El 6 de noviembre de 2026 se conmemora el Día Internacional para la Prevención de la Explotación del Medio Ambiente en la Guerra y los Conflictos Armados, proclamado por la Asamblea General de la ONU en 2001. Esta fecha tiene como propósito promover la protección del medio ambiente en situaciones de conflicto bélico.
- La explotación del medio ambiente como motivo de conflictos armados
- Los graves efectos de las guerras en el medio ambiente
- El impacto devastador de las guerras en la población civil y el medio ambiente
- Tecnologías emergentes para preservar el medio ambiente en conflictos bélicos
- Tratados internacionales en defensa del medio ambiente en tiempos de guerra
- El compromiso de las organizaciones no gubernamentales en la causa
La Asamblea General de la ONU declaró el 6 de noviembre como el Día Internacional para la Prevención de la Explotación del Medio Ambiente en la Guerra y los Conflictos Armados (resolución 56/4). En los conflictos, además de las víctimas humanas y la destrucción material, el medio ambiente sufre silenciosamente. Se han justificado acciones como contaminar fuentes de agua, destruir cultivos, talar bosques, contaminar suelos y sacrificar animales para obtener ventajas militares.
La explotación del medio ambiente como motivo de conflictos armados
Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), al menos el 40% de los conflictos internos en los últimos 60 años han estado relacionados con la explotación de recursos naturales, ya sea debido a su valor como la madera, diamantes, oro, minerales y petróleo, o por su escasez, como la tierra fértil y el agua. El riesgo de recaída en conflictos de este tipo vinculados a recursos naturales es el doble en comparación con otros casos.
Ya que no puede haber una paz duradera si los recursos naturales que sustentan los medios de subsistencia y los ecosistemas son destruidos, este día fomenta la idea de la preservación de nuestro entorno natural en los enfrentamientos bélicos. En medio de la devastación y el caos que conlleva un conflicto armado, la preservación del entorno natural a menudo pasa desapercibida. Sin embargo, este tema crítico no puede ser ignorado, no solo es esencial para el bienestar humano, sino que también juega un papel crucial en la construcción de un futuro sostenible y pacífico.
Un paso más allá para lograr este objetivo se produjo el 27 de mayo de 2016, cuando la Asamblea de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente aprobó una nueva resolución sobre la protección del medio ambiente en zonas afectadas por conflictos armados, que reconoce que los ecosistemas saludables y la gestión de los recursos naturales de forma sostenible contribuyen a reducir el riesgo de conflictos armados. En esa misma resolución, la asamblea reiteró su firme compromiso con la completa implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, como se establece en la resolución 70/1 de la Asamblea General, titulada "Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible".
En definitiva, la preservación del entorno natural en medio de la adversidad no es solo una cuestión ambiental, sino una cuestión de derechos humanos. El acceso a un ambiente sano está intrínsecamente ligado a los derechos fundamentales de las personas, desde el derecho a la vida y la alimentación hasta el acceso a agua potable. En tiempos de guerra, proteger y preservar el medio ambiente no es una opción, es una imperiosa necesidad.
Los graves efectos de las guerras en el medio ambiente
La guerra tiene un impacto devastador en el medio ambiente. No solo está en juego la supervivencia humana, sino también la de muchas especies. Sus principales consecuencias para nuestro entorno natural son:
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Contaminación del agua: Los conflictos pueden resultar en la contaminación de fuentes de agua debido al vertido de productos químicos, petróleo y desechos industriales. Esto afecta la vida acuática y pone en peligro la salud humana.
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Destrucción de ecosistemas: La guerra a menudo lleva a la destrucción directa de hábitats naturales, como bosques, humedales y arrecifes de coral. Esto resulta en la pérdida de biodiversidad y en la interrupción de los ciclos naturales.
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Contaminación del aire: Los conflictos pueden generar grandes cantidades de humo, polvo y partículas en suspensión debido a la quema de combustibles fósiles, la explosión de municiones y la destrucción de infraestructuras. Esto tiene efectos perjudiciales para la calidad del aire y la salud respiratoria.
