El secretario ejecutivo de ONU Cambio Climático, Simon Stiell, ha advertido este jueves, 10 de septiembre, ante el Parlamento Europeo en Bruselas, de que la crisis climática es ya una emergencia de seguridad económica en todo el continente europeo, después de un verano que, según ha dicho, ha sido terriblemente caluroso y es el precio de la adicción mundial a los combustibles fósiles.
Ante la Comisión de Medio Ambiente, Clima y Seguridad Alimentaria de la Eurocámara, Stiell ha subrayado que el calor extremo de este verano, provocado por el cambio climático, ha causado la muerte de decenas de miles de personas y ha golpeado infraestructuras, empresas y economías. Además, ha citado un estudio que calcula en 180.000 millones de euros el coste de los fenómenos extremos de este verano para Europa.
Un verano de 180.000 millones
Según ese estudio, los extremos de este verano costarán a Europa esa cantidad en pérdida de productividad laboral e interrupciones en el suministro de alimentos, energía y transporte. Esto equivale a restar un punto porcentual completo del PIB europeo, la misma cantidad que se prevé que crezca la economía de la UE.
Stiell ha relatado que se han visto evacuaciones masivas, centrales eléctricas cerradas, rutas comerciales bloqueadas, cosechas perdidas y rendimientos reducidos, con los precios de los alimentos al alza y con tendencia a seguir subiendo.
El responsable de la ONU ha alertado de que los costes de la crisis climática se disparan. Los desastres, ha explicado, están elevando las primas de los seguros, dejando a algunos completamente sin posibilidad de asegurarse.
En este contexto, ha señalado que no es de extrañar que algunos Estados miembros de la UE pidan un fondo específico para la adaptación al cambio climático.
Stiell se ha referido también a otras regiones del mundo, donde inundaciones devastadoras han arrasado el Himalaya, mientras que en el norte de África el calor devastador ha provocado pérdidas de vidas, cortes de electricidad, escasez de agua y ralentización de las economías.
Asimismo, ha advertido de que en muchos lugares los impactos climáticos están impulsando la migración forzada –tanto interna como transfronteriza– con un alto coste humano.
Energía limpia ante el doble golpe
Stiell también ha alertado del impacto de la dependencia de los combustibles fósiles y ha asegurado que Europa afronta un doble golpe: el aumento de los costes de la energía y los daños provocados por el cambio climático.
Según ha explicado, el verano de calor en la UE se suma a la actual crisis del precio de los combustibles fósiles, y ambas están elevando los precios para los hogares, las empresas y los gobiernos.
La dependencia de las volátiles importaciones de combustibles fósiles ha sido durante mucho tiempo el talón de Aquiles económico de Europa, ha señalado. Este año, una vez más, los hogares y las empresas se han visto afectados por facturas más altas.
Ahora, ha añadido, se avecina otra crisis de combustibles para el invierno en Europa. La crisis de precios también está elevando el coste del endeudamiento público, lo que significa menos margen fiscal para prestar los servicios que la población necesita y espera.
En su intervención ha sostenido que, cada vez más, ser indulgente con la acción climática equivale a serlo con la inflación y el coste de vida, con la soberanía y la seguridad, y con el crecimiento económico y el empleo.
Frente a ello, ha defendido acelerar la transición hacia las energías limpias. A su juicio, es comprensible que Europa busque asequibilidad, estabilidad económica, seguridad energética y autonomía en la formulación de políticas, y la energía limpia es el camino más seguro para lograrlo.
Gracias a la creciente inversión, las renovables ya generan alrededor de la mitad de la electricidad europea, según ha expuesto Stiell ante los eurodiputados.
Y ha citado más datos: en los primeros seis meses del conflicto en Oriente Medio, la energía solar permitió ahorrar a Europa más de 30.000 millones de euros en importaciones de gas.
A nivel mundial, ha destacado, el año pasado se invirtieron más de 2 billones de dólares en energía limpia, el doble que en combustibles fósiles. Como dijeron todos los países en la COP30, ha recordado, el paso a la energía limpia es ahora irreversible.
Según Stiell, el auge de las tecnologías limpias ya está impulsando el crecimiento, el empleo y el nivel de vida en Europa, y las oportunidades no harán más que crecer. Algunos países que desarrollan planes nacionales de transición cosecharán beneficios particularmente importantes, ha añadido.
Liderazgo europeo rumbo a la COP31
Stiell ha pedido a Europa mantener su liderazgo climático y avanzar hacia una economía más limpia y resiliente. Durante años, ha recordado, Europa ha sido líder en la lucha contra el cambio climático y fue fundamental en la construcción del Acuerdo de París, en la COP21.
El secretario ejecutivo ha subrayado que el clima afecta a las principales preocupaciones de los votantes, independientemente de su ideología política: la salud familiar, la seguridad de la comunidad, la estabilidad económica, los alimentos asequibles, el agua disponible, el empleo y las facturas del hogar.
Stiell ha advertido de que, sin la cooperación climática convocada por la ONU, la humanidad se encaminaría hacia un calentamiento muy por encima de los 4 grados. Con ella, las políticas actuales están llevando a un aumento de 2,6 grados, lejos del límite de 1,5 grados que exige la ciencia.
Ha citado además un informe reciente del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente que reafirma que ese límite se superará, aunque esa superación puede y debe ser temporal. La acción global concertada, ha dicho, puede reducir el aumento de la temperatura a 1,5 grados.
El liderazgo continuo de Europa es esencial, ha añadido, también en el apoyo a las naciones vulnerables, y todas las naciones se benefician al evitar una transición global a dos velocidades. Por ello, ha reclamado que la UE siga cumpliendo sus compromisos de financiación climática.
Stiell ha recordado que ninguna COP por sí sola puede resolver la crisis climática, pero que cada una impulsa los esfuerzos globales: desde el acuerdo de Dubái para abandonar todos los combustibles fósiles hasta el nuevo objetivo de financiación climática de Bakú y los avances hacia una transición justa en Belém, que marcaron el comienzo de la era de la implementación.
De cara a la COP31 de Turquía, ha pedido a la UE que llegue preparada para encontrar soluciones. La necesidad ahora no es reabrir decisiones ya tomadas, ha subrayado, sino cumplir con lo acordado.
Para el segundo balance mundial de la acción climática, en 2028, los países deben estar mucho más cerca de cumplir los compromisos asumidos en el primero, según ha indicado Stiell. Las negociaciones de este año pueden ayudar a respaldar la implementación, por ejemplo mediante el desarrollo del mecanismo de transición justa.
La Presidencia turca de la COP31, en estrecha colaboración con Australia, ha establecido en su Agenda de Acción que el 35 % de la demanda energética mundial final se cubra con electricidad para 2035, ha destacado.
La UE ya está logrando avances en este sentido, según ha señalado el responsable de la ONU: aproximadamente uno de cada cuatro coches nuevos vendidos en Europa es eléctrico y el despliegue de baterías se está acelerando.
A Europa le conviene, además, promover el progreso en otras áreas donde el impacto y la urgencia son mayores, como el metano –un supercontaminante crucial para reducir el calentamiento a corto plazo y recortar costes–, el desperdicio de alimentos y la seguridad alimentaria, y la resiliencia de las ciudades ante los fenómenos extremos, ha apuntado.
Stiell ha cerrado su discurso recordando que vivimos en una era polarizada, pero que “la inflación es un enemigo común, la seguridad es una causa común”. La salud, el empleo, la comunidad y la prosperidad nos importan a todos, ha concluido, y cada uno de ellos exige acción climática.
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