Desde el Departamento de Biología de la Conservación de la Estación Biológica de Doñana (EBD), centro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) con sede en Sevilla, el biólogo sevillano Miguel Clavero centra su actividad investigadora en dos aspectos. Por un lado, investiga sobre la biodiversidad de las aguas continentales, con el foco puesto en la anguila y en los cangrejos de ríos. Por otro, estudia la ecología histórica, que muestra cómo los seres humanos hemos interactuado con nuestro entorno a lo largo del tiempo. Este trabajo le ha llevado a descubrimientos como que el llamado cangrejo de río ibérico fue introducido realmente desde Italia por Felipe II.

El reciente anuncio del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico de volver a proponer a las comunidades autónomas declarar la anguila en peligro de extinción, con el objetivo de garantizar su recuperación y frenar su declive, muestra la importancia de la comunidad científica y su investigación en las políticas públicas. Un trabajo liderado por Clavero y otros investigadores de la EBD-CSIC publicado en 2025 en la revista científica Conservation Letters concluyó que la propia escasez de la especie, combinada con el deseo humano de consumir productos exclusivos, genera una espiral de extinción que promueve que la anguila pueda pescarse y ser comercializada hasta su desaparición definitiva.

 

Pregunta:  ¿Cuál es el estado de conservación de la biodiversidad en Europa?

Respuesta: En Europa hay procesos en marcha que han permitido que se recupere parte de la biodiversidad, como ha ocurrido en parte con algunos grandes carnívoros y con la fauna y la flora asociada a masas forestales, gracias al desarrollo económico que ha hecho que se deje de explotar mucha materia prima y ha permitido la recuperación del bosque. Pero hay muchos grupos que tienen muy mal estado de conservación, como los organismos asociados a ambientes agrícolas o abiertos, que se han ido perdiendo. En general, la fauna acuática tiene un estado de conservación muy pobre y que va a peor, en especial, los peces de río.

 

P: Las anguilas japonesas y americanas están en peligro de extinción y la europea en peligro crítico, pero se comercializan. ¿Por qué?

R: La categoría de amenaza que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por las siglas en inglés) le da a una especie en función de su estado y tendencias no tiene ninguna implicación legal. La anguila europea sostuvo la pesquería de aguas continentales más importante de Europa. Eso ha generado una inercia y un lobby que tiene una fuerza muy grande frente a las decisiones que se deberían tomar: la prohibición de la pesca y de la comercialización. Las administraciones a todos los niveles son muy temerosas de la impopularidad que pudiera generar esa decisión. Pero los pasos tomados estos días por el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico parecen muy decididos y son esperanzadores.

 

P:  ¿Cuáles son los principales argumentos, a favor y en contra, de prohibir la pesca de la anguila?

R: La tendencia de la anguila europea es muy clara y la aboca a la extinción. El análisis de los datos globales llevó a considerarla en peligro crítico ya en 2008 y evaluaciones posteriores han llegado a esa misma conclusión. Una especie a las puertas de la extinción no debe explotarse comercialmente. Evidentemente, quienes pescan y venden anguilas se sienten perjudicados. Pero el papel de las administraciones no debe ser aparcar el conocimiento científico para hacer suyos los argumentos de esos colectivos agraviados, sino ofrecer soluciones a esa gente. Las administraciones deberían incluir a los pescadores en los programas de seguimiento de la anguila. Su participación y su conocimiento son importantes y hay muchas formas de hacerlos partícipes en la deseada recuperación de la anguila. Pero abrazar el negacionismo científico con la ilusión de conservar una actividad que va a desaparecer igualmente cuando no haya anguila es hacer un flaco favor a los pescadores y a toda la sociedad. Esperemos que las administraciones estén a la altura como gestoras del bien común.

 

P: ¿Es posible la cría en cautividad de la anguila?

