En Beregsurány, lo primero que escuchamos es un "Go home". Varios agentes nos apartan de la frontera antes de que una anciana que vuelve a Ucrania termine de contarnos a qué ha venido. A unos kilómetros, en el centro del pueblo, la Orden de Malta ha levantado un centro de acogida para quienes huyen de la guerra en Ucrania.
- Beregsurány: una frontera que no quiere testigos
- Contenedores, pisos y un gimnasio escolar: el centro de la Orden de Malta
- De las bombas de Irpin a Beregsurány: treinta horas de huida
- De las vallas de 2015 a los brazos abiertos: la Hungría de Orbán ante la guerra
- Juegos para los niños, autobuses a Europa: un poco de normalidad frente al absurdo
Se cumplen 70 días de guerra. Por primera vez en dos meses, 101 civiles han salido de los búnkeres de la acería de Azovstal, en Mariúpol, y han vuelto a ver la luz del día; otros 58 se unieron al convoy en Manhush, según la ONU(1), que ha coordinado la evacuación con la Cruz Roja. El alcalde de la ciudad, Vadym Boychenko, calcula que en la zona quedan más de 200. El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR)(2) contabiliza a 3 de mayo 5.657.185 refugiados, 539.821 de ellos en Hungría, y prevé(3) que sean 8,3 millones antes de que acabe el año. Es el éxodo más rápido en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Fotogaleria del éxodo desde Ucrania en la frontera de Hungría: Beregsurány
Entre el 19 y el 28 de marzo, EcoAvant.com recorrió por carretera los principales pasos fronterizos de cinco de los siete países que lindan con Ucrania: Medyka (Polonia), Vel’ke Slemence (Eslovaquia), Beregsurány (Hungría), Siret (Rumanía) y Palanca (Moldavia). Esta es la tercera entrega de la serie. Sus escenas corresponden al 22 de marzo; sus cifras, a comienzos de mayo.
Mapa del éxodo desde Ucrania en la frontera de Hungría: Beregsurány / Imagen: EA
Beregsurány: una frontera que no quiere testigos
Barreras de la frontera de Hungría con Ucrania, en Beregsurány / Foto: FFM - EA
Es 22 de marzo. Hace pocas horas estábamos en Vel’ke Slemence, en Eslovaquia. Beregsurány es uno de los pasos por los que los refugiados entran en Hungría a lo largo de los casi 140 kilómetros de frontera con Ucrania. Las entidades de acogida se reparten los puntos: la Iglesia reformada atiende Záhony; la Cruz Roja, Lónya; Cáritas, Barabás; los bautistas, Tiszabecs, y la Orden de Malta, Beregsurány(4). Hasta Budapest llegan, además, trenes directos desde Ucrania.
La presencia de policías y militares se acentúa, aunque no en la gestión de la crisis humanitaria
La presencia de policías y militares se acentúa, aunque no en la gestión de la crisis humanitaria. Simplemente hay más controles, y en cada uno tenemos que acreditarnos. Aún más que en Eslovaquia.
Junto a las barreras, un coche de ACNUR con matrícula húngara espera para pasar a Ucrania. Queremos hablar con ellos. Unos metros antes, una pareja mayor camina cargada de bolsas hacia la frontera. Les preguntamos si hablan inglés. La mujer, de edad avanzada, responde que un poco. Vuelven a Berehove, a unos diez kilómetros, en el lado ucraniano. Han venido a ver a sus hijos.
Un cartel de señalización del centro de asistencia de Beregsurány, en Hungría / Foto: FFM - EA
De repente, aunque estamos a unas decenas de metros de las barreras, aparecen varios agentes: "Go home, go home". La conversación se corta. Nos acreditamos, pero da igual. Un responsable de mediana edad, de aspecto inquisidor, zanja: "Aquí no podéis estar". Le preguntamos por qué. "No preguntes. ¿Queda claro? Marchaos". No tiene mucho sentido, pero no queremos problemas y obedecemos.
No empezamos con buen pie en Beregsurány
No empezamos con buen pie en Beregsurány. Desde lejos, la mujer mayor nos sonríe, vuelve a encogerse de hombros con cara de circunstancias y se despide con un ademán. Damos la vuelta en busca del centro de asistencia que nos han indicado los propios agentes. A diferencia de Medyka o Vel’ke Slemence, no está en el paso fronterizo, sino a unos dos kilómetros, en el centro del pueblo(5).
