>> AUDIO

En Burkina Faso, uno de los países más pobres del planeta, cientos de agujeros ciegos perforan lo que antes eran campos de cultivo. Son las minas de oro artesanales e ilegales que se multiplican por todo el territorio, una actividad conocida localmente como orpaillage –literalmente, “lavado de oro”, palabra francesa que designa la búsqueda y extracción artesanal de oro en ríos y aluviones auríferos, mediante el lavado y cribado de arenas y sedimentos, práctica heredera de los antiguos buscadores de oro–.

Sumario

 

Más de 430.000 personas han abandonado sus tierras para descender cada día a esos pozos estrechos, expuestas al derrumbe, al mercurio y al cianuro, en busca de unas pocas partículas de metal. Mientras tanto, el precio del oro alcanzó su máximo histórico de 5.602 dólares por onza el 29 de enero de 2026, tras dispararse un 65% durante 2025 –el mayor avance anual desde 1979–, impulsado por las guerras en Ucrania y Oriente Próximo, la carrera de los bancos centrales por acumular reservas y la fragmentación del sistema financiero global.

>> Más fotogalería

En julio de 2026, el metal cotiza en torno a los 4.100 dólares, niveles históricamente elevados que no dan señales de retroceder. El abismo entre quienes extraen el oro con las manos y quienes lo acumulan en sus bóvedas no ha hecho más que crecer.

El trabajo en las minas de oro de Burkina Faso riesgos, condiciones y cadena de venta / Infografía: EA

 

 

La tierra perforada de Burkina Faso

 

Desde el aire, lo que antes eran trazados ordenados de campos de cultivo ahora asemejan quesos de Gruyère. Cientos de agujeros acribillan el terreno. Son sobre todo jóvenes y niños los que salen y entran de las entrañas de estos lugares que siempre están al borde del colapso. Pieles y ropas teñidas de una pátina de polvo y fango. Bajan cargados con picos, palas y una linterna de pilas atada a la cabeza con una goma elástica.

Un minero sube del pozo aferrado a unos troncos la escalera artesanal de una mina sin medidas de seguridad / Foto: Alfons Rodríguez

Extraen tierra con capazos y agua de los acuíferos subterráneos con viejas bombas de motor de gasolina. El aire para respirar en esas condiciones lo obtienen a través de conductos fabricados rudimentariamente con bolsas de basura, mangueras y cinta adhesiva. El lugar que se describe se llama Zemse, y es tan solo una de las 440 minas de oro artesanales que perforan Burkina Faso.

Muchas jornadas trabajamos más tiempo por la noche que por el día para reducir el riesgo de que la policía intervenga y nos detenga o pida dinero. Bajo tierra no hay diferencia entre el día y la noche, pero arriba la oscuridad nos protege

SAIDÚ, 37 años, patrón de la mina de Zemse

"Muchas jornadas trabajamos más tiempo por la noche que por el día para reducir el riesgo de que la policía intervenga y nos detenga o pida dinero", explica Saidú, el patrón, con la precisión de quien lleva una década midiendo el riesgo. A menos de tres kilómetros de la frontera con Ghana, él y 13 compañeros explotan uno de esos oscuros agujeros. La oscuridad no protege de todo: en las zonas donde los grupos armados controlan los accesos, las horas de luz también exponen las minas a la extorsión.

Mina de Youga, frontera Ghana-Togo, Burkina Faso. La policía cierra las galerías durante las inspecciones. Cuando se van, vuelven a abrir / Foto: Alfons Rodríguez

La noche es, paradójicamente, el único espacio de relativa libertad. De los beneficios descuenta el coste de los materiales y lo que queda lo reparte entre 14. Bajan de dos en dos y permanecen aproximadamente unos 30 minutos bajo tierra. Más es casi imposible de soportar.

Más que vivir allí, se sobrevive. Aquellos que venden su bienestar a cambio de unas monedas reciben cada día un cheque simbólico de 24 horas, ni una más. Grandes campamentos sin servicios y en precarias condiciones se levantan junto a las minas, habitados por familias que han dejado sus tierras por falta de recursos o por los largos periodos de sequía debidos al cambio climático.

