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En Vel’ke Slemence, la frontera se cruza en silencio. No hay multitudes, ni cámaras, ni un piano sonando junto a la verja. Hay controles militares, unas pocas carpas y refugiados que llegan exhaustos a uno de los tres grandes pasos por los que el éxodo de la guerra en Ucrania entra en Eslovaquia.

Sumario

 

Se cumplen 66 días de guerra sin señales de un alto el fuego. El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR)(1) calcula que más de 5,4 millones de personas han huido de Ucrania desde que, el 24 de febrero, Vladímir Putin anunciara su “operación militar especial”, y prevé(2) que la cifra alcance los 8,3 millones antes de que acabe el año. Es el éxodo más rápido en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

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Entre el 19 y el 28 de marzo, EcoAvant.com recorrió por carretera los principales pasos fronterizos de cinco de los siete países que lindan con Ucrania: Medyka (Polonia), Vel’ke Slemence (Eslovaquia), Beregsurány (Hungría), Siret (Rumanía) y Palanca (Moldavia). Esta es la segunda entrega de la serie. Sus escenas corresponden a aquellos días de marzo; sus cifras, a finales de abril.

En el camino documentamos también a los otros refugiados: las mascotas, en un centro improvisado para animales de compañía en Medyka.
Mapa del éxodo desde Ucrania en la frontera de Eslovaquia Vel’ke Slemence / Gráfico: EA Mapa del éxodo desde Ucrania en la frontera de Eslovaquia Vel’ke Slemence / Gráfico: EA

 

Vel’ke Slemence: la frontera del silencio

 

Un niño y un adulto ucranianos, el que parece ser su padre acaban de entrar por la frontera de Ucrania hasta Eslovaquia (de fondo) / Foto: FFM - EA Un niño y un adulto ucranianos, el que parece ser su padre, acaban de entrar por la frontera de Ucrania en Eslovaquia (al fondo) / Foto: FFM - EA

Tras varias horas de carretera a través de Polonia y Eslovaquia, llegamos a Vel’ke Slemence, nuestro siguiente destino después de Medyka. Más al norte quedan los otros dos grandes pasos eslovacos hacia Ucrania, Ubľa y Vyšné Nemecké.

Aquí la policía y el ejército tienen mucho más peso en la gestión de los refugiados

Aquí la policía y el ejército tienen mucho más peso en la gestión de los refugiados. Los controles se suceden y en cada uno hay que volver a acreditarse. Unos centenares de metros antes de la frontera, un convoy militar nos ordena parar, revisa toda la documentación y nos hace aparcar en una explanada de tierra desde la que se ven las tiendas de ayuda. Solo después de preguntar a otro grupo de militares, que conversa con unos policías, nos dejan acercarnos.

Un control de policías y militares unos centenares de metros antes de la línea de frontera Vel’ke Slemence en Eslovaquia / Foto: FFM - EA Un control de policías y militares unos centenares de metros antes de la línea de frontera Vel’ke Slemence en Eslovaquia / Foto: FFM - EA

A diferencia de Medyka, aquí la tragedia se percibe con más nitidez. Casi todos los voluntarios son eslovacos. No están las decenas de entidades llegadas de toda Europa que en Polonia se disputaban asistir las primeras a los recién llegados, ni el plató al aire libre por el que desfilaban periodistas de todo el mundo. De hecho, no coincidimos con ninguno.

Del gran escenario mediático de Medyka y Przemyśl ya no queda nada

Del gran escenario mediático de Medyka y Przemyśl ya no queda nada. Tampoco de sus trenes y autobuses: para muchos refugiados no es fácil llegar hasta aquí en transporte público, así que la mayoría viaja en su propio vehículo. Quien no lo tiene llega exhausto y traumatizado. Casi todos vienen de Úzhgorod, a pocos kilómetros, donde todavía se respira cierta normalidad, o de Leópolis, la gran ciudad por la que se articula este éxodo masivo.

 

Huevos, salchichas y ropa apilada: la carpa de los voluntarios

 

La voluntaria Eliska Galovicova y Daniel Sproete de la organización humanitaria eslovaca Clovek v Ohrození / Foto: FFM - EA Los voluntarios Eliska Galovicova y Daniel Sproete, de la organización humanitaria eslovaca Človek v ohrození / Foto: FFM - EA

Son las 11.00 horas del martes 22 de marzo. Eliska Galovicova, 18 años, estudiante de Magisterio, nos invita a entrar en una carpa donde se cocina y hay mesas largas para una treintena de comensales. Por el interior se reparten montones de ropa. Ha dejado temporalmente su pueblo, Spišský Štiavnik, para ayudar como voluntaria de la organización eslovaca Človek v ohrození(3) –Hombre en Peligro–, dedicada desde la guerra de Kosovo a la ayuda humanitaria y al desarrollo. Algunos refugiados, explica, llegan con muchas ganas de hablar. Otros, en silencio.

