La restauración ecológica basada en la recuperación natural de los ecosistemas –con mínima intervención humana– puede convertirse en una herramienta clave frente a la crisis climática y la pérdida de biodiversidad, según un estudio internacional publicado en la revista One Earth (1).
La investigación, liderada por Gavin Stark, Magali Weissgerber y Henrique M. Pereira, propone un marco de “rewilding climático” capaz de integrar captura de carbono, adaptación al cambio climático y beneficios sociales y económicos en distintas regiones de Europa.
Restauración con múltiples beneficios
El trabajo recuerda que el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal fija el objetivo de restaurar al menos el 30% de los ecosistemas degradados antes de 2030, mientras que organismos internacionales como el IPCC o la IPBES consideran la restauración ecológica una medida central frente al calentamiento global.
Los autores señalan que muchas estrategias actuales priorizan únicamente la absorción rápida de carbono mediante plantaciones forestales intensivas, algo que puede reducir la complejidad ecológica y la resiliencia de los ecosistemas. Frente a ello, el estudio plantea una alternativa basada en el “rewilding”, entendido como la recuperación de ecosistemas autosuficientes mediante la restauración de procesos naturales y una reducción del control humano.
Según la investigación, este enfoque puede favorecer simultáneamente la recuperación de la biodiversidad, el almacenamiento de carbono y una mayor resistencia frente a fenómenos extremos como sequías, incendios o inundaciones. Además, puede generar beneficios asociados al turismo de naturaleza, la mejora del agua y los suelos o nuevas oportunidades económicas en zonas rurales.
El estudio también advierte de que el cambio climático modifica las condiciones ambientales y obliga a tener en cuenta factores como el desplazamiento de especies, la alteración de ecosistemas o el aumento de perturbaciones extremas. Por ello, defiende integrar en la planificación elementos como la conectividad ecológica, la complejidad trófica y los regímenes naturales de perturbación.
Riesgos y conflictos potenciales
Los investigadores analizaron distintos escenarios en Europa para evaluar las oportunidades y limitaciones del rewilding climático. Uno de los casos estudiados se centró en el abandono agrícola, un fenómeno que afecta a amplias áreas europeas debido a la despoblación rural y los cambios económicos.
Según el trabajo, cerca de 200.000 kilómetros cuadrados de tierras agrícolas de la Unión Europea presentan alto riesgo de abandono en las próximas décadas, lo que abre oportunidades para la regeneración natural de la vegetación y el aumento del almacenamiento de carbono.
Los autores identifican regiones con alto potencial para esta restauración climática en áreas montañosas de Italia, Francia, la Península Ibérica, Polonia, Rumanía o Irlanda. En estos territorios, la combinación de baja intensidad de uso y elevada integridad ecológica podría favorecer la recuperación natural de bosques y otros hábitats capaces de acumular grandes cantidades de carbono.
Sin embargo, el estudio advierte de que estos procesos también pueden generar riesgos. En áreas mediterráneas, por ejemplo, el aumento de biomasa vegetal podría incrementar la probabilidad de grandes incendios forestales si no se aplican medidas de gestión adecuadas.
Para minimizar esos impactos, los investigadores proponen combinar la restauración pasiva con acciones como fuegos controlados de baja intensidad, la recuperación de grandes herbívoros silvestres o la protección de corredores ecológicos. Según explican investigadores como José M. Rey-Benayas, Josep Maria Espelta y Lluís Brotons, estos elementos pueden ayudar a mantener paisajes más heterogéneos y resilientes frente al fuego y otros fenómenos extremos.
El estudio también analiza la conectividad ecológica como herramienta de adaptación climática. La restauración de corredores naturales y áreas abandonadas podría facilitar el desplazamiento de especies hacia zonas climáticamente más favorables a medida que aumentan las temperaturas.
Las regiones del noreste europeo –como Polonia, Finlandia o los países bálticos– aparecen como prioritarias para desarrollar estas conexiones ecológicas, debido a la rapidez con la que cambia el clima en esos territorios.
Turismo y fauna salvaje
La investigación dedica además una parte importante a las implicaciones sociales y económicas del rewilding. Según los autores, la recuperación de fauna salvaje puede impulsar actividades como el ecoturismo, mejorar la salud y bienestar de la población y reforzar la identidad cultural de muchas comunidades rurales.
Las zonas con mayor potencial turístico vinculado a grandes mamíferos se concentran en regiones como Alemania meridional, Suiza, Austria, los Pirineos o el norte de Italia, donde coinciden poblaciones humanas densas y presencia creciente de fauna salvaje.
No obstante, el regreso de especies como lobos y osos también puede generar conflictos con la ganadería extensiva. El estudio identifica áreas de riesgo elevado en el norte de España, Italia, Rumanía y parte de los Balcanes, donde la expansión de estos depredadores coincide con altas densidades de ganado.
Los investigadores destacan que ya existen medidas para reducir estos conflictos –como vallados nocturnos o perros guardianes– aunque reconocen que su eficacia depende del contexto ecológico y social de cada territorio.
El trabajo concluye que el rewilding climático puede convertirse en una herramienta útil para afrontar de manera conjunta la crisis climática y la pérdida de biodiversidad, pero subraya que no existe una solución única válida para todos los territorios.
Según los autores, será necesario adaptar las estrategias a cada contexto local, equilibrar los posibles conflictos y establecer sistemas de seguimiento que permitan evaluar los beneficios y riesgos de estas iniciativas a largo plazo.
Referencias
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