El proceso de obtención del oro es absolutamente artesanal: el orpaillage en su forma más pura. Primero se extrae la piedra del subsuelo a través del trou –el agujero–, después se pica y se muele hasta convertirla en arena fina. A continuación se lava hasta dejar una mezcla de polvo y partículas de oro visibles a simple vista. Finalmente, utilizando mercurio, se separa el metal de la tierra.

La amalgama se quema con soplete: una llama azul, un recipiente de lata, y un minúsculo grano de oro que vale una fortuna en los mercados de futuros de Chicago y apenas unas monedas aquí. Los mineros pasan muchas horas a oscuras y en una atmósfera densa e irrespirable, expuestos peligrosamente al cianuro y al mercurio. Subsisten con una alimentación escasa a base de –pasta de mijo o sorgo– un par de veces al día. Sometidos al riesgo diario de quedar sepultados o de sufrir graves accidentes. Una vez que llevan un tiempo en la mina, todos acaban con un denominador común: cuerpos atléticos y salud tremendamente deteriorada. La envoltura engaña.

Antes, hace 10 años, tenía una librería en Abidján. No soy minero, nunca lo fui. Pero aquí estamos todos igual: el que era agricultor, el que era comerciante, el que estudiaba. La mina no distingue

SAIDÚ, 37 años, patrón de la mina de Zemse

"Antes, hace 10 años, tenía una librería en Abidján", dice Saidú, con la mirada fija en el suelo rojo. Su familia –formada por tres esposas y siete hijos– vive de su trabajo. La historia de Saidú es la de miles: la minería artesanal ha fagocitado vidas enteras de geografías y oficios muy distintos. Según la organización Planet Gold (1), hasta el 90% del sector MAPE –acrónimo de Minería Artesanal y de Pequeña Escala, en inglés se conoce como ASM (Artisanal and Small-scale Mining)– carece de cualificación adecuada.

Minas de Zemse, Yalgo, Burkina Faso. Dos 'orpailleurs' inspeccionan la batea buscando el destello del oro. Horas de trabajo para unas pocas partículas / Foto: Alfons Rodríguez

Un sector que, solo en Burkina Faso, produce unas 50 toneladas de oro de veta al año –el oro incrustado en las rocas del subsuelo, que exige bajar al pozo, picar la roca y molerla, a diferencia del oro aluvial que se tamiza en los ríos–. En 2025, el país alcanzó un récord de producción de 94 toneladas de oro en total, de las cuales cerca de 42 toneladas procedieron de explotaciones artesanales y semimecanizadas, según el ministro de Energía burkinabés Yacouba Zabré Gouba (2). La minería artesanal ya no es una actividad secundaria: se ha convertido en uno de los pilares reales de la economía nacional.

 

El oro y la guerra: cómo el metal financia el terror

 

En el pasado, Burkina Faso fue un país pacífico, con una industria turística incipiente y una sociedad estable. Todo eso se ha diluido tras el derrocamiento del gobierno de Blaise Compaoré en 2014 y la subsiguiente irrupción de grupos salafistas armados. El JNIM –Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes, adscrito a Al Qaeda– y la filial del Estado Islámico en el Gran Sáhara compiten violentamente por el control de los yacimientos auríferos. Es decir, lugares con oro que tienen valor económico y estratégico.

Burkina Faso. Los montones de tierra extraída de las galerías forman un paisaje lunar / Foto: Alfons Rodríguez

Según datos de el Observatorio Internacional de Estudios sobre el Terrorismo (OIET(3), en noviembre de 2025 se registraron 136 ataques terroristas en África Occidental, con Burkina Faso como uno de los dos epicentros principales. Los enfrentamientos directos por el control de explotaciones mineras en el norte del país ya no son excepcionales: forman parte de una geografía de la violencia que se superpone exactamente con la geografía del oro.

