Organizaciones ambientales como WWF y Greenpeace han denunciado este viernes, tras el incendio registrado en Los Gallardos, Almería, que existe una falta de voluntad política e inversiones para combatir unos fuegos forestales cada vez más peligrosos, después de que el siniestro haya dejado al menos 12 víctimas mortales y haya vuelto a mostrar las limitaciones de las actuales estrategias de extinción.
La extinción alcanza su límite
La técnica especialista en incendios forestales de WWF España, Lourdes Hernández, ha explicado en declaraciones a Europa Press que los cambios experimentados por el clima y el paisaje obligan a transformar también la manera de afrontar los incendios. A su juicio, el modelo basado principalmente en la extinción ya no resulta suficiente frente a episodios de gran intensidad y rápida propagación.
“El enfoque centrado fundamentalmente en la extinción antes valía, pero ahora estamos viendo cómo es ineficaz en estos incendios tan intensos”, ha señalado Hernández. La especialista ha advertido de que estos fuegos liberan una cantidad de energía tan elevada que la capacidad de los dispositivos de extinción llega a su límite, lo que impide controlar las llamas mediante los métodos habituales.
Lo que hace falta es voluntad política e inversiones para ponerlas en marcha
LOURDES HERNÁNDEZ, especialesta en incendios forestales de WWF España
WWF sostiene que existen otras fórmulas para reducir el riesgo y limitar el impacto de los grandes incendios, pero considera que su aplicación requiere más recursos económicos y una actuación política decidida. “Lo que hace falta es voluntad política e inversiones para ponerlas en marcha”, ha recalcado la técnica de la organización ambiental.
Hernández ha identificado tres factores principales que explican por qué los incendios actuales son más intensos, más rápidos y más difíciles de controlar. El primero es el cambio climático, que favorece fuegos con formas de propagación más intensas y no lineales, por lo que resultan menos predecibles para los operativos.
El segundo factor es el abandono del medio rural, que provoca que usos tradicionales y aprovechamientos del monte dejen de realizarse. Esta situación favorece la acumulación de vegetación y materiales combustibles, aumentando las posibilidades de que un incendio se propague con rapidez y alcance una mayor intensidad.
A ello se suma el creciente contacto entre las zonas forestales y los núcleos habitados. Hernández ha advertido de que, por una parte, se han construido casas y urbanizaciones dentro del monte y, por otra, la vegetación forestal está avanzando hacia algunos municipios rurales como consecuencia del abandono de los aprovechamientos.
Viviendas junto al monte
Este contacto entre las áreas urbanas y forestales resulta extremadamente peligroso en caso de incendio, según WWF. La proximidad de viviendas, urbanizaciones e infraestructuras obliga a los equipos de emergencia a centrar parte de sus esfuerzos en proteger a la población y no únicamente en frenar el avance del fuego.
La especialista de WWF ha recordado que la legislación obliga a que todas estas zonas de contacto entre lo urbano y lo forestal dispongan de medidas y planes de autoprotección. Sin embargo, ha denunciado que en alrededor del 80% de los casos esos planes no existen o no llegan a aplicarse de manera efectiva.
Esta falta de preparación aumenta la exposición de las viviendas y sus habitantes a los incendios. Hernández ha explicado que lo que anteriormente podía considerarse un problema fundamentalmente rural termina convirtiéndose en una emergencia de carácter civil, ya que la seguridad de las personas queda directamente amenazada.
Al final, lo que sucede es que lo que antes era un problema más rural se acaba convirtiendo en emergencias civiles
MÓNICA PARRILLA, responsable de incendios de Greenpeace
“Al final, lo que sucede es que lo que antes era un problema más rural se acaba convirtiendo en emergencias civiles”, ha resumido la técnica. La ausencia de medidas preventivas, vías de evacuación conocidas y protocolos aplicados dificulta la respuesta cuando las llamas alcanzan las proximidades de los municipios.
La responsable de incendios de Greenpeace, Mónica Parrilla, ha coincidido en que los incendios forestales han evolucionado desde un problema ambiental y social hasta convertirse en una cuestión de protección civil. A su juicio, los avances logrados hasta ahora para afrontar esta transformación siguen siendo claramente insuficientes.
Parrilla ha señalado que el dramático balance de víctimas mortales registrado en Los Gallardos muestra las consecuencias de esta falta de adaptación. La portavoz de Greenpeace ha trasladado además un mensaje de apoyo a los familiares y seres queridos de las personas afectadas por el incendio.
Más prevención y planificación
Ya no se puede continuar presentando cada episodio únicamente como un nuevo récord, porque se trata de una crisis en la que el cambio climático desempeña un papel fundamental
Greenpeace ha advertido de que la ciudadanía se está acostumbrando a hablar constantemente de récords de temperaturas, olas de calor e incendios extremos. Sin embargo, Parrilla ha afirmado que ya no se puede continuar presentando cada episodio únicamente como un nuevo récord, porque se trata de una crisis en la que el cambio climático desempeña un papel fundamental.
La organización considera que la prevención de los incendios forestales es la mejor herramienta para reducir su frecuencia y sus consecuencias. Para avanzar en esta dirección, plantea actuar tanto sobre las causas que originan los fuegos como sobre las condiciones del territorio que facilitan su propagación.
Una de las líneas de actuación consiste en reducir los incendios provocados por accidentes y negligencias. La otra pasa por disminuir la vulnerabilidad del territorio mediante una gestión forestal adecuada y por incorporar de forma efectiva el riesgo de incendio en la planificación urbanística.
Parrilla ha reclamado que las decisiones sobre el crecimiento de municipios, urbanizaciones e infraestructuras tengan en cuenta la posibilidad de que se produzcan grandes incendios. Esta planificación debe evitar la creación de nuevas áreas vulnerables y mejorar la protección de aquellas zonas en las que ya existe contacto entre viviendas y masas forestales.
1.000 millones de euros anuales a la gestión forestal
Greenpeace ha pedido destinar 1.000 millones de euros anuales a la gestión forestal con el objetivo de prevenir el riesgo de propagación de las llamas. La organización considera que esta inversión permitiría intervenir sobre el territorio, reducir su vulnerabilidad y facilitar el trabajo de los dispositivos de emergencia.
La responsable de incendios de Greenpeace ha advertido asimismo de que todavía queda mucho por hacer en relación con los planes preventivos de las zonas consideradas de alto riesgo. Estos documentos, ha subrayado, no deben limitarse a cumplir un requisito técnico o administrativo.
WWF y Greenpeace coinciden así en que la respuesta no puede concentrarse únicamente en combatir las llamas una vez iniciado el incendio, sino que debe reforzar la prevención, la gestión forestal, la autoprotección y la planificación del territorio
“Un plan de emergencia local no puede ser un documento técnico”, ha afirmado Parrilla. Según ha explicado, debe convertirse en una herramienta que llegue a la población mediante información, comunicación y simulacros, para que los vecinos conozcan cómo deben actuar y qué medidas deben adoptar si se produce un incendio.
Además de preparar a la ciudadanía, Greenpeace ha reclamado que los planes garanticen que los operativos de extinción dispongan de todos los medios y recursos necesarios. WWF y Greenpeace coinciden así en que la respuesta no puede concentrarse únicamente en combatir las llamas una vez iniciado el incendio, sino que debe reforzar la prevención, la gestión forestal, la autoprotección y la planificación del territorio.
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