El pseudoecologismo, también denominado falso ecologismo, se ha consolidado como un fenómeno cada vez más visible en una sociedad donde la sostenibilidad se convierte en un valor central.

Sumario

 

Aunque empresas, instituciones y ciudadanos declaran un mayor compromiso ambiental, en muchos casos este no se traduce en acciones reales y medibles, sino en estrategias orientadas a mejorar la imagen o los beneficios sin cambios profundos. Reconocer esta diferencia es hoy una competencia ciudadana básica.

 

Qué es el pseudoecologismo

 

Qué es el pseudoecologismo o falso ecologismo / Imagen: EA Qué es el pseudoecologismo o falso ecologismo / Imagen: EA

El pseudoecologismo, también denominado falso ecologismo, es un fenómeno en expansión que consiste en simular compromiso ambiental sin aplicar cambios reales ni verificables, con el objetivo de mejorar la imagen o los beneficios económicos. En un contexto donde la sostenibilidad se ha convertido en un valor central, este tipo de prácticas genera confusión social, desinformación y retrasos en la transición ecológica.

En las últimas décadas, la creciente preocupación por el medio ambiente ha impulsado a empresas, instituciones y ciudadanos a adoptar discursos sostenibles. Sin embargo, en muchos casos este compromiso es más aparente que real, dando lugar a estrategias que priorizan la imagen frente al impacto. Este fenómeno conecta con una crítica ampliamente desarrollada en la literatura científica y filosófica.

El filósofo Mario Bunge, en línea con los debates sobre la pseudociencia recogidos en la Stanford Encyclopedia of Philosophy (1), ya advirtió que estas prácticas no son inocuas, sino que pueden erosionar la cultura científica y distorsionar la toma de decisiones. En este marco, el pseudoecologismo reproduce un patrón típico: la apariencia de rigor sustituye a la evidencia.

La pseudociencia no es inofensiva: distorsiona la toma de decisiones colectivas y erosiona la confianza en el conocimiento científico, que es la única herramienta que tenemos para afrontar problemas reales

MARIO BUNGE, filósofo de la ciencia

Y sus consecuencias son reales: cada año que el falso ecologismo ocupa el espacio del debate ambiental es un año perdido para la acción climática efectiva.

El pseudoecologismo puede definirse como la simulación de compromiso ambiental por parte de empresas, instituciones o personas, que utilizan el lenguaje de la sostenibilidad para mejorar su reputación o beneficios económicos sin aplicar transformaciones estructurales. Este fenómeno se basa en la apariencia de sostenibilidad, pero carece de impacto real medible.

A diferencia del ecologismo genuino, que implica cambios profundos y verificables, el pseudoecologismo se limita a acciones superficiales o simbólicas. Como advierte la literatura filosófica, la pseudociencia se caracteriza precisamente por presentarse como conocimiento fiable sin cumplir los criterios del método científico, una idea central en la misma Stanford Encyclopedia of Philosophy.

Eustoquio Molina, catedrático del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Zaragoza y exmilitante del partido verde Equo, ha señalado que ciertas corrientes ecologistas pueden derivar en posiciones anticientíficas cuando sustituyen la evidencia por planteamientos ideológicos. En su análisis publicado en El Escéptico (2014) (2), Molina advierte de que el movimiento ecologista y la ciencia de la ecología no son lo mismo: la primera es un movimiento sociopolítico; la segunda, una disciplina científica rigurosa.

La ecología es una ciencia y el ecologismo es un movimiento social. No es lo mismo ser ecólogo que ecologista, y confundirlos tiene consecuencias políticas y científicas que no podemos ignorar

EUSTOQUIO MOLINA, catedrático de Ciencias de la Tierra, Universidad de Zaragoza

Confundirlas, concluye Molina, tiene consecuencias prácticas y políticas que no pueden ignorarse.

 

Tipos de pseudoecologismo

 

El pseudoecologismo no es un fenómeno único, sino que se manifiesta en distintas formas que comparten una misma lógica de simulación. Identificar cada tipo es el primer paso para no caer en sus trampas.