Estos grupos armados obtienen, cada vez más, una gran parte de su financiación de la actividad minera, no solo en Burkina Faso, también en Sudán, R.D. Congo, Sierra Leona, Mali y Níger

Estos grupos armados obtienen, cada vez más, una gran parte de su financiación de la actividad minera, no solo en Burkina Faso, también en Sudán, la República Democrática del Congo, Sierra Leona, Mali y Níger. El oro es fácil de transportar, difícil de rastrear y universalmente aceptado: la moneda perfecta para financiar una guerra que no aparece en los mapas convencionales.

En 2025, el mundo registró 40 conflictos armados –la cifra más alta desde 2012, según el informe Alerta 2026! de la Escola de Cultura de Pau de la UAB (15)–, con África concentrando 17 de ellos. El Sahel Occidental figura entre los conflictos que causaron más de 10.000 muertes durante el año. El control del territorio y de los recursos aparece como factor determinante en más de un tercio de todos los escenarios de tensión identificados. El oro es uno de esos recursos.

Las consecuencias para la población son devastadoras. Según la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés) (4), el Sahel central concentra hoy una de las crisis humanitarias más graves y desatendidas del mundo: 24 millones de personas en situación crítica de necesidad humanitaria, según su informe de junio de 2026.

El 'orpaillage' en Burkina Faso. La ruta del oro ilegal del Sahel a Dubái / Mapa: EA

En Burkina Faso, más de 2,1 millones de personas han sido desplazadas en el interior del país –cerca de un 10% de toda la población–. La violencia ya no se detiene en las fronteras: la OCHA alerta de que se propaga rápidamente hacia los países costeros de África Occidental. Solo en el primer trimestre de 2026, 2.640 personas murieron a causa del conflicto en el Sahel Central, con 1.179 incidentes de seguridad registrados entre enero y marzo.

El contexto político lo agrava todo. El capitán Ibrahim Traoré (6) confirmó el viraje geopolítico de Burkina Faso al expulsar a las tropas francesas en febrero de 2023, proclamar la "alianza estratégica" con Rusia y abandonar la CEDEAO (Comunidad Económica de Estados de África Occidental, por sus siglas en francés e inglés) en enero de 2025 junto con Mali y Níger –la llamada Alianza de Estados del Sahel–. El régimen ha recurrido a los VDP –Voluntarios para la Defensa de la Patria–, una fuerza de 90.000 voluntarios, para combatir el avance yihadista. Las elecciones han sido aplazadas hasta 2029. El Estado retrocede. Y donde el Estado retrocede, las minas avanzan.

Detrás del discurso soberanista, la lógica del oro es implacable. En junio de 2025, el Estado completó la transferencia de cinco activos mineros (7) a través de la SOPAMIB (Sociedad de Participación Minera de Burkina, por sus siglas en francés), arrebatados a filiales de Endeavour Mining por 60 millones de dólares. En septiembre, se inauguró en Uagadugú la primera refinería nacional de oro, con capacidad para procesar 150 toneladas al año.

A principios de 2026, el régimen presumía de haber acumulado más de 32 toneladas de reservas nacionales. El discurso oficial lo presenta como soberanía. Los documentos muestran algo más complejo: según fuentes de inteligencia, el ascenso de Traoré al poder habría contado con el apoyo del empresario ruso Alexéi Mordashov, propietario de Nordgold. El Cuerpo Africano del Ministerio de Defensa ruso está desplegado en el país. El negocio del oro cambia de manos. Los mineros artesanales siguen siendo los últimos de la cadena.

En abril de 2026, Human Rights Watch documentó cómo el ejército de Burkina Faso, junto con milicias aliadas, ha matado a más de 1.800 civiles desde 2023, en lo que la organización calificó de crímenes de lesa humanidad cometidos por todas las partes

En abril de 2026, Human Rights Watch (5) documentó cómo el ejército de Burkina Faso, junto con milicias aliadas, ha matado a más de 1.800 civiles desde 2023, en lo que la organización calificó de crímenes de lesa humanidad cometidos por todas las partes. El Consejo Nacional de Seguridad disolvió todos los partidos políticos el 29 de enero de 2026, consolidando el control absoluto de la junta.

