Cada vídeo que da paso al siguiente y cada “me gusta” forman parte de un diseño pensado para retener la atención en las redes sociales. Canadá quiere que las plataformas respondan por ese diseño cuando quien las usa es un menor, y un análisis publicado en el último número de CMAJ(1) defiende que el proyecto de ley C-34, la Ley de Redes Sociales Seguras, debe aprobarse para proteger la salud de niños y jóvenes.
El artículo lo firman Christo Hall, Reshma Patel y Charlotte Moore Hepburn, del Child Health Policy Accelerator y de la división de pediatría del Hospital para Niños Enfermos (SickKids) de Toronto. Tras examinar las leyes del Reino Unido, la Unión Europea y Australia, los autores concluyen que la ley canadiense contiene muchos de los elementos esenciales de un marco eficaz de seguridad infantil en línea.
Qué propone la ley canadiense
El proyecto de ley C-34 fue presentado por el Gobierno federal el 10 de junio de 2026(2) y, según el análisis, sigue en tramitación parlamentaria. Durante este otoño, diputados y senadores lo estudiarán, escucharán a expertos –entre ellos clínicos– y revisarán las pruebas disponibles antes de votarlo. Su objetivo principal es proteger la salud física y mental de niños y jóvenes sin cerrarles las puertas de internet.
La ley crearía un marco de seguridad digital con reglas para redes sociales, chatbots de inteligencia artificial y otros servicios en línea
La ley crearía un marco de seguridad digital con reglas para redes sociales, chatbots de inteligencia artificial y otros servicios en línea, según el análisis. También daría lugar a una comisión de seguridad digital con facultades para atender denuncias, investigar a las plataformas y ordenar que cumplan la norma, incluso con sanciones económicas.
Buena parte del debate público se ha centrado en el límite de edad, pero el análisis aclara que la ley no impediría a los menores usar internet ni ver contenido público en línea. Lo que exige es que las plataformas restrinjan la creación de cuentas a menores de 16 años salvo que cumplan unos estándares de seguridad concretos.
Esta fórmula es lo más novedoso de la propuesta, una innovación canadiense. Los autores la describen como un requisito de licencia: el servicio tiene que acreditar que cumple las normas de seguridad para poder abrir cuentas a menores de 16 años. A diferencia de una prohibición permanente de edad mínima, que podría tener implicaciones para los derechos que recoge la Carta Canadiense de Derechos y Libertades, funciona menos como un veto y más como una condición.
Los detalles prácticos llegarán después. Una vez aprobada la ley, los mecanismos para comprobar la edad de los usuarios, los estándares de diseño seguro para niños y otros aspectos operativos se fijarían mediante reglamentos o por directiva del Gabinete. El análisis insiste en que esas medidas deben proteger la privacidad y reducir al mínimo los datos personales que se recogen de todos los habitantes de Canadá.
Qué debe tener en cuenta Canadá
Canadá no es la primera jurisdicción en dar este paso. En la última década, el Reino Unido, la Unión Europea y Australia han aprobado leyes integrales de seguridad en línea y han creado organismos de supervisión. Aunque sus marcos difieren, comparten una idea: hay que moderar los contenidos dañinos cuando aparecen y, a la vez, exigir de antemano diseños seguros, transparencia y responsabilidad a las empresas.
Desde 2024, solo el 31% de los cambios introducidos en tres grandes plataformas ha afectado al diseño por defecto de sus servicios
Desde 2024, solo el 31% de los cambios introducidos en tres grandes plataformas ha afectado al diseño por defecto de sus servicios, según el análisis. Las empresas siguen apostando por moderar contenidos, colocar advertencias, ofrecer controles parentales o crear herramientas educativas, mientras la arquitectura que impulsa el uso excesivo apenas cambia.
Aun así, la regulación ha dejado huella. A la normativa del Reino Unido y la UE se le atribuyen más de 100 cambios de diseño orientados a la seguridad en 70 plataformas, según un análisis de la organización 5Rights(3). Además, un informe de Internet Matters(4) recoge que casi siete de cada diez padres y niños británicos ven ahora más funciones de seguridad, y que alrededor de la mitad de los menores dice haberse topado con verificación de edad y con contenido más adecuado para su edad.
La Comisión Europea, por su parte, ha abierto 16 investigaciones formales entre mediados de 2024 y mediados de 2026(5). Entre ellas figuran las que indagan si X ha evaluado bien los riesgos de material de abuso sexual infantil vinculados a su inteligencia artificial, si Snapchat protege a los menores de la captación por adultos (grooming), la explotación sexual y el reclutamiento criminal, y si Meta evita que los menores de 13 años accedan a sus plataformas.
Australia fue en 2024 el primer país en fijar por ley una edad mínima nacional para usar redes sociales, y a mediados de 2026 más de 15 países han aprobado, tramitan o preparan normas parecidas, desde prohibiciones totales hasta leyes de consentimiento parental.