La primera y más extendida es el greenwashing, que consiste en el uso de estrategias de marketing engañosas para hacer creer que un producto, servicio o empresa es más ecológico de lo que realmente es. Esta práctica ha sido reconocida a nivel europeo: la Unión Europea ha aprobado la Directiva (UE) 2024/825, orientada a combatir las prácticas engañosas relacionadas con afirmaciones ambientales.

En segundo lugar, se encuentra el falso ambientalismo basado en pseudociencia y pseudoterapias, donde la ecología se utiliza como base para discursos sin evidencia científica. En este ámbito, el Ministerio de Sanidad de España ha advertido sobre las pseudoterapias, señalando que pueden carecer de base científica y suponer riesgos.

En tercer lugar aparece el sectwashing, un fenómeno menos visible en el que el discurso ecológico o "natural" se utiliza para legitimar dinámicas de grupo cerradas o de influencia intensa, donde la sostenibilidad actúa como elemento de cohesión o captación. Los tres tipos comparten una característica definitoria: el discurso ambiental se instrumentaliza en beneficio de quien lo emite, no del planeta.

El lenguaje de la sostenibilidad se ha convertido en uno de los recursos de legitimación más eficaces de nuestro tiempo, precisamente porque nadie quiere verse del lado equivocado en el debate ambiental

DIRECTIVA (UE) 2024/825 – exposición de motivos del legislador europeo sobre afirmaciones ambientales engañosas

 

Greenwashing empresarial

 

El greenwashing es la forma más reconocible de pseudoecologismo y se manifiesta principalmente en el ámbito empresarial. Consiste en presentar productos o servicios como sostenibles mediante mensajes, imágenes o etiquetas engañosas, sin que exista un cambio real en su impacto ambiental.

La normativa europea considera estas prácticas como formas de publicidad engañosa, especialmente cuando se utilizan términos genéricos sin respaldo verificable, tal y como recoge la regulación comunitaria sobre afirmaciones ambientales. En España, la Comisión Nacional de Mercados y la Competencia (CNMC) también ha comenzado a prestar atención a este tipo de comunicaciones comerciales engañosas.

Son ejemplos habituales los productos con envases verdes pero fabricados con materiales no reciclables, aerolíneas que venden "vuelos neutros en carbono" mediante compensaciones de dudosa eficacia, empresas energéticas que anuncian compromisos de descarbonización a décadas vista mientras siguen invirtiendo en combustibles fósiles, o marcas de moda que lanzan líneas "sostenibles" dentro de modelos de producción masiva globalmente contaminantes. El denominador común es siempre el mismo: una acción menor presentada como transformación profunda.

La mejor defensa frente al greenwashing es exigir datos concretos, plazos verificables y certificaciones de terceros independientes –como la etiqueta Ecolabel de la UE o las certificaciones de organismos acreditados– antes de dar crédito a cualquier afirmación ambiental.

Destacar una pequeña acción ecológica para ocultar un impacto global contaminante no es sostenibilidad: es publicidad engañosa. Y la normativa europea empieza a tratarla como tal

DIRECTIVA (UE) 2024/825, Parlamento Europeo y Consejo de la Unión Europea

 

Pseudociencia, pseudoterapias y negacionismo

 

La segunda vertiente del pseudoecologismo se desarrolla en el ámbito de la pseudociencia y pseudoterapias, donde la ecología se mezcla con discursos sobre salud, bienestar o espiritualidad. En estos casos, lo "natural" se presenta como alternativa a la evidencia científica, lo que puede derivar en formas de negacionismo científico.

Entre los ejemplos más frecuentes se encuentran las dietas "detox" sin base científica, terapias "naturales" presentadas como ecológicas o discursos que rechazan avances científicos en nombre de lo "natural". En este contexto, también aparecen corrientes vinculadas al movimiento antivacunas, que cuestionan el consenso científico y pueden generar riesgos para la salud pública.

El biotecnólogo José Miguel Mulet, catedrático de la Universidad Politécnica de Valencia y miembro de la Asociación para el Avance del Pensamiento Crítico (ARP-SAPC), ha documentado extensamente este fenómeno. En obras como Los productos naturales ¡vaya timo! (2011) (3) y Comer sin miedo (2014) (3), Mulet desmonta la idea de que "natural" equivale a "seguro" o "beneficioso", señalando que en la naturaleza existen venenos mortales y que todos los avances científicos son, por definición, artificiales.