Contenedores, pisos y un gimnasio escolar: el centro de la Orden de Malta
Imre Slabzan, jefe del Departamento de Gestión de Catástrofes del Servicio de Caridad de la Orden de Malta en Hungría / Foto: FFM - EA
El centro, muy bien equipado, lo gestiona el Servicio de Caridad de la Orden de Malta en Hungría (Magyar Máltai Szeretetszolgálat), que opera en el país desde 1989 como brazo humanitario de una orden cuyos orígenes se remontan a un hospital de peregrinos en el Jerusalén del siglo XI. Al frente está Imre Slabzan, jefe de su Departamento de Gestión de Catástrofes. Recuerda que los primeros días llegaba una cantidad enorme de personas, incluso de noche, y que era muy difícil atenderlas. "Ahora esto ha cambiado", dice aliviado. "El número de refugiados ha disminuido y en estos momentos podemos hacer nuestra labor con mucha más comodidad y eficacia. Si esto cambiara, y la cantidad de refugiados aumentara a las cifras de los primeros días, podría volver a ser un problema".
El centro se compone de tres áreas: contenedores y food trucks, pisos de la comunidad y el gimnasio de una escuela de primaria
El centro se compone de tres áreas: contenedores y food trucks, pisos de la comunidad y el gimnasio de una escuela de primaria. En los contenedores, la gente pasa solo unas horas, hasta que consigue transporte. En los pisos se queda una noche, o hasta tres. El gimnasio, el espacio más grande, cumple la misma función. Primero se registra a cada persona y se atienden sus necesidades básicas, como comida o atención médica. Después, el destino. "En cuanto llegan los refugiados, los compañeros del registro se ponen a trabajar para encontrar medios de transporte, alojamiento o refugio y, a veces, incluso con posibilidades de empleo ya aquí en la frontera", explica Slabzan.
Un gimnasio de una escuela de primaria habilitado para refugiados en Beregsurány, Hungría / Foto: FFM - EA
Un joven ucraniano descansa exhausto en el gimnasio habilitado en Beregsurány (Hungría) / Foto: FFM - EA
En un antiguo teatro, tres voluntarias vigilan decenas de camillas. Están para que los recién llegados descansen, no para dormir. "Si quieren dormir tenemos un gimnasio. Allí es mejor", aclara Judit Hegedus, húngara de 26 años que normalmente trabaja en el cuidado de personas con discapacidad. Szabolcs Blága, informático de unos cuarenta años, lleva aquí solo un día. Le impactó y le angustió mucho la noticia de la guerra y las oleadas de refugiados.
Voluntarias de la Orden de Malta en un teatro del centro de asistencia de Beregsurány, Hungría / Foto: FFM - EA
Hoy no está llegando tanta gente, de momento. Ayer llegaron cientos de personas. Calculo que unas 300
SZABOLCS BLÁGA, voluntario de la Orden de Malta
"Hoy no está llegando tanta gente, de momento. Ayer llegaron cientos de personas. Calculo que unas 300", cuenta Blága a las 15.30 horas. "Hay mucha gente que viene huyendo de la guerra. Es horrible. Es muy bonito ver que aquí se ha preparado todo esto para ellos". Vino en cuanto pudo: "Tengo un muy buen amigo en la Orden de Malta y por eso vine aquí".
Personal de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en Beregsurány (Hungría) / Foto: FFM - EA
Fuera, en un páramo ajardinado, esperan los hermanos Dan y Slavik Belmut, de 24 y 30 años, junto a Eli Friedman, de 31. Los tres son ucranianos criados en Israel y hacen de intérpretes gracias a su dominio del ucraniano, el hebreo y el inglés. A su alrededor, quienes ya llevan unas horas consultan el móvil, toman algo o fuman. Cuando llega una furgoneta con más refugiados, se acercan a atenderlos.
De las bombas de Irpin a Beregsurány: treinta horas de huida
Nataliia, joven refugiada de 20 años, en el centro de asistencia de Beregsurány (Hungría), huida de los bombardeos de Irpin, Ucrania / Foto: FFM - EA
Nataliia tiene 20 años y es de Kiev. El 24 de febrero, al estallar la guerra, su familia se trasladó a Irpin, a unos 26 kilómetros de la capital, porque allí tenían una casa con sótano. Creían que estarían más seguros. Al día siguiente vio a los aviones sobrevolar el cielo y bombardear. "Estaba muy asustada. No sabía qué hacer. Sufría por mi hermana y por todo el mundo que conocía". Convencieron a su madre para marcharse y fueron a la estación, al descubierto, para volver a Kiev. Mientras esperaban el tren, empezaron a caer bombas.
Sabíamos que si no abandonábamos el lugar de inmediato moriríamos. Por suerte, pudimos hacerlo. Mi abuelo se quedó allí con los dos perros
NATALIIA, 20 años, refugiada de Kiev
"Sabíamos que si no abandonábamos el lugar de inmediato moriríamos. Por suerte, pudimos hacerlo. Mi abuelo se quedó allí con los dos perros", cuenta entre lágrimas. Su abuelo sigue en Irpin, sin electricidad, muchas veces sin agua y con muy poca comida. Cuando sale de casa, a veces encuentra algún cadáver en el suelo.