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Emisiones de gases de efecto invernadero: La guerra puede aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero debido a la destrucción de infraestructuras y la quema de combustibles. Esto contribuye al cambio climático y sus efectos asociados.
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Desplazamiento de poblaciones y presión sobre recursos naturales: Los conflictos desplazan a comunidades enteras, que a menudo se ven obligadas a refugiarse en áreas ya habitadas, lo que aumenta la presión sobre los recursos naturales locales.
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Contaminación de suelos y acumulación de residuos tóxicos: La guerra puede resultar en la liberación de sustancias químicas tóxicas en el suelo y la acumulación de residuos peligrosos, lo que contamina la tierra y afecta la producción de alimentos.
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Alteración de ciclos naturales: Las prácticas militares, como la detonación de explosivos y el despliegue de armas, pueden alterar los ciclos naturales de nutrientes y agua, lo que tiene un impacto a largo plazo en los ecosistemas.
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Dificultades en la recuperación tras el conflicto: La restauración y rehabilitación ambiental después de un conflicto puede ser un proceso costoso y complejo, especialmente si se trata de áreas altamente contaminadas o degradadas.
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Amenaza para la seguridad alimentaria: La destrucción de tierras agrícolas y la contaminación de recursos hídricos pueden llevar a la escasez de alimentos y a una mayor inseguridad alimentaria.
El impacto devastador de las guerras en la población civil y el medio ambiente
Datos clave de 2026:
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239 millones de personas necesitan ayuda humanitaria en 2026 (Panorama Global Humanitario, OCHA).
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117,8 millones de personas desplazadas por la fuerza a finales de 2025 (ACNUR).
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311 millones de toneladas de CO₂ equivalente emitidas por la guerra de Ucrania en cuatro años (Iniciativa sobre Contabilidad de Gases de Efecto Invernadero de la Guerra).
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22 millones de personas necesitan asistencia humanitaria en Yemen en 2026 (OCHA).
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71.400 millones de dólares para la recuperación y reconstrucción de Gaza en la próxima década (UE, ONU y Banco Mundial).
Panorama humanitario global en 2026
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierte que la protección del entorno natural en tiempos de guerra es más urgente que nunca. La triple crisis planetaria –cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación– se agrava en los escenarios de conflicto armado, donde la destrucción de ecosistemas y la contaminación de suelos y aguas alcanzan niveles críticos. Por su parte, el Panorama Global Humanitario 2026 de la ONU calcula que 239 millones de personas necesitan ayuda humanitaria y lanza un llamamiento de 33.000 millones de dólares para asistir a 135 millones de ellas en 50 países, de las cuales 87 millones se consideran prioritarias. El año anterior, el llamamiento de 47.000 millones recibió apenas 12.000 millones, la financiación más baja en una década. Además, más de 380 trabajadores humanitarios fueron asesinados, la cifra más alta registrada, y se declararon dos hambrunas simultáneas, en el Territorio Palestino Ocupado y en Sudán.
Ucrania: víctimas civiles y huella de carbono de la guerra
En Ucrania, la invasión a gran escala por parte de Rusia cumplió cuatro años en febrero de 2026 con un coste humano devastador: la ONU ha confirmado 55.550 víctimas civiles, entre ellas 15.378 fallecidos, y 2025 fue el año más letal para la población civil, con 2.514 muertos. La tendencia no ha remitido en 2026: en septiembre murieron al menos 328 civiles y otros 2.105 resultaron heridos, el peor dato para ese mes desde el inicio de la invasión, mientras que en julio el número de fallecidos (448) alcanzó el máximo desde mayo de 2022. Casi seis millones de ucranianos han huido del país y cientos de instituciones médicas y educativas han sido dañadas o destruidas, lo que afecta significativamente a los derechos a la salud y la educación.