Burkina Faso. El trabajo infantil está prohibido por ley. En todas las minas artesanales del país los niños trabajan / Foto: Alfons Rodríguez

El hecho de que el control de las minas sea tomado por entidades armadas –ya sean grupos yihadistas, milicias de autodefensa o el propio Estado– favorece que las condiciones de trabajo sean un auténtico atentado contra los derechos humanos: desde los trabajos forzados a la explotación laboral y al trabajo infantil. Un orden paralelo que sustituye al Estado en territorios donde este ya no llega.

 

Del comptoire de Zemse a las bóvedas de Dubái

 

La cadena del oro comienza en el comptoire –el centro de operaciones informal donde se pesa, compra y paga el oro extraído, el único "despacho" que existe en una mina artesanal– de lugares como Zemse, y termina en mercados financieros, bancos centrales, joyerías o industrias tecnológicas. Según el Instituto de Estudios de Seguridad de África del Sur (8), el oro ilegal del Sahel se transporta a mano –un correo puede llevar hasta 40 kilogramos semanales– en vuelos ordinarios entre Bamako y el aeropuerto internacional de Dubái.

Mina de Youga, Burkina Faso. En el 'comptoire', el intermediario cuenta francos CFA. El que más arriesga es también el peor pagado / Foto: Alfons Rodríguez

Las lagunas legales de los Emiratos, sus débiles procedimientos de importación y la opacidad del mercado de materias primas del DMCC –las siglas de Dubai Multi Commodities Centre, en español Centro de Materias Primas de Dubái– facilitan este comercio: no existen aranceles ni límites a la cantidad de oro que un pasajero puede llevar en el equipaje de mano. En 2024, los Emiratos importaron 748 toneladas de oro africano –un 18% más que el año anterior–, sobre un total de 1.392 toneladas de todo el mundo valoradas en 105.400 millones de dólares, según el informe de la ONG suiza SWISSAID publicado en noviembre de 2025 (16).

Tengo licencia de acheteur, por eso viajo regularmente a Uagadú y allí vendo a los mayoristas. El precio del oro fluctúa, pero nuestros lingotes siempre tienen unos 400 gramos para que sea rentable el viaje

ZORE KARIM, 40 años, acheteur (intermediario)

"Tengo licencia de acheteur, por eso viajo regularmente a Uagadú y allí vendo a los mayoristas", explica Zore Karim, de cuarenta años, uno de los acheteurs –compradores– que enlazan las minas con los mayoristas de la capital. "El precio del oro fluctúa, pero nuestros lingotes siempre tienen unos 400 gramos para que sea rentable el viaje."

Desde la veta subterránea hasta el beneficio del minero hay una serie de intermediarios que se llevan la mayor parte del negocio: políticos, policías, jefes locales. Los que menos ganan son los orpailleurs –mineros artesanales o buscadores de oro– y los campesinos que apenas reciben nada. El viaje de Karim comienza en un agujero en el suelo y termina en una cadena global de la que él mismo no conoce el destino final.

La cadena no termina en Dubái. Una vez en los Emiratos, el oro artesanal se mezcla con producción industrial y pierde su rastro. En 2020, una investigación conjunta de Global Witness y la ONG suiza SWISSAID reveló que Valcambi –la mayor refinería de oro de Suiza, situada en el cantón del Tesino, que procesa cerca de 1.400 toneladas anuales y cuyos lingotes son aceptados en todas las bolsas de metales preciosos del mundo– había adquirido más de 20 toneladas de oro del intermediario emiratí Kaloti, con sede en el DMCC, que a su vez había comprado oro del Banco Central de Sudán vinculado a milicias armadas en Darfur.

