El calor limita de forma considerable los movimientos del oso pardo cantábrico, según dos estudios publicados en Biological Conservation (1)  y Landscape Ecology (2) desarrollados por investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid –UPM– junto con la Universidad de Exeter y el equipo técnico de la Junta de Castilla y León. Los trabajos, difundidos este 16 de julio y realizados a partir del seguimiento de ejemplares en Castilla y León, analizan cómo la temperatura y otros factores ambientales condicionan sus desplazamientos con el objetivo de mejorar la conservación de la especie ante el calentamiento global.

 

Movimientos analizados con GPS

 

El equipo del Centro para la Conservación de la Biodiversidad y el Desarrollo Sostenible –CBDS– de la UPM ha estudiado las trayectorias del oso pardo cantábrico para conocer cómo los factores ambientales moldean conjuntamente sus comportamientos y estrategias de movimiento.

Los dos estudios se han llevado a cabo en colaboración con la Universidad de Exeter y el equipo técnico de la Junta de Castilla y León, dentro del convenio de colaboración científico-técnica existente entre la Consejería de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio y el CBDS.

Las investigaciones utilizan los datos obtenidos mediante el Plan de Captura y Radiomarcaje de Oso Pardo de Castilla y León, un programa que dispone ya de más de 150.000 posiciones GPS registradas en 24 osos adultos.

Esta información permite analizar con un alto nivel de detalle cómo se desplazan los animales, qué áreas utilizan, cuándo descansan y de qué manera responden ante cambios en la temperatura, la cobertura forestal o la presencia humana.

El primero de los trabajos presenta una herramienta estadística diseñada para segmentar las trayectorias de movimiento de los ejemplares e identificar estados con un significado concreto dentro de sus patrones de desplazamiento a largo plazo.

La metodología permite distinguir con mayor precisión entre diferentes fases del movimiento, como las zonas de residencia, los lugares de reposo y los desplazamientos exploratorios que se producen fuera de las áreas donde permanecen habitualmente los animales.

Su aplicación a los datos proporcionados por los collares GPS muestra una elevada plasticidad en el comportamiento del oso pardo, con diferencias notables en los ritmos de actividad tanto entre distintos individuos como en función de la fase de movimiento en la que se encuentra cada ejemplar.

Los investigadores han observado que los osos no mantienen una pauta de desplazamiento uniforme, sino que adaptan su actividad a las condiciones existentes y al tipo de comportamiento que desarrollan en cada momento.

La nueva herramienta también permite mejorar de forma significativa la estimación de las áreas de campeo, un dato considerado esencial para planificar y aplicar medidas de gestión y conservación de la fauna.

Además de su utilidad para el seguimiento del oso pardo cantábrico, el método puede aplicarse a otras especies que requieren medidas de conservación, facilitando la identificación de áreas relevantes para su descanso, alimentación o desplazamiento.

 

El calor reduce la velocidad

 

El segundo estudio analiza conjuntamente la influencia de la temperatura, la huella humana, la cobertura forestal y el tamaño corporal sobre la velocidad de movimiento de los osos pardos.

Para realizar este análisis, los investigadores han utilizado las temperaturas registradas directamente por los collares GPS de los animales, lo que permite alcanzar una escala de detalle que los datos climáticos convencionales no ofrecen.

Los resultados muestran que las altas temperaturas reducen en gran medida la velocidad de desplazamiento de los osos, una limitación que adquiere especial relevancia en un escenario de aumento de las temperaturas asociado al cambio climático.

Este efecto resulta especialmente pronunciado en los machos adultos de mayor tamaño, que presentan más dificultades para disipar el calor corporal y son, por tanto, más vulnerables ante situaciones de estrés térmico.

El tamaño de estos ejemplares condiciona su capacidad para mantener la actividad cuando aumenta la temperatura, por lo que el calor puede modificar tanto sus desplazamientos cotidianos como sus respuestas ante otros elementos presentes en el territorio.

El estudio también revela que los osos se movieron más rápidamente en las áreas humanizadas, posiblemente como una estrategia para reducir el tiempo que permanecen en lugares donde pueden ser detectados por las personas.

Sin embargo, este comportamiento se vio atenuado cuando las temperaturas fueron elevadas. El estrés térmico obligó a los animales a desplazarse más lentamente incluso en zonas en las que, en condiciones normales, habrían acelerado el paso para atravesarlas con rapidez.

Esta interacción implica que las altas temperaturas pueden dificultar la respuesta de los osos ante la presencia humana, al impedirles mantener la velocidad de movimiento que utilizan habitualmente en los espacios más humanizados.

Los resultados muestran así que los factores ambientales no actúan de forma aislada. La temperatura puede modificar la reacción de los animales ante la actividad humana y condicionar su capacidad para desplazarse entre diferentes áreas.

 

Los bosques ofrecen refugio

 

Frente al efecto limitante del calor, los estudios destacan que los bosques actúan como refugios térmicos para el oso pardo cantábrico durante los periodos de temperaturas más elevadas.

La sombra y el microclima más fresco proporcionados por la cubierta arbórea permiten que los ejemplares mantengan mejor su actividad y reducen el impacto de las altas temperaturas sobre sus movimientos.

Los resultados tienen implicaciones directas para la gestión de la especie en un contexto de cambio climático. Los investigadores consideran prioritario identificar, proteger y conectar refugios térmicos, entre ellos las laderas de umbría y los bosques densos que disponen de recursos alimentarios.

La conexión de estas áreas puede facilitar que los osos encuentren espacios más frescos y adecuados durante los episodios de calor, evitando que las temperaturas limiten de forma excesiva sus desplazamientos y su actividad.

Esta estrategia no solo puede beneficiar al oso pardo cantábrico, sino también a otros grandes mamíferos que se enfrentan a dificultades similares para regular su temperatura y mantener sus patrones de movimiento.

Los estudios ponen de manifiesto la importancia de incorporar la temperatura y la disponibilidad de cobertura forestal a la planificación de las medidas destinadas a conservar especies amenazadas.

La información obtenida mediante los collares y el análisis estadístico permite trasladar los resultados científicos a la gestión práctica del territorio, al identificar los espacios utilizados por los ejemplares y los factores que condicionan su comportamiento.

“Ambos estudios ilustran el valor de la colaboración sostenida entre la administración y la universidad pública como una vía eficaz para traducir la ciencia en herramientas útiles para la gestión y la conservación de especies amenazadas”, ha señalado Pablo Cisneros Araujo, investigador de la UPM que ha formado parte del equipo.

Referencias

Añadir EcoAvant.com como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Activar ahora