La guerra ha sido calificada de "ecocidio" debido a la magnitud de la destrucción ambiental. Según la Iniciativa sobre Contabilidad de Gases de Efecto Invernadero de la Guerra, el conflicto ha generado 311 millones de toneladas de CO₂ equivalente en cuatro años, comparables a las emisiones anuales de Francia; 75 millones corresponden solo al último año. Provienen sobre todo de la actividad bélica directa (37%), los incendios (23%) y la reconstrucción (23%), y en 2025 ardieron 1,39 millones de hectáreas de entornos naturales. Los ataques a fábricas, agroindustrias e infraestructuras de agua y alcantarillado han provocado una contaminación generalizada, y los bombardeos, los incendios forestales, la deforestación y la contaminación química han afectado ya a cerca de un tercio de las zonas protegidas de Ucrania. Kiev prevé reclamar a Rusia ante el Registro de Daños para Ucrania más de 57.000 millones de dólares por el daño climático, lo que la convertiría en el primer país que exige cuentas por las emisiones de una guerra.
Yemen: crisis humanitaria y ambiental
En Yemen, el conflicto se prolonga desde hace más de una década y en 2026 más de 22 millones de personas necesitan asistencia humanitaria y protección. De ellas, 5,2 millones están desplazadas internamente y 18,3 millones sufren inseguridad alimentaria aguda. Más de 2,2 millones de niños menores de cinco años padecen desnutrición aguda, 516.000 de ellos en su forma grave, y 14,4 millones de personas necesitan asistencia en agua y saneamiento por la escasez de agua y los daños en las infraestructuras. La reanudación de las hostilidades en septiembre de 2026 ha obligado a desplazarse a más de 104.000 personas en tan solo dos semanas. La guerra ha devastado el país, exacerbando la crisis humanitaria y ambiental.
Gaza: escombros, contaminación y reconstrucción
En Gaza, los bombardeos han causado una devastación significativa. La destrucción de infraestructuras y la contaminación resultante tienen un impacto duradero en el medio ambiente y en la salud de la población. El PNUMA, que ya calificó de "sin precedentes" los impactos ambientales de la guerra, estima en unos 50 millones de toneladas los escombros, mezclados con aguas residuales y municiones tóxicas que alteran el suelo, el agua y el aire. Junto con el PNUD, apoya su limpieza y gestión para abrir rutas de acceso humanitario y poner en marcha el primer centro de reciclaje de escombros de la Franja. Por su parte, la evaluación final de daños y necesidades de la Unión Europea, la ONU y el Banco Mundial, publicada en abril de 2026, cifra en 71.400 millones de dólares la recuperación y reconstrucción de Gaza durante la próxima década, con más de 371.000 viviendas destruidas o dañadas y unos 1,9 millones de personas desplazadas.
Desplazamiento forzado en el mundo
A nivel global, ACNUR contabiliza en su informe Tendencias Globales 2026 117,8 millones de personas desplazadas por la fuerza en el mundo a finales de 2025, entre ellas 41,6 millones de personas refugiadas y 68,7 millones de desplazadas internas. Es la primera reducción en una década (frente a los 123 millones del año anterior) y se explica por un aumento del 49% de los retornos, que alcanzaron los 14,7 millones, muchos de ellos en circunstancias adversas. La cifra sigue siendo muy elevada en un año con 75 conflictos armados activos, el mayor número desde 1946 según el Uppsala Conflict Data Program, y Sudán continúa siendo la mayor crisis de desplazamiento, con 9,1 millones de desplazados internos.
Reconstrucción verde tras los conflictos
La ONU y las organizaciones internacionales insisten en que la reconstrucción tras los conflictos debe ser "verde", es decir, priorizar la restauración de ecosistemas y la gestión sostenible de recursos para evitar recaídas en la violencia y garantizar una paz duradera.
