Las elecciones legislativas de este martes en EE UU tomarán la temperatura a la Administración de Donald Trump con un impacto inmediato en su margen de maniobra, al tiempo que representan el comienzo de la carrera a la Presidencia en 2028, inevitablemente condicionada por el Congreso que saldrá de los comicios.
Todas las encuestas apuntan a que la Cámara de Representantes, la cámara baja, caerá bajo control de los demócratas, mientras que la orientación del Senado ahora mismo es una incógnita en unos comicios en los que Trump ha multiplicado su presencia durante la campaña para estimular a sus simpatizantes.
Trump y el veto presidencial
Los comicios llegan en un momento de rápida erosión de la figura del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ahora mismo bajo mínimos desde el estallido de la guerra de Irán y la subida de los precios del combustible.
Trump ha dejado claro que, aunque los demócratas acaben con el control de alguna de las dos cámaras del Congreso, va a vetar cada proyecto de ley que le presenten y a obstaculizar cualquier investigación que decidan emprender contra sus aliados.
Si hubiera bloqueo, lo que ocurre es que yo veto todo, y entonces los demócratas vienen y quieren llegar a un acuerdo
DONALD TRUMP, presidente de EE UU
El 23 de octubre, ante los periodistas, lo explicó así: "Si hubiera bloqueo, lo que ocurre es que yo veto todo, y entonces los demócratas vienen y quieren llegar a un acuerdo".
Es prácticamente imposible que el Congreso anule ese veto, porque para ello hace falta una mayoría de dos tercios en ambas cámaras. Sin embargo, el veto se aplica solo a proyectos de ley y el Congreso cuenta con múltiples funciones, en especial la de control.
Los republicanos se apoyan en que el margen de error de las encuestas suele acabar volcado a su favor. Perder el Senado, en especial, implicaría que han perdido estados donde su victoria estaba asegurada hasta que la aprobación popular de Trump terminó de desplomarse en febrero.
Estas elecciones se celebrarán en un mapa transformado por una campaña de redistribución de distritos impulsada por Trump para lograr el mayor número posible de escaños, a la que los demócratas han respondido con sus propias iniciativas para redibujar los distritos.
La Cámara de Representantes
Las elecciones del 3 de noviembre deciden los 435 escaños de la Cámara de Representantes, encargada fundamentalmente de impulsar proyectos de ley y de comenzar investigaciones a miembros de la Administración. Los republicanos son ahora mayoría por la mínima, con 218 escaños.
La media de las encuestas aventura que los demócratas acabarán con un mínimo de 227 escaños por 182 de los republicanos, con 26 todavía inciertos. Algo que encaja con la tradición política estadounidense: las legislativas siempre representan un voto de castigo para la administración en curso.
El líder de la minoría demócrata, Hakeem Jeffries, ha prometido investigaciones sin cuartel a través de la Comisión Judicial y la Comisión de Supervisión, para las que ya ha designado a sus posibles presidentes: el representante por Maryland Jamie Raskin y el representante por California Robert Garcia. Se centrarán en Trump, su familia y su administración, con la posibilidad de un juicio político que Jeffries ni da por seguro ni descarta.
Vamos a exigir responsabilidades a los delincuentes que han perpetrado actos de corrupción sin precedentes contra el pueblo estadounidense
HAKEEM JEFFRIES, líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes
Jeffries lo expresó al presentar a mediados de octubre su "agenda de 100 días": "Vamos a exigir responsabilidades a los delincuentes que han perpetrado actos de corrupción sin precedentes contra el pueblo estadounidense. Desde el primer día".
Senado: nueve estados en juego
En el Senado se deciden 35 de los 100 escaños, donde también se deciden altos nombramientos. Los republicanos tienen ahora 53 escaños por 47 de la oposición, de los cuales 45 son demócratas.
Según las estimaciones, hay nueve estados en juego y en cuatro el resultado es una incógnita: Iowa, Michigan, Carolina del Sur y Texas. Tampoco está cantado en Alaska, Kansas, Maine, Ohio o Nebraska. A los republicanos les basta con llegar a 50 escaños, porque el vicepresidente JD Vance puede desempatar con su voto.
Las presidenciales de 2028 son otra historia: estos estados suman decenas de votos electorales, y Texas –históricamente "rojo", con 40– está en disputa, mientras los demócratas son un valor al alza gracias en parte al progresismo.
Dos candidatos ligados a esa corriente son el de Michigan, Abdul El Sayed, que ha dedicado buena parte de su campaña a rebatir las acusaciones de su rival republicano, Mike Rogers, sobre sus presuntos vínculos con los Hermanos Musulmanes –algo que niega–, y el de Texas, James Talarico, ambos en el punto de mira de Trump desde el primer momento.
Hace 2.000 años, cuando unos pocos poderosos amañaron el sistema, aquel rabino descalzo entró en la sede del poder y volcó las mesas de la injusticia
JAMES TALARICO, candidato demócrata al Senado por Texas
Talarico, un candidato democristiano, escribe en su página web, en referencia a Jesús: "Hace 2.000 años, cuando unos pocos poderosos amañaron el sistema, aquel rabino descalzo entró en la sede del poder y volcó las mesas de la injusticia".
En Maine, la senadora republicana Susan Collins se enfrenta al demócrata Troy Jackson, que reemplaza a Graham Platner, quien suspendió su carrera en julio tras varias controversias, entre ellas un tatuaje con un símbolo vinculado al nazismo –que sostiene que desconocía– y una acusación de violación que rechaza.
En Alaska, el Departamento de Justicia presentó el 22 de octubre una demanda para impedir que el estado certifique el resultado si pierde el senador republicano Dan Sullivan, por tener un rival sin partido con un nombre casi idéntico. La jueza federal Sharon Gleason la desestimó el domingo 1 de noviembre y el Departamento de Justicia ha anunciado que apelará.
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