Las aguas del mar Mediterráneo no solo son cada vez más cálidas y saladas: además, cambian más deprisa con cada década que pasa. Esa aceleración ya no se limita a la superficie, sino que se propaga hacia las profundidades, hasta miles de metros bajo el nivel del mar, según ha constatado un estudio que ha analizado 75 años de mediciones en toda la cuenca.

Sumario

 

El trabajo, firmado por los oceanógrafos Elena Terzić e Ivica Vilibić, del Instituto Ruđer Bošković de Zagreb (Croacia), se ha publicado este miércoles en la revista Geophysical Research Letters, de la Unión Geofísica Americana (AGU) (1). Sus autores han concluido que el calentamiento y la salinificación –el aumento de la sal disuelta en el agua– no solo continúan, sino que se aceleran.

 

Un cambio cada vez más rápido

 

Los dos investigadores –Vilibić trabaja también en el Instituto de Cultivos Adriáticos y Recuperación Kárstica de Split– ya habían documentado un calentamiento y una salinificación sin precedentes en las aguas profundas del sur del Adriático. También habían detectado bolsas de agua superficial inusualmente salada en todo el Mediterráneo, un fenómeno que antes solo se conocía en su extremo oriental.

Lo que nos ha parecido alarmante es la velocidad a la que esto está cambiando y las profundidades que alcanzan cambios tan significativos

ELENA TERZIĆ, oceanógrafa del Instituto Ruđer Bošković

“Lo que nos ha parecido alarmante es la velocidad a la que esto está cambiando y las profundidades que alcanzan cambios tan significativos”, ha afirmado Terzić, autora principal del estudio, en declaraciones difundidas por la AGU. Según la investigadora, el calentamiento y la salinificación son estadísticamente significativos hasta los 3.000 o 4.000 metros, y la aceleración llega hasta unos 2.500 metros.

Para comprobarlo, los autores han reunido las mediciones de temperatura y salinidad tomadas entre 1950 y 2025 por buques oceanográficos y por flotadores robóticos –las boyas del programa internacional Argo– en todo el Mediterráneo. Con esos datos han comparado el siglo XX con el XXI y han calculado no solo cuánto cambia el agua, sino si ese ritmo aumenta.

La respuesta es afirmativa. En algunas regiones, el calentamiento se acelera hasta 0,3 °C por década, cada década, y cada kilogramo de agua se vuelve alrededor de una décima de gramo más salado por década, también cada década.

Desde el año 2000, las aguas superficiales del Mediterráneo se han calentado a razón de medio grado por década, entre dos y tres veces más rápido que la superficie del océano global. En la segunda mitad del siglo XX, la mayor parte de la cuenca se calentaba a menos de una décima de grado por década.

El calor avanza de arriba abajo. En los últimos años, la temperatura de los primeros 100 metros ha superado en unos 2,04 °C la media de 1950-1999; entre 100 y 300 metros, en 1,13 °C, y entre 300 y 1.000 metros, en 0,62 °C. La señal sigue siendo detectable entre 1.000 y 2.000 metros de profundidad, con unos 0,21 °C.

Cuanto más profunda es la capa, más tarde aparece ese calentamiento persistente, lo que indica que el calor se propaga hacia abajo. En la superficie del Mediterráneo noroccidental, el ritmo medio de calentamiento entre 1950 y 2025 ha superado localmente los 0,30 °C por década, el más alto de toda la cuenca.

 

El Adriático, la zona más afectada

 

La aceleración es mayor en el Mediterráneo central y oriental y alcanza su máximo en el mar Adriático, donde llega hasta el fondo marino. A 1.000 metros de profundidad, el sur de este mar registra la mayor aceleración tanto del calentamiento –unos 0,23 °C por década, cada década– como de la salinidad.

Sigue formándose agua densa, pero tenemos indicios de que la forma en que se genera está cambiando, y el agua que se hunde es ahora más cálida y salada que antes

ELENA TERZIĆ, oceanógrafa del Instituto Ruđer Bošković

“Sigue formándose agua densa, pero tenemos indicios de que la forma en que se genera está cambiando, y el agua que se hunde es ahora más cálida y salada que antes”, ha explicado Terzić. Esa agua densa es clave: las diferencias de densidad son las que impulsan la circulación profunda del mar.

