exterior pueden ensanchar esa brecha y hacer recaer la mayor carga sobre los países más vulnerables.

Ante este panorama, los autores piden que el cambio climático se declare formalmente una emergencia sanitaria mundial, que se cree un nuevo instrumento de la OMS para una respuesta global coordinada y que los gobiernos sitúen la salud en el centro de todas las decisiones climáticas. Entre las prioridades figuran reducir de forma urgente y equitativa las emisiones y canalizar la financiación climática para la salud mediante subvenciones en lugar de préstamos, para que los países puedan adaptarse sin contraer más deuda.

Este informe es una clara advertencia de que el cambio climático es una emergencia sanitaria. Lo que falta no son pruebas, sino la voluntad política para actuar

HELEN CLARK, expresidenta del Gobierno de Nueva Zelanda y presidenta del consejo de Lancet Countdown

“Este informe es una clara advertencia de que el cambio climático es una emergencia sanitaria. Lo que falta no son pruebas, sino la voluntad política para actuar”, ha declarado Helen Clark, ex primera ministra de Nueva Zelanda y presidenta del consejo de administración de Lancet Countdown. Clark insiste en que los gobiernos deben “redoblar sus esfuerzos en materia de acción climática y reactivar la cooperación internacional”, con “un apoyo significativamente mayor a la adaptación, especialmente para las comunidades menos responsables del cambio climático y más vulnerables a sus impactos”.

Referencias

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