Las autoridades suizas encontraron oro de procedencia sospechosa en la planta de Valcambi en diciembre de ese mismo año. Una refinería suiza. Un intermediario emiratí. Un banco central sudanés. Milicias en Darfur. Y en el origen de todo, un pozo en el Sahel. La trazabilidad se diluye en cada eslabón. Y con ella, también la responsabilidad.

El mismo conflicto que destruye la vida de los orpailleurs es el que dispara el precio del metal que ellos extraen con las manos. Cuanto mayor es la inestabilidad del mundo, más vale el oro

El mismo conflicto que destruye la vida de los orpailleurs es el que dispara el precio del metal que ellos extraen con las manos. Una paradoja obscena: cuanto mayor es la inestabilidad del mundo, más vale el oro. El metal se disparó un 65% durante 2025 (9) –el mayor avance anual desde 1979–, cerrando el año en torno a los 4.550 dólares por onza.

Evolución del precio del oro en dólares por onza (2023 - 2026) / Gráfico: EA

El 29 de enero de 2026 alcanzó su máximo histórico de 5.602 dólares. En 2025, los bancos centrales compraron 863 toneladas netas de oro –más del doble del promedio de la década anterior–, y la demanda total superó por primera vez las 5.000 toneladas, con un valor de 555.000 millones de dólares. No se puede sancionar el oro. Esa es su ventaja estratégica en un mundo donde los instrumentos financieros se han convertido en armas. En 2026, Estados Unidos lo refrendó poniendo en marcha Project Vault, una reserva estratégica de 12.000 millones de dólares en minerales críticos.

El oro, además, ya no compite solo con el petróleo como materia prima estratégica. Un informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (por sus siglas en inglés, UNCTAD(10) publicado en junio de 2026 sitúa al metal en el centro de la nueva carrera global por los minerales críticos, junto con el litio, el cobalto, el níquel y las tierras raras. La demanda de litio se disparará un 353% entre 2024 y 2040.

Pero la lección más amarga del informe es otra: "La mayor parte del valor no se genera en la extracción, sino en el procesamiento y la fabricación avanzada." Burkina Faso intenta capturar más valor con su refinería. El problema es que el 90% de quienes extraen el oro siguen trabajando sin contrato, sin seguro y sin red.

 

El veneno invisible: mercurio en la sangre y en la tierra

 

El mercurio es un potente neurotóxico. La exposición prolongada, incluso a niveles bajos, puede dañar el sistema nervioso, perjudicar el desarrollo cognitivo en los niños y causar graves problemas cardiovasculares y reproductivos. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA, por sus siglas en inglés) (12), la extracción artesanal de oro es actualmente la mayor fuente de emisiones de mercurio en el mundo.

Mina de Youga, Burkina Faso. El soplete evapora el mercurio el gas neurotóxico se inhala a cielo abierto / Foto: Alfons Rodríguez

Los mineros de Zemse y miles de lugares similares no llevan equipamiento de protección. Queman el metal a cielo abierto. Inhalan los vapores. El daño neurológico se acumula en silencio, año tras año, hasta que los cuerpos dejan de responder.

Esta sobreexplotación del suelo y subsuelo, añadida a las graves sequías y la contaminación del agua potable, deja una tierra estéril, casi imposible de cultivar: un letal círculo vicioso para la economía basada en la agricultura y el ganado

Esta sobreexplotación del suelo y subsuelo, añadida a las graves sequías y la contaminación del agua potable, deja una tierra estéril, casi imposible de cultivar. Un letal círculo vicioso para la economía basada en la agricultura y el ganado. El daño no se limita a los mineros. Un estudio publicado en octubre de 2025 en la revista Biogeosciences (11), liderado por científicos de la Universidad de Queens (Canadá) y la Universidad de Lagos (Nigeria), confirmó que el mercurio procedente de la minería artesanal contamina los cultivos alimentarios no a través del suelo, como se creía, sino directamente del aire.

Los investigadores compararon cultivos a 500 metros de una mina con otros a ocho kilómetros: las partes comestibles de los cultivos cercanos presentaban niveles significativamente más altos de mercurio. Millones de personas en África, América del Sur y Asia podrían estar enfrentando riesgos para la salud por algo tan simple como cultivar y comer sus propios alimentos.