Decir que algo es natural no lo hace ni seguro ni eficaz. En la naturaleza hay venenos mortales, y todos los avances de la medicina son, por definición, artificiales. La falacia naturalista nos hace más vulnerables, no más sabios

JOSÉ MIGUEL MULET, catedrático de Biotecnología, Universidad Politécnica de Valencia

En su obra más reciente, Ecologismo real (2022) (5), Mulet da un paso más y propone directamente un ecologismo depurado de pseudociencia, basado en datos y en el consenso científico internacional.

Esta misma preocupación la aborda desde un ángulo político el periodista y divulgador científico Mauricio-José Schwarz en La izquierda feng-shui (Editorial Ariel, 2017) (7). Schwarz analiza cómo una parte del pensamiento progresista ha abandonado la tradición ilustrada de la razón y la ciencia para asumir la visión mística del new age, el rechazo a la medicina convencional, el antivacunismo y el movimiento antitransgénicos.

El movimiento antitransgénicos, el antivacunismo y las pseudoterapias naturales no son posiciones progresistas: son el resultado de haber abandonado la razón ilustrada en favor de una visión mística del mundo que no resiste el contraste con los hechos

MAURICIO-JOSÉ SCHWARZ, periodista y divulgador científico, autor de La izquierda feng-shui

Su tesis es incómoda pero documentada: el pseudoecologismo no es un fenómeno ideológicamente neutro, y su arraigo en ciertos entornos progresistas tiene raíces históricas y culturales concretas que conviene entender para poder combatirlo.

Un caso paradigmático es el rechazo de algunas organizaciones ecologistas a los organismos genéticamente modificados (OGM). El alarmismo en torno a los transgénicos –acusados sin evidencia de causar cáncer, dañar la biodiversidad o arruinar a agricultores– no ha encontrado respaldo en décadas de investigación. En 2016, la National Academies of Sciences de Estados Unidos publicó un exhaustivo informe tras analizar más de 900 estudios: no se encontró evidencia de riesgo para la salud humana derivado del consumo de OGM actualmente en el mercado. (6) El estudio del investigador Seralini que pretendía vincular el maíz transgénico con tumores en ratas fue retirado por la revista que lo publicó por falta de rigor metodológico. Sin embargo, como señala Mulet, el daño en la percepción pública ya estaba hecho.

El catedrático de Bioquímica de la Universidad Politécnica de Madrid, Francisco García Olmedo, abordó esta paradoja en El ingenio y el hambre: de la revolución agrícola a la transgénica (2009) (4): la modificación genética es una aceleración de procesos que la selección natural y la agricultura llevan realizando durante millones de años. Prohibirla en nombre de lo "natural" es, en sí mismo, una posición anticientífica.

La modificación genética de plantas es una extensión de lo que la humanidad ha hecho desde los orígenes de la agricultura. Oponerse a ella en bloque, por principio ideológico y sin atender a la evidencia, no es prudencia: es dogmatismo con consecuencias reales sobre el hambre y la salud en el mundo

FRANCISCO GARCÍA OLMEDO, catedrático de Bioquímica, Universidad Politécnica de Madrid

El caso del arroz dorado –una variedad transgénica enriquecida con betacaroteno que podría prevenir la ceguera y la muerte por déficit de vitamina A en países empobrecidos– ilustra con crudeza las consecuencias reales de este rechazo dogmático. Organizaciones como Greenpeace se han opuesto activamente a su cultivo exclusivamente por su condición de transgénico, lo que ha llevado a uno de sus cofundadores, Patrick Moore, a crear el movimiento "Permitid el Arroz Dorado Ya" y a protagonizar protestas frente a las sedes de la organización que contribuyó a fundar. El coste de esa postura se mide en vidas humanas.

Las autoridades sanitarias han dado un paso decisivo en este sentido. El Ministerio de Sanidad, a través de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), ha concluido que la homeopatía no tiene eficacia en ninguna patología y no supera al placebo en ningún ensayo clínico riguroso. Como consecuencia, se han retirado del mercado más de 1.000 productos homeopáticos con indicaciones terapéuticas, y actualmente ningún producto homeopático cuenta con indicación terapéutica autorizada en España. La ministra de Sanidad, Mónica García, ha sido contundente: la homeopatía no funciona, y el principal riesgo es que los pacientes abandonen tratamientos con eficacia demostrada. La homeopatía, la medicina naturista sin control clínico y las dietas milagro se presentan como opciones más "naturales" y "ecológicas", pero carecen de evidencia clínica que las respalde, tal como expone en el informe Homeopatía y productos homeopáticos: Evaluación de las evidencias acerca de su eficacia y seguridad (8).

