En Palanca, el paso más remoto de toda la frontera, las tiendas de campaña se alinean en un descampado a pocos kilómetros de Odesa. Es la última parada de un viaje de diez días por cinco fronteras de la guerra en Ucrania, y también la de un país que teme ser el siguiente.
Se cumplen 83 días de guerra. El ejército ucraniano avanza en su contraofensiva alrededor de Járkov y las tropas rusas retroceden hacia la frontera, mientras Suecia anuncia que pedirá el ingreso en la OTAN, como Finlandia: ambos países ponen fin a una larga tradición de no alineamiento. Moscú avisa de que la adhesión no es un problema si no viene acompañada de refuerzos militares; si los hay, será un "grave error", advierte el viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Riabkov. El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR)(1) contabiliza a 16 de mayo 6.266.844 refugiados. De ellos, 464.294 han entrado por Moldavia: el país que más ha acogido en proporción a su población.
Fotogaleria del éxodo desde Ucrania en la frontera de Moldavia: Palanca
Entre el 19 y el 28 de marzo, EcoAvant.com recorrió por carretera los principales pasos fronterizos de cinco de los siete países que lindan con Ucrania: Medyka (Polonia), Vel’ke Slemence (Eslovaquia), Beregsurány (Hungría), Siret (Rumanía) y Palanca (Moldavia). Esta es la quinta y última entrega de la serie. Sus escenas corresponden a los últimos días de marzo; sus cifras, a mediados de mayo.
Mapa del éxodo desde Ucrania en la frontera de Moldavia: Palanca / Gráfico: EA
De las bombas de Mykolaiv a los pabellones de MoldExpo
Inga Nicolaev, de 30 años, con su hija de 7 en un pabellón de MoldExpo, en Chisináu (Moldavia) / Foto: FFM - EA
Llevamos unas horas en Chisináu, la capital. En MoldExpo, un recinto ferial habilitado para atender a los refugiados, un pabellón se ha llenado de mamparas que reparten el suelo en cubículos para dar algo de intimidad. En la mesa de entrada atienden dos voluntarias de 15 años que llevan semanas ayudando y que se llaman igual: Anastasia las dos.
Hay 354 camas y, aparte, tiene un salón de juegos, un departamento de psicólogos y asesoría sobre qué hacer
LAS DOS ANASTASIAS, voluntarias de 15 años en MoldExpo
"Hay 354 camas y, aparte, tiene un salón de juegos, un departamento de psicólogos y asesoría sobre qué hacer", explican. Alrededor, madres con niños pasean, un grupo hace una actividad en círculo y una decena de adolescentes juega al fútbol en las instalaciones exteriores.
Un niño ucraniano duerme profundamente en uno de los espacios habilitados en un pabellón de MoldExpo, en Chisináu (Moldavia) / Foto: FFM - EA
En otro pabellón encontramos a Inga Nicolaev, de 30 años, con su hija de 7. Llegaron hace tres días de Mykolaiv, la ciudad del sur de Ucrania situada entre Jersón y Odesa, a unos 400 kilómetros de aquí. Pasaron más de dos semanas en un refugio, muchas veces sin agua ni luz. Vinieron a Chisináu porque era el lugar más cercano donde tenían conocidos: unos amigos que esperan a su lado mientras hablamos. "Nos ha sido muy difícil venir hasta aquí porque no tenemos nada de dinero y dependemos de la ayuda que ahora nos den", dice entre lágrimas y con cierto pudor. En unos días viajará a la República Checa, donde unas amistades le han ofrecido alojamiento; allí buscará trabajo en lo suyo, el sector bancario. En Ucrania tenía "una vida estable muy normal".
Un día salimos unos instantes del refugio y un helicóptero que estaba volando cerca, muy cerca, tanto que pude ver en la cara de los pilotos que nos habían visto y que por suerte no nos atacaron
INGA NICOLAEV, 30 años, refugiada de Mykolaiv
"Un día salimos unos instantes del refugio y un helicóptero que estaba volando cerca, muy cerca, tanto que pude ver en la cara de los pilotos que nos habían visto y que por suerte no nos atacaron", relata. Entonces empieza a temblar junto a su hija y ambas rompen a llorar. Dejamos de preguntar.
Ocho personas, 70 metros y un baño: la casa de Ruslan
Ruslan Masnic en el salón de la casa de su madre, en Chisináu (Moldavia) / Foto: FFM - EA
Uno de esos amigos es Ruslan Masnic, de 39 años, con doble nacionalidad rumana y moldava, que vivía en Mykolaiv desde 2019. Al día siguiente nos recibe en el piso de su madre, en Chisináu, donde se aloja desde el estallido de la guerra. Salieron de Mykolaiv nada más empezar la invasión y tardaron más de 20 horas en llegar pasando por Odesa, un trayecto que normalmente se hace en menos de cinco. "La carretera estaba totalmente colapsada", recuerda.