Esta mañana ha pasado un grupo de 50 y me enseñaban fotos de móvil, aunque 35 de ellos querían volver

ELISKA GALOVICOVA, 18 años, voluntaria de Človek v ohrození

"Esta mañana ha pasado un grupo de 50 y me enseñaban fotos de móvil, aunque 35 de ellos querían volver", cuenta Galovicova.

Daniel Sproete, alemán de 36 años, ha pedido dos semanas de vacaciones para venir. Se une a la conversación: "Acabo de hacer huevos para alguien. Y ahora estoy preparando salchichas para uno de nuestros chicos, para uno de nuestros conductores que llevan a la gente desde la frontera".

Varios voluntarios en el centro de refugiados ucranianos en la frontera con Eslovaquia, en Vel’ke Slemence / Foto: FFM - EA Varios voluntarios en el centro de refugiados ucranianos en la frontera con Eslovaquia, en Vel’ke Slemence / Foto: FFM - EA

Para acercarnos al paso fronterizo hay que negociar de nuevo con militares y policías, amables en todo momento. En el cuarto día de viaje ya hemos aprendido que en Europa Central decir que venimos de Madrid y Barcelona despierta sorpresa y simpatía, y lo aprovechamos. Según su afinidad futbolística, nos responden: "Messi", "Fútbol Club Barcelona", "Real Madrid" e incluso, para nuestro asombro, "Més que un club". Les explicamos que tenemos una cita con un responsable de la Cruz Roja Eslovaca(4). El argumento les convence.

En el puesto de la Cruz Roja encontramos a Stanislav Zupka, ingeniero químico de unos treinta años con un cargo de responsabilidad en la británica Jaguar Land Rover en Eslovaquia. De aspecto dinámico y decidido, explica en voz alta por qué está aquí.

La mitad de los más de 100 empleados que coordino en la empresa para la que trabajo son de Ucrania. Con el estallido de la guerra muchos de ellos me dijeron: ‘Lo siento, pero tengo que irme a hacer entrenamiento militar para defender a mi país. Es mi deber’

STANISLAV ZUPKA, voluntario de la Cruz Roja Eslovaca

"La mitad de los más de 100 empleados que coordino en la empresa para la que trabajo son de Ucrania. Con el estallido de la guerra muchos de ellos me dijeron: ‘Lo siento, pero tengo que irme a hacer entrenamiento militar para defender a mi país. Es mi deber’", recuerda Zupka. El golpe fue tan brusco que le afectó al ánimo. Así que decidió venir a la frontera.

 

De Dnipró a Eslovenia: los que huyen y los que no pueden huir

 

Dos jóvenes refugiados Sobia Gorentsobia (20 años) y Oleg Babenko (15 años), huidos de las bombas de la ciudad de Dnipro en Ucrania / Foto: FFM - EA Dos jóvenes refugiados, Sobia Gorentsobia (20 años) y Oleg (15 años), huidos de las bombas de la ciudad de Dnipró, en Ucrania / Foto: FFM - EA

Sobia Gorentsobia tiene 20 años, estudia Magisterio y ha recorrido más de 1.200 kilómetros para huir de la guerra. La acompaña Oleg, de 15. Esperan un autobús que les acerque a Eslovenia, donde ella ya ha pasado alguna temporada. Cuando recuerdan las últimas semanas en Ucrania, el miedo todavía se les nota en la cara.

Hemos cruzado toda Ucrania desde Dnipro, que está cerca del Donbás. Allí ya no podíamos seguir. Mi madre se quedó, pero nosotros nos marchamos. Hubo un momento en que se escuchaban las bombas hasta en los refugios. Teníamos mucho miedo

SOBIA GORENTSOBIA, 20 años, refugiada de Dnipró

"Hemos cruzado toda Ucrania desde Dnipro, que está cerca del Donbás. Allí ya no podíamos seguir. Mi madre se quedó, pero nosotros nos marchamos. Hubo un momento en que se escuchaban las bombas hasta en los refugios. Teníamos mucho miedo", cuenta Gorentsobia.

