Por el estrecho de Ormuz pasa entre 20 y 21 millones de barriles diarios y hasta una cuarta parte del comercio mundial de Gas Natural Licuado (GNL). Un cierre prolongado tras la escalada en tre Estados Unidos (EE UU), Israel e Irán dispararía la energía, presionaría la inflación y golpearía sobre todo a Asia, con efectos de arrastre en Europa y los mercados financieros.
El estrecho de Ormuz, de unos 39 kilómetos de ancho en su punto más angosto, vuelve a situarse en el epicentro de la geopolítica energética global. Tras el ataque de Estados Unidos e Israel sobre Irán, el temor a represalias que afecten al tráfico marítimo ha devuelto a los mercados una pregunta recurrente: ¿qué ocurriría si esta arteria estratégica quedara bloqueada durante semanas o meses?
Un cuello de botella que mueve la economía mundial
Mapa del estrecho de Ormuz / Imagen: EA Ormuz, situado entre Irán y Omán, conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el mar Arábigo. En términos energéticos, es una válvula crítica. El flujo promedio en 2024 y en el primer trimestre de 2025 se situó entre 20 y 21 millones de barriles diarios (b/d), lo que equivale aproximadamente al 20% del consumo mundial de líquidos petrolíferos.
A ello se suma la intensidad del tráfico marítimo. Se estima que unos 144 buques atraviesan diariamente el estrecho, lo que supone más de 52.000 tránsitos anuales. Esta magnitud da idea de la densidad operativa de un paso de apenas 33 kilómetros en su punto más estrecho.
En términos comerciales, los flujos que cruzan Ormuz representan más de una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo. Además, entre el 20% y el 26% del comercio marítimo global de Gas Natural Licuado (GNL) transita por esta vía, principalmente desde Qatar.
En la práctica, casi todo el crudo exportado por Arabia Saudí, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Qatar e Irán depende de este corredor. La mayoría de esos volúmenes no dispone de rutas alternativas capaces de sustituirlo a gran escala.
Por eso, incluso sin un cierre total, el simple aumento del riesgo geopolítico se traduce en subidas inmediatas del Brent, encarecimiento de seguros marítimos y volatilidad en los mercados financieros.
Asia, la más expuesta; Europa, afectada por contagio
El impacto de una interrupción no sería homogéneo. Asia es la región más dependiente del estrecho. El 84% del crudo y condensado y el 83% del GNL que atravesaron Ormuz en 2024 tuvieron como destino mercados asiáticos. China, India, Japón y Corea del Sur concentraron cerca del 69% de esos flujos de petróleo.
Estas economías, altamente industrializadas y dependientes de importaciones energéticas, sufrirían el golpe directo en costes de producción, inflación y crecimiento. Un cierre prolongado podría obligar a recurrir a reservas estratégicas y a competir con mayor intensidad por suministros alternativos.
Europa, aunque menos expuesta de forma directa, no quedaría al margen. El petróleo y el gas se fijan en mercados globales, por lo que cualquier restricción significativa en Ormuz impactaría en carburantes, transporte, electricidad e industria. El efecto se trasladaría rápidamente a la inflación.
En el caso de España, la dependencia directa es limitada gracias a la diversificación de proveedores. En 2025, las importaciones de crudo alcanzaron 61,423 millones de toneladas, con Estados Unidos, Brasil y México como principales suministradores. El Gobierno estima que solo el 5% del petróleo y el 2% del GNL que llegan a España transitan por Ormuz, aunque el efecto precio sería inevitable si el mercado global se tensiona.
Alternativas limitadas ante un flujo masivo
Existen infraestructuras que permiten evitar parcialmente el estrecho. Arabia Saudí dispone del oleoducto East-West, con capacidad cercana a 5 millones de barriles diarios, que conecta instalaciones del Golfo con el mar Rojo. Emiratos Árabes Unidos cuenta con un conducto hacia Fujairah de unos 1,8 millones de barriles diarios. Irán opera el Goreh-Jask, con alrededor de 300.000 barriles diarios.
Sin embargo, estas rutas alternativas no compensan un flujo de 20-21 millones de barriles diarios, ni suelen operar a plena capacidad. El margen real de sustitución es limitado frente a la magnitud del tránsito habitual.
En un escenario extremo —un cierre total durante varias semanas o meses— los analistas advierten de que podría producirse una fuerte destrucción de demanda, con precios del crudo en tres dígitos, tensiones en el mercado del gas y un impacto significativo sobre el crecimiento global.
Ormuz no tiene sustituto real a corto plazo. Su estabilidad es uno de los pilares del sistema energético mundial, y cualquier alteración prolongada tendría consecuencias económicas de alcance global.





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