Mina de Youga, Burkina Faso. Zore Karim acumula bolas de oro de 4,5 gramos hasta completar un lingote de 400 para vender en Uagadugú / Foto: Alfons Rodríguez

El impacto ambiental es igualmente devastador. Burkina Faso ocupa el puesto 39 entre los países más vulnerables del mundo y el 170 en capacidad de adaptación, según el Índice de Adaptación Global de Notre Dame (ND-GAIN) –que evalúa la exposición a riesgos globales, la seguridad alimentaria, el acceso al agua, la salud y la infraestructura–, clasificándolo en la categoría de alta vulnerabilidad y baja preparación.

Un tercio de su superficie cultivable –unos tres millones de hectáreas– está degradado y altamente desertificado. La contaminación por mercurio y cianuro que generan las minas acelera ese proceso: envenena los acuíferos, elimina la biodiversidad del suelo y hace prácticamente imposible recuperar las tierras para el cultivo. A este deterioro ambiental se suman las tensiones étnicas históricas entre pastores Fulani y agricultores Mossi, agravadas por la creciente escasez de agua y de tierras fértiles.

Burkina Faso ha pasado de 11 millones de habitantes en 2000 a aproximadamente 25 millones en 2025. Más del 70% vive en zonas rurales. Casi todos los que hoy se dedican a la agricultura son mujeres y ancianos. Los hombres jóvenes están en las minas. O en los frentes armados

Burkina Faso ha pasado de 11 millones de habitantes en 2000 a aproximadamente 25 millones en 2025. Más del 70% vive en zonas rurales. La presión sobre unos recursos cada vez más escasos, en un territorio cada vez más seco y más perforado, es insostenible. Casi todos los que hoy se dedican a la agricultura son mujeres y ancianos. Los hombres jóvenes están en las minas. O en los frentes armados.

 

Migrar o excavar: dos caminos, una misma ausencia

 

La minería artesanal no es un fenómeno reciente en Burkina Faso. El orpaillage empezó a llevarse a cabo entre los siglos X y XIII con el desarrollo de las rutas caravaneras transaharianas. El punto de inflexión llegó con las grandes sequías de la década de los 80 del siglo pasado.

Burkina Faso. Más de 440 minas artesanales ilegales salpican el país. El riesgo de colapso es constante / Foto: Alfons Rodríguez

En aquel momento fue algo temporal para subsistir, pero con el tiempo aquellos mineros circunstanciales cambiaron la inseguridad de las cosechas por la arriesgada fiabilidad de la minería. Hoy, más de un millón de personas –entre trabajadores directos y sus familias– viven de la minería artesanal en el país. No porque sea una opción, sino porque ya no queda otra.

En Malabo tuve problemas de documentación y regresé a Burkina de nuevo. Mi sueño sería viajar a Europa, todavía no tengo hijos y mi mujer se ha quedado en casa esperando. Pero de momento esto es lo que hay

VALENTÍN PUSHIN, 22 años, minero burkinabés

"En Malabo tuve problemas de documentación y regresé a Burkina de nuevo", cuenta Valentín Pushin, 22 años, origen burkinabés. Trabajó dos años en Guinea Ecuatorial –Malabo, en la isla de Bioko, es su capital portuaria–, por eso chapurrea algo de español. "Mi sueño sería viajar a Europa. Todavía no tengo hijos y mi mujer se ha quedado en casa." Muchos niños y adolescentes dejan su hogar y el colegio para cruzar el continente en busca de la anhelada Europa.

Otros lo hacen para ir a las minas. Migrar o excavar. Marcharse o descender. Dos caminos distintos nacidos de una misma ausencia: la falta de oportunidades. Valentín está en la mina porque Europa no llegó. Y la mina tampoco es Europa: es el mismo callejón sin salida con otra forma.

