Todos sabemos qué es el teflón o, al menos, sabemos que características tiene: es ignífugo –no arde cuando cocinamos con él–, es hidrófugo –no absorbe el agua– y es resistente. Por eso, las sartenes recubiertas de teflón se presentaron hace unas décadas como la panacea en la cocina, ya que no se pegaba nada y, además, eran muy fáciles de limpiar.

Durante más de 60 años, los polímeros con cadenas de carbono perfluoradas (todos los demás sustituyentes –átomos que se encuentran unidos a una cadena hidrocarbonada– son flúor) o polifluoradas (con algunos enlaces con flúor), PFAS por sus siglas en inglés, han penetrado en todas las industrias. Se usan en la fabricación de productos como espumas contra incendios, ropa protectora, muebles, adhesivos, envases de alimentos, superficies de cocina antiadherentes resistentes al calor y aislamiento de cables eléctricos.

Entre ellos, el más conocido es el politetrafluoroetileno (PTFE), conocido como teflón por la marca que lo comercializó. Sus características responden a las especiales propiedades del enlace carbono-flúor, que es uno de los más fuertes conocidos, lo que le hace bastante inerte y difícil de degradar. De ahí que, por su durabilidad, se llamen sustancias químicas eternas.

 

Europa pone límites

 

La Unión Europea (UE) está legislando para disminuir el uso de los PFAS: las clasifica como sustancias persistentes y bioacumulativas que, además, migran en el planeta y se encuentran no solo en suelos, sino también en aguas y en el aire.

Se estima que, solo en Europa, cada año acaban en el medioambiente 75 000 toneladas de PFAS. El proyecto Forever Pollution ha calculado que hay alrededor de 23 000 sitios contaminados con PFAS en Europa y un 10 % de estos son «puntos críticos», con altos niveles de contaminación.

 

Por qué el tóxico el teflón

 

Si hemos dicho que son sustancias eternas –que no se descomponen fácilmente en la naturaleza–, ¿por qué son peligrosos? La razón es que, una vez obtenidos, los PFAS son estables, pero las sustancias químicas utilizadas para fabricar los polímeros o las emitidas a lo largo de su ciclo de vida son altamente tóxicas.

En el primer caso, tenemos como ejemplo el trifluorometano (HFC-23), que se forma como subproducto en la obtención de teflón y tiene un potencial de calentamiento global 12 400 veces mayor que el CO₂. En el segundo, podemos considerar los microplásticos que se liberan al lavar textiles que contienen PFAS, terminan en el agua de la naturaleza, provenientes de las plantas de tratamiento de aguas residuales, ya sea por las aguas de descarga o por los lodos de depuradora que a veces se esparcen sobre suelos agrícolas.

 

¿Qué hago con mi sartén?

 

¿Debo dejar de usar mis utensilios de cocina? Como este material es muy estable, las sartenes de teflón en buen estado no representan un riesgo, pero si su recubrimiento se deteriora o se expone a temperaturas superiores a 260 °C, pueden liberar partículas con residuos de PFAS.

No podemos demonizar los PFAS, ya que son materiales importantes en nuestra vida diaria. Se usan además en dispositivos médicos, de defensa y aeroespaciales, porque tienen buenas prestaciones y alta durabilidad. Pero sería mejor que buscáramos sustitutos que garanticen estas prestaciones sin afectar nuestra salud a largo plazo.

Por ejemplo, podríamos elegir sartenes de hierro o de porcelana que no tengan este antiadherente.

 

El problema de los acuíferos

 

Aparte del menaje de cocina, los niveles de PFAs en aguas están siendo cada vez más preocupantes y las directivas son escasas y muy variables. Pensemos en zonas cercanas a industrias productoras de este tipo de sustancias, pero también en aeropuertos, instalaciones militares, zonas de entrenamiento contra incendios o lugares donde se han producido incendios importantes, en los que se utiliza AFFF fluorado (una espuma contra incendios).

Estos compuestos se pueden filtrar a los acuíferos y la ingestión de agua potable contaminada es una de las principales vías por las que los seres humanos pueden estar expuestos a los PFAS.

Estados Unidos tiene ahora un límite de cuatro nanogramos por litro (ng/L) por producto fabricado con PFAS, mientras que la Directiva sobre agua potable de la UE establece que 20 PFAS muy extendidos no deben superar colectivamente los 100 ng/L.

 

Cáncer y disfunciones hormonales

 

Cada vez hay más pruebas de que algunos PFAS conllevan graves riesgos para la salud, y pueden provocar cáncer, enfermedades tiroideas y problemas de fertilidad, así como defectos en el desarrollo de los fetos.

Está en nuestras responsabilidades ciudadanas exigir a los gobiernos un mayor control sobre estas sustancias para que la normativa sea restrictiva al respecto y se garanticen sistemas como el filtrado de aguas, que permita que los niveles sean los suficientemente bajos para no producir daños.

La UE ya ha considerado los PFAS dentro de su Estrategia sostenible de productos químicos, donde se busca minimizar y sustituir a aquellos productos que están en el foco. Sin duda, los PFAS son uno de ellos.The Conversation