La suegra de Ruslan Masnic se lamenta de las condiciones en las que se encuentran por la guerra de Ucrania / Foto: FFM - EA
En el piso viven ahora ocho personas en unos 70 metros cuadrados y un solo baño: él, su mujer –pediatra–, su hija de ocho meses, su madre, sus suegros de 76 y 81 años y, desde hace unos días, Inga Nicolaev y su hija. "Ella llamó a mi mujer y le dijo que quería irse de Ucrania porque estaba viviendo en un refugio. Sí, en un refugio durante dos semanas con su madre y su hija, sin agua y sin luz", cuenta en un inglés fluido, con la expresión de quien está extenuado.
Inga y su hija están fuertemente afectadas y traumatizadas. No pueden dejar de lado lo que vivieron durante los bombardeos. Piensan en ello a todas horas, durante todo el día y la noche. Ya han tenido varios ataques de pánico desde que están aquí
RUSLAN MASNIC, 39 años, refugiado de Mykolaiv en Chisináu
"Inga y su hija están fuertemente afectadas y traumatizadas. No pueden dejar de lado lo que vivieron durante los bombardeos. Piensan en ello a todas horas, durante todo el día y la noche. Ya han tenido varios ataques de pánico desde que están aquí", explica Masnic, convencido de que muchos de los que llegan necesitan ayuda psicológica, sobre todo quienes han pasado días en refugios.
Él trabaja en el negocio de los cigarrillos electrónicos y tampoco las tiene todas consigo: "Si quieres que sea sincero, espero lo mejor, pero me estoy preparando para lo peor porque creo que la ofensiva también puede llegar a Moldavia. Sí. Ya estoy preparado para dejar este país, si llegara el caso".
El suegro de Ruslan Masnic reflexiona sobre los efectos de la guerra: de pequeño quedó huérfano por la Segunda Guerra Mundial / Foto: FFM - EA
Yo nací al inicio de una guerra, y por lo que parece moriré al principio de otra
EL SUEGRO DE RUSLAN MASNIC, 81 años, huérfano de la Segunda Guerra Mundial
"Yo nací al inicio de una guerra, y por lo que parece moriré al principio de otra". Quien habla es el suegro de Masnic, de 81 años. Sus padres fueron asesinados durante la Segunda Guerra Mundial. Es un niño de aquella guerra sentado en el salón de otra.
Palanca: el paso más remoto de todos
Campo habilitado por las autoridades moldavas para las personas que escapan de la guerra de Ucrania, en Palanca (Moldavia) / Foto: FFM - EA
A un par de horas en coche desde Chisináu está Palanca. De todos los cruces en los que hemos estado, es con diferencia el más remoto. En un enorme terreno yermo se alinean las tiendas de campaña. El acceso está limitado a militares y refugiados, y el punto público de recepción queda unos metros más allá. Detrás, un descampado hace de estación de autobuses: furgonetas y autocares esperan para trasladar a los ucranianos mientras en un lateral se reparten bebidas, sopa y atención psicológica.
La doctora de Intersos Paola Giu explica en qué situación llegan las personas a Palanca (Moldavia) desde Ucrania / Foto: FFM - EA
Hay de todo, pero se repiten los síntomas: ansiedad, estrés… El método habitual es escucharlas y tratarlas. Se dan muchas valerianas y otros medicamentos para el dolor de cabeza o los ataques de pánico. No es fácil
PAOLA GIU, 30 años, médica de Intersos
"Hay de todo, pero se repiten los síntomas: ansiedad, estrés… El método habitual es escucharlas y tratarlas. Se dan muchas valerianas y otros medicamentos para el dolor de cabeza o los ataques de pánico. No es fácil", resume Paola Giu, médica de 30 años de la organización humanitaria Intersos(2). Su compañera Daniela Ionita, romana de 23 años, atiende en un puesto que funciona como gabinete psicológico: "Vienen jóvenes, mayores y niños. Es un flujo variado de personas". A pocos metros, dos bomberos franceses reparten pañales y juguetes.
Tres mujeres esperan un transporte en Palanca, en la frontera de Moldavia con Ucrania / Foto: FFM - EA
Queríamos salvarnos la vida
ALEKSANDRA, 39 años, refugiada de Jersón
"Queríamos salvarnos la vida". Lo dice, con brevedad y la mirada perdida en el horizonte, Aleksandra, una mujer de 39 años de Jersón, la ciudad que las tropas rusas tomaron en las primeras horas de la invasión y donde las explosiones no cesaban. Sus hijos salieron en coche hacia Italia y Polonia; ella lo hizo más tarde y ahora espera reunirse con ellos. "Me cuesta comunicarme con ellos. Hablamos poco", solloza, y se encoge de hombros: "Al menos sé que mi casa sigue en pie".