La casa donde está mi abuelo tiene todas las ventanas rotas por las bombas, pero él sigue por los perros. Ahora mismo no tiene manera de salir. Han puesto minas incluso debajo de los muertos
NATALIIA, 20 años, refugiada de Kiev
"La casa donde está mi abuelo tiene todas las ventanas rotas por las bombas, pero él sigue por los perros. Ahora mismo no tiene manera de salir. Han puesto minas incluso debajo de los muertos. Así que cuando la gente va y trata de enterrar a los suyos, pueden explotar y morir". Rompe a llorar. La pausa es larga.
Solo ella, su madre y su hermana pudieron escapar. "Mi padre y mi novio están en la guerra luchando. Lo único que espero es que se acabe la guerra cuanto antes". Tras un viaje de 30 horas ha llegado a Beregsurány. Ahora espera un autobús a Budapest y, desde allí, a Alemania, donde la aguardan unos familiares.
De las vallas de 2015 a los brazos abiertos: la Hungría de Orbán ante la guerra
Una calle principal de Fehérgyarmat, población húngara del condado de Szabolcs-Szatmár-Bereg, al noreste del país, con carteles electorales / Foto: FFM - EA
El autobús de Nataliia atravesará un país en plena campaña electoral: por las calles de los pueblos cercanos a la frontera cuelgan carteles. Hungría –9,7 millones de habitantes– fue una república socialista bajo influencia soviética hasta 1989; en 1956, la revuelta que pedía salir del Pacto de Varsovia fue aplastada por Moscú y su primer ministro, Imre Nagy, ejecutado. Entró en la OTAN en 1999 y en la UE en 2004, aunque no ha adoptado el euro. La industria es el primer sector de su economía (23,5% en 2020, según la Unión Europea(6)). La jefatura del Estado la ocupa János Áder, cuya sucesora, Katalin Novák, ya ha sido elegida por el Parlamento. El poder lo ejerce Viktor Orbán, de Fidesz, a quien sus críticos describen como un gobernante de extrema derecha con políticas racistas, homófobas y autoritarias, y que se presenta como defensor de Hungría y de Europa frente a la inmigración musulmana.
Es una victoria que quizá no se pueda ver desde la Luna, pero seguro que sí se ve desde Bruselas
VIKTOR ORBÁN, primer ministro de Hungría, noche electoral del 3 de abril de 2022
"Es una victoria que quizá no se pueda ver desde la Luna, pero seguro que sí se ve desde Bruselas", proclamó Orbán el 3 de abril, pocos días después de nuestra visita, tras ganar sus cuartas elecciones consecutivas con 135 de los 199 escaños. Y añadió: "No es solo nuestra victoria, sino también su victoria, porque el mundo entero ha podido ver esta noche aquí en Budapest que han ganado las políticas cristianodemócratas, las políticas conservadoras burguesas y las políticas patrióticas". Entre los "oponentes" derrotados citó al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. Bruselas mantiene abierto un expediente contra la ley que prohíbe hablar de homosexualidad a los menores, que Amnistía Internacional(7) califica de "homófoba y tránsfoba". La organización recuerda, además, que "el Tribunal Europeo de Derechos Humanos falló en contra de las prácticas de Hungría de confinar a las personas solicitantes de asilo en zonas de tránsito y devolverlas sumariamente".
La guerra ha resquebrajado el eje ultraconservador con Polonia, ambos expedientados por Bruselas en virtud del artículo 7 del Tratado de la UE. El 15 de marzo, el líder del PiS y viceprimer ministro polaco, Jarosław Kaczyński, viajaba a Kiev en solidaridad con Ucrania mientras Orbán defendía mantenerse al margen para proteger los intereses nacionales.
Viktor Orbán, primer ministro de Hungría / Foto: EP
Hungría es hoy el Estado miembro más cercano a Moscú. Ha condenado la invasión y ha votado las sanciones, pero no envía armas a Ucrania ni permite que crucen su territorio, y ahora rechaza el embargo al petróleo ruso que propone la UE y que exige unanimidad. Lo hace días después de que Gazprom cortara el gas a Polonia y Bulgaria por negarse a pagar en rublos. Con Kiev, las relaciones hace años que no son buenas.