R: Se ha invertido mucho en ello. Con la que más se ha avanzado es con la anguila japonesa y casi se ha logrado cerrar el ciclo. Con la anguila europea se ha conseguido reproducir las condiciones en las que se suponen que se reproducen, e incluso que nazcan individuos, pero no se ha llegado a cerrar el ciclo todavía. Aunque se consiga, no es ninguna garantía de que se vaya a conservar la especie. El ejemplo más claro de ello es el del salmón atlántico. Es una especie en declive, con una tendencia a la extinción en España, mientras que a la vez es uno de los peces que más se cría en cautividad del mundo. Tiene un mercado gigantesco, y se produce en varios países, pero su cría en cautividad no ha impedido en ningún momento que las tendencias de las poblaciones naturales sean regresivas. De todas formas, todavía no está en el horizonte cercano que la anguila se pueda producir en cautividad de forma barata para abastecer los mercados, como se hace con el salmón. Es inviable comercialmente, de momento.

 

P: ¿Cómo ha llegado la angula, la cría de la anguila, a convertirse en un plato de lujo?

R: Hay algo de mito en que la angula fuese un plato de pobres. Sí era, eso lo sabemos, un animal muy abundante, que en muchos lugares no se explotaba. En el río Guadalquivir nadie utilizaba la angula hasta que vinieron los vascos en los años 70 y pagaron por ella. Antes no se explotaba y no sería raro que un recurso tan abundante se utilizase, como se dice, para alimentar a gallinas y cerdos. En el País Vasco, donde nació la tradición del consumo de angulas, sí era una comida popular. Con el derrumbe de la población de anguila, desde aproximadamente el año 1980, se capturan muchas menos angulas y esta escasez ha hecho que se convierta en un producto caro. Cuando un producto se encarece en exceso puede pasar que se abandone, pero también que las élites empiecen a verlo como un signo de exclusividad. Y esto último es lo que ha pasado con la angula. Si sigue la tendencia de aumento del precio, en teoría sería rentable capturar hasta las últimas angulas para venderlas en el mercado y que alguien se las coma. A este bucle perverso, que se retroalimenta positivamente, se le llama espiral de extinción fomentada por el mercado, y solamente pararía si las administraciones prohibiesen el comercio de angulas. Si dejamos que el mercado funcione libre, llevará la anguila a la extinción.

 

P: ¿Qué factores han provocado el declive de la anguila?

R: Es un proceso multifactorial. Una causa son las presas, que actúan de barreras. A principios del siglo XX las angulas llegaban sin problema a casi toda España por los cursos de agua, incluso hasta a altitudes por encima de mil metros sobre el nivel del mar. Ahora es prácticamente un animal costero, porque hay miles de embalses y bloquean su acceso a muchos lugares. En Europa, con un relieve mucho más llano, las angulas siguen pudiendo entrar muchos kilómetros tierra adentro. Otro factor es el impacto de un parásito de las anguilas asiáticas, que se introdujo en Europa por el comercio global de anguilas en los años 70 y 80. Este parásito crece en la vejiga natatoria y se cree que limita mucho la capacidad de las anguilas de volver al Mar de los Sargazos, donde se reproducen. La contaminación también influye porque acumula mucha grasa, necesaria para volver al Mar de los Sargazos, un viaje de al menos 5.000 kilómetros que realizan sin comer. Esa elevada cantidad de grasa favorece que se acumulen muchos contaminantes.

Además, está una de las amenazas principales: la pesca. El lobby de la pesca de anguila siempre quiere resaltar que es una pesca tradicional, sin impacto, pero la realidad es que no es tan tradicional. Hay una pesquería tradicional que cambió a lo largo del siglo XX para convertirse en una pesquería industrial y que, además, se globalizó. A principios de los años 70 colapsó la anguila japonesa, la especie asiática más consumida en Japón, y el mercado asiático empezó a tirar de la anguila europea, que colapsó. Después se focalizó el mercado en la anguila americana, que colapsó también. Hay un colapso secuencial, que tiene una relación muy clara con la explotación comercial.

 

P: ¿Qué queda por descubrir de la biología de la anguila?