Aleksandra, refugiada de 39 años, ha abandonado su casa de Jersón por las bombas / Foto: FFM - EA
Entre la URSS y Bruselas: Moldavia, el vecino más frágil
Una de las poblaciones de Moldavia a las afueras de Chisináu / Foto: FFM - EA
Para llegar hasta aquí hemos cruzado el norte de Rumanía y atravesado un país que parece de otra época. Tras cada curva aparece un monumento soviético o una de sus icónicas paradas de autobús; el paisaje rocoso se llena de viñedos y algún bosque. Es una geografía que evoca a Syldavia, el reino imaginario que Hergé –Georges Prosper Remi– dibujó en El cetro de Ottokar mezclando Transilvania y Moldavia.
Moldavia es la excepción entre los vecinos de Ucrania que hemos visitado: no pertenece ni a la UE ni a la OTAN
Moldavia es la excepción entre los vecinos de Ucrania que hemos visitado: no pertenece ni a la UE ni a la OTAN. Las largas esperas en su frontera así lo evidencian. Con poco más de 2,5 millones de habitantes, limita al oeste con Rumanía y al norte, este y sur con Ucrania, y se declaró independiente en 1991, tras la disolución de la URSS, con las fronteras de la antigua República Socialista Soviética de Moldavia. El 80% de la población habla rumano; el 74% se declara moldava, el 7% rumana, el 6,5% ucraniana, el 4,5% gagauza –un grupo étnico turco– y el 4% rusa.
Al este del país, en la orilla oriental del río Dniéster, está Transnistria, con capital en Tiráspol, que se autoproclamó República Moldava del Dniéster y consolidó su separación en la guerra de 1992 con el apoyo de Moscú. No tiene reconocimiento internacional: es lo que se conoce como un conflicto postsoviético "congelado". Su Gobierno depende de los subsidios del Kremlin y la mayoría de sus ciudadanos son de origen ruso o ucraniano, según el informe de 2021 de Freedom House(3). Nada más empezar la guerra, la presidenta moldava, Maia Sandu, solicitó el ingreso en la Unión Europea, como Georgia y Ucrania, dos países con tropas rusas en su territorio; Transnistria pidió de inmediato a Bruselas que reconociera antes su independencia.
Una de las calles principales del centro de Chisináu, la capital de Moldavia / Foto: FFM - EA
El temor tiene fechas recientes. Los días 25 y 26 de abril, varias explosiones sacudieron un edificio oficial en Tiráspol, sin víctimas mortales. Según el Council on Foreign Relations(4), un think tank estadounidense de política exterior, "el Kremlin ha buscado obstinadamente expandir su control sobre los territorios postsoviéticos, desde la provincia separatista de Transnistria en Moldavia". Y el 10 de mayo, según CNN(5), la directora de Inteligencia Nacional de EE UU, Avril Haines, advirtió en el Congreso de que la guerra se volverá "más impredecible y escalada" en los próximos meses y de que la estrategia rusa podría incluir un corredor terrestre por el sur de Ucrania desde Crimea hasta Transnistria. La comparación de fuerzas no ayuda: el ejército moldavo cuenta con unos 6.000 soldados en activo y 12.000 reservistas, frente a los 7.500 efectivos de Transnistria, con capacidad para movilizar a 25.000 más.
El coronel Adrian Efros, jefe del departamento de logística del Estado Mayor General del Ejército Nacional de Moldavia / Foto: MoldPres
Existe cierto riesgo de que el conflicto en Ucrania se extienda al territorio de la República de Moldavia. Las autoridades estatales están preparadas para cualquier escenario
ADRIAN EFROS, coronel y responsable del Centro Único de Gestión de la Crisis de los Refugiados
"Existe cierto riesgo de que el conflicto en Ucrania se extienda al territorio de la República de Moldavia. Las autoridades estatales están preparadas para cualquier escenario", responde por correo electrónico a EcoAvant.com el coronel Adrian Efros, jefe del departamento de logística del Estado Mayor General y responsable del Centro Único para la Gestión de la Crisis de los Refugiados, creado el 28 de febrero(6). Matiza: "Por el momento no hay indicios evidentes de que exista el peligro de una inminente invasión del país". Y subraya la neutralidad: "Moldavia no tiene ningún papel en este conflicto. Es un estado neutral, lo que se ha enfatizado repetidamente al más alto nivel político".