Hungría ha pasado de castigar con hasta tres años de cárcel la entrada irregular a recibir a 539.821 refugiados de Ucrania
Hungría ha pasado de castigar con hasta tres años de cárcel la entrada irregular a recibir a 539.821 refugiados de Ucrania. Es la ley que aprobó en 2015, cuando levantó vallas en sus fronteras del sur. Pero la acogida tiene matices. "Muchas de las iniciativas realmente importantes surgen de organizaciones más pequeñas", decía a EFE András Siewert, uno de los responsables de la ONG Migration Aid, que gestiona en Budapest un albergue para refugiados. La revista Magyar Narancs(8) va más lejos: "El Gobierno abandona a los refugiados y solo los ciudadanos son los que realmente ayudan. Salvo por la presencia policial, el estado húngaro apenas participa en el trabajo de recepción de refugiados en Budapest". Y el sociólogo de la Universidad de Alicante Daniel La Parra Casado apunta, en una entrevista con EcoAvant.com, a otra explicación: "Sin hilar muy fino, se puede indicar que el motivo de fondo sea racista. Se ha entendido que la población ucraniana no planteaba problemas de acogida por elementos culturales e incluso de apariencia física, frente a la población de otros lugares de conflicto".
Juegos para los niños, autobuses a Europa: un poco de normalidad frente al absurdo
Un niño refugiado de Ucrania juega en el centro de asistencia de Beregsurány, Hungría / Foto: FFM - EA
Para Imre Slabzan, la frontera no puede ser solo un lugar de paso. La Orden de Malta cuenta con un fondo de trabajo social y dos autobuses de dos pisos y 78 plazas que llegan a Praga, Viena, Budapest o incluso París. Son "un activo valioso", dice, aunque su capacidad es menor de la que desearían. Hay atención médica 24 horas, los siete días de la semana, "disponible para los refugiados": "Tenemos psicólogos con nosotros y todos los voluntarios tienen formación de apoyo psicosocial. Son bastante esenciales porque tenemos cada vez más personas que llegan muy traumatizadas de las zonas de guerra".
No nos limitamos a empujar o remitir a los refugiados a Budapest, porque eso sólo significaría alejar el problema unos cientos de kilómetros
IMRE SLABZAN, jefe del Departamento de Gestión de Catástrofes de la Orden de Malta en Hungría
"No nos limitamos a empujar o remitir a los refugiados a Budapest, porque eso sólo significaría alejar el problema unos cientos de kilómetros, lo que no tiene mucho sentido, sino que intentamos verlo como un todo, y solucionar lo que podemos desde aquí", explica.
Un grupo de niñas y niños ucranianos juega en los alrededores del centro de asistencia de Beregsurány (Hungría) / Foto: FFM - EA
Para los más pequeños hay actividades y juegos colectivos constantes, que buscan romper cuanto antes las dinámicas de la huida. Según Slabzan, "es muy importante porque los juegos son una especie de herramienta para que los niños alivien su estrés y su trauma de la guerra".
Al final, intentamos aportar un poco de normalidad a este absurdo
IMRE SLABZAN, jefe del Departamento de Gestión de Catástrofes de la Orden de Malta en Hungría
"Al final, intentamos aportar un poco de normalidad a este absurdo", resume.
A unos kilómetros, los agentes siguen custodiando las barreras. Por ellas volvió a Ucrania una anciana que solo quería ver a sus hijos. Por ellas llegó Nataliia, con un padre y un novio en el frente y un abuelo en Irpin que no quiere dejar solos a sus dos perros. Pocos días después de nuestra conversación, a finales de marzo, las tropas ucranianas recuperan Irpin.
A nosotros nos dijeron "Go home". Nataliia no sabe si todavía tiene una casa a la que volver.
Referencias
- (1)Coordinadora Humanitaria de la ONU en Ucrania. Statement attributable to the Humanitarian Coordinator for Ukraine, Osnat Lubrani. 3 de mayo de 2022.
- (2)Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR). Situación de los refugiados de Ucrania – Portal de datos operativos. Datos a 3 de mayo de 2022.
- (3)ACNUR. Nota informativa: plan regional de respuesta a los refugiados de Ucrania (8,3 millones de refugiados proyectados). 26 de abril de 2022.
- (4)Magyar Máltai Szeretetszolgálat (Servicio de Caridad de la Orden de Malta en Hungría). Egy év szolgálat (Un año de servicio). Febrero de 2023.
- (5)Magyar Máltai Szeretetszolgálat (Servicio de Caridad de la Orden de Malta en Hungría). Segítségnyújtás az ukrán háború menekültjeinek (Ayuda a los refugiados de la guerra de Ucrania). Consulta: septiembre de 2026.
- (6)Unión Europea. Hungría – Perfil de país. Consulta: abril de 2022.
- (7)Amnistía Internacional. Hungría. Consulta: abril de 2022.
- (8)Magyar Narancs. El Gobierno abandona a los refugiados, solo los civiles les prestan una ayuda real. 2022.
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