Con la llegada del frío, toca proceder al cambio de ropa y calzado. Y solemos caer en el error de pensar que los pies, al no estar tan expuestos a la intemperie como en verano con las sandalias, no requieren especial cuidado en invierno. Cuando la realidad es que sucede justamente todo lo contrario.

 

Lesiones invernales de los pies

 

Entre las lesiones más importantes en los pies en invierno destacan:

  • Sabañones: Son muy frecuentes en invierno. Se trata de lesiones superficiales de la piel localizadas en zonas como pies, nariz, orejas y manos tras exposición a ambientes fríos o húmedos. Suelen afectar más a ancianos, mujeres y personas que trabajan al aire libre. Parece que tener un índice de masa corporal bajo y sufrir de hiperhidrosis (aumento de la sudoración) en pies y manos son factores relacionados con su aparición. Si se pasa de forma brusca de un ambiente frío a uno de calor, los vasos sanguíneos se dilatan tanto que se inflaman con mucho dolor. Para prevenir su aparición es vital mantener los pies secos y calientes, cambiando los calcetines si existe humedad.

  • Eccema  o dermatitis en los pies: También muy frecuente, se reconoce por la aparición de áreas rojas con intenso picor. Mantener los pies correctamente hidratados y secos previene su aparición.

  • Juanetes o hallux valgas: Son de carácter congénito pero pueden aparecer por el uso de calzado estrecho con tacones elevados. Para evitar dolor se recomienda usar protectores o separadores con almohadilla de gel.

  • Rozaduras: Debido al uso de calzado estrecho, especialmente en las mujeres, pueden aparecer rozaduras entre los dedos (callosidades interdigitales). Se evitan mediante el uso de anillos protectores de gel.

  • Espolón calcáneo: Se trata del crecimiento del hueso calcáneo por la aparición de tensiones en la fascia plantar. Causa dolor en el talón, además de irritación en toda la zona. El uso de plantillas o taloneras especiales diseñadas a medida alivian la sintomatología.

 

Seis consejos para proteger los pies en invierno

 

  1. Usar calcetines adecuados. Se recomienda dar prioridad a tejidos naturales y transpirables como el algodón y la lana, que no compriman ni obstruyan la circulación, para mantener una temperatura correcta de los pies. Deben cambiarse los calcetines de forma regular para evitar que se humedezcan por la sudoración y produzcan sensación de frío. Si practicamos deportes de invierno, es importante elegir calcetines que prevengan la aparición de rozaduras y ampollas, a la vez que mantienen los pies secos y calientes.

  2. Calzado transpirable y ancho. Los zapatos que usemos deben permitir que el pie transpire para no aumentar la sensación de frío provocada por el sudor. Conviene asegurarse de usar el calzado adecuado para nuestro número de pie, ya que un calzado estrecho puede causar desde heridas en la piel o en las uñas hasta proliferación de hongos. Respecto al uso de zapatos de tacón, mejor que no superen los 4 cm de altura, con un tacón lo más ancho posible. Se recomienda usar botines para mantener la temperatura del pie. En cuanto a la suela, mejor gruesa (para aislar del frío) y antideslizante (para evitar caídas o esguinces).

  3. Cuidar los pies en casa. Debemos mantener los pies secos tanto al salir de la ducha como si se han mojado por la lluvia, insistiendo en los espacios entre los dedos. Al cortar las uñas, debe hacerse de forma recta. Mantener una buena hidratación de los pies a diario con cremas a base de urea es esencial en invierno para evitar durezas y grietas. Para los que practican deporte, se recomiendan baños de agua fría y caliente alternativamente. Pueden realizarse en casa ejercicios para activar la circulación de los pies y facilitar el retorno venoso (elevar las piernas unos minutos, realizar círculos con los pies o caminar de puntillas).

  4. Evitar fuentes directas de calor. Ante el frío, es recomendable calentarse los pies de forma progresiva, evitando los cambios bruscos de temperatura. La exposición directa a estufas puede causar la aparición de sabañones.

  5. Vida saludable. Los pies también salen ganando si practicamos deporte, bebemos abundante agua y consumimos alimentos con vitamina K, C y E, que favorecen la buena circulación sanguínea.

  6. Acudir al podólogo en caso de dolor, heridas (muy especialmente en personas diabéticas), cambios de temperatura (pies fríos), enrojecimiento de la piel, cambios de color en las uñas, etc. Y al fisioterapeuta si sufrimos esguinces, torceduras, contracturas o tendinopatías.

Aplicando estas sencillas pautas, los pies saldrán airosos del invierno, sin que ni el frío, ni la humedad, ni un calzado inadecuado les causen lesiones.