La homeopatía, la medicina naturista sin control clínico y las dietas milagro no son alternativas más seguras ni más ecológicas: son prácticas que se venden como naturales para ocupar el espacio que deja la desconfianza en la ciencia, alimentada a menudo por el propio pseudoecologismo

MAURICIO-JOSÉ SCHWARZ, periodista y divulgador científico, autor de La izquierda feng-shui

Estas dinámicas contribuyen a la desinformación y a la erosión de la confianza en la ciencia, dificultando la toma de decisiones informadas tanto a nivel individual como colectivo.

 

Sectwashing y dinámicas de influencia

 

El sectwashing representa una dimensión más compleja y menos visible del pseudoecologismo. Se trata del uso del discurso ecológico para legitimar estructuras de influencia o grupos cerrados, donde la sostenibilidad se convierte en un elemento de identidad, cohesión interna o control sobre los miembros.

A diferencia del greenwashing –que opera hacia el exterior para captar consumidores– el sectwashing opera hacia el interior del grupo, utilizando valores ambientales o el estilo de vida "natural" para crear una identidad colectiva que dificulta el pensamiento crítico individual y refuerza la dependencia respecto al grupo o su liderazgo.

Steven Hassan, especialista en comportamiento coercitivo de grupos, ha advertido de cómo determinados colectivos pueden utilizar discursos positivos –como el ecologismo o la vida "natural"– para ejercer control psicológico y reforzar dinámicas de dependencia. Según Hassan, estas estructuras suelen combinar un lenguaje de empoderamiento personal con mecanismos de presión grupal que penalizan el disenso.

Algunos grupos utilizan el ecologismo y la vida natural como herramienta de captación y control. La sostenibilidad se convierte en una identidad cerrada que penaliza el pensamiento crítico y refuerza la dependencia hacia el grupo.

STEVEN HASSAN, especialista en comportamiento coercitivo de grupos

En España, la RedUNE (Red de Prevención del Sectarismo y del Abuso de Debilidad) advierte de la presencia de grupos que operan en ámbitos como la salud o el bienestar, donde pueden integrarse discursos ambientales junto a elementos de pseudociencia o negacionismo científico como herramientas de captación y fidelización.

El experto Carlos Bardavío señala que estas dinámicas se desarrollan en distintos "mercados" sociales, aprovechando la búsqueda de sentido y comunidad de muchas personas. El psicólogo Miguel Perlado describe algunos casos como una "deriva sectaria pseudo-filosófico-ecologista", donde se combinan espiritualidad, pseudociencia y rechazo de la sociedad convencional en un relato que puede resultar muy atractivo para personas en momentos de vulnerabilidad o búsqueda de alternativas. Identificar estos patrones a tiempo es fundamental para proteger la autonomía personal.

 

Características del falso ecologismo

 

El pseudoecologismo presenta una serie de rasgos comunes que permiten identificarlo con independencia de la forma concreta que adopte:

  • Marketing engañoso: uso de elementos visuales –colores verdes, imágenes de naturaleza, términos como "eco", "bio" o "natural"– sin respaldo real ni certificación verificable.
  • Cambios cosméticos: acciones puntuales y visibles que no modifican el modelo de fondo (un envase reciclable dentro de una cadena de producción altamente contaminante, por ejemplo).
  • Ausencia de evidencia científica: los beneficios ambientales o para la salud se afirman sin datos, estudios o métricas independientes que los respalden.
  • Negacionismo selectivo: rechazo de avances científicos concretos (transgénicos, vacunas, tratamientos farmacológicos) en nombre de lo "natural", mientras se acepta sin crítica cualquier afirmación que encaje con el relato ideológico.
  • Desconexión entre discurso y práctica: las declaraciones de compromiso ambiental no se corresponden con cambios reales en procesos, inversiones o modelos de negocio.
  • Instrumentalización de los valores ambientales: el lenguaje de la sostenibilidad se utiliza para obtener beneficios económicos, reputacionales o de control grupal, no para proteger el medio ambiente.