El calor hace el agua más ligera y la sal, más pesada. Como ambos aumentan a la vez, la densidad del Mediterráneo ha cambiado mucho menos que su temperatura o su salinidad. En la mayor parte de la cuenca domina el calentamiento, de modo que la superficie se vuelve más ligera y se mezcla peor con el agua de debajo.

El Adriático es uno de los pocos lugares del Mediterráneo donde los vientos fríos del invierno vuelven el agua superficial lo bastante densa como para hundirse. Esa agua se extiende después hacia el centro y el este del Mediterráneo y lleva a las profundidades el oxígeno que sostiene la vida marina.

Por ahora, la sal añadida compensa el calentamiento y el agua sigue hundiéndose, pero arrastra ese calor hacia el fondo. Desde el año 2000, las aguas profundas del sur del Adriático se han calentado unas seis veces más rápido que las de una cuenca mediterránea típica. Si ese equilibrio se mantendrá es una de las preguntas abiertas del estudio.

El comportamiento no es igual en todo el mar. En la cuenca levantina, en el extremo oriental, el agua superficial se enfrió a mitad del periodo analizado y después se ha calentado con rapidez. En cambio, el sur del mar Egeo muestra una ligera aceleración negativa, que los autores vinculan a la herencia del Transitorio del Mediterráneo Oriental, un episodio que alteró la formación de aguas profundas.

El estudio no ha medido el oxígeno, pero el agua más cálida retiene menos, y ya se han documentado descensos de oxígeno en partes del Mediterráneo. Además, las especies marinas que tratan de escapar del calor se están quedando sin refugios: el mar está cerrado por el norte y el agua profunda también se calienta.

 

Una advertencia para los océanos

 

Los océanos han absorbido más de una cuarta parte del dióxido de carbono emitido por la humanidad y más del 90 % del exceso de calor atrapado por los gases de efecto invernadero, lo que ha mantenido el clima de la Tierra más suave de lo que sería. El Mediterráneo muestra la rapidez con la que un mar puede responder a esa carga.

El Mediterráneo es lo bastante pequeño como para ver cómo responde un mar en escalas de tiempo que podemos presenciar nosotros mismos

ELENA TERZIĆ, oceanógrafa del Instituto Ruđer Bošković

“El Mediterráneo es lo bastante pequeño como para ver cómo responde un mar en escalas de tiempo que podemos presenciar nosotros mismos, y lo que vemos es un cambio sin precedentes”, ha subrayado Terzić. Sus aguas circulan entre el fondo y la superficie unas diez veces más deprisa que en el océano abierto.

Por eso, según los autores, la cuenca ofrece una señal temprana de lo rápido que pueden transformarse océanos más grandes, y las previsiones basadas en un cambio constante –lineal– subestiman esa velocidad. El estudio subraya que tener en cuenta que el ritmo de cambio varía con el tiempo es esencial para proyectar la respuesta del océano al calentamiento global.

Los investigadores quieren averiguar ahora qué impulsa la aceleración: cuánto se debe a la atmósfera, a los cambios en la evaporación, la lluvia y el caudal de los ríos, y a la entrada de agua atlántica por el estrecho de Gibraltar. También estudiarán si los modelos climáticos actuales reproducen esa aceleración, algo que decide hasta qué punto son fiables sus proyecciones para la región.

El trabajo reconoce, además, una limitación: como la mayoría de las recopilaciones de datos del Mediterráneo, apenas incluye mediciones de la costa de Túnez y Argelia. Los autores consideran que su efecto sobre los resultados a escala de cuenca es probablemente menor, pero que esa laguna pesa más para estudiar los nutrientes y las pesquerías de una región de gran importancia ecológica y económica.

Es una advertencia de lo rápido que puede cambiar el océano, y continuará mientras nuestras economías sigan dependiendo de los combustibles fósiles

ELENA TERZIĆ, oceanógrafa del Instituto Ruđer Bošković

“Es una advertencia de lo rápido que puede cambiar el océano, y continuará mientras nuestras economías sigan dependiendo de los combustibles fósiles”, ha concluido Terzić. Sus palabras resumen la principal lección del estudio: el Mediterráneo no cambia a un ritmo constante, sino cada vez más rápido, y lo hace desde la superficie hasta las aguas profundas.

 

Referencias

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