La distinción entre migrar por la sequía, por la violencia o por la falta de trabajo es, en el Sahel, casi imposible de establecer. "Los motivos ambientales y climáticos interactúan con otros y hacen que, a menudo, sea complicado –o imposible– diferenciar estos movimientos de otros flujos migratorios", advierten las especialistas en migraciones climáticas como cuestión de derechos humanos Irene Baños y Beatriz Felipe (14).

Valentín se fue, volvió y ahora está en la mina. Las causas se entrelazan. En el mundo, el 40% de las personas forzadas a desplazarse son menores de edad, según ACNUR (13). En Burkina Faso, muchos de esos menores no cruzan fronteras: descienden al pozo.

Burkina Faso. Los niños de las minas dejan la escuela y someten su cuerpo a enfermedades desde muy jóvenes / Foto: Alfons Rodríguez

El niño con la camiseta roja que escarba en cuclillas con un capazo, con los codos apoyados en la tierra, no busca una joya. Busca lo mismo que Saidú: salir del día. La diferencia es que Saidú recuerda haber tenido otra vida. El niño no tiene ese recuerdo. Para él, el pozo siempre estuvo ahí. La economía local de subsistencia, maltrecha por los problemas en la agricultura y la ganadería, encuentra un respiro con la minería, que aporta ingresos a las familias pero también financia a los grupos armados.

El proyecto PlanetGOLD, con apoyo internacional, trabaja en Burkina Faso para eliminar el uso de mercurio en la extracción de oro. Pero sus avances son lentos frente a la magnitud del problema, y la precariedad de la seguridad en el país dificulta cualquier intervención sostenida.

A menos de tres kilómetros de Ghana, Saidú y sus 13 compañeros siguen bajando al pozo cuando el mundo duerme. El precio de la onza alcanzó su máximo histórico de 5.602 dólares el 29 de enero de 2026 y hoy, el 28 de julio, cotiza en torno a los 4.100 dólares –niveles que hace cinco años habrían parecido ciencia ficción–. Él no lo sabe. Tampoco le importaría saberlo. El reparto de esta noche será de unos pocos francos CFA entre 14. La familia de tres esposas y siete hijos esperará el regreso del librero que un día tuvo una librería en Abidján, y que cada 30 minutos sube a respirar antes de volver a bajar.

Treinta minutos.

Ni uno más.

Ese oro arrancado a mordiscos llegará a los cuellos y a las muñecas de muchos habitantes de los países ricos, alimentará egos y lucrará a empresas multinacionales. Los que lo arrebatan de la tierra se tendrán que conformar con unas monedas con que malvivir

Ese oro arrancado a mordiscos, junto con el extraído por empresas mineras mastodónticas, llegará a los cuellos y a las muñecas de muchos habitantes de los países ricos, alimentará egos y lucrará generosamente a empresas multinacionales. También engordará las reservas de bancos centrales que en 2025 acumularon 863 toneladas netas –el doble del promedio de la década anterior– y circulará por los servidores de inteligencia artificial que necesitan oro físico para funcionar. Los que lo arrebatan de la tierra con sus manos se tendrán que conformar con unas monedas con que malvivir. Nunca lo lucirán en forma de joya ni será su reserva de riqueza ante adversidades. El oro pasará de forma efímera por entre sus dedos mientras sus pulmones colapsan y su sangre se profana con mercurio.

Burkina Faso. Una docena de hombres tarda dos días en obtener un gramo de oro. Después, el único descanso es el suelo duro / Foto: Alfons Rodríguez

Pero en Zemse el brillo es distinto.

Es la luz temblorosa de una linterna perdida en la oscuridad.

La luz mínima que acompaña a quienes descienden cada día bajo tierra para sostener una parte invisible del equilibrio económico mundial.

Respirando polvo.

Respirando mercurio.

Respirando incertidumbre.

Porque en Burkina Faso el oro nunca deja de brillar.

Aunque ese brillo siga siendo oscuro.

Referencias

Añadir EcoAvant.com como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Activar ahora