El acuerdo de comercio firmado entre Mercosur y la UE en Asunción abre la puerta a un libre mercado de unos 720 millones de personas que concentran alrededor del 25% del PIB mundial.
Pero tras este inmenso acuerdo económico subyacen varias reticencias desde varios países de la UE y en algunos sectores de la sociedad.
Qué es Mercosur y su relación comercial con la UE
Acuerdo entre Mercosur y la UE / Infografía: EA Mercosur es la principal agrupación comercial de Sudamérica. Está compuesta por cuatro países fundadores (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), junto a los que estuvo un tiempo Venezuela, cuya pertenencia fue suspendida hace diez años, y Bolivia, aunque la nación andina aún no ha completado su convergencia con Mercosur. Esta agrupación supone un mercado común de más de 275 millones de personas y una oportunidad comercial de primer nivel.
De hecho, la UE ya mantiene un importante flujo comercial con Mercosur, estimado en un importe de unos 111.000 millones en ambos sentidos: 56.000 millones de importaciones desde Mercosur y unas exportaciones de 55.200 millones. La mayor parte de esta cantidad se genera con Brasil, que abarca en torno al 80% de la cantidad. En los últimos años este importe ha crecido y se espera que lo haga en mayor medida cuando el tratado se ponga en funcionamiento.
España es uno de los principales socios comerciales de los países de Mercosur donde, en 2024, importó productos por un valor de 10.481 millones de euros, frente a unas exportaciones por un montante de 4.705 millones de euros. De nuevo la mayor parte de este importe comercial corresponde a las relaciones mantenidas con Brasil.
Las claves del acuerdo y sus implicaciones económicas
El acuerdo supone la consecución de la mayor zona de libre comercio del mundo. Tras el inicio de las conversaciones en 1999, el acuerdo político al que se llegó en 2019 y la concreción de un texto entre ambas partes en 2024, finalmente se ha rubricado en Asunción la firma que pone en marcha el tratado, cuya clave está en la eliminación o reducción de los aranceles.
Se espera que se eliminen los aranceles en las exportaciones de la UE y que los aranceles europeos sobre los bienes del Mercosur se reduzcan al menos en un 90%, un descenso mutuo que se aplicará de manera gradual durante los próximos quince años con un descenso impositivo que puede alcanzar los 4.000 millones de euros al año. Esta apertura comercial provocará una mayor oferta de productos en ambos partes del pacto y unos precios más competitivos.
España ha sido, en todo momento, una firme defensora del acuerdo, consciente de su importante papel geopolítico en América Latina y de la importante apertura comercial que supone dicho acuerdo, además de reducir la creciente dependencia del comercio con China.
Los sectores más afectados
Según el perfil de importaciones y exportaciones de ambos mercados, hay varios sectores de la economía nacional que pueden verse beneficiados o perjudicados por el acuerdo.
Los principales sectores beneficiados serían los que generan bienes elaborados y maquinaria. Así, entre las principales exportaciones a Mercosur se encuentran maquinaria, equipos de transporte e industria automovilística y todo tipo de productos químicos y farmacéuticos. Otros sectores que ven la apertura a Sudamérica como una gran oportunidad de mercado son el aceite de oliva y el vino.
Por el contrario, hay sectores que pueden verse seriamente afectados por el incremento de competencia que supondrá el acuerdo, especialmente entre materias primas e industria alimentaria. Entre las primeras se encontrarían varios minerales y el sector papelero, mientras que en el segundo caso se hallan varios tipos de productos agrícolas y ganaderos como la soja, azúcar, cereales o la carne de vacuno y ave.
Las reticencias al acuerdo
Las reticencias al acuerdo Mercosur / Infografía: EA El largo proceso de negociación que llevó hasta dicho acuerdo mantuvo el rechazo de varios países europeos hasta el final. De hecho, la votación definitiva de la UE para dar luz verde al tratado recibió la negativa de Francia, Polonia, Austria, Hungría e Irlanda y la abstención de Bélgica. Italia, que rechazaba el acuerdo con Mercosur, cambió su decisión en el último momento, modificación decisiva para lograr la mayoría requerida.
En la sociedad se han levantado varias voces contra las condiciones de este acuerdo. Por un lado se encuentran varias organizaciones medioambientales que temen que se acelere la degradación y destrucción de la selva amazónica para favorecer la producción de papel y pastos para ganado.
Pero la mayor parte de las protestas se han concentrado entre los agricultores europeos, que han tomado capitales como París durante sus manifestaciones o han cortado carreteras. Los principales puntos de disputa se centran en dos cuestiones: el menor precio de los productos de Mercosur y el temor a unos estándares menos estrictos que los seguidos por sus productos.
El menor coste de producción de los productos sudamericanos y el miedo a unas condiciones menos exigentes en el entorno laboral, en la calidad de sus productos y en las exigencias sanitarias exigidas han generado una ola de protestas en Europa. Con la intención de amortiguar estos efectos, el tratado incluye un mecanismo de salvaguardia que paralizaría los efectos del acuerdo si hubiera fluctuaciones de precio superiores al 5% en algún producto o si las importaciones crecieran durante tres años con una media superior al 5%. Antes del acuerdo final, ambos valores rondaban el 8%, pero se acordaron números más restrictivos con la intención de limitar las protestas y con la duda de si se harán realmente efectivas en caso de ser necesarias.



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