Las lluvias torrenciales en momentos críticos del desarrollo del cacao se convierten en una amenaza para las cosechas comparable a la sequía, según un estudio de científicos de Harvard y la Universidad de Ghana, publicado en septiembre en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) (1). La investigación, centrada especialmente en Ghana y contrastada con datos de Ecuador e Indonesia, concluye que conocer con antelación los patrones climáticos asociados a estos episodios puede permitir a los agricultores anticipar el riesgo y adoptar medidas para reducir los daños.
Demasiada lluvia también perjudica
Durante años, una de las principales preocupaciones en torno al cultivo del cacao ha sido la escasez de agua y el aumento de las temperaturas. Sin embargo, el nuevo trabajo dirige la atención hacia el extremo contrario: el exceso de precipitaciones, especialmente cuando se produce durante fases muy sensibles del ciclo de crecimiento.
Los árboles de cacao viven durante décadas y cada cosecha depende de una sucesión de procesos que incluye floración, polinización y desarrollo de las vainas. Tanto una cantidad insuficiente como excesiva de agua en el momento inadecuado puede condicionar el resultado de toda la temporada.
Las lluvias fuertes que coinciden con la floración o que favorecen la expansión de enfermedades fúngicas durante la floración y el desarrollo inicial de las vainas resultan igualmente relevantes para explicar las pérdidas
ANNA LEA ALBRIGHT, Universidad de Harvard
“La sequía representa una amenaza real para el cacao, y eso está más que demostrado”, explica Anna Lea Albright, que dirigió la investigación durante su etapa como investigadora posdoctoral en el Centro para el Medio Ambiente de la Universidad de Harvard. Sin embargo, señala que se ha prestado menos atención al efecto del exceso de lluvia sobre el cultivo.
Las lluvias fuertes que coinciden con la floración o que favorecen la expansión de enfermedades fúngicas durante la floración y el desarrollo inicial de las vainas resultan igualmente relevantes para explicar las pérdidas. El estudio señala que las precipitaciones extremas constituyen una limitación climática recurrente para el cacao en distintas regiones productoras.
En el caso de Ghana, las investigadoras descubrieron que la combinación de exceso de lluvia durante la estación húmeda y sequía durante la estación seca explica el 68% de la variabilidad interanual de la producción de cacao. Es decir, aproximadamente dos tercios de las diferencias observadas entre unas cosechas y otras están relacionadas con esos dos extremos de precipitación.
La vulnerabilidad cambia además dependiendo del momento del año. Las lluvias más perjudiciales se concentran entre abril y junio, durante la principal estación lluviosa de Ghana, cuando los árboles están floreciendo y comienzan a desarrollarse las vainas jóvenes.
Más adelante, entre noviembre y febrero, el problema se invierte. Durante este periodo seco, la escasez de precipitaciones puede dañar la cosecha mientras las vainas continúan su desarrollo.
Dos décadas de cosechas
Para identificar esta relación, el equipo utilizó dos décadas de datos de producción a escala de distrito procedentes de la Ghana Cocoa Board, la agencia gubernamental responsable del sector del cacao en el país.
Como durante ese periodo aumentó la producción por la incorporación de nuevas superficies al cultivo, las científicas eliminaron estadísticamente la tendencia de crecimiento a largo plazo de cada distrito. De este modo pudieron aislar las fluctuaciones de producción que se producían de un año a otro.
Después compararon esas variaciones con registros meteorológicos diarios y examinaron diferentes factores que podían estar detrás de ellas, entre ellos la precipitación media, los aguaceros intensos, las sequías, la humedad del suelo y las temperaturas extremas.
Los factores que mejor explicaron las variaciones observadas en Ghana fueron las lluvias intensas durante la principal temporada húmeda y la falta de precipitaciones durante la estación seca.
