Detrás de buena parte del chocolate, el café, el aceite de palma o el cemento que se consumen en el mundo hay un puñado de grandes corporaciones con una influencia enorme sobre la naturaleza. Un nuevo trabajo científico ha examinado las promesas medioambientales de 180 de estas empresas y ha llegado a una conclusión incómoda: la mayoría suena bien, pero resulta imposible de comprobar.

Sumario

 

La investigación, elaborada por la Universidad de Oxford y el Stockholm Resilience Centre de la Universidad de Estocolmo y publicada en la revista One Earth(1), ha revelado que, aunque el 79 % de estas compañías ha asumido algún compromiso con la biodiversidad, solo el 13 % lo ha formulado con el detalle suficiente para que la sociedad pueda saber si lo cumple.

 

Promesas que no se pueden comprobar

 

En las últimas cinco décadas, un grupo reducido de corporaciones transnacionales –las llamadas empresas “clave” o keystone– ha concentrado un enorme poder sobre las reservas de recursos, la producción y el comercio del planeta. Los investigadores han identificado 180 de estas compañías en sectores tan variados como la minería, el petróleo, el cacao, el café, el aceite de palma o los fertilizantes, todos ellos con un fuerte impacto sobre los ecosistemas.

Aunque es alentador ver a muchas empresas haciendo promesas por la biodiversidad, en la mayoría de los casos no podemos saber qué significan exactamente ni si sus acciones contribuyen a los objetivos globales

THOMAS WHITE, Universidad de Oxford

“Aunque es alentador ver a muchas empresas haciendo promesas por la biodiversidad, en la mayoría de los casos no podemos saber qué significan exactamente ni si sus acciones contribuyen a los objetivos globales”, ha señalado Thomas White, del Departamento de Biología de la Universidad de Oxford y coautor del estudio. De las 180 compañías analizadas, 143 han hecho algún tipo de promesa, pero solo 23 empresas –el 13 %– han fijado objetivos que cumplen todos los requisitos para poder rendir cuentas.

Para considerarse sólido, un compromiso debe precisar qué aspecto de la biodiversidad aborda, en qué ámbito, frente a qué presión ambiental, con qué plazo, a partir de qué punto de partida, cómo se mide y qué avances se han logrado. La mayoría se quedaba a medio camino: de los 637 compromisos detectados, solo 34 reunían todas esas condiciones, y casi todos ellos apuntaban a frenar la deforestación en las cadenas de suministro.

El primer requisito para poder exigir cuentas es, sencillamente, informar. El 89 % de las corporaciones publicaba algún tipo de informe accesible al público, pero ninguna editaba un documento específico sobre biodiversidad: la información aparecía diluida en memorias de sostenibilidad o informes anuales.

 

Grandes diferencias entre sectores

 

La calidad de los compromisos varía muchísimo de un sector a otro. De las 23 empresas con al menos un objetivo que cumple todos los criterios, 18 pertenecen a la agricultura y la ganadería, mientras que ámbitos como la sanidad animal o el petróleo y el gas apenas ofrecen promesas concretas.

En el sector del cacao, las cinco grandes empresas analizadas han asumido compromisos con la biodiversidad

“En el sector del cacao, las cinco grandes empresas analizadas han asumido compromisos con la biodiversidad”, y cuatro de ellas lo han hecho con objetivos que cumplen todos los criterios de solidez. Estas compañías concentran el 56 % del procesamiento y la molienda mundial de cacao. Algo parecido ocurre con la soja, donde cinco de las seis firmas examinadas –que controlan el 42 % del abastecimiento global– han fijado compromisos robustos.

Este patrón no es casual. Todas las empresas de cacao con compromisos sólidos forman parte de iniciativas sectoriales como la Cocoa & Forests Initiative, que fija definiciones e indicadores comunes. Los autores sugieren que estas alianzas, junto a normas como el reglamento europeo contra la deforestación importada, empujan a informar con más rigor.

En el extremo opuesto, los compromisos escasean en el petróleo y el gas y en la farmacéutica veterinaria. Entre las diez empresas de sanidad animal analizadas –que acaparan el 81 % del mercado mundial–, la mitad no ha asumido ningún compromiso con la biodiversidad. Y de las 13 compañías de las que no se halló ningún informe público, seis eran petroleras nacionales.

 

Cómo detectar una promesa vacía

 

El trabajo también ayuda a distinguir un compromiso real de otro hueco. Entre las promesas consideradas poco sólidas se repetían varios problemas: vaguedad y falta de concreción, términos contradictorios o mal definidos y un uso interesado de las pruebas para justificar la inacción.

Un compromiso serio con la biodiversidad debe dejar claro qué se persigue, dónde, para cuándo y cómo se evaluará el avance; sin eso, no es más que una declaración de buenas intenciones

JEAN-BAPTISTE JOUFFRAY, Universidad de Estocolmo

“Un compromiso serio con la biodiversidad debe dejar claro qué se persigue, dónde, para cuándo y cómo se evaluará el avance; sin eso, no es más que una declaración de buenas intenciones”, ha advertido Jean-Baptiste Jouffray, del Stockholm Resilience Centre de la Universidad de Estocolmo. Como ejemplo del mal uso de las pruebas, los autores citan a una empresa agroquímica que se apoyó en un análisis encargado por ella misma para negar que los pesticidas sean una causa principal del declive de los insectos.

Detrás de tantas promesas imprecisas hay, según los investigadores, varias barreras: el temor a las críticas si no se alcanzan los objetivos –el llamado greenhushing o silencio verde–, la falta de conocimientos y guías claras y la escasez de datos sobre el impacto real de las cadenas de suministro.

Para revertirlo, el estudio propone varias palancas de cambio: obligar por ley a informar sobre los impactos, fomentar la colaboración entre ciencia y empresa, impulsar las iniciativas sectoriales de sostenibilidad y añadir requisitos de biodiversidad a las condiciones para cotizar en bolsa.

Las empresas tienen que ser a la vez ambiciosas y prácticas: los compromisos que de verdad importan van más allá de prometer lo que ya exige la ley

SOPHUS ZU ERMGASSEN, Universidad de Oxford

“Las empresas tienen que ser a la vez ambiciosas y prácticas: los compromisos que de verdad importan van más allá de prometer lo que ya exige la ley”, ha resumido Sophus zu Ermgassen, autor principal del trabajo e investigador del Departamento de Biología de la Universidad de Oxford. Mejorar la calidad de las promesas, concluye, es solo el primer paso de un camino largo hacia un modelo empresarial compatible con la recuperación de la naturaleza.

Referencias

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