La famosa tragedia de William Shakespeare Otelo suele ser la primera obra que nos viene a la mente cuando nos preguntan por las alusiones del popular escritor británico a la raza. Y si no es Otelo, la gente suele nombrar El mercader de Venecia, Antonio y Cleopatra, La tempestad o su primera –y más sangrienta– tragedia, Tito Andrónico, mi obra favorita de Shakespeare.

Entre los especialistas, estas cinco obras se conocen como sus “obras raciales”, e incluyen personajes negros –como Otelo–, judíos –como Shylock–, indígenas –como Calibán– o negroafricanos –como Cleopatra–.

Sin embargo, lo cierto es que todas sus obras abordan la raza de alguna manera. Al fin y al cabo, todo ser humano tiene una identidad racial, y los personajes a los que Shakespeare dio vida también, desde Hamlet hasta Hipólita.

Hay que reconocer que el dramaturgo escribió sobre muchos temas clave a finales del siglo XV y principios del XVI que son enormemente relevantes hoy en día, como el género, la adicción, la sexualidad, la salud mental, la psicología social, la violencia sexual, el antisemitismo, el sexismo y, por supuesto, la raza, de la que hablaremos en este artículo.

 

Nadie debe temer a Shakespeare

 

Durante mucho tiempo tuve miedo de Shakespeare. Y no soy el único.

En su ensayo de 1964 Por qué dejé de odiar a Shakespeare, James Baldwin detallaba su resistencia inicial. Como mucha gente hoy en día, Baldwin escribió que él también era “víctima de esa educación sin amor que hace que tantos escolares detesten a Shakespeare”.

Gran parte de la aversión de Baldwin hacia Shakespeare no tenía nada que ver con el escritor inglés, sino más bien con el elitismo blanco que rodeaba su obra y su literatura.

Pero como Baldwin acabó comprendiendo, Shakespeare no era el “autor de su opresión”. Al igual que Shakespeare no creó la misoginia y el sexismo, tampoco creó la raza y el racismo. Más bien observó las complejas realidades del mundo que le rodeaba, y a través de sus obras articuló una esperanza subyacente de un mundo más justo.

 

La obra de Shakespeare revela la injusticia social

 

En Titus Andronicus aparece el primer personaje negro del dramaturgo, llamado Aaron. En esta obra, escrita a finales del siglo XVI, la emperatriz romana Tamora, de raza blanca, engaña a su marido, el emperador blanco Saturnino, con Aaron. Cuando Tamora da a luz, queda claro que el padre del bebé no es Saturnino.

En consecuencia, los personajes blancos que conocen al verdadero padre del bebé instan a Aaron a matar a su hijo negro recién nacido. Pero Aaron se niega. En su lugar, opta por proteger ferozmente a su querido hijo.

Un hombre blanco con una espada persigue a una persona cubierta de tela que lleva un bebé.
Grabado antiguo de una escena de ‘Titus Andronicus’, de Shakespeare. Getty Images

En medio de todo el drama que se produce en torno a la existencia del niño, Shakespeare ofrece momentáneamente una hermosa defensa de la negritud en el cuarto acto de la obra.

“¿Es el negro un tono tan bajo?”, pregunta Aaron antes de desafiar la norma cultural. “El negro carbón es mejor que otro matiz, en el sentido de que desprecia llevar otro matiz”. En otras palabras, al menos para Aaron, ser negro era hermoso, la negritud irradiaba fuerza.

Tales palabras sobre la identidad negra no se pronuncian en ninguna otra obra de Shakespeare, ni siquiera en Otelo.

 

El poder de la piel blanca

 

En obras como Hamlet, Macbeth y Romeo y Julieta, la raza sigue formando parte del drama incluso cuando no hay personajes negros dominantes. Entre otras cosas porque Shakespeare resalta la blancura racial de sus personajes.

En la época de Shakespeare, al igual que en la actualidad, la supuesta superioridad de tener la piel clara significaba que el estatus social se negociaba por todos en función de las normas de la cultura dominante.

En varias de sus obras, por ejemplo, el dramaturgo habla de las “manos blancas” como un símbolo de pureza y superioridad. Asimismo, llama la atención sobre la raza de sus personajes describiéndolos como “blancos” o “rubios”.

Un libro se abre en una página con la imagen de un hombre blanco y una nota para los lectores.
Una imagen del que se considera el libro más importante de la literatura inglesa, ‘The First Folio 1623’ de William Shakespeare. Scott Barbour/Getty Images

Shakespeare también utilizó el negro como metáfora de estar manchado, por ejemplo en la comedia Mucho ruido y pocas nueces. Una joven blanca, Hero, es acusada falsamente de engañar a su prometido, Claudio, el día de su boda. Claudio y el padre de Hero, Leonato, avergüenzan a Hero por su supuesta falta de castidad, algo prohibido para las mujeres inglesas del siglo XVI, que legalmente eran propiedad de su padre y, posteriormente, de su marido.

Que las mujeres solteras tuvieran sexo antes del matrimonio violaba las expectativas de una cultura dominada por los hombres. Con la pureza sexual de Hero supuestamente manchada, su padre la describe como “caída en un pozo de tinta”.

Así, en esa obra, Hero representa momentáneamente a una mujer blanca “entintada”, que es un reflejo simbólico de la estereotipada e hipersexual mujer negra.

 

Estudios y ensayos sobre Shakespeare y la raza

 

En los últimos años, los investigadores han aportado nuevas perspectivas sobre las cuestiones sociales, culturales y políticas de la época de Shakespeare, comparándola con la nuestra. Es más, hay docenas de estudiosos y profesionales del teatro que dedican su vida profesional a explorar la raza en la literatura y la época de Shakespeare.

Sin ir más lejos, la dramaturga Anchuli Felicia King escribió en 2020 Keene, una sátira de Otelo que ofrece una crítica actual de la blancura. En la obra, un musicólogo japonés llamado Kai y Tyler, un estudiante de doctorado negro, se conocen en una conferencia sobre Shakespeare, donde son las dos únicas personas de color en la elitista reunión de blancos. Mientras Tyler se concentra en escribir su tesis, Kai se concentra en Tyler. Surge un romance, solo para ver a Tyler –al igual que Otelo, antes que él– traicionado por su confidente blanco, Ian.

En 2019, la actriz británica Adjoa Andoh dirigió la obra de Shakespeare Ricardo II con un reparto formado íntegramente por mujeres de "color", una producción que ella calificó “un experimento mental sobre la universalidad de la humanidad”.The Conversation