La guerra civil que estalló en Sudán hace tres años ha dejado en Jartum una profunda crisis ambiental que amenaza con prolongar sus efectos sobre la salud de la población incluso después de que los combates se hayan desplazado fuera de la capital. Tras regresar hace unos meses para realizar una evaluación ambiental, Mouna Zein, subdirectora de la Oficina del PNUMA en Sudán, encontró contaminación, aguas residuales, ecosistemas degradados y posibles sustancias tóxicas procedentes de instalaciones destruidas por el conflicto.
Una ciudad ambientalmente devastada
Uno de los ejemplos más visibles es el Bosque Sunut, un espacio de seis kilómetros cuadrados situado en Jartum que durante más de un siglo había funcionado como refugio para aves migratorias y habitantes de la capital y como barrera natural frente a las inundaciones del cercano Nilo Blanco. Declarado reserva de vida silvestre en 1939, el bosque ha quedado ahora reducido a numerosos troncos después de que residentes necesitados de combustible talaran sus acacias para obtener leña.
La capital sudanesa, que tenía unos ocho millones de habitantes, aparece ahora cubierta de escombros, con aguas residuales sin tratar acumuladas en las calles y restos humanos descomponiéndose en el Nilo, la principal fuente de agua potable de la ciudad
La destrucción del bosque forma parte de una crisis ambiental mucho más amplia que afecta al gran Jartum desde el comienzo de la guerra civil. La capital sudanesa, que tenía unos ocho millones de habitantes, aparece ahora cubierta de escombros, con aguas residuales sin tratar acumuladas en las calles y restos humanos descomponiéndose en el Nilo, la principal fuente de agua potable de la ciudad.
Aunque los combates se han desplazado fuera de Jartum, el PNUMA advierte de que este legado tóxico puede seguir enfermando y causando muertes durante años. La situación muestra cómo la degradación ambiental provocada por una guerra puede aumentar todavía más el sufrimiento de una población que ya soporta las consecuencias directas del conflicto.
Zein regresó a Jartum hace unos meses para participar en una evaluación ambiental, después de no haber pisado su ciudad natal desde 2023. Ese año había huido con su esposo y sus tres hijos hacia El Cairo, en un viaje de cuatro días en el que la familia llevó consigo lo que pudo guardar en dos bolsas.
A su vuelta encontró la que había sido una ciudad bulliciosa convertida prácticamente en una ciudad fantasma, con edificios residenciales y oficinas bombardeados y apenas algunas luces encendidas. Sin embargo, además de los destrozos urbanos que esperaba encontrar, la responsable del PNUMA destaca especialmente la magnitud de la destrucción ambiental causada durante el conflicto.
Agua contaminada y riesgos sanitarios
Entre los espacios afectados se encuentra el Jardín Botánico Nacional de Jartum, que albergaba especies vegetales amenazadas como el árbol Sangre de Dragón –Dracaena cinnabari– y que ha quedado arrasado. Al mismo tiempo, los charcos de aguas dulces y residuales estancadas se han convertido en zonas de reproducción de mosquitos transmisores de la malaria.
La situación ambiental también plantea interrogantes sobre la contaminación industrial. Fábricas quemadas permanecen repartidas por la ciudad y, según la evaluación expuesta por Zein, muy probablemente han liberado sustancias químicas tóxicas que pueden haber alcanzado el aire, el agua y el suelo. A ello se suma el deterioro del Bosque Sunut y la consiguiente pérdida de protección natural frente a las inundaciones.
La reconstrucción de la capital no puede limitarse a sus edificios e infraestructuras, necesita afrontar los problemas de contaminación y degradación de los ecosistemas generados o agravados por la guerra
El PNUMA considera que reparar estos daños será fundamental para el futuro de Jartum y, por extensión, para Sudán, un país de alrededor de 50 millones de habitantes. La reconstrucción de la capital no puede limitarse por tanto a sus edificios e infraestructuras, sino que necesita afrontar también los problemas de contaminación y degradación de los ecosistemas generados o agravados por la guerra.
El primer paso de la recuperación, según plantea Zein, deberá ser el restablecimiento de los servicios de agua y saneamiento. Recuperar estos sistemas permitiría reducir el vertido de contaminantes al entorno y afrontar uno de los principales riesgos ambientales y sanitarios presentes actualmente en la capital sudanesa.
Después, Jartum deberá recuperar algunos de sus ecosistemas esenciales, entre ellos las riberas fluviales, los bosques y las llanuras aluviales. La restauración de estos espacios contribuirá a reducir el riesgo de inundaciones y otros desastres, recuperando funciones naturales que se han debilitado como consecuencia de la degradación sufrida durante el conflicto.
Reconstruir también el medio ambiente
La tercera prioridad señalada es preparar la ciudad frente a futuras amenazas ambientales, incluido el cambio climático. Para ello, el PNUMA plantea recurrir a una planificación basada en los riesgos, disminuir la presión sobre los ecosistemas e invertir en soluciones basadas en la naturaleza que ayuden a reforzar la capacidad de respuesta de Jartum.
Desplazamiento de alrededor de 12 millones de personas, mientras que unos 21 millones de habitantes afrontan inseguridad alimentaria
La crisis ambiental se desarrolla, además, en medio de las graves consecuencias humanitarias de la guerra civil. El conflicto, marcado por informes sobre asesinatos masivos, ha provocado el desplazamiento de alrededor de 12 millones de personas, mientras que unos 21 millones de habitantes afrontan inseguridad alimentaria, según los datos recogidos por el PNUMA.
En este contexto, la protección ambiental podría parecer una cuestión secundaria frente a las necesidades inmediatas de una población golpeada por la guerra. Sin embargo, el organismo de Naciones Unidas sostiene que la recuperación del medio ambiente forma parte de la reconstrucción del país, ya que los conflictos y la degradación ecológica pueden reforzarse mutuamente y generar un ciclo que prolonga los daños sufridos por las comunidades.
Los efectos ambientales registrados en otros conflictos, desde los depósitos de petróleo bombardeados en Irán, que provocaron precipitaciones de lluvia negra tóxica, hasta la liberación de asbesto tras la destrucción de edificios en Ucrania y los daños a los sistemas de saneamiento en la Franja de Gaza
El problema, además, no es exclusivo de Sudán. La declaración del PNUMA recuerda los efectos ambientales registrados en otros conflictos, desde los depósitos de petróleo bombardeados en Irán, que provocaron precipitaciones de lluvia negra tóxica, hasta la liberación de asbesto tras la destrucción de edificios en Ucrania y los daños a los sistemas de saneamiento en la Franja de Gaza.
Para el PNUMA, Jartum no puede recuperar su funcionamiento normal mientras las aguas residuales continúen extendiéndose por las calles o la degradación de sus defensas naturales aumente su vulnerabilidad ante las inundaciones. Por ello, la reconstrucción deberá abordar simultáneamente las consecuencias sociales, urbanas y ambientales de tres años de guerra.
La organización concluye que el camino hacia una paz duradera en Sudán tendrá que incorporar también la reparación de las heridas ambientales que deja el conflicto. Restaurar el saneamiento, recuperar los ecosistemas y reducir los riesgos futuros forman así parte de una reconstrucción destinada no solo a rehabilitar Jartum, sino también a proteger la salud y la seguridad de su población a largo plazo.
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