Los investigadores comprobaron después si se trataba de un fenómeno exclusivo de Ghana. Para ello analizaron los datos de Ecuador e Indonesia, dos importantes países productores de cacao situados en continentes diferentes.
El resultado mostró un comportamiento similar: los años en los que se registraron precipitaciones más intensas durante la temporada húmeda tendieron a presentar peores resultados para el cacao. El estudio concluye así que existe una respuesta negativa coherente frente a la lluvia intensa en las tres grandes regiones productoras analizadas.
El hallazgo cobra especial importancia porque el cacao sustenta el modo de vida de casi seis millones de pequeños agricultores en el mundo. Además, el estudio recuerda que cuatro países –Costa de Marfil, Ghana, Indonesia y Ecuador– concentran la gran mayoría de la producción mundial.
El hallazgo cobra especial importancia porque el cacao sustenta el modo de vida de casi seis millones de pequeños agricultores en el mundo
La inestabilidad de las cosechas también repercute sobre el mercado. Los precios del cacao en bruto se triplicaron en 2024, una volatilidad que termina trasladándose a los productos de chocolate a través de precios más elevados, tabletas de menor tamaño o modificaciones en determinadas formulaciones.
Anticipar los años de riesgo
Una de las principales implicaciones del estudio es que parte de estos daños puede ser previsible con meses de antelación. Las lluvias perjudiciales para el cacao están relacionadas con patrones climáticos a gran escala, entre ellos El Niño y las variaciones de la temperatura de la superficie del océano Atlántico.
Esta relación abre la posibilidad de identificar con antelación algunos años especialmente desfavorables y proporcionar avisos tempranos a los agricultores, de forma que dispongan de tiempo para adaptar determinadas prácticas.
La adaptación resulta especialmente importante porque la vulnerabilidad del cacao depende del momento concreto del ciclo de crecimiento en el que se producen las precipitaciones. El control de enfermedades, por ejemplo, puede organizarse en función de los periodos en los que existe mayor probabilidad de lluvias fuertes si los pronósticos proporcionan suficiente margen de preparación.
El equipo estudia actualmente cómo desarrollar esta capacidad de previsión. Entre las posibles medidas, Peter Huybers, autor principal del estudio y director del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias de Harvard, apunta a aumentar la cobertura vegetal que protege las flores del impacto de las gotas de lluvia.
Otra posibilidad sería conservar una mayor cantidad de hojarasca sobre el suelo, con el objetivo de reducir las salpicaduras capaces de transportar infecciones desde el terreno hasta las vainas del cacao.
El trabajo también advierte de que los cambios futuros en la intensidad y distribución temporal de las precipitaciones asociados al cambio climático podrían modificar los riesgos para el cultivo. Sin embargo, los actuales modelos climáticos todavía tienen dificultades para representar adecuadamente el régimen de lluvias de África Occidental y, por tanto, para determinar con precisión cómo evolucionará durante las próximas décadas.
En Ghana, factores como el envejecimiento de los árboles, la minería de oro, el contrabando, el coste de los fertilizantes, las plagas y las enfermedades también pueden reducir las cosechas
Las investigadoras/es reconocen además que el clima no explica por sí solo todos los problemas que afectan a la producción. En Ghana, factores como el envejecimiento de los árboles, la minería de oro, el contrabando, el coste de los fertilizantes, las plagas y las enfermedades también pueden reducir las cosechas.
A ello se suma una limitación relacionada con los propios registros meteorológicos: los datos de precipitación no siempre captan correctamente los aguaceros más intensos, precisamente los fenómenos que resultan especialmente relevantes para establecer su relación con las pérdidas de cacao.
Pese a estas limitaciones, el estudio amplía la comprensión de la amenaza climática sobre el cacao. Su futuro no depende únicamente de cómo aumenten las temperaturas o de la disponibilidad media de agua, sino también de cuándo llueve, con qué intensidad lo hace y en qué fase del desarrollo del cultivo se producen esos episodios extremos.
Referencias
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