Dicen que no hay mal que por bien no venga. Y por suerte o por desgracia, es cierto. Lo que es negativo para algo o alguien siempre es positivo para otra persona, problema, sector o actividad. La epidemia de coronavirus detectada hace un par de meses en Wuhan (China) y que se ha extendido a los cinco continentes matando a casi 3.300 personas y cientos de miles de infectados y la paralización de numerosas actividades de todo tipo que ha provocado están contribuyendo a una sustancial caída de los niveles de contaminación, especialmente en el país más afectado, el gigante asiático.

En el país más poblado del planeta, la segunda economía global y probablemente la nación con peores niveles de calidad del aire en sus ciudades, esta ha empezado a mejorar de forma rápida y notoria. Con ciudades enteras paralizadas, como la misma Wuhan; empresas cerradas, población confinada en sus casas y miles de vuelos y otros medios de transporte suspendidos, los satélites de la NASA y la ESA (agencias espaciales estadounidense y europea, respectivamente) han verificado un fuerte descenso entre enero y febrero de los niveles de dióxido de nitrógeno (NO2) en el aire de China.

"Hay evidencias de que el cambio está relacionado, al menos en parte, con la desaceleración económica que siguió al brote de coronavirus", afirman ambas agencias en un comunicado. "La tasa de reducción es más significativa que en años anteriores [las fechas coinciden con el Año Nuevo chino, periodo habitual de vacaciones] y ha durado más", aportó Fei Liu, investigadora de la calidad del aire en el Centro Espacial Goddard de la NASA. 

Además, la ralentización de la actividad industrial y comercial en China ha producido una caída de al menos un 25% en sus emisiones de dióxido de carbono en las dos semanas que siguieron a las vacaciones del Año Nuevo chino (fines de enero), según ha constatado un estudio de Lauri Myllyvirta, del Centro de Investigación en Energía y Aire Limpio (CREA) de Estados Unidos. El 23 de enero el Gobierno chino paralizó el transporte desde y hacia Wuhan, el foco de la epidemia, y ordenó el cierre de todos los negocios locales. La actividad de la industria manufacturera de China ha registrado en febrero su peor cifra desde 2005.

Exportación de ajos

Durante las últimas tres semanas de febrero, China emitió 150 millones de toneladas métricas (mtm) de CO2 menos que durante el mismo período el año pasado. Y 150 mtm es más o menos el equivalente a todo el dióxido de carbono que la ciudad de Nueva York emite durante un año. Una reducción del 25% de las emisiones de China, el país mayor emisor del mundo, equivale a una reducción del 6% de las de todo el planeta. Otras cuarentenas y cierres de fronteras decretados en otros países, como Italia, Isreal o Japón, también han contribuido, aunque de forma menos notoria, al descenso de emisiones. 

El frenazo económico chino, la fábrica del planeta, arrastra a la actividad del resto del mundo. La epidema del virus bautizado como Covid-19 ha generado ya una contracción del 2% en la producción del país durante el último mes y como consecuencia de ello ha causado ya unas pérdidas estimadas en 50.000 millones de dólares (unos 43.000 millones de euros) a la economía mundial, revela un estudio publicado el miércoles por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo https://unctad.org/es/paginas/Home.aspx (UNCTAD, en sus siglas en inglés). Según la OCDE, el impacto de la enfermedad podría reducir a la mitad el crecimiento de la economía mundial en 2020 y bajarlo al 1,5%.

Así, el consumo de petróleo habrá experimentado este primer trimestre de 2020 el mayor recorte de la historia. En los primeros tres meses del año, será unos 3,8 millones de barriles diarios más bajo que en el mismo período del año anterior. “Nunca se había registrado una caída similar desde que hay registros”, dijo Jim Burkhard responsable de mercados de esta la consultora IHS Markit, autora del estudio que ha arrojado esta cifra. La bajada de la demanda que tuvo lugar en el primer trimestre del 2009, en pleno auge de última crisis financiera, no llegó a los 3,6 millones de barriles diarios.

Una vez más, lo que perjudica a unos beneficia a otros, como es el caso de los productores de mascarillas protectoras, que no dan abasto en todos los países que las fabrican. Algunos sectores favorecidos son inesperados: España, mayor productor de ajo en Europa, está empezando a vender sus stocks a precios muy mejorados gracias a la demanda extranjera porque el mayor productor mundial, China que copaba más del 80% del mercado global, no puede ni producir ni exportar por el coronavirus.