Las altas temperaturas dejan 5.232 muertes en España en lo que va de 2026, la cifra más alta desde que en 2015 arranca la serie del sistema de monitorización de la mortalidad diaria (MoMo), la herramienta con la que el Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III vigila el impacto del calor sobre la población.
De ese total, 2.147 defunciones corresponden a agosto –con datos todavía provisionales– y 2.025, a julio. Son las estimaciones que recoge este lunes el panel público de MoMo, el sistema que sostiene la vigilancia sanitaria del Plan Nacional frente al exceso de temperaturas.
La cifra de 2026 supera el registro del año hasta ahora más letal de la serie, 2022, cuando el sistema estimó 4.789 defunciones atribuibles al exceso de temperatura, y queda muy por encima de las 3.832 de 2025, que ocupaba el segundo lugar.
Entre 2015 y 2025, MoMo acumula 27.564 defunciones atribuibles a las altas temperaturas en el conjunto del país. El propio Plan Nacional de Actuaciones Preventivas advierte de que esas estimaciones son heterogéneas entre comunidades y provincias y de que se concentran, sobre todo, en los mayores de 75 años.
Agosto, el mes más letal
Agosto se perfila como el tramo más duro del episodio de calor de este año. Las 2.147 defunciones estimadas hasta este lunes se aproximan a las 2.172 de agosto de 2025, que sigue siendo por ahora el mes de agosto con mayor mortalidad atribuible de toda la serie.
El dato es provisional. MoMo aplica una corrección por retraso sobre las defunciones notificadas en los últimos 28 días, de modo que las cifras de los días más recientes se revisan de forma retroactiva a medida que llegan los registros civiles. El retraso medio de notificación se sitúa en cuatro días.
Julio ya había cerrado con 2.025 defunciones atribuibles al calor, prácticamente el doble de las 1.060 estimadas en julio de 2025. Solo julio de 2022, con 2.217, mantiene una cifra superior dentro de la serie.
El panel sitúa además en 8.221 el exceso de defunciones por todas las causas contabilizado desde el 15 de mayo, fecha en la que arranca el periodo estival que utiliza el sistema. Una parte muy mayoritaria de ese exceso se asocia al efecto de la temperatura.
Conviene precisar qué mide exactamente la monitorización de la mortalidad diaria. MoMo no contabiliza muertes certificadas por golpe de calor, sino que estima estadísticamente cuántas defunciones se apartan de lo esperado y qué proporción de esa desviación se explica por la temperatura, mediante un modelo aditivo generalizado de Poisson.
Para ello cruza tres fuentes: las defunciones diarias por todas las causas del INE y de los registros civiles informatizados que gestiona el Ministerio de Justicia –que cubren en torno al 94 % de la población–, las temperaturas máximas y mínimas provinciales facilitadas por la AEMET y los datos de población por edad, sexo y provincia.
Los mayores de 85, más golpeados
El impacto no se reparte de forma homogénea. De las 5.232 defunciones estimadas en 2026, 5.048 corresponden a personas mayores de 65 años, es decir, la práctica totalidad del cómputo.
El grupo más castigado es el de los mayores de 85 años, con 3.256 fallecimientos, el 62 % del total. Por sexos, las mujeres concentran el 60 % de las defunciones atribuibles al calor.
El propio sistema advierte de que la suma de los subgrupos por edad y sexo puede no coincidir con la cifra global, porque la corrección por retraso se ejecuta de forma independiente para cada uno de ellos y porque un pequeño porcentaje de defunciones llega sin información sobre el sexo.
El Plan Nacional del Ministerio de Sanidad identifica como grupos de mayor riesgo a las personas mayores de 65 años, los lactantes y menores de cuatro años, las mujeres gestantes y quienes padecen enfermedades cardiovasculares, respiratorias, mentales o crónicas, además de las personas sometidas a determinados tratamientos médicos.
A esos factores personales se suman otros ambientales y sociales: vivir en soledad, el sinhogarismo, las condiciones económicas desfavorables, las viviendas que alcanzan temperaturas interiores excesivas o la exposición por motivos laborales, deportivos o de ocio.
La magnitud del efecto está cuantificada. Según el cálculo del Instituto de Salud Carlos III para la serie 2000-2009 que incorpora el Plan, el riesgo de mortalidad atribuible a las olas de calor crece entre un 9,1 % y un 10,7 % por cada grado que la temperatura supera el umbral de impacto en salud de cada provincia.
El verano más cálido desde 1961
El balance sanitario coincide con una temporada de récords térmicos. El avance climático de julio de 2026 de la AEMET cifra la temperatura media del mes en 25,7 grados en la España peninsular, 2,6 grados por encima del promedio de referencia 1991-2020.
Ese registro empata con julio de 2022 y convierte al mes en el más cálido de toda la serie histórica, no solo frente al resto de julios, sino frente a cualquier mes del año. Fue también el julio más seco desde el inicio de la serie en 1961, con apenas 4,6 litros por metro cuadrado, el 26 % de lo normal.
Para el conjunto del verano climatológico –del 1 de junio al 31 de agosto–, la agencia da por prácticamente seguro que 2026 será el más cálido registrado en la España peninsular, con una anomalía de 2,5 grados sobre el promedio 1991-2020. Por detrás quedarían 2025, con 2,2 grados, y 2022, con 2,1.
El periodo comprendido entre enero y agosto también apunta al más cálido de la serie para el conjunto de España, con una diferencia amplia respecto a 2024, que ocupa provisionalmente el segundo puesto. Es una señal más de la aceleración que el cambio climático imprime a los extremos térmicos.
Frente a ese escenario, el Plan Nacional permanece activo entre el 16 de mayo y el 30 de septiembre, con un criterio de flexibilidad que permite el seguimiento quince días antes y quince días después. El dispositivo está desagregado en 182 zonas de meteosalud definidas a partir de las áreas de predicción de la AEMET.
Sobre esa base se emiten cuatro niveles de riesgo –verde, amarillo, naranja y rojo–, calculados con un algoritmo que compara la temperatura máxima prevista con el umbral de impacto en salud durante tres días consecutivos. Los umbrales se han recalculado con la serie 2012-2023, descartando 2020 y 2021 por las anomalías de mortalidad de la pandemia.
El sistema se completa con el índice Kairós, que anticipa el riesgo de mortalidad para el día en curso y los cuatro siguientes. Sus tres niveles se activan cuando la probabilidad de un exceso del 10 % en la tasa de mortalidad atribuible al calor queda por debajo del 40 %, entre el 40 % y el 60 %, o por encima de ese umbral.
El Plan Nacional cumple este año su vigésimo segunda edición. Nació en 2004, después de que las olas de calor del verano de 2003 dispararan la mortalidad en toda Europa y pusieran de manifiesto el impacto sanitario de los extremos térmicos.
El balance definitivo de la campaña llegará con el informe final de temporada que Sanidad publica tras el 30 de septiembre, con la situación climatológica del verano, los niveles de riesgo activados, las estimaciones de MoMo y la mortalidad codificada específicamente como exposición al calor natural excesivo.
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