Tras largas jornadas y muchas conversaciones con refugiados, Stanislav Zupka tiene una convicción: si el flujo ha disminuido de golpe –cuando hablamos con él, el 22 de marzo, está a punto de cumplirse un mes de guerra– es porque los primeros en marcharse fueron quienes tenían más recursos.

Las personas mayores y las más pobres se quedan junto a la guerra

Las personas mayores y las más pobres se quedan junto a la guerra. Y con ellas, los varones de entre 18 y 60 años, obligados a permanecer en el país para servir en el frente. Por eso, según ACNUR, nueve de cada diez personas que huyen son mujeres y niños.

Aun así, siguen llegando. Si el 20 de marzo habían entrado en Eslovaquia unas 250.000 personas, el 28 de abril eran ya 367.904, según ACNUR. Polonia sigue a la cabeza, con casi tres millones. Dentro de Ucrania hay otros 7,7 millones de desplazados internos y cerca de 13 millones de personas atrapadas en zonas afectadas por los combates o sin poder salir de ellas.

El voluntario de la Cruz Roja Eslovaca, Stanislav Zupka, nos muestra el campamento y su equipamiento mientras nos explica las experiencias vividas durante esos días al auxilio de refugiados / Foto: FFM - EA El voluntario de la Cruz Roja Eslovaca, Stanislav Zupka, nos muestra el campamento y su equipamiento mientras nos explica las experiencias vividas durante esos días al auxilio de refugiados / Foto: FFM - EA

Casi todos llegan extenuados. Zupka recuerda a una joven que pasó seis horas de pie en una estación abarrotada esperando el último tren. Mientras nos enseña el campamento, explica: "Aquí tenemos una tienda de campaña caliente con capacidad para decenas de personas, para protegerse del frío cuando llegan y para relajarse y sentirse seguras, para comer, para beber después del largo y traumático viaje". Desde allí se coordinan también los primeros auxilios y la atención psicológica.

 

Entre los S-300 y el gas de Gazprom: la Eslovaquia que arma, depende y acoge

 

Una valla publicitaria con carteles electorales, junto a la carretera principal que se dirige a Vel’ke Slemence en Eslovaquia / Foto: FFM - EA Una valla publicitaria con carteles electorales, junto a la carretera principal que se dirige a Vel’ke Slemence, en Eslovaquia / Foto: FFM - EA

Eslovaquia –5,5 millones de habitantes, capital en Bratislava– nació en 1993 de la disolución de Checoslovaquia, tras la caída del bloque del Este. Entró en la OTAN y en la UE en 2004 y adoptó el euro en 2009. La industria es el primer sector de su economía (24,1% en 2020, según la Unión Europea(5)), que arrastra desde hace años una inflación creciente, agravada por la covid-19 y el boom inmobiliario. Gobierna desde 2021 Eduard Heger, del partido conservador y populista Gente Corriente (OĽaNO), tras la dimisión de Igor Matovič por su gestión de la pandemia y la compra de la vacuna rusa Sputnik V sin el aval de la Agencia Europea del Medicamento.

Ucrania tiene el derecho legal a defenderse

IVAN KORČOK, ministro de Asuntos Exteriores de Eslovaquia

"Ucrania tiene el derecho legal a defenderse", resume el ministro de Exteriores, Ivan Korčok. Como Polonia, Eslovaquia acoge refugiados y, a la vez, dona armas al ejército ucraniano. El 11 de abril, Moscú aseguró haber destruido el sistema antimisiles S-300 entregado por Bratislava; Kiev y Bratislava lo niegan. Junto a Polonia y la República Checa, el Gobierno eslovaco impulsa la adhesión por la vía rápida de Ucrania a la UE y el endurecimiento de las sanciones contra Rusia.

La guerra, mientras, ha cambiado de escenario. La ofensiva rusa se concentra en el Donbás y el sur del país, y la tensión ha alcanzado incluso Transnistria, la región separatista de Moldavia fronteriza con Ucrania.

Eslovaquia es uno de los países más dependientes del gas ruso, con importaciones de hasta el 80%

Eslovaquia es uno de los países más dependientes del gas ruso, con importaciones de hasta el 80%, según Bloomberg. Esta misma semana, Gazprom ha suspendido "por completo" el suministro a Polonia y Bulgaria por no pagar en rublos. El viceministro de Economía, Karol Galek, niega haber activado las cuentas abiertas en Gazprombank para pagar en esa moneda, según Europa Press(6), a la espera de una posición común de la UE que, por ahora, pasa por no ceder ante Moscú.