Tecnologías emergentes para preservar el medio ambiente en conflictos bélicos
El Foro Económico Mundial ha destacado varias tecnologías emergentes que están transformando la observación de la Tierra y mejorando la inteligencia climática. Entre ellas se encuentran los avances en sensores de satélites, que ahora pueden captar imágenes "superespectrales" con una resolución temporal, espacial y espectral mucho mayor que las imágenes multiespectrales actuales. Además, la inteligencia artificial (IA) y el procesamiento avanzado de datos están permitiendo convertir grandes volúmenes de datos de observación de la Tierra en información práctica y accionable. Estas tecnologías están siendo utilizadas para monitorear y proteger el medio ambiente en zonas de conflicto, proporcionando información crítica sobre el impacto ambiental de las guerras y ayudando a mitigar sus efectos.
Tratados internacionales en defensa del medio ambiente en tiempos de guerra
Además de la celebración de este día internacional, existen otros tratados internacionales que apoyan esta causa.
Uno de los tratados más influyentes en este ámbito es el Protocolo Adicional I a los Convenios de Ginebra de 1949. Este documento, adoptado en 1977, prohíbe el uso de métodos y medios de guerra que causen daños ambientales excesivos. Establece un marco claro para la protección de los ecosistemas y recursos naturales, reconociendo que la preservación del entorno es esencial para la supervivencia y el bienestar de las poblaciones afectadas por conflictos.
Además, la Convención sobre Armas Químicas (CAQ), adoptada en 1993, prohíbe el desarrollo, producción, adquisición, almacenamiento y uso de armas químicas y sus precursores. Esta convención no solo tiene implicaciones cruciales para la protección de la vida humana, sino que también evita la contaminación catastrófica del entorno natural.
Otro hito importante es la Convención sobre Municiones en Racimo, firmada en 2008. Este tratado prohíbe el uso, almacenamiento, producción y transferencia de municiones en racimo, las cuales representan una amenaza significativa para los ecosistemas y la salud humana debido a su capacidad para dejar zonas enteras contaminadas durante años.
El marco jurídico sigue ampliándose. En 2022, la Comisión de Derecho Internacional de la ONU adoptó un conjunto de principios sobre la protección del medio ambiente en relación con los conflictos armados, que abarcan su salvaguarda antes, durante y después de las hostilidades. Además, la reclamación climática que prepara Ucrania se apoya en el dictamen de la Corte Internacional de Justicia según el cual los daños medioambientales deben ser reparados o compensados por los países que los causan, un precedente que apunta a una mayor rendición de cuentas.
Estos convenios no solo prohíben prácticas perjudiciales en tiempos de conflicto, sino que establecen estándares claros de conducta y un marco de responsabilidad y rendición de cuentas. Recuerdan, además, que incluso en tiempos de guerra la protección del entorno natural no puede olvidarse.
El compromiso de las organizaciones no gubernamentales en la causa
Las organizaciones no gubernamentales (ONG) también desempeñan un papel vital en este ámbito. Grupos como Greenpeace, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y Amnistía Internacional trabajan en la defensa y preservación del medio ambiente en situaciones de conflicto. A través de la promoción de políticas, la investigación y la movilización de la opinión pública, contribuyen a situar en la agenda global la importancia de proteger el entorno natural en tiempos de guerra.
Además, muchas ONG despliegan equipos en el terreno para proporcionar asistencia directa a las comunidades afectadas. Desde la limpieza de áreas contaminadas hasta la distribución de suministros de emergencia, estas organizaciones desempeñan un papel crucial en la mitigación de los daños ambientales y la protección de las personas que dependen de estos recursos.
Un ejemplo claro de este compromiso es el trabajo de Médicos Sin Fronteras, que no solo brinda atención médica esencial en zonas de conflicto, sino que también aborda la intersección entre la salud humana y el medio ambiente, reconociendo la importancia de un entorno sano para la recuperación y la supervivencia.
El compromiso de la comunidad internacional y de las ONG con la protección ambiental en los conflictos armados es, en definitiva, una cuestión de responsabilidad global y de solidaridad con las comunidades que afrontan la adversidad.
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