Esa neutralidad, explica, no ha impedido la acogida: "Este estatus no impide que la República de Moldavia otorgue ayuda humanitaria a Ucrania, así como que reciba refugiados de su territorio en su territorio. Hasta el momento, más de 464.000 han atravesado el país, de los cuales nada menos que 90.000 se han quedado". El 24 de febrero, el Gobierno cerró el espacio aéreo y declaró el estado de emergencia, con un régimen especial de entrada y salida; los ucranianos pueden entrar con su documento de identidad interno y sin certificado covid-19, y los menores, con la partida de nacimiento. Hace menos de una semana, el secretario general de la ONU, António Guterres, viajó a Chisináu para "respaldar a los refugiados y agradecer personalmente a los moldavos y a todos los que les brindan asistencia".
Tatiana Tibuleac: "Ahora también tenemos nuestra guerra"
Tatiana Tibuleac, escritora nacida en Chisináu en 1978 y afincada en París / Foto: Editorial Impedimenta
La escritora Tatiana Tibuleac(7), nacida en Chisináu en 1978 y afincada en París, autora de El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes y El jardín de vidrio –publicadas en español por Impedimenta–, responde también por correo electrónico. Su mirada sobre el éxodo es menos épica que la de los discursos oficiales.
Para Moldavia no significará mucho. Ucrania está más desarrollada que Moldavia, los ucranianos no tienen motivos para quedarse allí después de la guerra
TATIANA TIBULEAC, escritora moldava afincada en París
"Para Moldavia no significará mucho. Ucrania está más desarrollada que Moldavia, los ucranianos no tienen motivos para quedarse allí después de la guerra. Europa es diferente, pero no tanto. Necesitamos entender una cosa: el término refugiados no describe una masa homogénea", escribe. "Solo tienen una cosa en común: todos huyen de la guerra. Aquí terminan las similitudes". Habla casi a diario con refugiados ucranianos en París: "No todos son pobres, no todos soñaban con llegar a Europa a toda costa. La gran mayoría de los refugiados ucranianos son mujeres y niños, los hombres no pudieron salir. La migración suele funcionar al revés". Y advierte de que es pronto para hablar de un éxodo a Europa: dependerá, sobre todo, de la rapidez con que se reconstruyan Ucrania y su economía.
Una guerra es tuya no cuando sucede en tu casa, sino cuando sucede en tu corazón. Pasé toda mi infancia y adolescencia a la sombra de las historias de la Segunda Guerra Mundial. Creí que mi generación nació y morirá ‘en paz’. Pero ahora también tenemos nuestra guerra, una guerra cínica y monstruosa
TATIANA TIBULEAC, escritora moldava afincada en París
"Una guerra es tuya no cuando sucede en tu casa, sino cuando sucede en tu corazón. Pasé toda mi infancia y adolescencia a la sombra de las historias de la Segunda Guerra Mundial. Creí que mi generación nació y morirá ‘en paz’. Pero ahora también tenemos nuestra guerra, una guerra cínica y monstruosa, especialmente porque está ocurriendo en tiempos en los que deberíamos haber aprendido nuestras lecciones del pasado". Su madre sigue en Chisináu: "Hace unos días hubo combates en Odesa o explosiones en Transnistria, que está cerca. Pueden olerlo, oírlo. Cuando se publique este reportaje, es posible que Moldavia ya no esté en paz ni sea independiente. La mayor monstruosidad para mí es que lo estamos viendo como una película de terror, y no hacemos nada".
Este reportaje se publica y Moldavia sigue en paz. Cierra un viaje de diez días y cinco fronteras: Medyka, Vel’ke Slemence, Beregsurány, Siret y Palanca. Por el camino, Olga salía hacia Madrid con sus tres hijos; Sobia, hacia Eslovenia; Nataliia, hacia Alemania; dos hermanos, hacia Palencia, y Aleksandra esperaba reunirse con los suyos en Italia y Polonia. Cuando se cierra esta última entrega, son más de seis millones las personas que han salido de Ucrania.
Y en Palanca, el más remoto de todos los pasos, seguían llegando.
Referencias
- (1)Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR). Situación de los refugiados de Ucrania – Portal de datos operativos. Datos a 16 de mayo de 2022.
- (2)Intersos. Intersos – Organización humanitaria. Web institucional.
- (3)Freedom House. Transnistria: Freedom in the World 2021. 2021.
- (4)Council on Foreign Relations. The Russia-Ukraine Crisis Could Determine the Future of Sovereignty. 2022.
- (5)CNN. Top US spy chief says war in Ukraine will likely become 'more unpredictable and escalatory'. 10 de mayo de 2022.
- (6)Moldpres. Commission for Emergencies decided to reorganize Single Crisis Management Center. 31 de marzo de 2022.
- (7)Editorial Impedimenta. Tatiana Tibuleac. Consulta: mayo de 2022.
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