Los primeros datos muestran que aplicarlas no es sencillo. Cuatro meses después de que entrara en vigor la prohibición australiana, un sondeo de la Molly Rose Foundation(6) halló que el 61% de los adolescentes de 12 a 15 años que tenían cuentas en plataformas restringidas –unos seis de cada diez– conserva acceso a alguna de ellas.
Con esta experiencia, los autores plantean cuatro prioridades. La primera es contar con un regulador independiente que tenga autoridad, especialistas, recursos y poderes de investigación. La segunda, que la seguridad desde el diseño sea la regla: limitar el contenido dañino, los diseños que buscan maximizar la atención y las funciones que permiten que desconocidos contacten con niños, y poder exigir cambios en el futuro.
La tercera es que el regulador pueda responder a las amenazas emergentes y a las tecnologías cambiantes. Los autores ponen el ejemplo de las plataformas de videojuegos, que pueden crear riesgos parecidos a los de las redes con recomendaciones algorítmicas o mensajes directos no solicitados, y piden juzgar cada servicio por su función y su riesgo, no por cómo se define a sí mismo. La cuarta es evaluar con rigor si la ley logra proteger a los niños y, a la vez, les deja usar y aprender con herramientas digitales.
Las definiciones legales anteriores a la llegada de la IA de consumo dejan dudas sobre si cubren a los chatbots
Las definiciones legales anteriores a la llegada de la IA de consumo dejan dudas sobre si cubren a los chatbots, advierte el análisis. El caso de Grok, el chatbot integrado en X, lo ilustró: usuarios consiguieron que generara imágenes íntimas sin consentimiento y material de abuso sexual infantil. Con la ley británica Online Safety Act, el regulador pudo investigar el contenido ilegal generado y difundido en la propia X, pero no el creado en la web o la aplicación independientes de Grok.
Por qué importa la salud infantil
Las plataformas pueden aportar aprendizaje, apoyo social y creatividad, además de un espacio para explorar la identidad, sobre todo a los jóvenes que sufren exclusión fuera de la red. Pero esos mismos entornos pueden exponer a niños y adolescentes a contenidos que promueven la autolesión, los trastornos de la conducta alimentaria, la violencia o el odio, y los jóvenes marginados afrontan riesgos añadidos por el acoso y otras formas de exclusión.
Limitar las redes sociales a una hora al día durante tres semanas redujo los síntomas de depresión y ansiedad en jóvenes con malestar emocional
Limitar las redes sociales a una hora al día durante tres semanas redujo los síntomas de depresión y ansiedad en jóvenes con malestar emocional, según un ensayo clínico aleatorizado realizado en Canadá que cita el análisis. Los participantes también mejoraron su sueño, algo clave para la salud física y mental.
Los estudios han hallado asociaciones constantes entre el uso de medios digitales y problemas como depresión, ansiedad, riesgo de suicidio y alteraciones del sueño. Pero el análisis recuerda que beneficios y daños son complejos y dependen no solo del tiempo de pantalla, sino del contexto y del diseño de la plataforma.
Muchas plataformas se financian con publicidad, lo que crea un incentivo para maximizar la atención y el tiempo de uso. Es especialmente delicado en la pubertad, cuando las zonas del cerebro ligadas a la emoción y la recompensa se vuelven más sensibles y la corteza prefrontal –la que decide, controla los impulsos y planifica– madura más despacio. Ese desajuste puede aumentar la vulnerabilidad ante recursos como el desplazamiento infinito, los “me gusta”, las rachas o los recuentos de seguidores.
Los mensajes directos, los chats en vivo o las sugerencias de amistad también facilitan que adultos desconocidos contacten con menores. Así, el contacto no solicitado se vuelve rutinario en lugar de excepcional, y se favorecen el grooming, la explotación y otras formas de depredación.
Para los autores, la ley solo será un primer paso. Piden inversión sostenida en alfabetización digital, una evaluación rigurosa de sus efectos en la salud infantil, la conexión social y los daños en línea, y la participación continua de padres, docentes, clínicos y jóvenes.
Recuerdan además que, en un entorno digital que no entiende de fronteras, la respuesta de Canadá formará parte de un esfuerzo internacional a través de la Red Global de Reguladores de la Seguridad en Línea. Los niños estarán mejor protegidos, concluyen, cuando los países actúen con ambición, coordinación y un compromiso compartido con el bienestar de la infancia y la juventud.
- (1) The Safe Social Media Act: lessons from international online safety policies for protecting child health in Canada. CMAJ.
- (2) Bill C-34 (45-1): Safe Social Media Act, First Reading. Parlamento de Canadá.
- (3) Impact of regulation of children’s digital lives – Phase II. 5Rights Foundation.
- (4) The Online Safety Act: Are children safer online?. Internet Matters.
- (5) The impact of the Digital Services Act on digital platforms. Comisión Europea.
- (6) Australia’s social media ban – is it working?. Molly Rose Foundation.
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