Armas para Kiev. Gas de Moscú. Y una frontera abierta.

 

Del rechazo a los musulmanes a las puertas abiertas: una acogida selectiva

 

El voluntario de la Cruz Roja Eslovaca, Stanislav Zupka, se despide de los refugiados Sobia Gorentsobia (20 años) y Oleg Babenko (15 años) ante la llegada de su transporte / Foto: FFM - EA El voluntario de la Cruz Roja Eslovaca, Stanislav Zupka, se despide de los refugiados Sobia Gorentsobia (20 años) y Oleg (15 años) ante la llegada de su transporte / Foto: FFM - EA

Esa frontera abierta es, en sí misma, un giro. Como el resto de Europa Central, Eslovaquia se ha caracterizado en los últimos años por su rechazo a los migrantes. En 2016, tras la llegada de refugiados de Oriente Medio en 2015, el entonces primer ministro, el socialdemócrata Robert Fico, advirtió: "En adelante no vamos a tomar de manera voluntaria una decisión que permita la creación de una comunidad musulmana, con todos los riesgos que vemos en otros países europeos". En 2021, la vecina Polonia cerró sus fronteras a quienes llegaban desde Bielorrusia.

Sin hilar muy fino, se puede indicar que el motivo de fondo sea racista. Se ha entendido que la población ucraniana no planteaba problemas de acogida por elementos culturales e incluso de apariencia física, frente a la población de otros lugares de conflicto

DANIEL LA PARRA CASADO, profesor de Sociología de la Universidad de Alicante

"Sin hilar muy fino, se puede indicar que el motivo de fondo sea racista. Se ha entendido que la población ucraniana no planteaba problemas de acogida por elementos culturales e incluso de apariencia física, frente a la población de otros lugares de conflicto", sostiene el profesor de Sociología de la Universidad de Alicante Daniel La Parra Casado, para quien "que la acogida de refugiados de Ucrania sea distinta a otras crisis puede deberse al racismo".

Aquí, una vez atendidos, los refugiados se marchan en autobús. El transporte no depende de particulares, como en Medyka, sino del Gobierno eslovaco: los autocares van a Michalovce, a 45 minutos, o a Košice, a hora y media, la segunda ciudad del país. Desde allí siguen hacia Alemania, Holanda, Francia o Polonia. Para la mayoría, Eslovaquia es un lugar de paso. Pero también hay quien se queda.

Para ellos, la Cruz Roja gestiona centros de apoyo en Bratislava, Banská Bystrica o Košice, donde, explica Zupka, "ayudamos a las personas huidas de la guerra más allá de la frontera. Porque el trabajo no se acaba aquí. Les ayudamos a encontrar un trabajo, a encontrar alojamiento, quizá a alquilar un piso, a ayudar a los niños a ir a la escuela o con cursos de eslovaco para que se integren".

Lo que más le ha marcado, sin embargo, es el agradecimiento. Recuerda a un refugiado que caminó cerca de 20 kilómetros hasta la frontera, con las temperaturas extremadamente bajas de los últimos días del invierno. Llegó con los zapatos agujereados y los pies casi congelados. "Cuando llegó aquí le dimos calcetines calientes y zapatos. Se estuvo más de media hora dándonos las gracias".

Cuando estás en casa, la mayoría pensamos en un iPhone nuevo, etc. Este tipo era feliz con tan solo dos zapatos. Se aprende mucho de los valores de la vida

STANISLAV ZUPKA, voluntario de la Cruz Roja Eslovaca

"Cuando estás en casa, la mayoría pensamos en un iPhone nuevo, etc. Este tipo era feliz con tan solo dos zapatos. Se aprende mucho de los valores de la vida", reflexiona Zupka.

En el aparcamiento, se despide de Sobia y de Oleg. Ha llegado su autobús: más de 1.200 kilómetros a la espalda, una madre en Dnipró y Eslovenia por delante.

Cuando arranca, Vel’ke Slemence vuelve al silencio. Sin piano ni cámaras: solo controles, carpas, una tienda caliente contra el frío y, de vez en cuando, alguien que llega a pie.

Hay fronteras que se cruzan en coche. Otras, con los zapatos agujereados.

Referencias

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