Oxfam Intermón ha advertido este jueves, 22 de octubre, de que la financiación internacional destinada a preparar y afrontar los efectos del fenómeno climático de El Niño es gravemente insuficiente, pese a que ya está provocando importantes daños en distintas regiones del mundo y amenaza con agravar la crisis alimentaria e hídrica de millones de personas.
La organización reclama una respuesta urgente ante un episodio que podría alcanzar su máxima intensidad entre este mes y abril de 2027. Según la ONG, los recursos disponibles no se corresponden con la magnitud de una emergencia que ya está causando incendios forestales, pérdidas agrícolas y escasez de agua. Los científicos advierten, además, de que este episodio podría convertirse en el más intenso jamás registrado.
Fondos insuficientes ante la emergencia
La financiación mundial destinada a la preparación y respuesta humanitaria ante El Niño asciende actualmente a 450 millones de dólares, una cantidad que Oxfam considera muy inferior a las necesidades previstas.
Esa brecha se produce en un contexto marcado por sequías, escasez de agua e inundaciones, además del riesgo de hambruna en varios países.
El Fondo Central de Respuesta a Emergencias de Naciones Unidas ha asignado hasta 100 millones de dólares, de los que ya ha desembolsado 20 millones para seis países. Mientras tanto, los llamamientos de ayuda que deben cubrir el resto de los recursos han recibido compromisos de financiación inferiores al 20 %.
Como referencia, el episodio de El Niño de 2015 y 2016, que afectó a más de 60 millones de personas, motivó un llamamiento internacional conjunto de 5.000 millones de dólares. De esa cantidad, se consiguieron recaudar cerca de 2.000 millones.
La organización recuerda que durante la última Asamblea General de la ONU, celebrada en septiembre, el secretario general, António Guterres, y representantes de países como Vanuatu, India y Barbados alertaron del agravamiento de la crisis.
Sin embargo, esas advertencias todavía no se han traducido en una resolución específica de Naciones Unidas sobre El Niño. Oxfam señala que, en episodios anteriores, el reconocimiento formal de la emergencia contribuyó a movilizar la respuesta internacional y los recursos económicos necesarios.
La directora humanitaria de Oxfam, Marta Valdés García, ha subrayado que el fenómeno está afectando a un planeta cuyo clima ya se encuentra sobrecalentado por las emisiones de carbono de los países más ricos y contaminantes.
A su juicio, la situación llega en un momento especialmente complicado para el sistema humanitario internacional, que ya afronta enormes necesidades y dispone de recursos limitados para responder a nuevas emergencias.
Valdés García ha advertido de que los preparativos llegan tarde y ha reclamado medidas urgentes para evitar que las pérdidas agrícolas, las inundaciones y la falta de agua provoquen consecuencias todavía más graves, incluida la pérdida de vidas humanas.
África y Asia sufren sus efectos
La vulnerabilidad de numerosos países de renta baja y media agrava los riesgos asociados al fenómeno. Oxfam señala que la deuda, la pobreza, los conflictos y la debilidad de los servicios públicos dificultan su capacidad de respuesta.
A estas circunstancias se suman los recortes de un tercio en la ayuda internacional y la financiación climática registrados durante los últimos tres años, que han debilitado el apoyo disponible para las poblaciones más expuestas.
En el este y el sur de África, alrededor de 62 millones de personas afrontan una inseguridad alimentaria creciente como consecuencia de las inundaciones y las sequías. Países como Sudán, Sudán del Sur y Somalia se encuentran entre los territorios amenazados por el riesgo de hambruna.
La situación también resulta preocupante en el Sahel, donde los niveles de agua están descendiendo en casi el 80 % de los puntos de abastecimiento. Mauritania, Malí, Níger, Burkina Faso y Chad figuran entre los países especialmente afectados por esta reducción de los recursos hídricos.
En Asia y el Pacífico, la falta de precipitaciones ya está perjudicando a millones de habitantes. Indonesia, Papúa Nueva Guinea, Vanuatu, Fiyi y Tonga registran sequías, escasez de agua y plantaciones resecas, además de un incremento del riesgo de incendios forestales.
Por su parte, Sri Lanka atraviesa la peor sequía de la última década debido a la combinación de temperaturas elevadas y ausencia de lluvias. Estas condiciones están aumentando la presión sobre los recursos disponibles y las actividades agrícolas.
América Latina afronta nuevas amenazas
Las previsiones para América Latina apuntan a que otros 16 millones de personas podrían verse afectadas por la inseguridad alimentaria durante los próximos meses, lo que ampliaría el alcance de la crisis en la región.
En Centroamérica, una evaluación reciente de Oxfam Intermón ha identificado importantes daños agrícolas en Guatemala, Honduras y El Salvador, donde más de 70.000 hogares dedicados a la agricultura han comunicado pérdidas en sus cosechas de maíz.
El impacto resulta especialmente grave para las familias afectadas, ya que casi cuatro de cada cinco hogares incluidos en la evaluación perdieron entre el 75 % y el 100 % de su producción de este cultivo.
La organización también alerta de las dificultades que atraviesan otros territorios afectados por la inseguridad alimentaria y la falta de precipitaciones. En el suroeste de Asia y el norte de África, más de ocho millones de personas en Siria y Palestina sufren niveles agudos de inseguridad alimentaria.
Al mismo tiempo, Argelia, Marruecos y Túnez están experimentando sequías recurrentes que incrementan la presión sobre el abastecimiento de agua, la producción agrícola y los medios de vida de sus poblaciones.
Ante este escenario, Oxfam insiste en que la respuesta internacional debe acelerarse para afrontar las necesidades humanitarias y reducir los daños que puede ocasionar El Niño, especialmente entre las comunidades que ya sufren situaciones de pobreza, inseguridad alimentaria y escasez de recursos.
La ONG considera que la combinación de fenómenos meteorológicos extremos, vulnerabilidad económica y financiación insuficiente amenaza con desbordar todavía más la capacidad de respuesta de los países afectados, por lo que reclama movilizar recursos antes de que la emergencia alcance una mayor intensidad.
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