Cuantos más de estos rasgos se detecten simultáneamente, mayor es la probabilidad de estar ante un caso de pseudoecologismo. Como documenta Mauricio-José Schwarz en La izquierda feng-shui, este abandono de la razón afecta a movimientos que se consideran progresistas pero que han cedido terreno a la irracionalidad.

Una izquierda que abandona la razón y la ciencia para abrazar el misticismo del new age, el rechazo a los transgénicos o la medicina alternativa no está siendo más progresista: está siendo menos rigurosa y, en última instancia, menos eficaz.

MAURICIO-JOSÉ SCHWARZ, periodista y divulgador científico, autor de La izquierda feng-shui

 

Impacto del pseudoecologismo

 

Las consecuencias del pseudoecologismo son amplias y se extienden a distintos ámbitos. Genera desinformación del consumidor, contribuye a una falsa sensación de progreso y provoca un retraso en la transición ecológica al hacer creer que los problemas se están abordando cuando en realidad no es así.

En el plano económico, implica competencia desleal frente a empresas que sí aplican criterios de sostenibilidad reales y verificables, y que deben asumir costes que sus competidoras eluden mediante comunicación engañosa. En el ámbito de la salud, la difusión de pseudociencia, pseudoterapias y discursos antivacunas puede derivar en riesgos significativos y evitables para la salud pública, especialmente cuando alejan a las personas de tratamientos de eficacia demostrada.

Quizás el daño más difícil de reparar es el sistémico. Así lo advierte Eustoquio Molina: cuando el falso ecologismo copa el debate, el ecologismo riguroso pierde credibilidad por asociación. La ciudadanía, saturada de mensajes contradictorios, puede desarrollar una fatiga o un escepticismo generalizado que dificulte la acción colectiva real.

Cuando el pseudoecologismo ocupa el espacio del debate ambiental, el ecologismo riguroso pierde credibilidad por asociación. Y ese es quizás el daño más difícil de reparar: la ciudadanía aprende a desconfiar de todo lo verde, incluido lo que de verdad importa.

EUSTOQUIO MOLINA, catedrático de Ciencias de la Tierra, Universidad de Zaragoza

En casos de sectwashing, el impacto se extiende además a la vulnerabilidad psicológica y social de las personas afectadas.

 

Cómo detectar el pseudoecologismo

 

Detectar el pseudoecologismo requiere una actitud crítica activa. Estas son las claves principales:

En el ámbito empresarial y de consumo, es fundamental verificar certificaciones oficiales de terceros independientes (Ecolabel, FSC, Rainforest Alliance, etc.), analizar el ciclo de vida completo del producto o servicio –no solo el envase o la fase más visible– y desconfiar de términos vagos sin métricas concretas: afirmaciones como "comprometidos con el planeta" o "producción responsable" sin datos que las respalden son señales de alerta.

En el ámbito de la salud y el bienestar, la clave es exigir evidencia científica publicada en revistas con revisión por pares y evitar propuestas basadas en pseudoterapias o discursos negacionistas. La regla es sencilla: si una propuesta de salud apela exclusivamente a lo "natural" sin citar estudios clínicos rigurosos, la carga de la prueba recae sobre quien la formula, no sobre quien la cuestiona.

También es importante evaluar la coherencia entre discurso y práctica: una empresa que anuncia productos "eco" mientras mantiene procesos altamente contaminantes no está haciendo ecologismo, sino marketing. Y en entornos sociales y comunitarios, conviene detectar posibles dinámicas de sectwashing: grupos que utilizan lo "natural" o lo "verde" como elemento identitario cerrado, que penalizan el pensamiento crítico interno o que mezclan compromiso ambiental con pseudoterapias y negacionismo son señales que merecen atención. La Comisión Europea lo resume con precisión.

Si una afirmación ambiental no viene acompañada de datos verificables, plazos concretos y certificaciones de terceros independientes, lo más probable es que sea marketing, no ecologismo.