R: Quedan muchas cosas por descubrir. Sorprendentemente todavía no sabemos dónde, ni cómo, ni cuándo se reproduce la anguila europea. El hallazgo de que las anguilas se reproducen en el Mar de los Sargazos se hizo hace algo más de 100 años. Johannes Schmidt, un biólogo danés, se dedicó a recoger larvas de anguila a lo largo y ancho del Atlántico, midiéndolas con la idea de que las más pequeñas estarían allá donde se reprodujese la especie. Fue cerrando un círculo, midiendo miles de larvas leptocéfalas, que es como se llama ese estadio de las anguilas, hasta concentrarse en un óvalo que pintó en un mapa y dijo que las anguilas se reproducen allí. Pero ese óvalo tiene centenares de miles de kilómetros cuadrados.

Después de los trabajos de Schmidt, realmente no hemos aprendido nada nuevo de la reproducción de las anguilas. Los desarrollos tecnológicos han permitido poner transmisores a anguilas que ya estaban migrando hacia los Sargazos y todos los resultados mostraban que las anguilas se dirigían hacia el lugar que había marcado Schmidt. Pero seguimos sin saber dónde se reproducen realmente en ese lugar tan grande, ni a qué profundidad, ni en qué época, ni cuántos individuos de los que salen se reproducen.

 

P: Otro foco de su investigación son las especies invasoras y, en concreto, las invasiones por cangrejos de río, remontándose incluso a siglos pasados. ¿A qué se debe un interés tan prolongado por llevar cangrejos de río de un lugar a otro?

R: Diferentes especies de cangrejos de río se han introducido por muchos sitios porque a los humanos nos gustan estos animales. Son bichos divertidos de coger en el campo, que encima se comen y se transportan vivos con mucha facilidad y a largas distancias. En España se contaba una historia muy limpia y clara sobre que existía un cangrejo de río autóctono, hasta que llegaron las especies americanas y se cargaron al nativo. Pero a través de nuestros trabajos de ecología histórica hemos demostrado que ese cangrejo supuestamente autóctono realmente es también una especie introducida, originaria de Italia. Hemos dado con los documentos de archivo que muestran que el cangrejo de río llegó a España en el siglo XVI, por iniciativa de Felipe II. El rey había organizado el ajardinamiento de los Sitios Reales, en los que se habían construido estanques y quería tener en ellos los peces y cangrejos que había conocido en sus viajes por Europa. Estuvo 25 años intentando conseguir los cangrejos de río hasta que en 1588 se los enviaron desde el Gran Ducado de Toscana. Tenemos documentos que no solamente muestran que se enviaron, sino que llegaron vivos a Madrid.

 

P: ¿Hasta el siglo XVI no había cangrejos de río en la península?

R: Hasta 1588, cuando llegaron los cangrejos italianos, no hay prueba alguna de que hubiera habido cangrejos de río en la península. Desde luego, la especie italiana, importada por Felipe II, no estaba presente en España. Hay fósiles de cangrejos de río en lo que hoy es península ibérica, pero con cientos de millones de años de antigüedad, demasiado tiempo para establecer alguna relación con los cangrejos actuales.

 

P: ¿Cuánto tiempo tendría que pasar para que una especie introducida como el cangrejo de río se considere nativa? ¿O no funciona así?

R: Para mí no funciona así, aunque es verdad que hay discusión en el ámbito científico sobre ese tema. Según mi interpretación, una especie introducida nunca se va a convertir en nativa, porque el hecho de ser introducida es una propiedad de la especie en el territorio. Todas las especies son nativas de algún sitio, pero en un territorio concreto una especie es introducida si su presencia en él se debe al transporte activo por parte del ser humano. El cangrejo de río italiano es una especie introducida en la península ibérica, porque sabemos que se trajo en barco en 1588, y ese carácter no se le va a quitar por mucho tiempo que pase. Ser especie invasora es diferente, ya que esa tipificación tiene más que ver con el impacto y a menudo conlleva una gestión activa tendente a intentar su eliminación o su control.  Aunque el cangrejo de río italiano fue una especie invasora, hoy día no tiene sentido catalogarla como tal, porque el declive que ha tenido hace que su impacto sobre el medio sea mínimo y no tenga ningún sentido actuar en contra suya. La discusión interesante es si tiene sentido actuar tanto en favor suyo.