Nepal ha sido golpeado por otra gran inundación en el sistema fluvial del Budhi Gandaki, en el distrito de Gorkha, en el centro del país, el 11 de octubre. El fallo de un bloqueo fluvial temporal creado por un deslizamiento de tierra podría haber desencadenado la crecida repentina, según relatos preliminares de las autoridades nepalíes revisados por el Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas (ICIMOD).
El balance oficial recoge cinco desaparecidos, 95 personas rescatadas y más de 200 viviendas afectadas, mientras la nueva riada pone de relieve la necesidad de una acción coordinada frente a los riesgos complejos derivados de múltiples peligros en las zonas de alta montaña.
Balance de daños y rescates
Las autoridades de Nepal han detallado en el informe de situación del Ministerio del Interior y de la Autoridad de Gestión y Reducción del Riesgo de Desastres (NDRRMA), con datos hasta las 22.00 horas del 11 de octubre, que la inundación ha dejado 204 viviendas afectadas en Chumnubri, Dharche, Arughat y Tripurasundari, esta última en el distrito de Dhading.
Los desaparecidos son dos mujeres y tres hombres de Ungilung, en el municipio rural de Chumnubri. El Ejército ha rescatado a 95 personas, entre ellas nueve extranjeras, con cuatro helicópteros, y el informe cifra en cinco los puentes dañados, además de daños en infraestructuras hidroeléctricas.
El ICIMOD ha situado en Chumchet, en Gorkha, el deslizamiento que bloqueó temporalmente el río y estima que la crecida comenzó hacia las 4.00 horas del domingo, aunque el portavoz de la División de Previsión de Inundaciones, Rajan Bhattarai, la sitúa hacia las 4.30 horas, según The Kathmandu Post.
“Al producirse tan poco después del desastre de Gyirong-Rasuwa, este suceso es otro recordatorio de lo expuestas que siguen las comunidades de montaña y los corredores fluviales a peligros repentinos y en cascada”, ha dicho el director general del ICIMOD, Pema Gyamtsho, en un comunicado. Ha añadido que entender qué desencadenó la inundación será fundamental para reducir los riesgos futuros.
Cambios en la criosfera
La nueva crecida llega cuando Nepal lucha por recuperarse de los hechos del 26 de agosto, cuando una enorme masa de roca y hielo glaciar se desprendió de la ladera a 5.200 metros de altitud y desencadenó una enorme riada de agua y escombros por el río Lhende y el sistema del Bhote Koshi, que destruyó comunidades de montaña enteras con una gran pérdida de vidas.
Los cambios en la criosfera –el retroceso de los glaciares y el deshielo del permafrost de montaña– y la desestabilización provocada por un potente terremoto ocurrido hace más de 10 años probablemente contribuyeron a la inestabilidad de la ladera, según expertos reunidos en un seminario web el 7 de octubre.
Las temperaturas inusualmente altas previas al colapso pudieron aumentar el deshielo. El seminario fue organizado por el Programa Asociado de Gestión de Crecidas, iniciativa conjunta de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Global Water Partnership Organisation.
El informe de la OMM sobre el estado de los recursos hídricos mundiales en 2025 ha constatado que todas las regiones con glaciares del mundo registraron una pérdida neta de hielo por cuarto año consecutivo.
A medida que los glaciares retroceden, los peligros de montaña se vuelven cada vez más complejos y requieren mejor monitoreo, previsión, alertas tempranas y preparación, ha afirmado Narelle van der Wel, responsable de la Unidad de Monitoreo, Predicción y Servicios de la Criosfera de la OMM.
Alertas tempranas y lecciones
Los países del Hindu Kush Himalaya han avanzado en alertas tempranas de inundaciones, pero Bibhuti Pokharel, meteoróloga divisional sénior del Departamento de Hidrología y Meteorología de Nepal, ha explicado que la limitada infraestructura de observación complica la detección de peligros repentinos en zonas remotas.
En la inundación del Bhote Koshi, el departamento envió avisos por SMS, pero muchas personas dudaron de su gravedad porque nunca habían vivido algo similar, y algunas acudieron a zonas inundables para hacer fotografías y vídeos. Muchas no tuvieron tiempo de actuar, ha señalado Pokharel, quien ha subrayado que la alerta temprana por sí sola no es suficiente.
En la riada del 11 de octubre, según The Kathmandu Post, los vecinos se han alertado entre sí por teléfono hacia las 4.45 horas y con una emisión en directo en Facebook a las 4.52. El primer aviso de la Policía ha llegado a las 5.30 horas y los SMS masivos de la División de Previsión de Inundaciones y de la NDRRMA, a las 6.40 horas. Los residentes consultados afirman que no se perdió ninguna vida en Chumnubri.
Kirguistán, con glaciares y lagos de alta montaña, podría vivir escenarios parecidos, ha dicho Daurbek Sakyev, director de los Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales del país, que ha destacado la importancia de vigilar los lagos de alta montaña potencialmente peligrosos.
El seminario ha destacado cuatro prioridades, según Hwirin Kim, responsable de la sección de Modelización y Previsión Hidrológicas de la OMM: reforzar el monitoreo y la previsión, con más observaciones a gran altitud y sistemas de alerta multirriesgo, y convertir las alertas en acción, con planes de evacuación, refugios seguros y comunidades preparadas.
Las otras dos son invertir en resiliencia antes del desastre, con financiación sostenida para redes de monitoreo e infraestructuras resilientes, y mejorar la cooperación transfronteriza mediante el intercambio de datos y alertas entre países aguas arriba y aguas abajo.
La alerta temprana es esencial, pero no puede evitar los desastres por sí sola: exige un enfoque integrado con gobernanza eficaz y preparación comunitaria.
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