COMISIÓN EUROPEA, en el contexto de la Directiva (UE) 2024/825 sobre afirmaciones medioambientales

 

Diferencias con el ecologismo real

 

La diferencia entre ecologismo genuino y pseudoecologismo radica en sus fundamentos y en su impacto real. El primero se basa en evidencia científica, transparencia y criterios verificables, lo que permite medir los resultados de las acciones ambientales y garantizar su eficacia.

Por el contrario, el pseudoecologismo se apoya en el marketing y la ambigüedad, recurriendo a términos como "eco" o "natural" sin respaldo claro, y generando una percepción de sostenibilidad que no siempre se corresponde con la realidad.

Además, el ecologismo auténtico implica cambios estructurales y a largo plazo, mientras que el pseudoecologismo se limita a acciones superficiales o cosméticas, que no modifican el impacto ambiental. Como señala Eustoquio Molina, lo ideal sería una colaboración más intensa entre ecólogos –los científicos que estudian los ecosistemas con rigor– y ecologistas –los activistas que los defienden con convicción–. El propio Mulet, en Ecologismo real, apunta en la misma dirección.

El ecologismo que necesitamos no es el que abraza lo natural por fe, sino el que exige datos, mide resultados y acepta la corrección científica. Un ecologismo sin rigor no protege el planeta: lo abandona con buena conciencia.

JOSÉ MIGUEL MULET, catedrático de Biotecnología, autor de Ecologismo real

No se trata de elegir entre ecología y ciencia, sino de exigir que vayan siempre de la mano.

 

Un fenómeno en expansión

 

El pseudoecologismo refleja las tensiones entre la creciente conciencia ambiental y los modelos económicos y sociales actuales. La expansión del greenwashing, la pseudociencia, las pseudoterapias, el negacionismo y el sectwashing muestra cómo lo "verde" puede convertirse en una herramienta de legitimación sin impacto real –y, en algunos casos, con consecuencias activamente negativas para la salud pública y la acción climática.

Distinguir entre sostenibilidad real y aparente es hoy una responsabilidad cívica, no solo una opción de consumo. La buena noticia es que las herramientas para hacerlo existen: el pensamiento crítico, la demanda de datos verificables y el apoyo a organizaciones e iniciativas con base científica sólida son pasos concretos que cualquier persona puede dar. Como se pregunta Mauricio-José Schwarz en La izquierda feng-shui:

¿Cómo es posible que un sector de la izquierda política se haya apartado tanto del camino de la razón y el conocimiento que le dieron origen en el siglo XVIII como para asumir la visión mística del new age y el rechazo a la ciencia?

MAURICIO-JOSÉ SCHWARZ, periodista y divulgador científico, autor de La izquierda feng-shui

El ecologismo que el planeta necesita es riguroso, honesto y verificable. Todo lo demás es ruido verde.

 

Preguntas frecuentes sobre el pseudoecologismo

 

¿Cuál es la diferencia entre ecologismo y pseudoecologismo?

El ecologismo genuino se basa en evidencia científica, propone cambios estructurales verificables y busca resultados medibles en términos de impacto ambiental real. El pseudoecologismo utiliza el lenguaje y la estética de la sostenibilidad para obtener beneficios de imagen, económicos o de control social, sin que existan transformaciones reales ni verificables. La diferencia clave está en la transparencia, la metodología y el impacto comprobable.

¿Es lo mismo greenwashing que pseudoecologismo?

No exactamente. El greenwashing es la forma más conocida de pseudoecologismo, pero no la única. El pseudoecologismo es el concepto más amplio e incluye también el falso ambientalismo basado en pseudociencia y pseudoterapias, y el sectwashing. Dicho de otro modo: todo greenwashing es pseudoecologismo, pero no todo pseudoecologismo es greenwashing.

¿Puede un partido o movimiento ecologista caer en el pseudoecologismo?

Sí. Como documentó el científico Eustoquio Molina en su análisis publicado en El Escéptico (2014), algunos movimientos y partidos ecologistas han adoptado posiciones anticientíficas –como el rechazo dogmático a los transgénicos o el apoyo a pseudoterapias– que los sitúan, en esos aspectos concretos, dentro del pseudoecologismo. La etiqueta "verde" no es garantía de rigor científico, del mismo modo que ninguna ideología política está inmune a la desinformación.

 

Referencias